«San Josemaría pasó por la guerra sin faltar a la caridad»

Rosa María Jané Chueca entrevista a Jordi Miralbell, autor de «Días de espera en guerra», un libro que reconstruye los 40 días previos que pasó en Barcelona en 1937, antes de cruzar clandestinamente a Andorra y Francia.

Revista de prensa
Opus Dei - «San Josemaría pasó por la guerra sin faltar a la caridad»

Catalunya Cristiana «San Josemaría pasó por la guerra sin faltar a la caridad» (PDF).

«La historia sobre los 40 días de san Josemaría en Barcelona no podía quedar en un cajón»

Descarga la Introducción y el primer capítulo de Días de espera en guerra. San Josemaría en Barcelona, otoño de 1937 (PDF)

30 cuestiones históricas sobre san Josemaría

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A finales de 1937 san Josemaría Escrivá de Balaguer pasó clandestinamente a Andorra y Francia, a través del Pirineo, y regresó a España por la llamada «zona nacional». Jordi Miralbell, tras una intensa investigación a partir de los testimonios de las personas que huyeron con el fundador del Opus Dei, recoge en Días de espera en guerra (Editorial Palabra), los 40 días que san Josemaría pasó en Barcelona entre octubre y noviembre de 1937.

¿Qué san Josemaría descubrimos?

Es un momento de dudas y de sufrimiento. Es el sufrimiento de no saber qué le está pidiendo Dios. Es una faceta muy humana, de alguien muy real, que sufre de verdad. Por otro lado, se nos muestra como una persona con chispa, divertido. Una faceta muy importante que descubrimos es que él está por encima de la guerra. Son momentos de mucha tensión y él nunca entra en el tema político, jamás se ve en él un sentimiento de rencor contra nadie.

Nunca manifiesta sus ideas políticas, aunque seguro que las tenía, pero nunca las hemos conocido. Cuando a su alrededor celebran las victorias de los nacionales, él nunca participa. No está por la guerra, él es un sacerdote que está por la Iglesia, con la misión del Opus Dei. Es un gran amante de la libertad y de la convivencia. Es muy sacerdotal: con los brazos abiertos a todo el mundo, velando por las almas. Ante todo, él es sacerdote y si alguien le necesita, allí va él a confesar, a decir misa...

Usted no pensaba escribir un libro...

Pues no, pero me encontré con unos relatos interesantísimos de los que habían acompañado a san Josemaría, con una riqueza tan grande de las cosas que habían pasado en Barcelona que me di cuenta de que se debía publicar.

Y empezaron a salir preguntas: cómo se contacta con la red clandestina, por qué van a Andorra, por qué pasan esas ocho personas y no otras...

¿Ha encontrado historias bonitas?

¡Muy bonitas! Como la red clandestina que ayudaba a pasar a gente. Había gente muy buena que ayudaba a salvar a sacerdotes, pero también estaba la parte de los contrabandistas que sabían cómo pasar al otro lado, a los que había que pagar y con los que se vivía un riesgo muy alto. En esa época en Barcelona había mucha gente santa, una Iglesia clandestina santa. Pensemos en Pedro Tarrés, en los fejocistas.... No es un libro para dar lecciones a nadie, solo pretende recoger los relatos de una persona que es santa. También intento rendir un homenaje al cardenal Vidal i Barraquer, a quien admiraba profundamente san Josemaría.

¿Cómo le marcaron estos 40 días en Barcelona?

Yo conocí personalmente a san Josemaría y recuerdo que en el año 1971 me dijo: «En Barcelona habrá mucho fruto porque se ha sufrido mucho.» Yo creo que él experimentó que su misión era superior a sus fuerzas y que necesitaba oración y penitencia, y que allí donde las hubiera, habría fruto. Él quería mucho a Barcelona.

¿Es un libro solo para la órbita del Opus Dei?

Es cierto que es un libro escrito desde mi gran cariño por san Josemaría, pero es el primer libro que trata tan en detalle esos 40 días en Barcelona. Es un trabajo hecho con recuerdos de personas que vivieron los hechos, desde dentro, a partir de personas que querían a san Josemaría, que le acompañaron... pero es un relato de una Barcelona muy concreta, de la situación eclesiástica y que transmite el ambiente asfixiante de aquellos días, se puede ver cómo funcionaban las redes clandestinas y cómo era la Barcelona de octubre-noviembre de 1937.

¿Qué poso le gustaría que dejara Días de espera en guerra en el lector?

Que las personas de Iglesia son muy humanas y normales. San Josemaría es un hombre de paz. La Iglesia debe estar abierta a las personas, sin hacer distinciones, sin ir solo «a los suyos».

Se puede ser amigo de todos y amar a todos, aunque se tengan ideas muy contrarias. Se puede tener disparidad completa de ideas y ser muy amigos, también en nuestro momento actual. Es el papel que le corresponde a la Iglesia.

San Josemaría tiene claro que la Iglesia debe estar por encima de la guerra y amar a todo el mundo por encima de las disparidades ideológicas, que todo el mundo tiene un fondo bueno. Este es el mensaje que me gustaría que quedara.

San Josemaría pasó por la guerra sin faltar a la caridad. Él decía que, con la gracia de Dios, estaría dispuesto a dar su vida por respetar la libertad de la conciencia de una persona que no pensara como él. Es lo que experimenta en esos día de guerra.

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