En marcha (5): Abrir puertas

En este quinto video de la serie “En marcha. Maneras de ayudar a los demás”, se presentan iniciativas en Alemania y en Austria que buscan facilitar la integración en un nuevo ambiente a personas que se han visto forzadas a dejar su lugar de origen.

Jubileo de la misericordia

Los siguientes apartados pueden ayudarte a utilizar este video personalmente, en clases de formación cristiana, en reuniones con tus amigos, en tu escuela o en tu parroquia.

Preguntas para el diálogo

— ¿A qué dificultades deben hacer frente los inmigrantes que aparecen en el video?

— ¿Puedes describir otros de los problemas que actualmente encuentran los inmigrantes y los refugiados?

— ¿Cuáles son las maneras de ayudar a los inmigrantes que presenta el video?

— ¿Qué crees que motiva a prestar esa ayuda a los inmigrantes?

Propuestas de acción

— Rezar por quienes han tenido que dejar su hogar.

— Informarte de la situación de los inmigrantes en tu país.

— Pensar si puedes prestar ayuda en primera persona a algún inmigrante o colaborar en iniciativas de tu parroquia u organizaciones civiles destinadas a ayudar a inmigrantes.

Meditar con la Sagrada Escritura

— Y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada (Lucas 2, 7).

— El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado (Mateo 10, 40).

— Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Apocalipsis 3, 20).

— No olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles (Hebreos 13, 2).

— Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2,19).

— El Señor, vuestro Dios […] ama al emigrante, dándole pan y vestido. Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto (Deuteronomio 10, 17-19).

Meditar con el Papa Francisco

— En la raíz del Evangelio de la misericordia, el encuentro y la acogida del otro se entrecruzan con el encuentro y la acogida de Dios: acoger al otro es acoger a Dios en persona (Mensaje, 12 de septiembre de 2015).

— La cultura del diálogo implica un auténtico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido; que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado (Discurso, 6 de mayo de 2016).

— Existe el riesgo de aceptar pasivamente ciertos comportamientos y no asombrarnos ante las tristes realidades que nos rodean. Nos acostumbramos a la violencia, como si fuese una noticia cotidiana descontada; nos acostumbramos a los hermanos y hermanas que duermen en la calle, que no tienen un techo para cobijarse. Nos acostumbramos a los refugiados en busca de libertad y dignidad, que no son acogidos como se debiera. Nos acostumbramos a vivir en una sociedad que pretende dejar de lado a Dios (Audiencia, 5 de marzo de 2014)

— Cada uno de vosotros, refugiados que llamáis a nuestras puertas, tiene el rostro de Dios, es la carne de Cristo. Vuestra experiencia de dolor y de esperanza nos recuerda que todos somos extranjeros y peregrinos en esta Tierra, acogidos por alguien con generosidad y sin ningún mérito (Videomensaje, 19 de abril de 2016).

— Cada ser humano es hijo de Dios. En él está impresa la imagen de Cristo. Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio (Mensaje, 5 de agosto de 2013).

Meditar con san Josemaría

— Jesús en la Cruz, con el corazón traspasado de Amor por los hombres, es una respuesta elocuente —sobran las palabras— a la pregunta por el valor de las cosas y de las personas. Valen tanto los hombres, su vida y su felicidad, que el mismo Hijo de Dios se entrega para redimirlos, para limpiarlos, para elevarlos (Es Cristo que pasa, n. 165).

— Como Cristo pasó haciendo el bien por todos los caminos de Palestina, vosotros en los caminos humanos de la familia, de la sociedad civil, de las relaciones del quehacer profesional ordinario, de la cultura y del descanso, tenéis que desarrollar también una gran siembra de paz. Será la mejor prueba de que a vuestro corazón ha llegado el reino de Dios (Es Cristo que pasa, n. 166).

— Mientras descansa la Sagrada Familia, se aparece el Ángel a José, para que huyan a Egipto. María y José toman al Niño y emprenden el camino sin demora. No se rebelan, no se excusan, no esperan a que termine la noche... (Surco, n. 999)

— Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo (Es Cristo que pasa, n. 167).

Textos y enlaces para seguir reflexionando

Sección “Jubileo de la misericordia”

Trabajando con refugiados en Beirut

Alumnos de una residencia en Canadá consiguen becas para refugiados

De Irak a Francia: historia de una huida

Viviendo entre los cristianos de Líbano: la historia de Mariam