En marcha (6): Comparte lo que sabes

En este vídeo vemos a unas jóvenes alemanas que ayudan a varios niños con sus tareas y a mujeres residentes en Chile y Estados Unidos que ofrecen oportunidades formativas a personas que las necesitan. Este sexto vídeo de la serie “En marcha. Maneras de ayudar a los demás” muestra que “enseñar es un trabajo bellísimo”, como ha dicho el Papa Francisco. No es necesario ser un genio para enseñar algo: todos tenemos conocimientos que podemos compartir con los demás.

Jubileo de la misericordia

Los siguientes apartados pueden ayudarte a utilizar este vídeo personalmente, en clases de formación cristiana, en reuniones con tus amigos, en tu escuela o en tu parroquia.

Preguntas para el diálogo

— ¿Crees que, como explica Marina, cuando se poseen ciertos conocimientos, lo natural es compartirlos? ¿Por qué?

— ¿Cuáles son los motivos por los que Anna-Lena y Clara ayudan a hacer sus tareas a algunos niños?

— ¿Por qué vale la pena hacer esfuerzos y sacrificios con el fin de recibir o dar educación?

— ¿La educación puede ayudar a cambiar a una persona?

Propuestas de acción

— Compartir con otras personas lo que sabes (por ejemplo, cómo funciona o se hace una cosa, por qué sucede, etc.).

— Agradecer y valorar el papel de personas que se dedican a la educación: padres de familia, profesores, misioneros, formadores, etc.

— Buscar modos de transmitir la fe y la doctrina de la Iglesia a tus amigos y conocidos, también a través de tu ejemplo.

— Pensar cómo cumples tus deberes de estado: como padre o madre, hijo o hija, profesor, estudiante, formador, etc.

— Si eres mayor, dedicar tiempo a personas más jóvenes para transmitirles, de modo atractivo y equilibrado, la sabiduría que da la experiencia.

— Si eres más joven, ofrecer a personas mayores la oportunidad de enseñarles a usar mejor tecnologías más recientes (aparatos electrónicos, software, internet, etc.)

Meditar con la Sagrada Escritura

— Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando (Salmo 25, 4-5).

— Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad (Daniel 12, 3).

— La gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad (Mateo 7, 28-29).

— El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos (Mateo 5, 19).

— Felipe se acercó corriendo, lo oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?». Contestó: «¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?». E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. (Hechos 8, 30-31).

— Enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente (Colosenses 3, 16).

Meditar con el Papa Francisco

— La conclusión del evangelio de Mateo nos dice que el Señor envía a los apóstoles y les dice: «Enseñen a guardar todo lo que yo les he mandado». Este «enseñar al que no sabe» es en sí mismo una de las obras de misericordia. Y se multiplica como la luz en las demás obras: en las de Mateo 25 —que tienen que ver más con las obras así llamadas corporales— y en todos los mandamientos y consejos evangélicos de «perdonar», «corregir fraternalmente», consolar a los tristes, soportar las persecuciones, y así sucesivamente (Meditación, 2 de junio de 2016).

— Educar significa «extraer». Es la capacidad de sacar lo mejor del propio corazón. No es sólo enseñar alguna técnica o aprender nociones, sino hacernos más humanos a nosotros mismos y la realidad que nos circunda (Discurso, 16 de enero de 2016).

— Educar es una gran vocación: como san José adiestró a Jesús en el arte del carpintero, también vosotros estáis llamados a ayudar a las jóvenes generaciones (Discurso, 16 de enero de 2016).

— Ser educador es lo que hizo Jesús: nos educó (Mensaje, 15 de enero de 2016).

— Estamos en un momento de crisis en el mundo sobre la educación. Vos pensá la cantidad de niños que, en los países que están en guerra en este momento, no tienen educación. Miles y miles de niños. Pensá en los miles y miles de niños excluidos de la posibilidad de la educación. Es un desafío. Es un desafío que hay que enfrentar. Y tenemos que empezar nosotros. Educarnos entre nosotros (Videoconferencia, 18 de septiembre de 2015).

Meditar con san Josemaría

— Has tenido la gran suerte de encontrar maestros de verdad, amigos auténticos, que te han enseñado sin reservas todo cuanto has querido saber; no has necesitado de artimañas para “robarles” su ciencia, porque te han indicado el camino más fácil, aunque a ellos les haya costado duro trabajo y sufrimientos descubrirlo... Ahora, te toca a ti hacer otro tanto, con éste, con aquél, ¡con todos! (Surco, n. 733)

— Educador: el empeño innegable que pones en conocer y practicar el mejor método para que tus alumnos adquieran la ciencia terrena ponlo también en conocer y practicar la ascética cristiana, que es el único método para que ellos y tú seáis mejores (Camino, n. 344).

— Los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo que los hijos y las hijas buscan en su padre o en su madre no son sólo unos conocimientos más amplios que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría: un testimonio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas circunstancias y situaciones que se suceden a lo largo de los años (Es Cristo que pasa, n. 28).

— “Coepit facere et docere” —comenzó Jesús a hacer y luego a enseñar: tú y yo hemos de dar el testimonio del ejemplo, porque no podemos llevar una doble vida: no podemos enseñar lo que no practicamos. En otras palabras, hemos de enseñar lo que, por lo menos, luchamos por practicar (Forja, n. 694)

— Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural, y han de sentir la responsabilidad de esa misión, que exige de ellos comprensión, prudencia, saber enseñar y, sobre todo, saber querer; y poner empeño en dar buen ejemplo (Es Cristo que pasa, n. 27).

Textos y enlaces para seguir reflexionando

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