En marcha (11): Asistir a los encarcelados

En este último vídeo de la serie “En marcha. Maneras de ayudar a los demás” algunos reclusos colombianos hablan sobre las necesidades de quienes están en las cárceles y sobre lo que representa para ellos recibir una visita o un poco de ayuda. Testimonian también personas que realizan actividades de voluntariado en centros penitenciarios. Por último, Nicola y Alik, de Rusia, describen una iniciativa que busca disminuir la sensación de soledad entre los encarcelados.

Jubileo de la misericordia

Los siguientes apartados pueden ayudarte a utilizar este video personalmente, en clases de formación cristiana, en reuniones con tus amigos, en tu escuela o en tu parroquia.

Preguntas para el diálogo

— ¿Cuáles son las necesidades de los encarcelados que se mencionan en el video? ¿Qué otras necesidades tienen quienes están privados de su libertad?

— Proporcionar capacitación, brindar ayuda médica y dar clases sobre la familia y la educación son algunas de las actividades que se pueden desarrollar en una cárcel, ¿se te ocurren otras maneras de ayudar a los presos?

— ¿Consideras que visitar a los presos puede ser motor de cambio? ¿Qué se dice al respecto en el vídeo?

— ¿Cómo influyeron en Nicola las cartas que recibió mientras estuvo en prisión?

Propuestas de acción

— Investigar cuáles son las cárceles más cercanas a tu domicilio, sus horarios, las condiciones para el ingreso de visitantes y las principales necesidades de los presos.

— Organizarte para visitar a personas en reclusión. Si no fuera posible ir a verlos físicamente, visitarlos con tu oración.

— Rezar con frecuencia por los presos y sus familias.

— Pensar si puedes enviar a alguna cárcel objetos que puedan ser de utilidad allí, por ejemplo, libros o medicinas.

— En fechas especiales, como la Navidad, tener algún detalle con personas encarceladas: llevarles o hacerles llegar una tarjeta o un dulce.

— Rezar por la abolición de la pena de muerte y, si es posible, apoyar acciones orientadas a ese fin.

Meditar con la Sagrada Escritura

— Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme (Mateo 25, 34-36).

— Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados como si estuvierais en su carne (Hebreos 13, 3).

— El Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos (Salmos 69, 34).

— Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él; que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos, el Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos (Salmos 146, 5-8).

Meditar con el Papa Francisco

— Ninguna celda está tan aislada como para excluir al Señor, ninguna; Él está allí, llora con ellos [con los encarcelados], trabaja con ellos, espera con ellos; su amor paterno y materno llega por todas partes. Ruego para que cada uno abra el corazón a este amor (Discurso, 23 de octubre de 2013).

— Si tú no estás en la cárcel, es porque el Señor te ha ayudado a no caer. ¿Tienen los presos un sitio en tu corazón? ¿Tú rezas por ellos, para que el Señor los ayude a cambiar de vida? (Homilía, 20 de febrero de 2015).

— Me gusta mucho ir a la cárcel […]. Cada vez que entro en una cárcel —tú tal vez comprenderás lo que te diré—, me pregunto a mí mismo: «¿Por qué ellos y yo no?». Y allí percibo la salvación de Jesucristo, el amor de Jesucristo por mí. Porque es Él quien me salvó. Yo no soy menos pecador que ellos, pero el Señor me tomó de la mano. También esto percibo. Y cuando voy a la cárcel soy feliz (Discurso, 15 de noviembre de 2015).

— No existe lugar en nuestro corazón que no pueda ser alcanzado por el amor de Dios. Donde hay una persona que se ha equivocado, allí se hace presente con más fuerza la misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perdón, reconciliación, paz (Homilía, 6 de noviembre de 2016).

— Hoy día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado. Es una ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa, e impide cumplir con cualquier finalidad justa de las penas. No hace justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza (Carta, 20 de marzo de 2015).

Meditar con san Josemaría

— Se puede estar prisionero en la celda más horrenda e inhumana, y ser libre, aceptando la voluntad de Dios y amando el sacrificio, con el pensamiento en todas las almas de la tierra. ¡Cuántos mártires de la fe en nuestros días han volado así como las águilas, con el cuerpo entre hierros y el alma libre para amar a Dios sin límites! (25 de junio de 1972).

— El Amor de Dios marca el camino de la verdad, de la justicia, del bien. Cuando nos decidimos a contestar al Señor: “Mi libertad para ti”, nos encontramos liberados de todas las cadenas que nos habían atado a cosas sin importancia, a preocupaciones ridículas, a ambiciones mezquinas. Y la libertad —tesoro incalculable, perla maravillosa que sería triste arrojar a las bestias— se emplea entera en aprender a hacer el bien. Esta es la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Amigos de Dios, n. 38).

— Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel... (Camino, n. 194).

Textos y enlaces para seguir reflexionando

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Ayudando a los presos argentinos a través del rugby, el estudio y el trabajo

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Entrevistas: Paloma trabaja como médico en las cárceles y María Luisa es funcionaria de prisiones

Audio: reflexiones de Mons. Javier Echevarría sobre la obra de misericordia “visitar al encarcelado”

Homilía del Papa Francisco en ocasión del jubileo de los presos (en www.vatican.va)