2. Camino: historia de la redacción

Capítulo de "CAMINO Edición crítico-histórica", preparada por Pedro Rodríguez

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La historia de la redacción de C tiene una fecha simbólica: «Diciembre de 1932»[1]. Con estas palabras cierra el Autor el primer anticipo –un pequeño fascículo, de tamaño cuartilla, apaisado– de lo que terminará siendo el libro cuya edición crítica nos proponemos realizar. Estas modestísimas cuartillas constituyen, como digo, el germen «público» de C.A nadie extrañe que emprendamos esta historia de una manera tan inmediatamente documental. Como tendremos ocasión de ver a lo largo del presente volumen, la documentación relativa a C y a su proceso redaccional es extraordinariamente abundante: en cierto sentido puede calificarse de excepcional, también en relación con otras obras del Autor. Y, sin embargo, he de decir acto seguido que será difícil encontrar un autor que haya hablado menos del libro que prepara que Josemaría Escrivá de Balaguer. Apenas queda un papel en el que hable de su proyecto, de sus ideas acerca del futuro libro, de su temática: esquemas, borradores, etc. Esto que digo resulta llamativo, sobre todo si se tiene en cuenta que, como veremos enseguida, durante todo el período redaccional el Autor escribía unos Cuadernos de apuntes personales que, sin ser un diario en el sentido clásico, recogían numerosas noticias de su vida cotidiana: familiar, espiritual, intelectual, pastoral y apostólica. Pues bien, quien sólo tuviera como fuente dichos Cuadernos no podría concluir que el Autor había proyectado, preparado y escrito el libro en cuestión. Y, sin embargo, en tales cuadernos está la matriz del libro que terminará publicándose en Cuenca el año 1934: Consideraciones Espirituales. Cec recoge y amplía el fascículo antes mencionado y sus textos proceden masivamente, como tendremos ocasión de analizar con mayor detenimiento, de esos Cuadernos. Éstos son la pieza fundamental de un conjunto de escritos autógrafos que el Autor dejó reunidos y preparados y que fueron anotados por Álvaro del Portillo, cumpliendo el encargo recibido, y, bajo el título de Apuntes íntimos, presentados a la Causa de Canonización de Josemaría Escrivá. Sin ellos, la génesis y la historia de C sería tarea ardua. Hagámonos cargo, pues, de esta fuente de primer orden para nuestra investigación.

(Apínt)

Estos Cuadernos, que el lector encontrará citados por todas partes a lo largo de la presente edición, son nueve, cada uno con su número –autógrafo– en romanos. Hoy disponemos sólo de ocho: el Cuaderno I fue destruido por el Autor y desconocemos su texto; no figura en consecuencia en los Apínt[2]. El Cuaderno VIII tiene dos fases literarias separadas por tres años: una antes de la guerra civil (Cuaderno VIII/1, hojas 1-62) y otra después (Cuaderno VIII/2, hojas 62v-74). En medio se intercala, cronológicamente, el último Cuaderno de la serie, que comenzó en Pamplona y al que dio, no el nº IX, sino el nº VIII duplicado[3]. A la hora de la transcripción informática de estos Cuadernos y para respetar el orden cronológico, Álvaro del Portillo situó entre el VIII/1 y el VIII dpdo los restos de un pequeño Cuaderno, sin número, que el Autor escribió durante su estancia en la Legación de Honduras[4]. Además, Mons. del Portillo agregó, a continuación del texto de los Cuadernos, catorce Apéndices, que transcriben otros documentos con notas de la vida espiritual del Autor, de ordinario escritas para su Confesor. A nuestros efectos, son especialmente interesantes los cuatro Apéndices que recogen las Relaciones que escribió San Josemaría de sus EjEsp de 1932, 1933, 1934 y 1935[5]. Álvaro del Portillo, con ocasión de la transcripción informática, dio también a los párrafos o grupos de párrafos de todo el conjunto una numeración marginal consecutiva, que utilizaremos para la citación. He aquí un esquema del conjunto de Apínt: 

 Número del Cuaderno  Primera fecha   Última fecha   Numeración marginal   Número hojas

                   I                         --------                --------                --------  

                  II                      11-III-1930        17-XI-1930            1-110                         50[6]

                  III                        XI-30                  20-V-31           111-203                       41[7]

                  IV                     15-VII-31               3-XII-31           204-447                      99

                  V                        3-XII-31             12-VIII-32          448-809                     106 

                  VI                     12-VIII-32             30-XI-33           810-1082                    98[8]

                 VII                      14-XII-33             19-II-35           1083-1225                   50

                VIII/1ª                  20-II-35               30-VI-36          1226-1373                  1-62r

Cuadº de Honduras              5-V-37                28-V-37          1374-1394                      3

             VIII dpdo                11-XII-37               23-I-39           1395-1594                   62[9]

             VIII/2ª                     13-IV-39              15-XI-40          1595-1628             62v-74[10]

   Apéndices (Apd)                                                                  1629-1875  

             Apd I                           X-32            EjEsp Segovia    1629-1701                    40

             Apd IV                        VI-33            EjEsp Madrid      1704-1728                    15

             Apd VII                      VII-34            EjEsp Madrid      1736-1793                    65

             Apd IX                       VII-35            EjEsp Madrid      1807-1848                    42 

Una advertencia antes de seguir adelante. Los Apuntes íntimos, que acabamos de describir en su materialidad archivística, tienen, como ya se hace cargo el lector, un contenido mucho más amplio que C. Quiero decir que San Josemaría no escribe sus Cuadernos para «escribir» C, sino para anotar las inspiraciones de Dios y su experiencia cristiana en el marco de la fundación del Opus Dei. La derivación de algunas anotaciones hacia lo que terminará siendo C es colateral a la dinámica de estos apuntes. Lo cual no obsta para que en Apínt esté la «matriz» de C y sin ellos se haga difícil situar el libro en su marco histórico-espiritual. De ahí que dediquemos a estos Cuadernos una tan detenida atención.

Los textos de los Cuadernos I y II hasta la hoja 43 (Apínt, nº 95) proceden de una colección de papeles sueltos, de «cuartillas»[11]. En un determinado momento (dentro del año 1930), Escrivá decidió conservar sus notas espirituales y apuntes íntimos no en «cuartillas» (papeles sueltos) sino en «cuadernos», que dan más seguridad. Pero no era aquélla una decisión sólo para el futuro, sino que implicaba la fatigosa tarea de comenzar trasladando a cuadernos todos los apuntes contenidos en la colección de cuartillas. Fue haciendo esa transcripción pacientemente. A la vez, seguía tomando sus notas diarias sobre «cuartillas», que –deduzco– se ponían «a la cola», esperando turno para ser pasadas al cuaderno[12]. Si no está claramente determinada la fecha en que comenzó a transcribir la colección de octavillas[13], es muy exacta en cambio la fecha en que termina esa operación: la última de las cuartillas acumuladas se pasa al cuaderno el 23 de octubre de 1930, como el propio Autor hace constar con estilo cuasi notarial:

«23 – octubre – 1930. –Terminan los apuntes. En lo sucesivo, todas las notas que, para mi provecho espiritual, escriba, las pondré en este cuaderno y en otros, porque no es práctico hacerlo en hojas sueltas»[14].

 La transcripción emprendida había ocupado todo el Cuaderno I y el Cuaderno II hasta su hoja 43. Allí, con fecha 25 de octubre, víspera de Cristo Rey, tenemos la primera anotación escrita al día, es decir, directamente en el Cuaderno: Apínt, nº 96. Datos procedentes de la misma transcripción nos permiten saber que eran más de 250 las cuartillas –en realidad octavillas, como hemos visto– en las que el Autor había anotado hasta entonces su experiencia sobrenatural y su empeño de Fundador[15].

A partir de la víspera de Cristo Rey de 1930, San Josemaría sigue ya el estilo que podríamos llamar habitual en la composición de sus Cuadernos de apuntes: lleva siempre en el bolsillo de su sotana una cuartilla u octavilla –«mi cuartilla», escribe en alguna ocasión–, en la que toma breves notas, o bien apuntes más detenidos, que luego le sirven de guión o recordatorio para escribir los textos de su Cuaderno.

Un solo ejemplo de lo que digo, tomado del Cuaderno IV. El Autor está hablando de la oración que hacía «ayer, por la tarde, a las tres», en el «presbiterio de la Iglesia del Patronato»:

«Mi imaginación andaba suelta, lejos del cuerpo y de la voluntad, lo mismo que el perro fiel, echado a los pies de su amo, dormita soñando con carreras y caza y amigotes (perros como él) y se agita y ladra bajito... pero sin apartarse de su dueño. Así yo, perro completamente estaba, cuando me di cuenta de que, sin querer, repetía unas palabras latinas, en las que nunca me fijé y que no tenía por qué guardar en la memoria (1): Aún ahora, para recordarlas, necesitaré leerlas en la cuartilla, que siempre llevo en mi bolsillo para apuntar lo que Dios quiere: dicen así las palabras de la Escritura, que encontré en mis labios: ‘et fui tecum in omnibus ubicumque ambulasti, firmans regnum tuum in aeternum’: apliqué mi inteligencia al sentido de la frase, repitiéndola despacio»[16].

Aquí vemos al Autor redactando directamente sobre el Cuaderno con el punto de partida de la frase latina escrita en la octavilla. El (1) que aparece en el texto es la señal que San Josemaría puso allí en una de sus relecturas del Cuaderno, en la que escribió en el margen inferior:«(1) En esta cuartilla, de que hablo, instintivamente, llevado de la costumbre, anoté, allí mismo en el presbiterio, la frase, sin darle importancia»[17]. Pero entre la cuartilla de la sotana y el texto del Cuaderno mediaba con frecuencia –al menos, para los temas más delicados– otro papel con el texto ya elaborado, que tiene una función de puente entre «la inspiración», «la idea» o la «experiencia» espiritual consignada en la pequeña nota del bolsillo, y la redacción final que se lee en el cuaderno[18]. Por lo demás, la decisión de 23 de octubre nunca fue absoluta: hay cosas del mismo género que siguen en «cuartillas» y no pasan al «cuaderno», por ej, las notas de sus retiros espirituales[19].¿Qué hizo el Autor con aquellas «cuartillas primitivas», es decir aquellas 235 que mostró al Padre Sánchez[20]? Lo dice él expresamente: «El paquete de octavillas lo quemé hace unos años. Lo siento»[21].Eso dice en 1948; es decir, las conservó durante años. Las debió quemar junto con el Cuaderno I[22] –que se nutría totalmente de ellas–, pero esto fue bastante después[23]. En todo caso, y esto interesa subrayarlo, después de la publicación en 1934 de Cec.La pregunta es igualmente válida –y a nosotros nos interesa más– para las cuartillas posteriores, es decir, las que recibían la anotación inmediata y pasaban después, periódicamente, a los Cuadernos. Se conservan poquísimos de estos papeles[24]. Lo normal es que los rompiera una vez utilizados para la redacción del Cuaderno: tenían una mera función vehicular. En cambio hay fundamento para pensar que las que podíamos llamar «cuartillas u octavillas de mediación» seguían con una vida propia después de ser pasadas al Cuaderno, hasta que, pasado el tiempo, eran destruidas. Lo veremos un poco más adelante. Ahora una palabra sobre los Cuadernos en sí mismos y sobre el resto del material reunido en los Apínt. El Autor llamaba a aquellas primitivas cuartillas, y a las notas de los Cuadernos que las sustituyeron, las «catalinas»: «Son notas ingenuas –catalinas las llamaba, por devoción a la Santa de Siena–, que escribí durante mucho tiempo de rodillas y que me servían de recuerdo y de despertador. Creo que, ordinariamente, mientras escribía con sencillez pueril, hacía oración»[25].Aparentemente los Cuadernos de Apínt tienen la estructura de un diario personal, y muchas veces lo son. Pero los Cuadernos tienen una variedad temática que no se ciñe al género «Diario». Lo explicaba el mismo Autor durante un coloquio en Caracas:«No he hecho nunca un diario, porque no me gusta, pero he ido tomando apuntes, siempre por mandato de mi confesor. Ahí salen personas, relatos de sucesos concretos, apuntes de ejercicios de cuando yo era joven... Hay mucha historia de la Obra en esos apuntes. Pensaba que habían desaparecido […] Y un buen día aparecieron esos apuntes. De modo que hay mucho material, mucho, mucho. Algunos papeles los rompí»[26].En la base del texto encontramos, en efecto, una vida metida en Dios. La interacción entre la «cuartilla» y el Cuaderno, que hemos examinado con cierto detenimiento, refleja la gran atención que el Autor prestaba a las mociones de Dios en su vida. El movimiento de sacar la cuartilla y apuntar unas palabras era una forma de docilidad a «los toques del Paráclito», como dirá en p/130, acompañados con frecuencia de palabra y luz. La cuartilla era manifestación de su fe en la presencia y en la providencia de Dios; una fe que le llevaba a la lectura sobrenatural de los acontecimientos, pequeños y grandes, de su alma y del mundo. Lugar central en este movimiento –y esto está sin duda en el origen de las «catalinas»– ocupa la llamada de Dios –conocida plenamente el día 2 de octubre de 1928– a promover el Opus Dei en el mundo y las luces sucesivas con las que el Señor le ilustra para comprender y realizar esa misión. Los Cuadernos son, ante todo, «recuerdo y despertador» para el propio Autor, que los lee y los medita una vez y otra, como acabamos de ver: los anota y los glosa. Son fruto de su oración y son para su oración, es decir, para dirigir su acción y su vida.En el Cuaderno no escribe todos los días. En el espacio de casi doce años que cubren estos Apuntes, hay ritmos y periodos muy diversos. Las anotaciones llevan siempre la fecha del día en que se transcriben, no la fecha de la anotación en la «cuartilla». Pero puede haber muchas cuartillas acumuladas y con frecuencia pasa el tiempo y el Autor no encuentra el momento oportuno y finalmente quedan sin transcribir. Así lo hace notar a veces.Podemos distinguir, dentro de la unidad de origen del conjunto, cuatro tipos de anotaciones:a) Un primer grupo estaría constituido por las «catalinas» que se refieren de manera directa al espíritu, misión y organización del Opus Dei. Toman unas veces la forma de una reflexión, otras tienen estilo de diálogo con el Señor –en este sentido se funden con las del segundo grupo–, otras una forma de expresión casi jurídica o normativa. Un ejemplo:«La Obra de Dios no nacerá perfecta. Nacerá como un niño. Débil, primero. Después, comienza a andar. Habla, luego, y obra por su cuenta. Se desarrollan todas sus facultades. La adolescencia. La virilidad. La madurez... Nunca tendrá la OD decrepitud: siempre viril en sus ímpetus, y prudente, audazmente prudente, vivirá en una eterna sazón, que le ha de dar el estar identificada con Jesús, cuyo apostolado va a hacer hasta el fin»[27].b) Un segundo grupo tiene carácter de autobiografía espiritual: son experiencias íntimas del trato con Dios y con los hombres: en la Eucaristía, en la oración, en el trabajo, en la mortificación, en la acción sacerdotal y apostólica, en las contradicciones y en la pobreza, en la forma cotidiana de expresar la piedad filial. Un ejemplo:«Jesús: que desde hoy nazca o renazca a la vida sobrenatural. Ut iumentum!... Te pido perdón de todas las infamias –innumerables– de mi vida. Que esta otra vida, a la que quiero nacer hoy, sea una continua infancia sobrenatural: vida de Fe, vida de Amor, vida de Abandono. Fiat.Madre Inmaculada, ¡Tú lo harás!»[28].c) Un tercer grupo de anotaciones, en estrecha conexión con el anterior, está más en la línea de un Diario. Es la actividad de una jornada, o de unos días: visitas, trabajos, tareas, gestiones, estudio, predicación, atención a la familia, acción pastoral aquí y allá, planes apostólicos, caminatas de un lado para otro en Madrid. Autobiografía, como el anterior, pero más externa, aunque vista siempre y de manera temática en la perspectiva de Dios, de la acción de Dios en su alma y en las almas que le rodean. Una muestra de ese estilo: «El día de la Asunción vino Pepe R. a ayudar mi Misa y, con ese motivo, fuimos a su casa. Bajó Guillermo Escribano –presidente de la Confederación de estudiantes católicos de España– y a vueltas de una pintoresca discusión, que tuvieron los muchachos, le animé a prepararse para cátedras»[29].d) Un cuarto y último grupo es de especial interés para nuestro trabajo: son textos que no tienen el estilo narrativo del grupo anterior, ni la formulación autobiográfica del grupo segundo. Son piezas autónomas, que se agregan a las anotaciones de los dos grupos anteriores: literariamente, «consideraciones» sobre el vivir en Cristo, sobre la vida cristiana de unión con Dios y en medio de las circunstancias ordinarias. Muchas de ellas pasarán literalmente a C. Tienen en común, desde el punto de vista literario, con muchas del grupo primero el carácter acabado y «autónomo» de cada anotación. El clima del grupo segundo es como el hogar, el horno en que se forjan estas «consideraciones» del grupo cuarto, que, una vez forjadas, se agregan, se yuxtaponen, se distribuyen dentro de la secuencia biográfica de los grupos segundo y tercero[30].Leyendo los Apínt se hace evidente que el Autor escribe en el cuaderno siguiendo lo que dicen las papeletas y cuartillas que tiene delante, y en cada una de ellas hay o puede haber contenidos que corresponden a estos diversos tipos y géneros literarios que se dan en los Cuadernos. Da la impresión de que el Autor lo que quiere es que las cosas que ha visto en diálogo con el Señor queden escritas, aunque eso implique cambios bruscos de género o estilo. Este modo de escribir presta a la secuencia del texto en los Cuadernos –es mi impresión– una indiscutible autenticidad. De este patrimonio procede, como he dicho al comenzar, la práctica totalidad del contenido de Cem-Cec: muy principalmente de lo que he llamado cuarto grupo de textos, pero también de los demás, especialmente de los grupos segundo y tercero. El clima de C, como antes el de Cec, es el de los Apínt de Josemaría Escrivá. Ésa es la vivencia que tiene Sebastián Cirac[31] cuando lee la primera edición de C y escribe enseguida al Autor:«Recibí tu abrazo espiritual con tu tarjeta y tu libro, que me ha llenado de satisfacción el alma. Enseguida corté sus hojas, leí sus pensamientos, que tan conocidos me son, desde aquellas papeletas primeras, que me enseñaste en Santa Engracia (Patronato)...»[32]. La lectura de C le traslada de golpe a aquellas «papeletas» que leyó en Santa Engracia diez años antes. Con toda seguridad, a otros la lectura de C les pondría ante los ojos, de manera semejante, los fascículos a multicopista que enseguida vamos a estudiar. Pero no podemos salir todavía de los Cuadernos.  Cuando el Autor prepara el fascículo de 1932, al que nos referimos al comienzo, sus Apínt estaban rebosando doctrina espiritual y experiencia de almas, que clamaban por ser transmitidas a otros. Basta ver la cuádruple dimensión del fondo literario que acabamos de señalar, para comprobar cómo aumentan los textos que Escrivá puede seleccionar para darlos a conocer a un círculo más amplio[33]. No, ciertamente, que él los escribiera para eso: «Los fines de estas catalinas son la Obra y mi alma»[34].Así escribe en septiembre del 31, y esto me parece de la máxima importancia para comprender la génesis de lo que terminará siendo C. Él escribe en sus cuartillas –había ya anotado en febrero de ese mismo año– porque se siente «impulsado a conservar, no sólo las inspiraciones de Dios –creo firmísimamente que son divinas inspiraciones– sino cosas de la vida que han servido y pueden servir para mi aprovechamiento espiritual y para que mi padre confesor me conozca mejor»[35]. Es casi el «Deus et anima mea» de San Agustín. Es lo inverso a la publicidad. Los primeros Cuadernos se llenaron de inspiraciones de Dios sobre la Obra de Dios y su misión y, junto a ellas y en interna relación con ellas, de profundas experiencias místicas, que el Autor –cuando las apunta: otras muchas veces, deja correr o «despersonaliza»– querría retener en su intimidad orante y para su confesor: no son para «ponerlas a ventilar», como dirá en uno de esos Cuadernos[36].Al principio, todo estaba en los Cuadernos. En mayo del 32 constata que «no se ha hecho aparte una recopilación de lo referente a la Obra de Dios» y, por tanto, «si he de dar a conocer la Obra me expongo a que se enteren de lo demás» (de las intimidades de su alma y de las gracias místicas, que le avergonzaba que se supieran). «Por eso, con la ayuda de Dios –concluye– trataré este verano de hacer ese trabajo, separando lo mío personal, que anoto para mi director y para mí»[37]. Se advierte en toda esta peripecia el esfuerzo titánico del Autor por separar lo que brota en él con una unidad existencial irrompible: «lo referente a la Obra de Dios» y «lo mío personal, que anoto para mi director y para mí». La idea de cuartillas para llevar al confesor se abre paso. No le lleva el Cuaderno, donde están muchas cosas de la Obra y en ellas el confesor no podía ni debía intervenir –no era su competencia[38]–, sino las cuartillas referentes a la vida de su alma, que deja, con ejemplar abandono, en manos del confesor. A la vez procura que en el Cuaderno queden las cosas que son más de la Obra, como tal, y de doctrina y praxis espiritual. Pero cuando se ve urgido, todo comunica: también en su vida admirable y santa se verifica aquello de que «lo que Dios ha unido, el hombre no lo separe». Por eso fracasa una vez y otra en su intento. Lo que sí se percibe en la lectura de los Apínt es el creciente desarrollo –así lo subraya Álvaro del Portillo[39]– de los textos que recogen la «sabiduría» espiritual que Dios le va otorgando. Son palabras, consideraciones, invocaciones, forjadas en la oración, en las que se refleja su experiencia cotidiana de la Obra, su labor pastoral, los sufrimientos y alegrías de la vida en Dios, su diálogo apostólico con hombres y mujeres en aquellos años tan agitados de la vida española. Este tipo de textos son, sin duda, la fuente principal de los fascículos que vamos a describir. (Cem32)Se trata de un conjunto de 17 cuartillas mecanografiadas, apaisadas, escritas con una máquina de mala calidad –y por un mecanógrafo o mecanógrafa no experto– y después multicopiadas a velógrafo. Contiene 246 consideraciones numeradas[40]. La primera cuartilla del fascículo, sin número, hace de cubierta y lleva el título Consideraciones Espirituales: así, en letras mayúsculas. En el dorso de esta cuartilla se incluye una Fe de erratas que tiene doce correcciones (Dice / Debe decir). Sigue el texto, en hojas numeradas en el anverso (de la 1 a la 15) y escritas por ambos lados. La cuartilla 1 tiene un título, que no es igual al de la cubierta; allí se lee, también en letras mayúsculas: Consejos Espirituales – Consideraciones Espirituales[41]. Dos líneas más abajo, sin solución de continuidad, comienzan los citados consejos o consideraciones, que el Autor numera del 1 al 246[42]. Después de la última consideración, la fecha: Diciembre de 1932. Una última cuartilla –en blanco, sin numerar– tiene al dorso, a manera de contraportada, este colofón: Deo omnis gloria. No consta en parte alguna el nombre del autor: el fascículo es anónimo. No hay tampoco una palabra –prólogo, advertencia al lector– que dé razón de ese elenco de textos.El Autor ultima la composición de Cem32 después del 27 de diciembre 1932. Así de exactas son las fechas. Los cinco últimos textos que el Autor incorpora a sus papeletas proceden de notas de Apínt datadas ese día: pasarán a ser las cd/155, 156, 160, 221 y 224 de Cem32. A continuación –estamos en 5 de enero de 1933– termina de ordenar los materiales hasta entonces seleccionados y comienza la operación de pasar las papeletas a máquina[43], tarea que corre a cargo de un colaborador. Es lógico pensar que a lo largo del mes de enero el Autor fue distribuyendo el fascículo entre las personas de su contexto apostólico[44].La máquina utilizada es vieja y deteriorada y la mecanografía –ya lo apuntamos– menos que discreta. Mi opinión personal es que no es el Autor el que teclea, pues hay algunos errores –no erratas– que un autor no puede cometer en su propio texto. Se ve que está hecho con cariño por manos inexpertas: hay numerosos errores, que aumentan –nos parece– conforme el texto avanza. Además, el velógrafo distorsiona y apaga el texto con alguna frecuencia, por lo que el Autor se ve obligado a completar a mano letras y palabras defectuosas. Así lo observamos en el ejemplar que –después de una cuidadosa corrección autógrafa– enseñó al P. Sánchez y que servirá de base al Autor para la corrección posterior del texto. Si hemos hecho ese recorrido previo por los «cuadernos» y las «cuartillas» de Apínt, ha sido precisamente con la intención de indagar cómo compuso el Autor, a partir de los Apínt, este fascículo Cem32 y, en última instancia, una extensa parte de C: la que terminará imprimiéndose en Cuenca. ¿Trabajaba directamente sobre los Cuadernos? ¿Lo hacía sobre las «cuartillas de mediación» allí transcritas, que guardaba para su utilización autónoma? Pero no eran lo normal estas «cuartillas de mediación», como hemos visto. Lo más frecuente era pasar de la papeleta al Cuaderno. Personalmente pienso que el Autor, cuando prepara el fascículo de 1932, disponía de la colección de «cuartillas» que había mostrado a su Confesor[45], y se sirve para Cem32 de las que le parecen adecuadas. Pero, tanto si estas cuartillas se conservaban como si no, es obligado imaginarse al Autor, releyendo sus Cuadernos y copiando en fichas los pasajes que le interesaba seleccionar para el fascículo. Esto, por lo demás, es lo que rememora el propio Autor muchos años después:«Camino está tomado, en parte, de una especie de diario –no, no, no es diario: me revientan los diarios– hecho en honor de Santa Catalina. Cada una de esas cosas recuerda un suceso o es un hecho de alguna persona. Esas fichas las ordené en el treinta y tres y las llevé a imprenta en el treinta y cuatro[46].Cierto que se trata de una rememoración genérica, que no pretende describir técnicamente su trabajo, pero la secuencia parece clara. Están los Cuadernos, las «catalinas». De ahí se toma –sólo «en parte», agrega el Autor: la parte de Cec– el contenido de C. El resultado es unas fichas (otras podrían ser «cuartillas de mediación»). Esas fichas se ordenan. Es el germen de los caps.Ya hemos hecho notar que el contenido del fascículo procede en su casi totalidad de Apínt. Sólo seis consideraciones de Cem32 no se han podido localizar en ese fondo literario[47]. Tengo la fundada convicción de que esas seis estaban también en los Cuadernos: concretamente en el Cuaderno I[48]. Todas las demás tienen su origen redaccional, a veces casi literal, en las notas manuscritas de los Cuadernos, como iremos viendo punto por punto en el Comentario crítico-histórico. Una primera comparación de Cem32 con Apínt pone de relieve que el Autor no trasladó mecánicamente las notas de Apínt a los puntos de Cem32: quiero decir, que no sigue la disposición cronológica con la que están escritos los Cuadernos de Apuntes. La secuencia de textos en Cem32 es completamente distinta: es, de manera clara, fruto de una determinada ordenación hecha por el Autor. En los Cuadernos Josemaría Escrivá inserta sus notas –parece obvio– conforme «acontecen» en el día tras día de su relación con Dios. En Cem32, por el contrario, aparece ya una «lógica» que ordena y dispone. Cosa muy distinta es si –en la fase del texto que se ofrece en Cem32– estamos en condiciones de captar ese ordo con toda claridad. Máxime si se tiene en cuenta que esa lista de 246 puntos mecanografiados se presenta en una secuencia ininterrumpida, sin que los textos se agrupen en caps o secciones, y ni siquiera estén divididos por títulos o ladillos intermedios. Por lo demás, ya se comprende que la cuestión del ordo o estructura del texto –de C y de sus anticipos– hay que estudiarla por sí misma y con el necesario detenimiento. A ello dedicaremos el § 11 de esta IntrodGen. (Cem33) Al comenzar el verano de 1933 Josemaría Escrivá daba al velógrafo un segundo bloque de consideraciones[49]. Más breve que el anterior y también más austero, si cabe. Son siete cuartillas, de las mismas características. La primera y la última, en blanco y sin numerar; las otras, con el texto a máquina y numeradas del 1 al 5. Sin portada ni contraportada. Por supuesto, sin firma, pero además sin fecha[50]. La cuartilla 1 se encabeza así: «Consejos Espirituales – Consideraciones Espirituales (Continuación)». En efecto, si el último texto de Cem32 era la cd/246, el primero de Cem33 es la cd/247. Son, las de este fascículo, 87 nuevas consideraciones de numeración consecutiva, hasta llegar a la cd/333. Es éste el momento de decir que la literatura biográfica sobre Josemaría Escrivá no ha reparado hasta ahora en la existencia de este segundo fascículo, del que, ciertamente, no conozco más ejemplar que el conservado por el propio Autor entre sus papeles[51] (aunque sin duda fue distribuido como el primero). Y, sin embargo, me parecen del máximo interés histórico estas cuartillas, que marcan la línea de continuidad hacia la edición impresa. El conjunto que forman Cem32 y Cem33 –en el aparato crítico llamaremos a ese conjunto sencillamente Cem– tiene también otro tipo de unidad: son, como digo, 333 consejos o consideraciones, un tercio de C, exactamente un tercio. Al llegar a la cd/333, el Autor paró. Este pequeño descubrimiento de las 333 consideraciones a multicopista adelanta a 1933 el deseo de San Josemaría de expresar en «clave trinitaria» el número de consideraciones del libro[52].Cem33 es un conjunto literario en todo similar al precedente. El texto procede en su totalidad de los Apínt y el Autor comienza a extraer sus notas donde se quedó al terminar Cem32: todas las consideraciones de Cem33 –menos una, la 321 (= C p/176), que se toma del Cuaderno III– se encuentran en el Cuaderno VI[53]. Tampoco en este caso el Autor agrupa las papeletas por el orden cronológico. El orden es muy diverso del que ofrece Apínt, como estudiaremos en su momento. Digamos finalmente que este segundo fascículo fue mecanografiado después del 7 de julio de 1933, día en que están fechadas en el Cuaderno las ocho consideraciones últimas que se recogen en Cem33[54]. Pero el 22 de julio, según carta de Zorzano al Autor[55], ya estaba siendo leído en el círculo de amigos. Entre ambas fechas se sitúa, por tanto, la definitiva composición y la mecanografía del segundo fascículo. Cem32 y Cem33El más antiguo testimonio de la recepción de Cem32, en el círculo de seguidores de Josemaría Escrivá, lo encontramos en las notas personales que llevaba María Ignacia García Escobar[56]. En ellas se lee con fecha de 9 de enero del 33: «Ayer, último día de Pascua de los Santos Reyes, me trajo una hermanita mía en la Obra de Dios unos escritos que hace tiempo esperaba con santa impaciencia, por tratarse de Ti. En varios de sus puntos habla de la niñez espiritual. –Al terminar de leerlos, con gran convicción de lo que decía y esperanza ilimitada en tu poder y misericordia, he exclamado: ¡Señor, yo soy una niña, sí; pero... una niña incorregible y con unos instintos de fiera, que si Tú, mi cariñosísimo Padre, no me coges en tus brazos y, a pesar de mis gritos de protesta, me apartas del peligro llevándome a tu aposento, mi nueva caída sería segura! ¡¡Jesús del alma mía, apiádate de mí!!»[57].La circulación de las cuartillas comenzó, pues, en los primeros días de enero. Aunque María Ignacia no lo dice formalmente no hay duda alguna de que los escritos que esperaba con impaciencia son estas Consideraciones, de las que ya estaba avisada por el Autor de que saldrían. Lo que a ella más le impresiona, como se ve, son los textos sobre infancia espiritual: cd/139 a 173.Conocemos la reacción de Isidoro Zorzano ante Cem32, que escribe desde Málaga al Autor en cuanto recibe el pequeño fascículo:«Estoy rumiando las hojitas o consejos espirituales»[58].En marzo todavía está calibrando la doctrina espiritual del fascículo:«Esa tranquilidad de espíritu, resultado de la paz espiritual, no sólo hace ver con más transparencia y claridad los problemas del espíritu, sino que se traduce también en una mejor asimilación y resolución de las cuestiones cotidianas: qué razón tienes al considerar en tus Consejos espirituales que el poseer la gracia de Él es tener o estar dotado de una tercera dimensión»[59]. Cem33 es objeto de testificación inmediata en la correspondencia del Autor, que escribe en julio a uno de aquellos universitarios: «¿Te llevaste el segundo fascículo de Consejos? Si no te lo di, ya te lo mandaré en la próxima»[60]. El destinatario, cuando lo ha recibido, comenta:«Tengo ya el segundo cuaderno de ‘Consejos’, que he leído ya, pero que tengo que meditar mucho: ¡qué cosa más grande!»[61].Casi por las mismas fechas Isidoro Zorzano, desde Málaga, tiene también su propia forma de acusar recibo, semejante a lo que ya dijo a propósito de Cem32:«Las Consideraciones son maravillosas; sigo rumiándolas»[62]. Pasado el primer momento, las referencias a los Consejos en el intercambio epistolar comprenden sin duda los dos fascículos, sin distinción. De sendas cartas del Autor: «Ramón: que leas, con frecuencia, los Consejos; que tengas presencia de Dios; ¡que seas fiel! Un abrazo y mi bendición. José María. Madrid – 14-enero-1934»[63]. «No me dejes la meditación: lee los Consejos, que son palabras que te digo al oído, como si estuviera a tu lado»[64]. Zorzano, por su parte, termina incorporando la lectura de los fascículos a su plan de vida:«Por la tarde, [dedico] también un cuarto de hora a la lectura del Evangelio y Consejos Espirituales; luego, por la noche, hago la visita al Santísimo y, al tiempo de acostarme, el examen»[65].He subrayado la acogida de Cem32 porque, a mi parecer y a partir de la documentación que he podido consultar, la idea de transformar esos textos en libro se fragua ante el impacto de esas 246 «consideraciones» en el entorno del Autor. Esa «eficacia pastoral» –diríamos hoy– le lleva a dos cosas: primera, a confeccionar, como hemos visto, un segundo fascículo con nuevos textos; segunda, a pedir a su confesor una censura particular de ambos fascículos pensando ya en la imprenta[66]. Veamos esto último con algún detenimiento.Los ejemplares de Cem32 y Cem33 que se conservan en el AGP son especialmente valiosos para la historia de la composición de C (tema en el que la parquedad del Autor –como ya dije– es casi absoluta). Se trata de los ejemplares que el Autor entregó al P. Valentín Sánchez Ruiz, su confesor, para que los revisara y le diera su parecer[67]. En la portada de Cem32, el Autor –como ya dije– escribió, con lápiz rojo y letra grande y bien formada, esta misiva para su confesor: «Padre: le envío estos dos fascículos de «consideraciones» para que tenga la caridad de censurarlos o suprimir lo que quiera. Bastantes, de este primer cuaderno, ya las conoce V. R.; pero el segundo y algunas del primero no se las había dado aún. Dios se lo pague. Escrivá»[68]. En la cubierta (en blanco) de Cem33 agrega, con el mismo estilo:«Desde luego, si se viera que aprovechan, ordenaré más adelante estas notas. Por ahora, como prueba, ya vale». Debajo, con letra más pequeña y a tinta, se lee (tanto en Cem32 como en Cem33):«Me lo devolvió el P. Sánchez hoy 12 – ags. 1933»[69].La cosa parece clara. El Autor había puesto a circular Cem32 en cuanto lo tuvo disponible (primeros de enero de 1933), sin entregárselo al P. Sánchez. Éste –como dice el Autor– conocía ya buena parte de su contenido, pues Escrivá le daba a leer, con frecuencia variable y a efectos de dirección espiritual, sus notas íntimas[70]. Adviértase que el P. Sánchez no conocía las notas de Apínt escritas entre el 27 de diciembre de 1932 y el 7 de julio de 1933 (es decir, las correspondientes al periodo recogido en el segundo fascículo), ni tampoco una parte de las recogidas en Cem32.Cuando termina el segundo fascículo (finales de julio de 1933) el Autor lo lleva, junto con el primero, al P. Sánchez. A la vez, lo pone enseguida en manos de sus amigos, sin esperar –como ya hizo con el primero– el juicio de su confesor[71]. Esto me parece interesante porque esta secuencia de hechos manifiesta que Josemaría Escrivá proyecta ya, como he dicho, transformar en texto impreso los fascículos a ciclostil. En efecto, el juicio que espera del P. Sánchez no es sobre la oportunidad de comunicar a otros esos fascículos. La censura que le pide es, claramente, el dictamen privado, de conciencia, de su confesor, con vistas a una futura publicación formal, que empieza a considerar al darse cuenta del bien que esas cuartillas están haciendo: «si se viera que aprovechan», dice con humildad. En todo caso, «como prueba, ya vale».En los Apínt no se contiene –ya lo he apuntado– una sola palabra acerca de estos ensayos del futuro libro: como si no existieran. Por eso son preciosas, desde el punto de vista histórico, estas notas del Autor dirigidas al P. Sánchez. Testimonian, ciertamente, la humildad del Autor y, como en tantas otras ocasiones, su dócil apertura al discernimiento espiritual de su confesor[72]. Pero para el estudioso de C es muy valiosa la indicación que el Autor hace en la tapa del segundo fascículo: en el caso de decidirse a publicarlas, «ordenaré más adelante estas notas»[73]. Lo que significa que el orden de exposición o secuencia de los contenidos de ambos fascículos era claramente provisional y debía ser reelaborado a fondo, especialmente al plantearse la fusión de Cem33 y Cem32.La realidad es que ambos manojos de cuartillas prestaban ya una buena ayuda a San Josemaría en su labor apostólica, y no demostró tener prisa en llevar a la imprenta sus «consideraciones», a pesar de que el 12 de agosto su confesor le había devuelto los textos sin cambiarles una coma. Él seguía adelante con su «vida en Dios», cuyo fondo inapelable era, desde el 2 de octubre de 1928, ser y hacer el Opus Dei en la Iglesia. Y esto es lo que se refleja en el día tras día de su Cuaderno y de las cuartillas o papeletas que lo preceden y prolongan... San Josemaría tenía dentro del alma la urgencia de Dios: sin prisa y sin pausa, al paso de Dios, solía decir[74]. Del proyecto de libro, como digo, ni una palabra en sus Apínt. Josemaría Escrivá, en medio de la más absoluta pobreza de medios, logró en diciembre de ese curso 1933-34 instalar en la calle Luchana un incipiente Centro del Opus Dei, la Academia DYA74b. Pasará todo el año 1933 y parte del 34 antes de que nos encontremos con esa ordenación de los papeles, que acabará ya en la imprenta. Veamos cómo se forjó. (Cec)La primera forma impresa de este patrimonio literario se publicó el año 1934 en Cuenca. Tenía como título Consideraciones Espirituales[75] y se editó en la antigua imprenta del Seminario, que entonces había cambiado su nombre por Imprenta «La Moderna»[76].Comenzó a trabajar en la preparación del libro en febrero del 34[77], pero no se limitó a la anunciada ordenación del material publicado a velógrafo. Habían pasado casi diez meses desde que cerró el texto de Cem33 y en ese tiempo había terminado el Cuaderno VI de sus Apínt y estaba mediado el VII, llenos ambos de gran riqueza espiritual. Más de un centenar de nuevas consideraciones se sumaron a las 333 de Cem. Desde el punto de vista de la historia de la redacción hay, pues, que distinguir en Cec dos partes: a) los materiales procedentes de los dos fascículos multicopiados (Cem) y b) los textos de nueva incorporación. Unos y otros, a su vez, provienen de los Cuadernos de Apínt.La casi totalidad de los nuevos textos estaban, como acabamos de apuntar, en las notas íntimas posteriores a Cem33: la primera de ellas es del 2 de agosto de 1933 (Cec/45.4[78] = C p/433) y la última está fechada el 24 de marzo del año siguiente (Cec/35.1 = C p/337)[79]. Del Cuaderno VI procedían 42 consideraciones, y 65 del VII, en el que entonces estaba anotando su experiencia espiritual. También, como en Cem33, algún texto más antiguo se incorpora al libro: en concreto dos puntos del Cuaderno V[80].Sobre los materiales procedentes de Cem el Autor realizó algunas operaciones redaccionales. Ante todo, decidió prescindir de siete consideraciones, tres de las cuales eran frases tomadas del libro «Decenario al Espíritu Santo», de Francisca Javiera del Valle, que había leído y anotado fervorosamente en 1932[81]. Pero sobre todo vio claro que, en algunas –que reproducían de manera prácticamente literal el tenor de los textos de sus notas íntimas–, debía cambiar la forma de expresión a la hora de pasarlas al texto impreso. Se trata casi siempre de consideraciones en las que aludía de modo explícito al Opus Dei (con la abreviatura: «O. de D.»[82]); lo cual tenía sentido en el círculo más restringido de los que accedían a Cem, pero resultaba impropio al editar el libro y ampliar así el ámbito de sus lectores. Esta tendencia se reforzará, como veremos, cuando se plantee la edición definitiva de C. Algunos ejemplos de lo que digo. En Cem32/240 se leía:«¡Cómo se ennoblece el dolor, en la Obra de Dios, poniéndolo en el lugar que le corresponde (expiación) en la economía del espíritu!»[83].Era ésta, efectivamente, una experiencia de veinte siglos en la Iglesia –el sentido de la Cruz de Cristo–, vivida ya con hondura en el Opus Dei en su corto espacio de existencia: en la vida del propio Autor, llena de humillaciones y penalidades y, por ej, en la dolorosa muerte en plena juventud de dos de los primeros miembros del Opus Dei[84]. La nota del Cuaderno V, que pasa a Cem32, recoge con sencillez y agradecimiento esta realidad, meditada ahora, gracias al velógrafo, por todo el pequeño grupo de seguidores de Escrivá. El Autor, al ordenar los papeles, traslada a Cec/98.5 (= C p/234) esa experiencia vivida al hacer el Opus Dei, pero ahora expresada en los términos de su pura y nuda realidad cristiana, universalmente ofrecida a todos en el Evangelio:«¡Cómo ennoblecemos el dolor, poniéndolo en el lugar que le corresponde (expiación) en la economía del espíritu!»[85].Sólo ha hecho falta ese brevísimo cambio: quitar la alusión a la Obra y describir la experiencia en primera persona del plural, incluyendo al lector.Otro texto. En Cec/96.2 (= C p/915) se contiene un criterio fundamental de rectitud y limpieza en toda forma de compromiso cristiano:«Las obras de Dios no son palanca, ni peldaño»[86].Pero en Cem32/222 eso se decía explícitamente del Opus Dei, según la concreta e histórica comprensión del tema que, en este punto, anotó su Fundador en el Cuaderno VI, nº 819, 2-IX-1932:«La Obra de Dios no es palanca, ni peldaño»[87]. Todo este patrimonio –el de los fascículos y el de las consideraciones de nueva incorporación– quedó dispuesto en caps. Esta división del texto –que pasará sustancialmente a la definitiva disposición de C– es, en efecto, la gran novedad de la edición de Cuenca. Los caps que encontramos en Cec son 26, sin numerar, cada uno con un breve y expresivo título: una sola palabra, muchas veces. Ya se comprende que esta agrupación del contenido en caps será fundamental para comprender la estructura interna de esta edición y, en definitiva, de C.Otra peculiaridad de Cec. En contraste con los borradores precedentes, los textos que aquí se incluyen no están numerados. No sabemos a qué se puede deber esta determinación, tan en contraste con Cem y con lo que sería la definitiva presentación de C. El Autor no ha dejado, durante esta época redaccional, información alguna acerca de su modo de trabajar en el libro. Cada «consideración» –es evidente– sigue teniendo su propia entidad, como la tenía en los fascículos de Cem, pero ahora la separación entre ellas se hace por medio de un simple trazo[88]. El libro tiene 438 «consideraciones» o, mejor, unidades separadas por estos trazos. Pero en realidad son 435, pues, al ordenar las fichas y preparar el manuscrito para Cuenca, el Autor –o los mecanógrafos– introdujeron tres consideraciones repetidas[89]. De Cem32 proceden 240, 85 de Cem33 y las otras 110 son nuevas incorporaciones tomadas directamente de Apínt, como ya hemos dicho.Ojo! Suman más. Pero todavía no estamos ante el texto editado. Más bien vamos acompañando al Autor mientras se plantea la cuestión de pasar a la letra impresa. La edición formal de un libro de espiritualidad tenía, en su caso, implicaciones que debía sopesar, estando el Opus Dei «en gestación» y tantas miradas puestas en la labor que desarrollaba. En sus periódicas visitas a don Francisco Morán, Vicario General de la Diócesis de Madrid[90], le informaba detenidamente de la actividad de la Obra: la labor con universitarios que realizaba y, en conexión con ella, su presencia en los barrios obreros y en los hospitales de Madrid. En los Apínt y en otros papeles personales se reflejan los temas de esas visitas: los proyectos apostólicos del Autor, la expansión de la labor con estudiantes de la Universidad, la Academia DYA, etc. El 24 de febrero de 1934, cuando ya tenía prácticamente dispuesto el libro, anota: «El lunes pasado estuve con el Sr. Vicario de Madrid. Fui por un asunto del convento de Sta. Isabel. Hablamos de muchas cosas, de nuestros apostolados, de los chicos... El Sr. Morán pasó un buen rato y está cambiadísimo: antes me urgía a que fuera yo a la cátedra; ahora me decía: no hacen falta sacerdotes-maestros, ni sacerdotes-catedráticos, sino sacerdotes que formen maestros y catedráticos...»[91].En alguno de esos encuentros debió de hablar al Vicario de los Consejos que repartía a velógrafo entre los estudiantes, sin darle mayor importancia. En cambio, editar un libro era cosa más delicada, dada su situación de sacerdote extradiocesano en Madrid y teniendo una acción apostólica relevante, cada vez más conocida en la vida universitaria[92]. Podría haber recelos en el ambiente eclesiástico y dificultades de diverso orden. Pero Josemaría Escrivá veía con claridad que necesitaba disponer de ese instrumento: letra impresa. Es interesante notar que el Autor proyectaba –y llevaría a término– la publicación simultánea de dos originales: las Consideraciones de que hablamos y, además, Santo Rosario, cuya circulación a velógrafo es anterior incluso a los fascículos de los Consejos[93]. Eran por lo demás aquellos primeros meses del 34 de una especial intensidad en la configuración de la labor apostólica del Opus Dei y en la formación de sus miembros, todos muy jóvenes: estaba el Fundador acabando de escribir dos documentos importantes para la vida interna de la Obra, que entregaría también al velógrafo en los días siguientes: la Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios y la Instrucción sobre el modo de hacer el proselitismo, fechadas respectivamente en 19 de marzo y 1º de abril de ese mismo año[94]. A todo esto, la penuria económica en que vivía San Josemaría estaba en el límite y la idea de editar un libro (a su costa, naturalmente) le hacía cavilar y pensar posibilidades. El dinero saldrá –se lee en el Diario de la Academia DYA– «de no sé qué sablazos que dará el Padre»[95].Así las cosas, se terció que a la semana de estar con el Vicario Morán vino a Madrid don Cruz Laplana, Obispo de Cuenca, a quien hacía tiempo que Escrivá quería visitar[96]. El Autor de C dejó este apunte de la entrevista: «El jueves [1 de marzo de 1934] estuve con el Sr. Obispo de Cuenca, a quien comuniqué, en secreto y a grandes rasgos, la Obra de Dios. Desde luego, se mostró ganado»[97].Es muy probable, por lo que veremos después, que en este contexto el Autor hablara del libro que necesitaba publicar al servicio de ese afán apostólico, pero sin pedirle nada en concreto. El caso es que a raíz de esta entrevista, en la que le explicó el Opus Dei y la labor que llevaba entre manos, San Josemaría debió pensar que lo más oportuno y discreto era editar el libro en Cuenca, con el imprimatur de don Cruz Laplana, aparte de que sabía por Sebastián Cirac que allí se podían lograr muy buenos precios en la Imprenta del Seminario. Efectivamente, en Cuenca –y esto se presentaba como providencial– residía don Sebastián Cirac, aragonés como don Josemaría, canónigo de aquel Cabildo, Archivero diocesano y, lo que es más importante, hombre muy ligado, ya de años, al proyecto apostólico del Autor. Tal vez la idea de editarlo en Cuenca viniera incluso del propio Cirac.El dato concreto es que, después de la entrevista con don Cruz, el Autor de Consideraciones se cartea con Cirac a propósito de la conversación con el Obispo y de la posible publicación del libro en Cuenca. Cirac escribe:  «Ayer recibí la tuya –rapidísima y más cargada de papel que de letra– con el placer de siempre, pero en aumento. El Sr. Obispo en una sesión de más de dos horas me contó la entrevista, su impresión y consejos. –Creo muy conveniente que me mandes el opúsculo, y con él a la vista le hablaré»[98]. Esta carta, sin duda, precipitó el poner punto final a las tareas de redacción y ordenación del libro, cuyo contenido, por su propia naturaleza –era fruto de la oración y la vida cotidiana del Autor–, seguía abierto. El mismo día que recibió la carta de Cirac, el Autor introdujo en el lugar correspondiente (en el cap «Formación y Estudio») la última papeleta, que en el Cuaderno VII de sus Apuntes lleva fecha del sábado 24 de marzo, fiesta entonces del Arcángel San Gabriel. Es la consideración Cec/35.1 que en C es el p/337. La «Advertencia preliminar» y el breve prólogo ya estaban escritos en febrero. El «borrador» de Cec no se conserva: posiblemente eran –como luego para el borrador de C en Burgos– sencillamente octavillas con las consideraciones ordenadas por capítulos. Josemaría Escrivá organizó las cosas para que algunos de los universitarios de su círculo apostólico pasaran a máquina la colección de «consejos» y disponer así del manuscrito para enviar a la imprenta. La operación se llevó a cabo durante la Semana Santa de ese año. El 31 de marzo, Sábado Santo, quedaba perfectamente preparado el original[99]. Se sacaron dos copias. Una quedó en poder del Autor y la otra se envió certificada a Cirac[100]. Al día siguiente, 1º de abril, el Autor firmaba, como dijimos, la Instrucción sobre el modo de hacer el proselitismo, y anotaba en su Cuaderno: «Desde hoy, en lugar de apuntar en las catalinas, muchas cosas las pondré en papeletas con la fecha. Así es más sencillo, y me lleva menos tiempo»[101]. Tal vez detrás de esta decisión (del cuaderno a las papeletas, en contraste con la decisión del año treinta: de las cuartillas al cuaderno) esté la experiencia de la preparación de Cec. En todo caso, coincide con el envío del libro para ser impreso en Cuenca. Desde ese momento, en los Cuadernos de Apínt se encuentran muchas menos anotaciones espirituales y ascéticas de las que antes llamé «autónomas»: todo va narrativamente más al filo de los acontecimientos que de las «consideraciones».Por su parte, en el diario de la Academia DYA se continúa dando cuenta del resultado de los trabajos:«Por la contestación posterior nos dicen que sí, que podrán tirarlo allí y que el Señor Obispo ha sido tan amable que nombró censor a don Sebastián, como se había pedido»[102].En efecto, con fecha 9 de abril Cirac había escrito al Autor: «Recibí la tuya y el opúsculo de Consideraciones. He aquí el resultado de mis gestiones. Con el Sr. Obispo he hablado en varias ocasiones largo y tendido, sus consejos me parecen, como los demás suyos, de una persona que tiene el don de consejo. […] Me nombró Censor del opúsculo […]. Hoy comenzaré, D.m., la lectura censural y de oficio del mismo»[103]. »Quede el Canónigo haciendo su lectura censural, que traerá cola, y veamos con qué expectación se esperaba el librito entre los sacerdotes que colaboraban con Escrivá en aquella empresa apostólica. Se trata, escribe uno de ellos a otro, más «reciente»:«de un folleto, que te mandaremos enseguida, donde encontrarás cosas interesantísimas para la dirección y pesca de los nuestros. A José María le vas a conocer mejor por ese libro que por lo que ahora le has visto y tratado. En ese librito está compendiada toda la experiencia de varios años de J. M. en esos trabajos, que le puso Dios por obligación: te gustará mucho»[104]. Pero escuchemos sobre todo al Autor, que escribe por esas fechas al Vicario General de Madrid una de sus habituales cartas sobre la actividad apostólica del Opus Dei. Le informa, entre otras cosas, de la edición en marcha y le da –y nos da ahora a los estudiosos de su obra– elementos de juicio para comprenderla:«Por razones de economía, con la aprobación del Sr. Obispo de Cuenca, se está tirando un folletico –luego se tirarán otros–, en la «imprenta Moderna», antes «Imprenta del Seminario», de esa capital (de Cuenca). Son notas que empleo, para ayudarme en la dirección y formación de los jóvenes, y que hasta ahora iban a velógrafo. Enseguida que me manden la edición, me apresuraré a enviar a V. S. Ilma. un ejemplar. Le anticipo que no tienen ni pretensiones, ni importancia, y que se imprimen anónimamente: desde luego, sólo son útiles para determinadas almas, que quieren de veras 1) tener vida interior 2) y sobresalir en su profesión, porque esto es obligación grave»[105].Lo que no sabía San Josemaría es que la censura de su opúsculo corría –de hecho– a cargo del mismo Sr. Obispo de Cuenca, que leía el libro detenidamente y transmitía sus observaciones al censor. Así lo dedujo cuando unos días después llegó la censura oficial emitida por Cirac, probablemente acompañada de una carta en la que el propio Cirac comunicaba al Autor confidencialmente que algunas de esas «orientaciones» –que conoceremos enseguida– eran muy personales del bueno de don Cruz Laplana[106]. San Josemaría se disgustó. Pero a su estilo, es decir, con un disgusto atravesado por ese su característico sentido del humor –lleno de sentido sobrenatural–, que transforma toda aquella peripecia en algo sumamente ejemplar y... divertido. El caso es que, estudiado el asunto, Josemaría escribe a su amigo con fecha 17 de mayo hablándole con toda franqueza y discrepando de algunas cosas de la censura. ¡Qué pena no tener la carta! Como todas las del Autor a Cirac en esta época, ésta tampoco se conserva. En todo caso, sabemos lo esencial de su contenido por una anotación del Autor en su Cuaderno de apuntes que lleva fecha del día 18. El texto no tiene precio[107]:«Día 18 de mayo de 1934: ¡Qué facilidad, en todo y en todos, para hacer el mal! y ¡qué dificultades, especialmente de parte de los buenos, para hacer el bien! Envié a Cuenca las «Consideraciones» y resulta que se escandalizan –no digo bien– que parece que les asustan algunas palabras, que desde luego nada envuelven de error o de irrespetuoso; por ejemplo, la frase «santa desvergüenza». Protesté ayer, por carta a Cirac, y, cediendo en todo lo demás, espero que saldrá el folleto con «desvergüenza». El caso es que salga, aunque sea con colaboración (!): ya llegará la hora de publicarlo sin retoques»[108].Al nombrar esta expresión –«santa desvergüenza»– el lector de C se sitúa perfectamente en lo que pasaba. En el cap titulado «El plano de tu santidad» las consideraciones Cec/37.1 a 38.1 Poner paginación (= C p/387 a 391) incluían esta expresión que, con las otras dos («santa intransigencia» y «santa coacción»), constituían los puntos que determinan –en el pensamiento del Autor– el «plano de santidad que nos pide el Señor». Ahí es nada. No eran juegos de palabras lo que andaba por medio, ni una cuestión literaria, sino el intento por parte del Autor de comunicar un fundamental mensaje por medio de lo paradójico de la expresión[109]. Si se quitaba la paradoja, se debilitaba o aguaba la comunicación del mensaje. En realidad –era la conclusión que sacaba– no le habían entendido...Al Autor le parece pueril que le exijan esas quisicosas... Pero espera que su carta a Cirac sea convincente y le dejen, al menos, la «santa desvergüenza»... Aunque ya se ve, leyendo su desahogo en el Cuaderno, que está dispuesto a «admitir colaboración» y a quitar lo que quieran: lo importante es que salga el librico, que le hace falta para su tarea pastoral. Ya llegará el momento de poderse expresar con toda llaneza[110].El correo funcionaba entonces a la perfección, y al día siguiente, mientras Escrivá anotaba su Cuaderno, ya estaba Cirac leyendo la carta al Obispo. Una larga sesión seguida de nueva carta de Cirac al Autor:«Cuenca, 18 de mayo: Recibida la tuya y leída por mí, se la he leído al Sr. Obispo, a quien no ha gustado tu actitud sobre la palabra desvergüenza. Dice que no puede él conceder autorización al libro donde se recomiende una palabra que suena mal y tiene mal sentido en el lenguaje usual; y que te recomienda que la cambies por otra –resolución, decisión, valentía...– que tenga otro sentido en el uso, y que no te dejes llevar de una apreciación personal, sino que pienses en la trascendencia de una publicación y que ninguna firma de obispo puede autorizar esa palabra.–¡Si supieras cuánto sufro con estas cosas!»[111].Todo quedaba entre aragoneses. Josemaría Escrivá y don Cruz Laplana (aparte de Cirac, que era de Caspe): ¡qué caracteres y qué temperamentos tan diversos! ¡qué diversa sensibilidad en dos hombres de Dios a la hora de compulsar –desde esas pequeñas cosas de lenguaje– la presencia de los cristianos en el mundo! La carta de Cirac está anotada humorísticamente por el Autor, que, después de la firma del canónigo, con lápiz rojo y con su letra grande y enérgica, apostilla: «¡Vaya por Dios, con mi desvergüenza! Diremos (por ahora) atrevimiento»[112]. Pero en el Autor de C, por encima de todo –y por encima de su propio temperamento– estaba la entrega incondicionada a la Voluntad de Dios, que se expresa de manera eminente en la palabra de los Obispos en comunión con el Papa. Así lo escribió a Cirac a vuelta de correo. Imaginamos el tenor de la carta por la respuesta del Canónigo, que es del día 28:«Tu última carta me alegró muchísimo por la confianza que ponías en el señor Obispo, a quien también agradó mucho tu conducta y sumisión a su parecer»[113]. Cirac continúa con algunos detalles sobre la edición: «He aguardado a escribirte con el fin de decirte algo del opúsculo [se entiende, sobre la marcha de la edición]. Pero nada he conseguido. El día 20 repasé yo las pruebas corregidas de unas veinte páginas; después nada me han vuelto a decir. Te remito la oración y ‘Santo Rosario’. Dirígete personalmente por carta a D. Pedro Lorente, La Imprenta Moderna[114]. Podrás también preguntarle por el opúsculo. Puedes decirle que como es mucho lo que habéis de dar a la imprenta, os dirigís a él, mejor que valeros de tercero»[115].A lo largo del mes de junio se terminó la corrección de pruebas y para finales de mes el libro estaba ya a punto: «Ya sé que has escrito al Señor Lorente, quien me ha dicho que en esta misma semana estará terminado el opúsculo, de modo que a principios de la próxima semana, D.m., lo tendrás en Madrid. Te mando la factura que hace días la pagué. No sé cuándo pasaré por esa ciudad en dirección a Caspe, y seguramente que sólo me detendré algunas horas para veros»[116].El Diario de la Academia DYA se detiene gozoso ante los ejemplares de la edición, que llegaron el 3 de julio: «Consideraciones Espirituales (Martes 3-7-1934). Por fin mandaron de Cuenca los 500 ejemplares que allí se encargaron de los ‘Consejos y Consideraciones Espirituales’».Se ve que el divertido asunto de la «desvergüenza» lo había comentado el Autor con los más íntimos, y quedó constancia en el Diario:«Aunque hubo que cambiar algunas palabras que asustaban por otras, como por ejemplo: poner audacia en vez de desvergüenza, y algo más así, en general está muy bien editado, muy cómodo y práctico para llevar, y además tiene al final, no sólo el «Nihil obstat» del Censor, nuestro hermano Sebastián Cirac, sino el sello y aprobación del Sr. Obispo de Cuenca, que quiso tener con la Obra esa delicadeza. Que Dios se lo pague»[117].Cirac, desde Cuenca, escribe ese mismo día: «Ya habrás recibido y examinado los ejemplares del opúsculo, brillante y evangélicamente jugoso: ¡cuánto bien hará en las almas escogidas! […] Di otro ejemplar al Sr. Secretario, que hizo de cocensor, y es persona discreta, piadosa y reservada, aunque no ha calado en lo fundamental del opúsculo»[118].Datos de la edición: se tiraron 500 ejemplares[119] y el coste fue 310 pesetas. La Imprenta había hecho una oferta más barata para mayor tirada: 425 pesetas por 1000 ejemplares. Saldría en el primer caso a 62 céntimos el ejemplar y, en el segundo, a 42’5 cts. Ya se ve que se optó por el menor desembolso[120].Pero no sigamos adelante sin hacer ya una descripción formal del pequeño libro[121]. Sus dimensiones son 10’5 x 15 cm. y la caja 7’2 x 11’7 cm. En la cubierta anterior, que hace también de portada, se lee: «Consideraciones Espirituales / por / José María / [una pequeña viñeta] / Cuenca.–Imp. Moderna / 1934». Después de una página de respeto no numerada, la 1 es la portadilla, donde se lee, centrado: «Consideraciones Espirituales». Las pgs 2 y 4 están en blanco. No hay página de portada, que se subsume en la cubierta. En la 3 se encuentra una «Advertencia preliminar», breve razón de lo que es el libro, firmada por «J. Mª» y seguida de la fecha: «Febrero-1934»[122]. La pg 5 es la primera de texto: comienza con seis breves líneas en letra cursiva, sin título[123], que son el germen del prólogo al lector de C. A continuación y en la misma página, dejando un blanco de centímetro y medio, comienza el primer cap, titulado «Carácter». Siguen los otros 25 caps, cada uno de ellos abriendo página nueva (par o impar según toque). Así, hasta la pg 102, que es la última del texto, en la que aparece de nuevo la firma abreviada del Autor: «J. Mª». Las pgs 103 y 104 contienen el Índice de los caps. En pg 105, cubriéndola íntegra y muy destacada en sus caracteres, está la censura eclesiástica: arriba, el Nihil obstat: «Nihil obstat / Dr. Sebastián Cirac / Censor». En el centro, el Sello del Obispo de Cuenca, que dice: «+ D. D. Crux La Plana Laguna. Dei et A. Sed. gratia Episcopus Conquensis»[124], seguido de la datación: «Cuenca, 3 de mayo de 1934». Debajo el Imprimatur del Obispo: «Imprimi potest / + CRUX, Episcopus Conquensis». Está muy bien editado. La cubierta era en color beige, con cartulina de muy poco grosor. Como apunta el narrador del Diario, sorprende y llama la atención el tamaño y los caracteres del sello y firma del Obispo[125].El libro –el folleto, o el folletico, como le llamaba el Autor; el opúsculo como le llama Cirac– sigue siendo, como hemos visto, semianónimo: su autor es «José María». La razón es clara, y ya ha ido apareciendo en distintos contextos: no pensaba todavía su Autor en darle una circulación comercial, sino que quería utilizarlo –y así procedió de hecho– en un horizonte semejante al de los fascículos a velógrafo[126]: como prolongación de su acción de dirección espiritual y formación de almas, aunque ahora pensando en llegar a muchos más, incluso a gente que todavía no conocía la Obra (de ahí el eliminar las alusiones a la misma, como hemos visto)[127]. Unos días después comenzaba su retiro espiritual en los Redentoristas y escribe a Ricardo Fernández Vallespín:«Enviad las Consideraciones a todos los nuestros –aunque no hayan escrito– y decidles que estoy de ejercicios: que me encomienden de modo especial»[128]. Y poco después, a José Ramón Herrero[129], un estudiante de Derecho: «¿Ya lees las ‘Consideraciones’? Medítalas, despacio. Escríbeme pronto. Cuéntame muchas cosas»[130].Por estas fechas, recién salido este primer libro –del que no habla en sus Apínt–, fue cuando el Autor anotó en su Cuaderno con la mayor sencillez del mundo:«Querría, Jesús, escribir muchos libros, pero comprendo que no tendré tiempo»[131].El Autor envió el libro con dedicatoria a algunos sacerdotes y obispos amigos suyos. Se conservan algunas cartas de respuesta. Un ejemplo: «[…] Lo he leído y lo sigo leyendo; y como me sitúo en el ambiente en que viven los que principalmente lo han de leer (para ellos lo escribías, ¿no?), me herían mucho tus consideraciones, y me penetraban muy adentro. Te tengo santa envidia, por lo que trabajas, y por el modo con que trabajas. Grandes planes tiene Dios contigo, y no dudo que sabrás hacerte cada día más merecedor de sus misericordias»[132].Cuando aparece el libro, el Autor ya tenía decidido trasladar la Academia DYA de Luchana a su nueva sede, en la que habría también Residencia de Estudiantes: Ferraz, 50[133]. Un período, éste de 1934 a 1936 –en que estalla la guerra civil–, en el que se da un fuerte desarrollo del Opus Dei, que absorbe por completo a San Josemaría. En este bienio 1934-1936, tan absorbente, Josemaría Escrivá no paraba de escribir. De sus diarios, de sus guiones de meditación, de sus cartas, de sus instrucciones, de su predicación en última instancia, saldrían, pasados los años, diversos tipos de libros de gran enjundia espiritual y teológica. De manera inmediata, lo que escribía eran textos para la formación interna de los fieles del Opus Dei. Destaca entre esos escritos, por su incidencia en la redacción de C, la Instrucción para la Obra de San Rafael, de 9 de enero de 1935[134]. En todo caso, durante estos años no hay documentación de la que pueda deducirse que el Autor preparara otro libro de consideraciones o la ampliación del ya publicado en Cuenca. En la literatura biográfica sobre San Josemaría suele decirse que este tema no reaparece hasta 1938, cuando el Autor llega a Burgos procedente de la zona republicana y reemprende una fuerte acción apostólica entre los jóvenes universitarios del entorno de la Academia DYA, que están en los frentes de guerra.Sin embargo, una detenida consulta de las fuentes documentales me ha permitido confirmar ampliamente lo que ya se apunta en la Positio de la Causa de Beatificación: que el Autor de C ya lo planeaba y preparaba en Madrid el año 1937[135]. El servicio tan patente que Cec había prestado a su tarea apostólica –y a la de los jóvenes miembros del Opus Dei de aquellos años treinta– impulsó a su Autor, en medio de la dramática situación que vivían en Madrid durante la guerra civil española, a continuar escribiendo en esa dirección. Este nuevo «periodo redaccional» de lo que sería C se sitúa en los meses de abril-julio de 1937, mientras el Autor estaba refugiado en la Legación de Honduras[136]. La fuente primera de lo que decimos es el testimonio del propio Autor que, en carta de 5 de mayo de ese año, escribe: «Algunos ratos me dedico a hacer consideraciones que cristalizan en cuatro líneas tajantes. Pienso que mis hijos y los hijos de mis hijos, han de sacar algún provecho de las elucubraciones de mi pobre caletre. Y, si no, como llevo una doble intención, nada se pierde»[137].El estilo y lenguaje del párrafo citado es el de las cartas que escribía durante la guerra para desorientar a la censura. El personaje que representaba en esas cartas es el de un abuelo, con la cabeza ya muy perdida, que escribe a los nietos diciendo cosas sorprendentes... Para los destinatarios, ese lenguaje –muy semejante al que ellos, por la misma razón, usaban en sus propias cartas– era nítido y tenía siempre un punto de humor que hacía especialmente divertida, en medio de tantas penalidades, la correspondencia. Con todo, si sólo dispusiéramos de este texto no podríamos afirmar rigurosamente que se está refiriendo a un libro que prepara; aunque para los «nietos» era cosa clara que estaba escribiendo «consideraciones» como las del libro del mismo título. Pero el sentido de lo afirmado en esa carta se hace inequívoco en una anotación que Isidoro Zorzano había incluido diez días antes en su Diario, el 25 de abril de 1937. Escribe que, según costumbre, han venido, después de almorzar, Sainz de los Terreros y Miguel Bañón[138]. La conversación giró en torno a lo que habían de hacer para poner en práctica los encargos que Isidoro había recibido ese mismo día de San Josemaría. A continuación Zorzano escribe:«Hemos hojeado los borradores o fichas que me entregó el Padre esta mañana para otro folleto de consideraciones»[139].No puede ser más clara la información. Zorzano hacía visitas muy frecuentes –en aquel mes al menos dos veces por semana– a la Legación de Honduras para llevar correo al Fundador del Opus Dei y recibir instrucciones[140]: cartas y, si era posible –no siempre lo era, porque no lo permitían las autoridades de la Legación–, charlar con él e informarle de palabra. Ese día, 25 de abril, pudo conversar largo con San Josemaría, que le explicó cómo habían de reclamar ante el Gobierno de la República –con toda urgencia– la indemnización por la incautación de la Residencia de Ferraz 16[141]. Fue entonces cuando le dio el material que nos interesa: unos «borradores o fichas» conteniendo futuros nuevos puntos de C. Si se toma a la letra la información de Zorzano, el Autor proyectaba no propiamente una reedición aumentada del libro anterior, sino «otro» texto, del mismo género, que había dado óptimo resultado. La rápida anotación de Isidoro no decide la cuestión.Tenemos, pues, que diez días antes de la comunicación del Autor en su carta a Valencia, Isidoro y el grupo de Madrid disponía ya de una pequeña colección de textos del futuro libro. No sabemos el número de esas octavillas: técnicamente estamos ante los primeros pasos del «borrador» de C. Por lo que dice Zorzano parece como si el Autor les mostrara efectivamente unos «borradores» para ver qué les parece. Lo mismo haría al año siguiente en Burgos, cuando los daba a leer a los que vivían con él. La realidad es que esos textos son –y así lo reciben ellos– para la oración personal del grupo. Esta entrega de las nuevas «consideraciones» a Isidoro parece inscribirse en un plan que San Josemaría se había trazado en la Legación de Honduras para mantener desde allí la formación y vida espiritual de los fieles del Opus Dei, que no debía interrumpirse ni siquiera en las circunstancias excepcionales de la guerra. En efecto, ya unos diez días antes había pasado a Isidoro amplios extractos de seis meditaciones que había dirigido al grupo refugiado en la Legación. Zorzano lo había anotado puntualmente en su Diario: «Manolo ha almorzado conmigo; con este motivo, hemos estado leyendo unas cuartillas que el Padre me entregó hace varios días y que son el compendio de las meditaciones que realizan en común en la legación. He quedado en llevárselas a Bañón; Manolo y Albareda[142] se pasarán por mi casa a leerlas y con Vicente[143] las comento, ya que no conviene se las lleve»11. [144]Estas meditaciones, que transcribía Eduardo Alastrué[145], tienen una gran importancia a la hora de situar las «fuentes» inmediatas del texto de C y de ellas nos ocuparemos después detenidamente[146]. Baste ahora decir que San Josemaría las hacía circular de manera simultánea a las «octavillas» de que hablamos, que son no ya «fuente», sino «borrador» de C. Volvamos, pues, a éstas, que continuaba redactando en su refugio.El tema de las nuevas consideraciones no vuelve a aparecer en las cartas que el Autor escribe desde la Legación, pero la producción continuaba en las semanas siguientes, según se desprende del Diario de Isidoro:«El Padre me entregó una carta para Pedro[147], más octavillas y un célebre dibujo esquemático de Juanito»15. [148]Así cinco días después: el 30 de abril. Las octavillas o fichas son también aquí, con toda probabilidad, nuevas consideraciones redactadas posteriormente por el Autor. Lo corrobora Sainz de los Terreros, que ese mismo día por la tarde escribe a San Josemaría:«Ah! todas las tardes, aquí en Serrano, leemos sus hojas, u octavillas, pasando media hora, que viene muy bien»[149]. El 9 de mayo hay una nueva remesa y la correspondiente anotación en el Diario:«El Padre me ha entregado un sobre con cuartillas[150], octavillas y unas líneas de Juan; hemos quedado en volver por la tarde. […] Esta tarde ha coincidido con nosotros Albareda; se han quedado haciendo la meditación, mientras Ricardo y yo hemos estado en la Legación; el Padre no se encuentra bien; se ha levantado de la cama para estar con nosotros»[151].En el Diario de Zorzano no se vuelve a aludir a fichas u octavillas cuando describe el material que le entrega el Autor en la Legación de Honduras. Lo cual tampoco indica necesariamente que no hubiera nuevas entregas. Sucede aquí lo mismo que con las meditaciones que transcribía desde su memoria Eduardo Alastrué: que al hacerse habitual la entrega, dejan de anotarse. En todo caso las notas de Zorzano certifican de manera fehaciente la existencia de una actividad redaccional del Autor en Madrid durante la guerra y una primera «distribución» que, por las circunstancias de la época, no podía ser más elemental: fichas manuscritas. Otro testigo de esta presencia de los futuros puntos de C en el Madrid de la guerra es Tomás Alvira[152], que sería ilustre maestro de la pedagogía española. Recordando años después su relación con Isidoro Zorzano, escribe: «En otra ocasión, el mismo año 1937, estuve en su casa [de Zorzano, Serrano 51] y lo encontré con unas octavillas en la mano. Estas octavillas tenían frases escritas por el Padre y de ellas me habló con mucho entusiasmo»[153].Mi composición de lugar es que esas octavillas fueron llegando a Isidoro, a partir del 25 de abril, en distintas remesas durante todo el tiempo que el Autor estuvo recluido en la Legación de Honduras (salió el 31 de agosto). Isidoro, después de meditarlas y darlas a conocer a los demás del pequeño grupo de Madrid, las devolvía al Autor (a la Legación) precisamente por su carácter de «borradores». Esas octavillas terminarían llegando hasta Burgos, y fueron parte material del borrador de Camino. Antes de seguir adelante debemos traer aquí la información que ofrece Juan Jiménez Vargas, que estuvo también refugiado en la Legación de Honduras y fue testigo inmediato de esta actividad redaccional. A raíz de la muerte del Autor de C escribió:«El Padre se dedicaba [en la Legación] a escribir. En aquellos días se escribió gran parte de lo que luego se publicaría en Camino. Alguna vez nos leía y comentaba algún punto, en que se veía reflejada su inspiración sobrenatural y una parte de su experiencia sacerdotal. Recuerdo que el P. Recaredo Ventosa, un religioso de los Sagrados Corazones refugiado en la Legación, con el que el Padre se confesaba regularmente en aquellos meses, se admiraba de aquellas ideas que consideraba la consecuencia lógica del espíritu de filiación divina del Padre»[154]. Es el momento de adelantar que el borrador autógrafo de C (Msb, abreviatura de «manuscrito de Burgos») está compuesto por más de 550 octavillas que contienen los nuevos puntos que se agregarán a los de Cec para formar el libro que lleva como título definitivo C.¿Qué parte de C debe ser situada en el «período redaccional» de la citada Legación? ¿Podemos identificar las fichas en cuestión? Podemos, en muy buena parte, gracias a la documentación que se ha conservado.Las principales fuentes a estos efectos, aparte de los Diarios hasta ahora citados, son las siguientes: a) Ante todo, un breve documento, que ya hemos mencionado[155], de excepcional valor para nuestro tema. Se trata del pequeño Cuaderno de apuntes íntimos que el Autor llevaba durante su estancia en la Legación. De este Cuaderno de hojas numeradas en el anverso se conserva una mínima parte: las hojas 23 a 26, que cubren del 5 al 28 de mayo[156]. Precedían, pues, otras 22 hojas (numeradas), sin duda también con apuntes íntimos del Autor[157]. No parece en cambio que continuara después de la hoja 26, que es, en la estructura de encuadernación, la última, a la que sigue una hoja de papel más grueso y la cubierta posterior del cuaderno[158]. Si esas hojas se perdieron o el Autor prefirió romperlas –me inclino por este último supuesto–, no lo sabemos. En todo caso, el cuadernito pertenece, sin duda, al bloque de documentos que al salir de la Legación se entregaron a la madre del Autor para que los conservara, como efectivamente hizo y se recuperaron al terminar la guerra civil. Estas páginas responden totalmente al género de los Cuadernos que ya conocemos, en el que se entremezclan pequeñas noticias de la vida cotidiana y profundidades de la intimidad con Dios, junto con esas piezas «autónomas» que constituyen futuros puntos de C. Con esta peculiaridad: que ese pequeño conjunto de textos es testimonio del sufrimiento interior que embargó el alma de San Josemaría en aquellos meses, una auténtica noche oscura del alma, que, según los testigos[159], externamente apenas se traslucía. En esas pocas páginas que se conservan se contienen literalmente siete futuros puntos de C[160].b) La correspondencia que salía desde la Legación para Zorzano y los demás miembros de la Obra, especialmente las cartas del Autor, que se conservan en una más que notable proporción[161].c) La predicación, casi diaria, de San Josemaría al grupo de miembros del Opus Dei refugiados en la Legación, recogida y transcrita sintéticamente: se conservan cincuenta de esas piezas, que se describen más adelante[162].Estos dos grupos b y c –sobre todo este último, por tratarse de predicación–, muestran una notable afinidad temática y literaria con determinados puntos de C. Esto, unido al estudio del papel, de la tinta, de las «octavillas», permite establecer con fundamento la hipótesis de qué textos fueron los redactados en la Legación de Honduras. Casi 100 puntos de C proceden, a nuestro parecer, de otras tantas octavillas redactadas allí. El pequeño bloque de fichas debió pasar a Burgos con el Autor y sus acompañantes. En este bloque hemos distinguido[163], a su vez, dos series, que en nuestro Comentario se designan así: la primera, Lh (Legación de Honduras) y la segunda, Lhz (Legación de Honduras: Zorzano). Esta última es una serie de 25 fichas numeradas del 1 al 25 –con números de tamaño minúsculo– en el ángulo inferior izquierdo de cada ficha: podría ser el primer conjunto de «consideraciones» que el Autor de C entregó a Isidoro Zorzano en la Legación. El día 31 de agosto de 1937 Josemaría Escrivá salió de la Legación de Honduras con la idea de preparar las cosas para evadirse de la zona republicana[164]. La aventura y el drama de la evasión –similar en tantos aspectos a la que vivieron muchos españoles en aquellos años de guerra civil– le condujo, junto con un grupo de miembros del Opus Dei y otros amigos[165], a través de los Pirineos, primero a Andorra; luego, pasando por S. Gaudens y Lourdes, a Irún, Fuenterrabía y San Sebastián, a donde llegó con los demás del grupo el 11 de diciembre de 1937. El 17 se traslada a Pamplona para hacer lo que más deseaba: un retiro espiritual en total soledad, lo que fue posible gracias a la hospitalidad de su gran amigo el salesiano don Marcelino Olaechea, Obispo de Pamplona[166]. Ese mismo día comenzó su retiro, que duró hasta la noche de Navidad.Los acompañantes de San Josemaría fueron inmediatamente «incorporados» y la mayoría repartidos por los cuarteles de instrucción y los frentes[167]. Terminado el retiro espiritual, los días de Pamplona se prolongaron hasta el 7 de enero, «coaccionado» por Mons. Olaechea, que quería retenerlo junto a sí[168]. Pero don Josemaría había visto muy claro en su retiro que tenía que ponerse inmediatamente al trabajo para el que Dios le llamaba. Para ello debía situarse en Burgos, punto de paso obligado –por su situación geográfica y por estar allí la capital provisional– para los que estaban en los distintos frentes y destinos militares; y para él, un buen punto de partida para los frecuentes viajes que había decidido emprender: no quería esperar a que la gente viniera; quería buscarlos sobre el propio terreno... Le urgía reconectar con toda aquella juventud que había tratado intensamente en los años de la Academia DYA, y ver la manera de mantener y avivar en ellos el ideal de vida cristiana, tan amenazado por el terrible conflicto bélico y las difíciles circunstancias –espirituales, morales, humanas– en que estaba envuelto.Escrivá llegó a Burgos el 8 de enero del 38. Le esperaban dos de los compañeros del paso de los Pirineos: Albareda y Jiménez Vargas. Este último salió inmediatamente para el frente de Teruel. Josemaría Escrivá se hospedó en la pensión donde vivía Albareda, en la calle Santa Clara[169]. No mucho después se incorporaban al Cuartel del General Orgaz, en Burgos, los que habían quedado en el cuartel de Pamplona: Francisco Botella[170], que llegó primero, y más tarde Pedro Casciaro[171]. El Autor, desde la pensión en que vivían, comenzó a desarrollar una actividad incansable[172]: estudiar e investigar (su tesis doctoral sobre la Abadesa de las Huelgas) y, sobre todo, la actividad pastoral, centrada en la atención a los primeros fieles del Opus Dei y a la juventud universitaria en general: charlas y conversaciones de dirección espiritual con los que venían a Burgos, viajes para hablar con los que no venían, una continua correspondencia con más de doscientos estudiantes y profesores[173]. A la vez atendía a chicas jóvenes y a señoras en Burgos[174]. Y, junto a esto, predicación y retiros espirituales donde se terciara: sacerdotes, religiosas, Acción Católica, Propagandistas, Institución Teresiana, etc. Éste era el clima en que se forjaba C.Tres domicilios tuvo el Autor en Burgos: primero, como dije, una pensión en la calle Santa Clara 51[175]. El 29 de marzo ya estaban viviendo en el Hotel Sabadell, un hotel modesto, pero digno, frente al Arlanzón, calle Merced 32, donde residieron la mayor parte de su estancia en aquella ciudad. Finalmente, al trasladarse Albareda a Vitoria y Casciaro a Calatayud –nueva sede del Cuartel General de Orgaz–, el Autor y Francisco Botella pasaron a vivir –desde el 13 de diciembre– en un par de habitaciones alquiladas en una pensión de la calle Concepción 9. Aquí estuvo alojado hasta el 27 de marzo, ya al final de la guerra, en que salió para Madrid[176]. Y aquí, en la calle Concepción, es donde tendría lugar la definitiva redacción de C, ya comenzada en el Hotel Sabadell. Y así, dos estudiantes de Matemáticas y Arquitectura –Casciaro y Botella– y un joven profesor de Edafología –Albareda– van a ser, a través de sus cartas y del Diario de Burgos[177], en cuya redacción los tres se turnaban, la fuente más importante para conocer la historia de la redacción del libro[178]. ¿Qué sabemos, pues, de este tema, en la época de Burgos? El Autor, como hemos visto, tenía la idea de ampliar Cec al menos desde su estancia en la Legación de Honduras. Sin embargo, hasta muy entrado el año 1938, no hay documentos que hablen del proyecto. Nos encontramos, para esta fase de Burgos, en situación semejante a la que ya pudimos conocer en relación con Cec antes de la guerra civil: el Autor no deja el menor rastro del tema en sus Apínt, ni en su correspondencia[179]. Sólo cuando esté en fase muy avanzada el trabajo –prácticamente terminándose–, se encuentra alguna alusión en sus cartas. Lo mismo sucede en la correspondencia de los que convivían con él en Burgos y en el Diario que escribían: hasta las fechas que diremos –muy avanzado el año–, ni una palabra sobre el libro.Naturalmente esto no significa que el Autor no estuviera escribiendo «consideraciones»; trabajaba con el estilo de trabajo tan peculiar que tenía la preparación de C: un libro que, como ya hemos ido viendo, surgía al correr de los días, y no tanto del propósito de escribirlo como de la realidad cotidiana de la vida espiritual y apostólica de su Autor, de su meditación del Evangelio, que quedaba prendida en notas, pequeñas fichas, apuntes de agenda, guiones de predicación.Las primeras noticias documentales en la línea del «proyecto» de libro me parece encontrarlas en dos notas del Autor escritas en un cuadernito que hacía las veces de agenda y que deben datarse en julio de 1938[180]. El «marco general» de esas anotaciones es la hoja 1ª del cuaderno. El Autor la escribió con letra casi caligráfica: normativa, podríamos decir. Comienza con estas dos expresiones:«Non est amor nisi AMOR! Ut jumentum!...».A continuación, en cinco líneas, una breve memoria de las estaciones del Via Crucis:«1.Condenado.     2.La Cruz.                     3.Prª Caída. 4. Su madre.        5. Cirineo.                    6. Verónica. 7.Segª Caída.       8.Hijas de J.                  9.Terª Caída. 10.Expolio.          11.Enclavado.                12.Muerte. 13.Piedad.           14.Sepultura».Debajo, un pensamiento que está en la base del p/171 de C:«¡El Amor bien vale un amor!».Finalmente un conjunto de tareas de diversa entidad y naturaleza:«1) Adición al Misal. 2) Nota Pepis. 3) María, Pedro, Pablo, Juan. M[iguel]. G[abriel]. R[afael]. 4) Comentarios. 5) Lectura despaciada del N.T. 6) Meditaciones. 7) Cursillos. 8) Huelgas»[181].Estas anotaciones parecen las típicas de la primera hoja de una agenda, que se estrena en la presencia de Dios y a su servicio, y recoge el mensaje y síntesis del cuaderno anterior a la hora de comenzar el nuevo. De ahí que, en contraste con las anotaciones subsiguientes, tenga esa cuidada caligrafía, propia no de un apunte provisional sino de algo muy abarcante y pensado. En el marco de esta primera hoja hay que considerar las dos anotaciones referentes al trabajo sobre C. Se encuentra la primera en la hoja 2 del Cuadernito, dentro de un plan esquemático de objetivos que el Autor califica de «trabajo inmediato»:«Trabajo inmediato: 1/ Correspondencia al día. 2/ Devocionario litúrgico. 3/ Meditaciones. 4/ Consideraciones. 5/ Comentarios. 6/ Fichas de cartas. 7/ id. para libros» [182]. Esta anotación tiene para el estudioso el valor de ver el proyecto de C –que casi hasta el final figurará con el título antiguo, abreviado– designado formalmente por el Autor en julio del 38 como una de sus tareas inmediatas. Los nn. 6 y 7 de su plan son muy importantes para nuestra investigación. El nº 6 indica a mi entender su decisión de releer la abundante correspondencia recibida hasta entonces y redactar fichas que recojan tantos aspectos de la batalla por servir a Dios que se reflejan en esas cartas: el intercambio epistolar de esta época va a ser, en efecto, una de las fuentes características de la fase redaccional de C en Burgos. El nº 7 alude a sacar fichas para los libros que proyecta y que figuran entre los objetivos. Consideraciones aparece en cuarto lugar. Antes ha nombrado un Devocionario litúrgico (nº 2) –del que volveremos a hablar– y después, en quinto lugar, unos Comentarios, que sabemos por otras fuentes que eran comentarios del Santo Evangelio. Las Meditaciones de que se habla en el nº 3 no pienso que sean un proyecto de libro, sino la preparación de la predicación para las tandas de EjEsp –una de ellas para sacerdotes– que predicaría no mucho después en Vitoria y Vergara. De hecho fueron el «trabajo inmediato» que realizó, trasladándose para ello a Ávila del 8 al 14 de agosto. Los guiones de aquellos EjEsp serán una fuente importante para la redacción final de C.Precediendo a todo, entra en su plan tener al día aquella inmensa correspondencia que entraba y salía del Hotel Sabadell y que incluía la preparación de una carta mensual multicopiada, llamada «Noticias», en la que hacía llegar, a todos, eso: noticias de unos y de otros[183]. Los libros proyectados, lo mismo que la correspondencia, todo estaba focalizado en un único objetivo: ofrecer a aquella juventud el panorama del seguimiento de Cristo en medio del mundo y una guía para llevarlo a la práctica.El segundo apunte del cuadernito referente a la preparación de C es una anotación rápida y sobre la marcha, casi telegráfica; dice:«Sacar fichas de cartas y apuntes»[184]. Entiendo la anotación como un subrayar los puntos 6 y 7 del plan de trabajo: «fichas de cartas» y «fichas para libros». Lo primero –las fichas de cartas– ya sabemos lo que es. Los «apuntes» de que habla en la misma anotación estimo que son eso: brevísimas notas –a veces un par de palabras– que tenía diseminadas por cuadernos, agendas, cuartillas, etc. El Autor de C, ve que se le acumula material –oración, labor apostólica, experiencias propias y ajenas–, que debe ser transformado en «consideraciones» concretas y en material para los libros que proyecta. Esos «apuntes» me parecen algo paralelo a la «cuartilla» del bolsillo de la sotana, de que nos hablaba antes de la guerra.Con todo, la dedicación del Autor a la preparación del libro en Burgos –ya lo hemos apuntado– era hasta entonces una actividad colateral, en ratos sueltos: notas de agenda, apuntes en la oración, fichas. Y, cada cierto tiempo, hacer recuento de las octavillas redactadas, agruparlas por materias, corregirlas. El Autor de C, en lo que estaba metido hasta el fondo y de lo que hablaba en su correspondencia y con los fieles del Opus Dei que le acompañaban, no era de libros sino de almas. En estos primeros meses de Burgos, y en medio de aquella guerra fratricida, todas las energías del Fundador estaban concentradas en lo que era para él explícita voluntad de Dios: hacer el Opus Dei y, para ello, reconstruir el «pusillus grex» disperso, atender a unos y a otros, animar, exhortar, servir como el Buen Pastor. Digo esto porque, en estas fechas, del proyecto de libro no se habla para nada en esa correspondencia ni tampoco –lo que es más significativo– en el Diario que, por indicación de San Josemaría, día tras día iban escribiendo (señal de que el Autor no les habla del tema).Mi impresión, a la vista de la documentación disponible, es que el Autor continuaba trabajando, como hasta entonces, en lo que sería C –redactando consideraciones y, de vez en cuando, ordenándolas[185]– hasta que, en un determinado momento, se mete a fondo con el libro. Esta decisión «operativa» hay que situarla en el último mes del Hotel Sabadell –noviembre y primera mitad de diciembre del 38– y tiene un crescendo, ya en la pensión de Concepción 9, en torno a Navidad y Epifanía y su culminación el 22 de enero del año 39. El 2 de febrero pone la fecha al libro ya mecanografiado. El gran estirón en la redacción de C coincide, pues, con el traslado desde el Hotel Sabadell a la pensión citada.»En todo caso, el primer documento que nos habla de Josemaría Escrivá trabajando en C es una página del Diario de Burgos, escrita por Pedro Casciaro y fechada el 25 de noviembre de 1938. Anota que «todos estos días» el Autor trabaja leyendo las cartas recibidas y acotando frases «para él redactar consideraciones espirituales»[186]. Estamos, pues, ante una de las metodologías de redacción que se propuso en julio y sobre la que volveremos en el lugar oportuno. A continuación, Casciaro agrega:«Tiene pensamiento de publicar para la venta (cuando se pueda) una nueva edición aumentadísima de ‘Consideraciones’ y este ‘cuando se pueda’ parece ser que tendría realidad cuando cobrase lo que en el Ministerio le deben de lo de Santa Isabel»[187].Casciaro escribe, es evidente, lo que el Autor les ha contado: su propósito no era escribir un nuevo libro, sino ampliar –notablemente: una «edición aumentadísima»– el de Cuenca y publicarlo con el mismo título[188]. Pocos días después Casciaro se traslada con el General Orgaz a Calatayud y deja de ser testigo directo de la redacción de C, que después de su marcha entra por derroteros de gran envergadura, que veremos a continuación[189]. La situación del pequeño grupo quedaba así: Albareda estaba en Vitoria desde octubre, atendiendo sus clases en el Instituto, y Casciaro, como dije, destinado en Calatayud. Quedan en Burgos Josemaría Escrivá y Francisco Botella. El Autor de C ve insostenible –económica y humanamente– la nueva situación en el Hotel. Las dos camas que dejaban vacantes los dos que se marcharon tenían que pagarlas o el dueño metía –en la misma habitación– nuevos huéspedes, como efectivamente sucedió. El 10 de diciembre San Josemaría escribe a Albareda: «Ayer, como sabes, decidí ponerme en campaña para resolver el asunto de la casa. […] Esto no podía seguir así: ni trabajar, ni llevar nuestra correspondencia, ni tener con libertad una visita, ni dejar confiadamente los papeles de nuestros negocios [de la Obra] en la habitación..., ni un minuto de esa bendita soledad que tanta falta hace para tener en marcha la vida interior... Además: cada día gente distinta [en las dos camas vacantes]. ¡Imposible!»[190].La «campaña» dio su fruto: apareció el par de habitaciones de la calle Concepción –casa vieja, sin calefacción, sin cuarto de baño– y allí se trasladaron –día 13 de diciembre– el Autor y Botella[191]. Y allí se terminaría el libro proyectado. Después del fallecimiento de San Josemaría, Botella rememora el estilo de vida en aquellas habitaciones. Él se iba temprano al cuartel y vuelve una vez que ha comido: «Después de comer nos reunimos en el cuarto de estar a trabajar. Yo quedo encargado de escribir a los de San Rafael, como hacíamos en el Hotel Sabadell. El Padre está terminando los puntos de Camino y pasa enseguida a pasar a máquina todo el material, piensa dejarlo listo para la imprenta pronto»[192].Jiménez Vargas da una visión positiva de la casa, en la que estuvo ya en enero:«Mariano [el Autor] se dedica a escribir intensamente. Esto se va acercando a la normalidad. Ya no estamos en el antipático hotel de antes. En las habitaciones que hay aquí se tiene más independencia para trabajar»[193]. Álvaro del Portillo y Eduardo Alastrué, que estaban en la Academia de Ingenieros de Fuentes Blancas, a las afueras de Burgos, venían con frecuencia y colaboraban en la redacción del Diario. Eran ocasiones de convivencia intensa con San Josemaría. Botella lo dejó escrito: «En casa nos espera Álvaro. Hacemos la oración de la tarde juntos. Unos libros que el Padre quiere utilizar son escamoteados por Álvaro, y sustituidos por el Evangelio: el Padre habla. Hemos hecho juntos la oración: ¡qué pocas veces, durante los años de prueba que se pasan, hemos coincidido unos cuantos para ello!»[194]. El crescendo –el «acelerón final»– de la redacción comienza en la tercera decena de diciembre, ya en vísperas de la Navidad. El Diario y las cartas siguen siendo la fuente:«Álvaro tarda algo en venir, porque ha ido a dejar la maleta en casa de su familia. Se trabaja en silencio. El Padre escribe –no nos quiere enseñar el qué– a máquina. Paco –inútil decirlo– contesta cartas. Yo leo alemán. Viene Álvaro. […] Antes el Padre nos había mostrado algunas fichas con otras tantas Consideraciones para el futuro libro a editar»[195]. El mismo día Botella escribe a Miguel Fisac:«Estoy en casa con el abuelo [el Autor], escribiendo estas líneas, mientras él va haciendo menor el número de consideraciones que han de completar una cifra elegida como tope: novecientos noventa y nueve – ¡999!»[196].Es la primera vez que aparece en la documentación el número de puntos de C. El Autor acumula octavillas y habrá que pararse en algún momento. Cem (la edición a velógrafo) tenía 333 consideraciones. Decide de nuevo la simbólica espiritual de los números: serán 999. También ahora por amor a la Trinidad, como explicó tantas veces[197]. La decisión hay que situarla, a mi parecer, entre la fecha de esta carta y el recuento de los últimos días de noviembre del que nos ha hablado Casciaro.El día siguiente a Navidad es el propio Autor de C el que escribe el Diario (Botella había ido a Calatayud a pasar la fiesta con Pedro Casciaro):«Vida normal. Escribir muchas cartas y recibir pocas, porque los correos del frente están detenidos, para mejor guardar el secreto de las operaciones militares. Paciencia. –Por la tarde, más cartas y unas octavillas para las ‘Consideraciones’. –Acabo el día pensando en la bondad de Dios –sin límites– que me aguanta»[198]. El tema del libro irrumpe ya habitualmente en las páginas del Diario y en las cartas. ¡Habla de él incluso el Autor...! El Prof. Albareda, que ha venido a Burgos para las vacaciones de Navidad, va a pasar a ser nuestro principal informador sobre la redacción de C en aquellos días. Él es quien escribe el Diario y numerosas cartas. Su escueta información del día 27 es de la máxima importancia para calibrar en qué punto se encontraba entonces la redacción del libro:«Las octavillas de las Consideraciones aumentan hasta pasar de 999 menos trescientas y pico a 999 menos doscientas y pico»[199]. La compleja expresión del sabio edafólogo merece ser analizada. Da la impresión de que, al fijar el número de 999 para los puntos de C y hacer el recuento de cuántos llevaba escritos, vio el Autor que le faltaban «trescientos y pico». No sabemos la fecha de ese recuento, pero todo hace pensar que no fue muchos días antes, probablemente al reemprender el trabajo después del traslado a Concepción 9. En el siguiente cómputo, que es el que Albareda anota como noticia, ya sólo faltan «doscientos y pico». En el entretanto el Autor había escrito, pues, unos cien puntos de C. Pero hagamos otro cálculo, ahora por nuestra cuenta. La edición de Cuenca tenía 435 puntos. Si se fija como cifra convencional para el pico 25, en el primer cómputo el Autor comprueba que le faltan 325 puntos. Es decir, que lleva escritos, además de los de Cuenca, 239 puntos nuevos. Si se tiene en cuenta que en la fase de la Legación de Honduras el Autor pudo escribir unos 100, resulta que en Burgos, antes del crescendo de la calle Concepción, el Autor había escrito unos 139 puntos, repartidos a lo largo de casi un año. Los otros «doscientos y pico», que ahora le quedan, los escribirá en un mes: prácticamente entre el 20-XII-1938 y el 20-I-1939.Albareda, que sigue redactando el Diario, no oculta su asombro:«Hoy ha sido considerable el número de consideraciones[200]. La índole de la materia hace impropia la palabra ‘record’. Sigue la llegada de cartas. Hay dos de Juan. Por la tarde, una del Sr. Obispo de Madrid»[201].Eran éstos, sin duda, para Escrivá, días intensos de trabajo, pues ha decidido terminar el libro en tiempo breve. Y Albareda el día 30 deja testimonio en el Diario:«El Padre sigue avanzando en escribir las Consideraciones, que acabará pronto»[202]. En los días siguientes comenta en sus cartas este gozoso avance, que seguían con gran interés:«El Padre está escribiendo vivísimas consideraciones que, añadidas a las anteriores, darán un volumen de gran valor y eficacia»[203]. «El Padre escribe nuevas consideraciones. Formarán un volumen con 999. Tiene otras publicaciones muy provechosas en preparación. Cuando vengas saborearás las consideraciones. [...] Pensamos que llegarás pronto y coincidirás aquí con Ricardo y con Juan»[204].También a Isidoro Zorzano, que sigue en Madrid, llega una carta de Albareda con las «claves» habituales:«El abuelo [el Autor] trabaja mucho, escribe mucho, va a publicar algunos libros de mucho meollo. Está ampliando aquella enjundiosa y modesta publicación, llena de acertadas y prácticas consideraciones sobre la organización de la industria»[205]. Ya de vuelta en Vitoria Albareda quiere confirmar las noticias que le llegan sobre la marcha del libro. Con fecha 11 de enero escribe al Autor:«Querido Padre: Llegué bien con D. Emiliano[206] [...] A estas horas unos habrán marchado y otros llegado. ¿Lo de Paco? ¿Faltan 66 consideraciones?»[207]. »Las «doscientas y pico» que faltaban el día 27 se habían reducido drásticamente en menos de quince días. Pero detengámonos un momento para contemplar cómo trabajaba el Autor. «¿Le ayudó alguien a escribir Camino?». La respuesta a esta pregunta, que le hicieron en un coloquio el año 1970, nos introduce en el tema: «No, nadie... Bueno, me ayudaron los amigos para ordenar las fichas, encima de la cama»[208].La situación tan pintoresca e insólita, en la que por falta de medios la cama se transforma en mesa de trabajo, quedó viva en el Autor y en los colaboradores. El hijo de este don Emiliano, al que se refiere Albareda, cuenta un recuerdo suyo de esta época que debemos transcribir:«En aquellas visitas mías al Padre en un piso cerca del Hotel Sabadell [es decir, en Concepción 9], donde se alojó durante una temporada en la ciudad castellana, recuerdo que alguna vez le ayudé a ordenar las fichas que luego compondrían Camino. Extendíamos sobre la cama en una habitación aquellas fichas, ordenándolas con arreglo a los criterios que el Padre nos daba»[209].Ya antes, en el Hotel Sabadell, un joven ingeniero de Caminos, José Luis Múzquiz, había sido testigo –¡no colaborador!– de una escena similar:«Un día al salir del mirador[210] y pasar por el dormitorio, vi que las camas estaban cubiertas con montoncitos de fichas, y uno o dos de Casa estaban trabajando en clasificarlas. El Padre, con su espíritu de laboriosidad, a pesar de tratarse de los años de incertidumbre e inquietud de la guerra, trabajaba intensamente y hacía trabajar a los demás. Pienso que esas fichas eran puntos de Camino»[211]. Los testimonios sobre el método se completan con este divertido recuerdo de Casciaro, también del Hotel Sabadell:«Al volver un día Francisco Botella y yo de Los Pisones[212], encontramos que el Padre había ordenado por materias todas sus ‘gaiticas’. Con sus montoncitos de octavillas había ocupado nuestras dos camas y la de Albareda. La mesa-escritorio que teníamos en la habitación era pequeñísima. Por eso, mientras recogía sus papeles de nuestras camas, le oí comentar: ‘tengo ganas de poder disponer de una mesa tan grande como tres camas’. Alguna noche después, con ganas de bromear, dije que yo tenía ganas de tener una cama tan grande como tres mesas, ‘como dice el Padre’. ‘¡Chico! –protestó– yo no he dicho nunca tal cosa: he dicho una mesa como tres camas’»[213].La escena, que, como vemos, se repite con frecuencia, aparte de ser divertida, nos muestra el método de trabajo del Autor. Por una parte, la elaboración de las «gaiticas»[214], que va haciendo a partir de su oración y sus notas; después, la ordenación y distribución de los materiales acumulados: cada cierto tiempo despliega los montones de fichas por caps o conceptos y va distribuyendo las nuevas octavillas, o relee las ya escritas para una mejor ubicación de los textos. Interesante que Casciaro, Múzquiz y Amann refieren modos diversos de trabajo: el Autor, trabajando sólo sobre los «montones» (Casciaro); el Autor, junto con sus «colaboradores» (Amann); los «colaboradores», trabajando mientras el Autor está hablando con Múzquiz. Era en realidad una forma de implicar en el trabajo a los «chicos» que, como Amann, iban a estar un rato con él y que, una vez atendidos, no le dejarían trabajar si no hacía que le ayudaran. Esta praxis de «implicación» en el trabajo la había cultivado siempre en su labor pastoral. Pero volvamos al punto en que nos quedamos: el 11 de enero. Una carta del Autor de esa misma fecha nos da no sólo la respuesta a la pregunta de Albareda, que ha quedado en el aire, sino que nos sitúa ya en los planes concretos para la edición del libro. Escribe a Pedro Casciaro:«Convendrá que pidas un permiso y te vengas. Me gustaría que te encargaras tú de la impresión de mi libro: ¿hay ahí [Calatayud] imprentas, para eso? Sólo me faltan ochenta Consideraciones: es cosa de días»[215].La anotación de Botella en el Diario al día siguiente es sobria en cuanto a lo del número:«Falta menor número de consideraciones, para completar la cifra marcada»[216]. Los días 13 y 14 el Autor estuvo en Valladolid, al parecer haciendo alguna gestión para obtener los sueldos que le debían como Rector del Patronato de Santa Isabel, a los que ya nos hemos referido, con los que pensaba costear la edición del libro. Así lo escribe Botella:«... conviene su marcha inmediata [del Autor] a Valladolid para arreglar el asunto de Santa Isabel. Serán las pesetas necesarias para la impresión del libro de Consideraciones, que prepara»[217]. El día 15 se lee esta anotación en el Diario:«Permanecemos todo el tiempo en casa: escribiendo el Padre las últimas consideraciones, y llenando unas cuartillas yo, para los nuestros que no anunciaron próximo permiso. Cenamos juntos en Venancia»[218]. El avance de la redacción es constante. El martes 17 Botella puede anotar:«Hemos escrito bastantes cartas. Sólo quedan veintitrés consideraciones»[219]. Un primer comentario del Autor –brevísimo– sobre el libro que prepara lo encontramos en una carta de ese mismo día: «Pronto llevaré un libro a la imprenta; después, casi a la vez, otro[220]. El Amo de la mies haga que sean buenos medios de recolección! Lo hará, si tú y yo nos empeñamos... y le mareamos desde ahora»[221].De la misma fecha también es una breve carta del Autor a Albareda –que seguía con tanto interés la marcha del libro–, en la que se lee esta postdata:«También el papel se las trae. Faltan ‘27’».[222] Las alegres noticias se suceden en la correspondencia. El 20 de enero de 1939 es un día señalado. Dos cartas de Botella, de las varias que escribió ese día –¡siempre escribiendo cartas!–, nos dan la secuencia de esa jornada. Él, con sus cuartillas y, enfrente, el Autor redactando sus consideraciones. Dice a Casciaro:«El libro de las consideraciones quiere el abuelo [el Autor] que se haga bajo la dirección tuya, urge. Faltan tan sólo unas cuantas, que se ultimarán en una hora de trabajo. Dice el abuelo que veas si en ésa se puede editar. Y condiciones que presentan»[223].A Vicente Rodríguez Casado, ese mismo día, estima que puede decirle:«Las consideraciones están finalizadas. Pedro se va a encargar de la edición del libro»[224]. No hay que tomar a la letra lo que se dice en ambas cartas: a Casciaro le escribe para urgirle en sus gestiones y a Rodríguez Casado –que seguía el tema de lejos– podía darle ya por hecho lo que todavía no lo estaba pero iba a estarlo enseguida. Merece más crédito que estas cartas lo que el propio Botella escribe en el Diario, que tiene un cierto carácter de «escrito para la historia». Nada dice sobre el tema en las anotaciones del día 20 y 21. En cambio, el día 22 escribe: «El Padre ha terminado las Consideraciones. Mañana empezará a escribirlas a máquina»[225]. El dato exacto –propio de un matemático: Botella sería catedrático de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Madrid– lo ofrece en la carta que el día siguiente escribe a Álvaro del Portillo:«Ya se acabaron las Consideraciones; ayer por la noche terminó el abuelo [el Autor] la que hace el nº 999[226]. Ahora está pasándolas, debidamente ordenadas, a máquina y pronto irá a Vitoria para enseñárselas a D. Xavier»[227]. No cabe, dentro de la brevedad, mejor información. El domingo 22 de enero debe, pues, ser retenido como el día en que el Autor terminó la «redacción» de C, o más exactamente, completó el fondo manuscrito del libro: las octavillas, el «borrador» de los 999 puntos[228]. Él, personalmente, se encargará de pasarlo a máquina, lo que Botella confirma seguidamente: «Continúa el Padre pasando a máquina las Consideraciones [...] Hago la oración mientras el Padre ordena las octavillas de las Consideraciones»[229]. En carta a Casciaro nos proporciona valiosas informaciones de los planes y deseos del Autor:«El abuelo [el Autor] no quiere ir a Vitoria hasta que tenga ya ultimado el libro de Consideraciones. Ayer me dijo que va a encargar la copia de las secciones que interesen para el segundo libro, Devocionario Litúrgico, y previo comentario suyo saldrá al mismo tiempo que el primero. No creo tarde más de una semana en acabar todo esto. De todas formas, cuando venga Juan [Jiménez Vargas] seguramente irán a Vitoria»[230].A continuación, en la misma carta, hay información interesante acerca de la marcha de lo que será C:«Va resultando formidable todo el conjunto de consideraciones que, unidas según el tema, impresionan más aún.  Cuando le escribas al abuelo [al Autor] háblale de las gaiticas. Así denomina a las octavillas que encierran una consideración. ¿Cuántas gaiticas faltan? 25, contesta....»[231]. Pedro Casciaro se hace eco de la sugerencia de Botella escribiendo directamente a San Josemaría, con su habitual desenfado:«Hoy le escribiré a Álvaro. Tengo mucho trabajo. ¡Olé por las 999 gaiticas! Espero hablar por teléfono con Jorge para concretar un poco más sobre todo»[232].La noticia se extiende entre los jóvenes relacionados con el Autor de C, que se comunican la alegría por la próxima publicación del libro:«Espero con verdadera necesidad esas 999 consideraciones. Un fuerte abrazo, Miguel»[233].«Me entero de las noticias: Pedro, a Barcelona; las 999 redondeadas, acabadas. ¡Qué falta me están haciendo!...»[234]. «Las gaiticas, aunque creo que lo sabes, están ya terminadas, y la mayor parte escritas a máquina»[235]. Vale la pena que nos detengamos en la expresión «gaiticas», que acaba de aparecer y que será muy popular en el ambiente en torno a San Josemaría. Es sorprendente que Botella «explique» a Casciaro lo que son las «gaiticas», pues ambos habían convivido estrechamente con el Autor en todo el período anterior de Burgos y Casciaro debería por tanto saberlo perfectamente. ¿Puede esto significar que el Autor comenzó a llamar «gaiticas» a las consideraciones en la época final de la redacción, en la calle Concepción, cuando Pedro Casciaro ya no estaba en Burgos? Me inclino a pensar que es así. Hasta que llegamos a la carta de Botella, la palabra «gaitica» no asoma por ninguna parte en la documentación. A partir de este momento, como comprobará el lector, aparece de continuo en la correspondencia. Es una palabra que ilustra acerca del sentido de esos papelicos que el Autor va escribiendo, es decir, nos dice mucho del sentido de C. Botella en su carta da una definición muy sobria: «Así denomina a las octavillas que encierran una consideración». Cada octavilla es una «gaitica». El Autor al cabo de los años, rememorando aquellas tareas, explicaba: «Yo, a todos los pensamientos que están en Camino, y a otros muchos, que hay montones, cuando tenía treinta años, los llamaba ‘gaiticas’, mis ‘gaiticas’. ¿Por qué les llamaba así? Porque como no soplen, no pitan. Cada uno las puede hacer pitar según su arte»[236].Ya se ve que Mons. Escrivá está aludiendo a cómo cada punto, cada octavilla de aquellas que iba elaborando –hay montones, dice: piénsese en Surco y en Forja–, es para meditarla personalmente, haciéndola resonar en el alma; y si se utiliza en la predicación o en la dirección espiritual, hay que «soplar» en ella y sacarle partido. Porque, como seguía diciendo con su gracejo habitual:«no basta tener un ‘chuflo’ en la mano: hay que soplar. Vosotros tenéis todas las ‘chuflainas’ que os dé la gana –en aragonés os hablo–, pero hay que hacer el esfuerzo de soplar»[237].Como se ve, no estamos ante una mera designación humorística de los puntos de C. Las «gaiticas» son un modo de concebir y designar, más que un «género» literario, un «estilo» de proposición de la verdad cristiana, que es esencialmente dialógico.El 24 de enero llega a Burgos Ricardo Fernández Vallespín y el 26 Juan Jiménez Vargas[238]. Eran los dos mayores entre los fieles del Opus Dei que estaban en la zona nacional. El Autor de C deseaba siempre tenerlos junto a sí para consultar con ellos planes apostólicos y decisiones para el futuro. Ahora, aprovechando el permiso de que gozaban, los «implica» en la recta final del libro y les encarga una primera tarea, que comparten con Botella: preparar el índice de conceptos. Para su trabajo pueden disponer de la parte del libro ya mecanografiada y de las «gaiticas» correspondientes; mientras tanto el Autor persevera incansable en su trabajo sobre la máquina. Así lo hace constar Botella en el Diario:«Continúa el Padre escribiendo a máquina; iniciamos nosotros [Juan, Ricardo, Paco] un índice por materias, que no sé si cuajará»[239]. El «optimismo» de Paco Botella se terminará demostrando fundado. De momento da tema para las cartas de los días 27 y 28:«Hemos estado trabajando –qué eufemismo– alrededor de la única mesa que tenemos. El abuelo escribe a máquina el libro. Nosotros hemos estado tratando de hacer un índice un poco minucioso por tratados de las consideraciones. Se han quedado, cuando yo he venido, clasificando las gaiticas»[240]. «Hoy hemos estado haciendo un proyecto de índice para las consideraciones. Resulta un poco difícil, porque hay que resumir lo ya exprimido. Los otros libros también se preparan»[241]. Este enfoque de la carta a Alastrué es el que quedará ese día en el Diario:«Continuamos nosotros el índice, que se resiste. Es difícil extractar lo ya extractado. El Padre escribe a máquina»[242]. Al día siguiente se verifica un crescendo en el «optimismo» de Botella:«Estamos toda la mañana, a la vista de un buen número de gaiticas, extendidas sobre la mesa, pequeña, llena de chismes, que hace desear al Padre aquella mesa como tres camas, que le espera[243]. Van saliendo con dificultad los extractos que formarán el índice..., si no se deja por imposible»[244]. Y finalmente el «éxito» de la operación. De nuevo es el Diario el que nos informa:«El Padre ha decidido que dejemos el duro trabajo del índice para las gaiticas: respiramos...»[245]. Dejan, pues, el tema de los índices. Pero a continuación el Autor les da un nuevo encargo a Vargas y Vallespín, que consta también en el Diario de ese día:«Juan y Ricardo están leyendo las consideraciones por si en algunas de ellas se transparenta algo de lo nuestro. Escribimos unas cartas; con la máquina pequeña se van preparando los sobres, que llevarán las cuartillas de este mes a los de San Rafael»[246].Interesante el sentido de esta tarea. Se trata de una lectura detenida de las cuartillas de C para comprobar que el Autor ha realizado lo que ya le hemos visto hacer cuando preparaba la edición de Cuenca[247]: retirar de las consideraciones las posibles alusiones directas al Opus Dei o a cosas más directamente vinculadas a su praxis, porque el libro se dirigía no sólo a los miembros de la Obra y personas relacionadas con sus tareas apostólicas, sino a todos los cristianos, sacerdotes y laicos.original para la imprentaJosé María Albareda, que sigue con especial interés el trabajo de San Josemaría como escritor, escribe impaciente desde Vitoria:«Acabados –pienso– los 999, ¿está en el telar –lo del telar, más que metáfora es proximidad a los carretes– la revisión, o algo nuevo? Supongo llegaría mi carta de anteayer. Muchos abrazos»[248]. Los puntos estaban acabados, ciertamente, pero el Autor seguía pasándolos a máquina y no a manera de mero mecanógrafo –esto es imposible para el autor de un texto–, sino haciendo efectivamente una revisión y reordenación del texto mientras tecleaba. Escrivá copia y reforma. El Diario del día 2 de febrero da noticia cronológica del final definitivo. Botella narra la jornada del día 1, al final de la noche:«Cuando vuelvo [el día 1], oigo, antes de entrar en nuestras habitaciones particulares, el tableteo de la máquina de escribir. Está el Padre acabando las gaiticas, que hoy terminará a las dos de la mañana [del día 2]»[249]. En efecto, con esta fecha el Autor termina de escribir –a máquina– el «original» del libro, o más exactamente «el libro», como él mismo dice y hace constar en el «manuscrito» para la imprenta y en la edición príncipe:«Se acabó de escribir este libro en Burgos, día de la Purificación de la Bienaventurada Virgen María, año 1939, III Triunfal»[250]. El jueves 2 de febrero no es, pues, una fecha convencional, elegida para manifestar su amor a la Virgen, sino la mismísima fecha en que el libro se acabó de escribir: en las primeras horas del día, precisa el Diario de Burgos.En los días finales de la redacción decidió el Autor dedicar el nuevo libro –todavía con el título antiguo: Consideraciones Espirituales– a Manolo Aparici, Presidente de la Juventud de Acción Católica[251]. Así quedaba la hoja 1 del libro: c o n s i d e r a c i o n e s     e s p i r i t u a l e s. A Manolo Aparici, que tanto sabe de juventud vibrante y de apostolado[252]. El Autor estaba muy interesado en que Mons. Lauzurica hiciera el prólogo (o presentación) de C, para lo cual quería viajar a Vitoria y entregarle en mano el manuscrito[253]. Tenía hablado el tema con José María Albareda, que residía en Vitoria, y que con alguna frecuencia se encontraba con el Obispo. El 26 de enero el Autor y Albareda hablaron por teléfono. El mismo día el profesor encontró en la Catedral al Secretario de Lauzurica:«Me preguntó inmediatamente por Mariano. Esta mañana –le dije– he hablado con él, porque marcho a Barcelona. Y me encargó [el secretario] que no dejase de ver, antes de salir, a su señor, preocupado al no saberse nada de Mons. Irurita. Quedamos en que iría el viernes a las cuatro. Cordialísimo [Lauzurica]. Estuvimos paseando por la galería. Que le telegrafiase si podía yo ver a Mons. Irurita. Me dijo que qué hacía Mariano, pues había pasado mucho tiempo sin verle. Le hablé de que le pediría unas líneas [prólogo] para las 999. Y dijo unas palabras muy sentidas (bastante entusiasmado) y muy cariñosas; añadió: es un hombre de Dios...»[254]. Al día siguiente Botella anota en el Diario:«Dentro de pocos días, dice [el Padre] que irá a Vitoria ya probablemente con las Consideraciones terminadas»[255]. Efectivamente, el Autor prepara las cosas para pasar una semana en Vitoria. Está trabajando ya de tiempo atrás, como se ve por la correspondencia, en la preparación de otro libro –en sus primeras notas lo llamaba Adición al Misal y después Devociones litúrgicas o Devocionario Litúrgico–, que alternaba con la preparación de C y al que, terminado éste, se dedicaba intensamente[256]. Quería trabajar ahora en Vitoria con las excelentes fuentes litúrgicas que había en la Biblioteca del Seminario. Por otra parte, el desarrollo de la contienda bélica tocaba a su fin. Se había tomado Barcelona y el desmoronamiento de los frentes republicanos era completo. No se hablaba ya de otra cosa que de la fecha de entrar en Madrid. La provisionalidad en la población flotante de Burgos era total. Josemaría Escrivá hacía gestiones para obtener un salvoconducto que le permitiera entrar en Madrid desde el primer momento. Por eso impresiona su intenso trabajo intelectual en estos momentos de nerviosismo generalizado, en los que él y Botella iban, a la vez, empaquetando cosas para estar expeditos en el momento del «salto». El plan que había hecho, gracias a su amistad con el Obispo de Ávila, era enviar a don Santos los paquetes con todos los materiales acumulados, especialmente los libros y objetos de culto para el futuro oratorio, para que los custodiara hasta que se trasladaran a Madrid.El día 11 de febrero San Josemaría parte para Vitoria. Se lleva el manuscrito de C y los materiales del otro libro en proyecto[257]. En Vitoria se hospedaba en el palacio Episcopal. Lauzurica le recibió con su habitual afecto y leyó el manuscrito. Quedó en hacer el prólogo. El día 13 el Autor escribe a Casciaro:«¿Cómo va la cubierta del libro? Urge. Al Sr. Obispo [Lauzurica] le gusta el libro: ayer me hablaba de hacer una gran tirada»[258].El Autor esperaba regresar a Burgos con el prólogo ya escrito; al menos es lo que había comentado con Botella, que así se lo escribe a Casciaro[259]. De hecho volvió sin el prólogo. Esto significaba que el manuscrito se quedaba en Vitoria en manos del Sr. Obispo[260]. Desde el 18 de febrero estaba Escrivá de nuevo en Burgos, dedicado a fondo al devocionario, según escribe Francisco Botella:«El Padre trabaja con intensidad en la preparación del libro de Devociones litúrgicas. Los libros, que ocupan la mesa en su totalidad, son recortados, para confeccionar rápidamente el original. Será cuestión de dos días: ¿podrá acabarlo en Burgos, o será en Madrid?»[261]. Pero el prólogo se demoraba en contraste con la «urgencia» que sentía el Autor. Albareda seguía el tema en Vitoria:«Al amigo de Mariano le visité hace dos días. En realidad no tenía otro objeto real que el prólogo, y le nombré las Consideraciones, pero no me dijo nada. Sólo al final, aunque no nombró el libro, creo se dio cuenta de que la visita era un recordatorio. Hablamos del almuerzo del lunes ahí»[262].A la vez, los pensamientos de todos estaban fijos, como ya he dicho, en el final de la contienda:«Estamos preparando todo para llegar a Madrid. Mariano, Paco y yo pensamos ir juntos enseguida. Y allí nos iremos reuniendo pronto todos, que esto se acaba del todo. D. Manuel vendrá enseguida[263]. – Ya tiene D. Javier [Lauzurica] las 999 consideraciones para prologarlas. Y ya va muy avanzado el segundo libro»[264]. De lo del almuerzo a que alude Albareda no queda constancia en las fuentes. En todo caso, Lauzurica fue a Burgos el 9 de marzo y allí tuvo una larga entrevista con el Autor en el Palacio Episcopal[265], en la que le pidió que predicara EjEsp a los seminaristas de Vitoria. Al día siguiente San Josemaría –que había aceptado el encargo– escribe una carta al Obispo diciéndole que, pensadas las cosas mejor, cree que no debe aceptar. Hacia el final de la carta escribe:«Voy a terminar con un sablazo: ¡que me haga el prólogo, para mi libro, cuanto antes!»[266].D. Xavier Lauzurica responde a vuelta de correo:«Recibí tu carta y con ella tus calabazas. Me doy cuenta de todo y... te absuelvo. [...] El prólogo está en marcha»[267].Pocos días después el texto de Lauzurica, que ha acompañado siempre a las ediciones de C –excepto a la vigesimosexta (vid § 9, nt 4)–, estaba en manos del Autor. Lleva fecha de 19 de marzo. Lo trajo personalmente el Obispo en una visita a Burgos. De ella nos habla Botella cuarenta años después: «Vino por casa más tarde D. Javier, cuando estábamos en Concepción 9. Allí lo encontré con el Padre en febrero o marzo, al volver un día del Cuartel de Orgaz, después de comer. Estaban sentados alrededor de la mesa camilla y el Padre me dijo que me quedara un poco allí. Le recordó que yo había ido a verle de parte suya en las Navidades de 1935, cuando llevaba pocas semanas en la Obra. Era entonces D. Javier Obispo Auxiliar de Valencia y Rector del Seminario.Recuerdo sobre la mesa camilla el original de Camino, escrito a máquina allí mismo por el Padre. D. Javier traía las líneas que acababa de escribir y que le enseñó al Padre por si le parecían bien»[268].El Autor, mientras acababa el libro y gestionaba el prólogo, tenía urgencia en su inmediata edición. El libro sería de distribución comercial, como ya vimos en la primera noticia documental sobre el proyecto[269]. Contaba, para sufragar los gastos, con que se arreglara el asunto de Santa Isabel[270]. Ya el 11 de enero el Autor había escrito a Pedro Casciaro:«Me gustaría que te encargaras tú de la impresión de mi libro»[271]. Casciaro, todavía estudiante de Arquitectura, tenía una notable sensibilidad cultural y artística, y el Autor apreciaba mucho sus ideas y sugerencias. Comienza así todo un conjunto de gestiones –mientras el libro se acaba: «es cosa de días»– encaminadas a su inmediata edición. La aceptación de Casciaro es también inmediata:«Encantado de cuidar la impresión de su libro, pero lo del permiso se complica, como ahora le contaré»[272]. El día 24 se recibe en Concepción una carta en la que se expresa más detenidamente:«Respecto a la impresión del libro de las Consideraciones en Calatayud, lo veo difícil, pero lo gestionaré. En todo caso podría hacerse en Zaragoza, o tal vez, si yo fuera a Barcelona, allí mismo, que hay material de sobra y en los primeros momentos se ha de trabajar muy barato, por el interés de hacerse con dinero nacional. Además Jorge[273] estaba muy metido en Editoriales Católicas y sin que él supiera una palabra[274] podría ponerse en relación con una de ellas. Si Vd. piensa editarlo en Zaragoza podemos ponernos de acuerdo para coincidir allí un par de días»[275].El Autor, metido a fondo en su trabajo, le responde a través de Botella:«La edición del libro no cree conviene imprimirla en Zaragoza. En Barcelona –como dices tú– o en Bilbao»[276].Josemaría Escrivá vuelve sobre el tema, una vez que ha terminado el manuscrito del libro. Y se pone en marcha. Ahora el asunto es el diseño de la cubierta del libro. Botella lo adelanta en el Diario: «Mañana irán el Padre y Juan a Calatayud. [...] Llevará las Consideraciones porque Pedro ha de proyectar una portada repleta de nueves»[277].Tras las notas de Paco Botella en el Diario se adivinan los ratos de conversación con el Autor a la vuelta del cuartel y las «noticias» que éste le da, al final de la jornada, sentados uno frente a otro en la pequeña mesa-camilla de la habitación[278]. Aparece aquí, por primera vez, el tema de los «nueves» como motivo para el diseño de la cubierta, que lo será, efectivamente, en la edición primera de C. El Autor y Jiménez Vargas, como estaba previsto, viajaron el domingo a Calatayud. La conversación de Escrivá con Casciaro debió estar llena del humor con que ambos se expresaban. Sabemos de ella lo que el Autor, a su vuelta[279], contó a Paco Botella y, éste, a su modo, fue relatando en sus cartas a unos y a otros. En sustancia: a Casciaro le pareció bien la idea del «nueve» como motivo de diseño, pero una cubierta «repleta de nueves» –cuenta San Josemaría que le dijo– «es más propio de un libro de recetas culinarias». Una salida típica del «artista», como le llamaba Albareda. El Autor se debió reír con ganas, como con todas las cosas de Pedro Casciaro. Quedaron en mantener el tema de los nueves, pero como fondo de la cubierta[280]. De la conversación de Calatayud salió un título más breve para el libro: sencillamente «Consideraciones», como de hecho se le llamaba en la conversación. Sobre el tema volveremos cuando nos ocupemos directamente del título del libro (§ 6, 1). En todo caso, el Autor, al regresar a Burgos, elimina la hoja primera del manuscrito[281] y la sustituye por esta otra con el nuevo título y la dedicatoria:  c o n s i d e r a c i o n e s. A Manolo Aparici, que tanto      sabede juventud vibrantey de apostolado[282]. Después de su conversación con San Josemaría, Botella transmite sus instrucciones a Pedro:«Voy a concretar las últimas recomendaciones del abuelo antes de marchar. El dibujo para la portada del libro de las gaiticas, que se ultime»[283].Durante su estancia en Vitoria para trabajar en las Devociones litúrgicas, el Autor recuerda el tema a Casciaro[284]. En realidad, su carta se cruza con la de éste, que va dirigida a Burgos:«Recibí el libro de Íñiguez. Hoy estoy muy ocupado y por eso no escribo a Mariano. Lo haré dentro de esta semana. Envío un proyecto de la portada de Consideraciones. No me convence mucho. Por eso, haré uno o dos más. Si le parece a Mariano, puede enviarme el nombre ‘Consideraciones’ escrito por él mismo para ser reproducido en la tapa, ya sea en negro o en rojo. Esta semana no he tenido correspondencia más que la vuestra de Burgos. ¿Se ha recibido el giro? Recuerdos y abrazos. Pedro»[285].Botella le contesta enseguida para decirle que Albareda se llevó a Vitoria ese mismo día el proyecto de cubierta. «¡Ya dirá el abuelo!» –dice–, pero agrega su opinión personal:«Me parece –¡artista!– que esa idea y composición, con un poco más de contraste, puede resultar bien»[286]. No se conserva ese primer boceto de cubierta, ni sabemos nada de su planteamiento. En cambio, aparece en esta breve misiva un tema que llegará hasta la cubierta definitiva del libro: el empeño de Casciaro de que el título del libro aparezca en la tapa autógrafo del Autor. La batalla de Perico Casciaro va a ser conseguir que San Josemaría escriba en un papel la palabrita. Botella se había olvidado de decirlo a Albareda y rectifica al día siguiente en carta al Autor:«Escribí a Pedro diciéndole que el proyecto de portada se lo llevaba José María a ésa. No sé si me acordé de decir a José María que Pedro quiere, si le parece a Vd. bien, que la letra de ‘Consideraciones’, en la portada, sea suya. Si es así puede enviarlo escrito y pasado mañana saldrá hacia Calatayud»[287].Casciaro continúa deliberando sobre el enfoque temático de la cubierta, ahora con la colaboración de Miguel Fisac, también estudiante de Arquitectura, que aparece y desaparece con su compañía de automovilismo:«No he vuelto a ver a Miguelito. Debe haber recibido la orden de marcha. Estuvimos pensando sobre la portada de Consideraciones»[288].Finalmente, respuesta del Autor, al que también ha gustado el boceto:«Me gustó la cubierta del libro: te haré unas indicaciones, cuando sepamos el tamaño, para que dibujes la definitiva»[289].Mientras tanto Casciaro y Fisac han elaborado en Calatayud una cubierta alternativa:«Miguel [Fisac], supongo que tendría que salir imprevistamente, porque no se despidió de mí. Por cierto que me iba a dejar dinero para que lo girase a Burgos. Quedamos en que él tomaría una fotografía de una carretera en que figurase un kilómetro 999, o por lo menos otro número parecido de fácil transformación en el mismo. Dicha fotografía, muy velada, podría servir como fondo a la portada de Consideraciones, sobre la que iría en blanco el título y el nombre del autor, ya fuera en letras clásicas o en la caligrafía –íes y eses unidas– del mencionado autor. Espero, por tanto, de una parte la fotografía de Miguel, y de otra la palabra Consideraciones escrita, para componer definitivamente la portada. Si no le convence esta idea ni la que le mandé, puedo ensayar otras. De todas maneras necesito la palabra consideraciones»[290]. Josemaría Escrivá regresó de Vitoria y hubo de trasladarse al día siguiente a Valladolid. En el entretanto Paco Botella cuenta a Casciaro las impresiones que trae sobre el tema:«El abuelo, muy contento [...] La idea que enviaste de la portada le parece muy bien. El Obispo de Tortosa, y su hermano el de Vitoria, quedaron muy bien impresionados e hicieron elogios episcopales. Aunque, hasta que no quede en definitiva fijado el tamaño, no se puede hacer el proyecto último, dice el abuelo que la última idea que con Miguel forjaste, podéis llevarla a la práctica. Luego veremos qué tal resulta.No quería que su letra apareciese en el libro. Pero después de la insistencia natural, me dice que te comunique para tu tranquilidad que, en cuanto llegue de Valladolid, escribirá unas letras gordas, que formen la palabra Consideraciones. El problema está en conseguir la pluma»[291].Por su parte, Casciaro, que ya ha recibido la carta del Autor desde Vitoria, promete seguir sobre el proyecto y reclama de nuevo la palabra autógrafa[292], que finalmente se le envía en varios ensayos:«Va la palabra Consideraciones, que se escribió, ni qué decir tiene, en un santiamén»[293].Las dos cuartillas con la palabra en cuestión, escrita en grandes letras por el Autor, se conservan en el Archivo de la Prelatura[294]. Por lo demás, esta carta de Botella es la última noticia que tenemos sobre las gestiones de edición del libro en la época de Burgos. La inminencia del final de la guerra paralizó las gestiones de Casciaro y sus diseños. Al menos nada se conserva de todo aquello: ni cartas, ni bocetos. Una pregunta de Alastrué desde Lora del Río queda abierta, sin respuesta: «¿Y el libro del abuelo?»[295]. El abuelo, en el mes de marzo, tenía ya el libro dispuesto para la imprenta. Estaba ya en sus manos el prólogo de Lauzurica y, con él, había recuperado el manuscrito del libro. Faltaban los índices, que quedaron empantanados. El 23 de marzo escribía a Albareda:«José María: Paco te escribirá con detalle: yo, sólo decirte que creo que me voy a marchar pronto camino de Casa, para estar cerquita cuando la puerta se abra. Llevaré la comida que tenemos preparada. Tú habrás de procurar traer el fichero y la máquina de escribir»[296]. En aquel mes de marzo Josemaría Escrivá no se encontraba bien[297]. Todo está preparado para salir hacia Madrid[298]. El día 26 de marzo fue su última jornada en Burgos. Diario de ese día:«A pesar de la nieve, y no obstante el mal tiempo, el Padre está mejor. Pasamos la mañana en casa, charlando. Después de comer, intentamos dar un paseo, pero la pierna del Padre se resiente: vamos a casa. Leemos durante un buen rato las Consideraciones; el Padre va eligiendo las más adecuadas...»[299]. La velada de aquel último día en Burgos transcurrió haciendo oración el Autor sobre aquel manuscrito. Es todo un símbolo del futuro de aquel pequeño gran libro; un libro, en efecto, para hacer oración y meterse en Cristo. La paz de aquella tarde contrasta con la tensión del momento histórico. Estaban en vísperas del «salto» a Madrid. Finalmente, el día 27 se presentó la oportunidad que esperaba. Fue aquél un día emocionante para Botella, que lo recuerda bien al cabo de los años:«Estamos en los últimos días de marzo. Todas las maletas están preparadas para tomar el camino de Madrid. El día 27 de marzo, por la tarde, me llamó por teléfono el Padre y me dijo que salía para Madrid, que el camión que le llevaba estaba delante de Concepción 9. Salí de la oficina sin más –yo tenía guardia–, y fui corriendo a despedir al Padre. Llegué cuando ya el Padre estaba sentado al lado del conductor de aquel camión grande. Me vio llegar desde lejos. Me despedí del Padre. Me dijo que las maletas estaban cargadas en el camión»[300].Interesante notar que la última noticia sobre nuestro asunto hace referencia al título del libro. Cuando el Autor sale para Madrid el 27 de marzo, su libro se llamaba así: Consideraciones. Para la cubierta, había dejado escrita la palabra con letras firmes y enérgicas. En Madrid, en el mes de mayo, el libro se llamará ya con el nombre con el que se ha extendido por el mundo: Camino. Pero esto es adelantarnos en la historia. Ahora, lo que interesa retener es que, en el camión que lo conduce a Madrid, Josemaría Escrivá lleva el manuscrito de su libro. San Josemaría volvió a Madrid el 28 de marzo de 1939. Isidoro Zorzano y su Diario son la fuente principal para fijar los primeros pasos del Autor de C en la capital de España: fue –dice– el primer sacerdote que entró en la capital[301]. Enseguida se reunió con su madre y con los de la Obra que estaban en Madrid. Antes de encontrarse, Zorzano, por su cuenta, había ido con un amigo, ese mismo día 28, a ver qué quedaba de la casa de Ferraz 16:«Está completamente desmantelada, sin escaleras, barandillas ni entarimado, se conserva únicamente un trecho de barandilla de la escalera de servicio, por único adorno quedan dos faroles, el de la puerta y el del vestíbulo, el primero está intacto. Entre los papelotes y suciedad del suelo encontramos un ejemplar íntegro de las Consideraciones»[302]. Josemaría Escrivá fue al día siguiente a tomar posesión de la Rectoral de Santa Isabel. Allí se instaló con su madre y hermanos y con los que confluían desde los diversos frentes y destinos militares. Botella continuaba destinado en Burgos. Casciaro corría la suerte del Gabinete de Cifra de Orgaz, que terminó llevándole a Valencia. Albareda seguía de Profesor en Vitoria. En Santa Isabel estaban Álvaro del Portillo, Juan Jiménez Vargas, José María González Barredo y Miguel Fisac. E iban llegando unos y otros: miembros de la Obra, antiguos residentes de Ferraz, amigos, etc. Zorzano escribe el día 10 de abril:«Esta mañana se ha dado ya por terminado el trasiego de muebles y se procede con toda solemnidad a la apertura del famoso Baúl (con mayúscula, porque contiene todos los papeles del Padre); el Padre nos hace la historia del mismo […] Pasamos toda la tarde escudriñando papeles y viendo fotografías antiguas de la primera época; desfilaron las de Somoano, Luis Gordon, de Luchana y Ferraz. El Padre estaba encantado por haber encontrado una serie de apuntes y notas que creía perdidos»[303].Era el reencuentro de San Josemaría y los suyos con toda la documentación histórica del Opus Dei –de la que nos estamos sirviendo en nuestro trabajo–, concretamente con los Cuadernos de Apínt. Todos alternaban sus tareas militares con los trabajos para acondicionar la Rectoral, cuyo estado era lamentable, y con los encargos que les hacía San Josemaría. Fisac, como hemos visto, ya había estado metido con Casciaro en la reflexión sobre el diseño de C. Él se encargaría de realizar, finalmente, la famosa cubierta de los «nueves». Así lo hace constar Zorzano en el Diario:«Paco se marchó a mediodía rumbo a Burgos con el firme propósito de hacernos una visita todos los domingos. Fisac se ha dedicado a confeccionar una artística portada para las nuevas Consideraciones que se van a editar»[304]. La primera noticia sobre nuestro libro que encontramos en Madrid conecta, pues, exactamente en el punto en que lo dejamos en Burgos: la cubierta. Nótese de paso que el título del libro es todavía Consideraciones, el segundo título que tuvo el proyecto. Es el 21 de abril. En los días siguientes van llegando libros y papeles de todas partes y la gente se ocupa en ordenar y clasificar[305]. Pero Fisac dedica todo el tiempo que puede a encargos que le va haciendo el Autor de C. La sustancia de su testimonio es ésta[306]: «Llegado a Madrid, Fisac contactó con Zorzano y se fue a la casa de doña Dolores, la madre del Fundador. Estando allí llegó éste, con la consiguiente alegría de todos. Enseguida se instalaron en la casa del Rector del Patronato de Santa Isabel. Allí había, o se habilitó, una especie de mesa o tablero de dibujo, donde empezó a hacer cosas de diverso tipo que le encargaba el Autor de C. Una de las primeras fue precisamente la portada de este libro, que venía ya escrito y preparado desde Burgos»[307].No debió ser tarea fácil dar con un diseño que respondiera a lo que «quería» el Autor y a lo que «veía» el joven estudiante de arquitectura. En todo caso, el 13 de mayo le vemos de nuevo sobre la mesa de dibujo: «Fisac está dibujando la portada para el libro de ‘Consideraciones’ del Padre, que se titulará ahora Camino»[308].El libro ha cambiado de título. Ésta es la noticia: ahora se llama ya Camino y por primera vez aparece in scriptis el nombre con el que se haría famoso. Es el momento de detenerse para saber cuanto podamos acerca del cambio de nombre. Es evidente que tiene lugar entre estas dos fechas: 21 de abril y 13 de mayo. Me inclino a pensar que la decisión del Autor, o al menos, la comunicación a Fisac, que hacía la cubierta, y a los demás, no sería muy anterior al 13 de mayo. Más todavía: pienso que Zorzano la escribió en el Diario en cuanto la supo. ¡Era la noticia! No lo era que Fisac estuviese con la cubierta: esto ya era cosa sabida y constaba en el Diario del día 21 pasado. La noticia era el cambio de nombre, que llevaba consigo que Miguel se pusiera de nuevo al tablero para dar forma definitiva al diseño. ¿Cómo se forjó el cambio? En realidad, sabemos poco sobre el tema y ya lo hemos entrevisto. Pero eso, aunque sea poco, debemos exponerlo por su orden.Hay que partir del manuscrito original, que se acaba el 2 de febrero y el día 11 se entrega a Mons. Lauzurica para el prólogo. En ese breve espacio de tiempo, como sabemos, el libro pasó de llamarse Consideraciones Espirituales a llamarse, sencillamente, Consideraciones. Así consta en las dos versiones mecanográficas de la hoja primera del manuscrito, que se conservan[309], ambas con la dedicatoria a Manolo Aparici. Con este último título se entrega el manuscrito a Mons. Lauzurica. En los dos casos, la hoja 2, con las palabras del Autor al lector, permanecía intocada. Cuando fue retirada la segunda hoja nº 1 –al decidir el Autor el nombre Camino y que el libro no llevara dedicatoria–, para sustituirla, no se hizo una tercera versión con el nuevo título, sino que escribió la nueva palabra –Camino– en lo alto de la hoja 2, de manera simétrica a la hoja retirada y sin cambiar la numeración ni el resto de la página con las palabras al lector[310]. Por eso, en el manuscrito que se conserva no hay hoja nº 1. A modo de primera página, pero sin numerar, está el texto mecanográfico del Prólogo de Lauzurica. Si, a pesar de todo, conocemos las dos versiones anteriores, es gracias a la costumbre del Autor de no tirar ni romper los papeles, sino aprovecharlos para poder escribir por la otra cara[311].A mi parecer, el Autor daba vueltas al título del libro desde que decidió ampliarlo hasta 999 puntos. Era en realidad un libro nuevo. Pero, entre los posibles nombres, ninguno se imponía y, por otra parte, el título anterior definía perfectamente, por su género, el contenido del libro. De la documentación se deduce que fue, escrito ya el libro con el título Consideraciones Espirituales, cuando el Autor aborda de manera directa la posibilidad de un cambio en el nombre. Aquellos días en que Vargas y Vallespín están con el Autor en Burgos, mientras éste termina de mecanografiar el original, se prestaban a que San Josemaría les comunicara sus pensamientos. Tal vez allí se «considerara» ya que el libro se podría llamar simplemente Consideraciones. En todo caso, me parece que, como he dicho, esta decisión se relaciona con la visita que el Autor, acompañado por Jiménez Vargas, hizo a Pedro Casciaro, en Calatayud, el domingo 5 de febrero. Llevaba el manuscrito del libro para que Pedro preparara la cubierta. Lógicamente debieron conversar sobre el tema y Casciaro –por lo que veremos después– pudo sugerir al Autor prescindir de la palabra espirituales en el título del libro, para abreviar, o incluso buscar un título más breve. Mi hipótesis es que el Autor en aquella conversación se decide por lo primero. En todo caso, es lo que lleva a la práctica, como hemos visto. Pedro, en consecuencia, podría trabajar la cubierta sobre esa base. Digo esto porque, estudiando las fuentes documentales, llama la atención que, con toda naturalidad, Pedro Casciaro pidiera al Autor, autógrafa, la palabra Consideraciones para ponerla como título en la cubierta. Lo sorprendente no es que la pidiera escrita de su puño y letra, sino que la pidiera, sin más: porque implicaba un cambio en el título. El Autor, que se resistió al principio –por el personalismo que podía haber en que el título fuera autógrafo, dice Botella–, envió a continuación, sin la menor reserva, la palabra solicitada. Esto sólo se explica porque la palabra que pide Casciaro (en carta de 13 de febrero) es la que el Autor ya había escogido como nuevo título. Casciaro bajo ningún concepto lo habría hecho por su cuenta. Por eso situamos la decisión del Autor en la conversación en Calatayud de 5 de febrero.Pero el Autor seguía pensando. El proyecto de cubierta fue visto y comentado con los Obispos de Vitoria y Tortosa, que hicieron –dice Botella con humor– «elogios episcopales». También pudo comentarse el título... Pero esto son meras suposiciones. Debemos volver a la Rectoral de Santa Isabel para saber algo más:«Cuenta Miguel Fisac que un día el Padre les dijo en conversación –a los tres o cuatro que allí se encontraban: Isidoro Zorzano, Juan Jiménez Vargas, quizá Paco Botella y él– que había que editar en seguida el libro de Consideraciones, pero que ya no se llamaría así, sino con otro nombre más breve. Les dijo dos o tres posibles nombres en que venía pensando –es una pena, pero Fisac sólo recuerda el de Camino– y les preguntó qué les parecía. Era muy de su estilo. No recuerda Fisac qué dijeron ellos, si es que dijeron algo, pero el Padre dijo finalmente que sería Camino el nombre del libro. A él –a Fisac– le gustó, también porque era más corto y facilitaba la portada, en la que ya estaba trabajando»[312].Para la génesis «externa» del título del libro disponemos de un último documento que, a la luz de lo que venimos diciendo, se comprende perfectamente. Botella, al regresar a Burgos después de uno de sus fines de semana madrileños, escribe a Casciaro contándole las noticias de la capital. Le habla, claro está, de la marcha del libro que uno y otro han vivido tan de cerca y, en lo que a nosotros interesa, dice:«El libro de Mariano ya no se llama Consideraciones. Hemos seguido tu idea, artista, y como la palabra Camino tiene menos letras, y más elegantes, se ha decidido sustituya a la anterior. El papel va a resultar también muy económico»[313].Casciaro y Botella estaban perfectamente en autos del tema de la cubierta y de la búsqueda –que hemos relatado– de un título más breve para el libro, en la que insistía Casciaro desde Calatayud. «Tu idea»: por la redacción podría entenderse que «la idea» de Casciaro era que el libro se llamase Camino. Ya sabemos que la idea de Casciaro era que el título fuera breve, una palabra, y lo había conseguido: Consideraciones. Camino, el título que el Autor finalmente decide, responde aún más a la idea del «artista»: «menos letras, y más elegantes», dice Botella. Interesante: ya no se habla de que el título sea autógrafo[314].¿Por qué eligió el Autor ese título para su libro? ¿Qué mensaje tiene esta palabra –Camino– en el título de esta obra?[315]. Esto ya es entrar en otro terreno. Pocas palabras de tanta entraña bíblica, evangélica, con tanto sabor a primitiva cristiandad. A partir de la segunda edición, el libro saldrá siempre precedido del verso de San Juan (14, 13): «Yo soy el Camino», y de una lámina con la figura de Cristo, que en las primeras ediciones es el Cristo con la Cruz a cuestas de El Greco: «Cruz, trabajos, tribulaciones: los tendrás mientras vivas. –Por ese camino fue Cristo, y no es el discípulo más que el Maestro» (p/699). La lámina y el verso son la esencial hermenéutica del título.Pero hay más en este título tan breve. Pocos días después de que el Autor diera el nuevo nombre al libro, escribía dirigiéndose a Álvaro del Portillo, que seguía en Cigales (Valladolid):«Saxum ¡qué blanco veo el camino –largo– que te queda por recorrer! Blanco y lleno, como campo cuajado. ¡Bendita fecundidad de apóstol, más hermosa que todas las hermosuras de la tierra! Saxum!»[316].En aquel radical marco cristológico del «Camino», entra esta segunda aproximación al tema. El Camino que es Cristo se hace para cada uno llamamiento personal, vocación que señala un camino que tiene sus dimensiones y características propias. Es el camino personal del cristiano, del apóstol de Cristo, lleno de una fecundidad que en la pluma del Autor se expresa en prosa poética: «más hermosa que todas las hermosuras de la tierra». Álvaro del Portillo sería el sucesor de San Josemaría al frente del Opus Dei.En junio de 1939 –cuatro meses antes de estar en las librerías– el Autor escribió una carta circular (manuscrita) para acompañar a «Noticias» de ese mes:« + Pronto tendremos casa..., si empujáis con vuestra oración y vuestros sacrificios y vuestros deseos de coger los libros. Mientras, no me perdáis vuestra bendita fraternidad: vividla cada día más, y manifestadla con vuestra colaboración en este afán común de rehacer nuestro hogar. Que pronto nos veamos reunidos, junto al Jesús de nuestro Sagrario. Josemaría»[317]. La cuartilla acaba con esta postdata:  «P.D. ‘Tu desidia, tu dejadez, tu gandulería son cobardía y comodidad –te lo arguye de continuo la conciencia–, pero no son camino’.(Del libro ‘Camino’, en prensa, con prólogo del Excmo. y Revmo. Sr. Obispo de Vitoria)».Estamos ante la primera «publicidad» del libro. El «anuncio» lo hace el propio Autor, que elige el que será p/348. Quiere sacudir a esa juventud que ha dejado las armas y ha perdido el hábito del estudio. Pero, al elegir este punto para presentar el libro a los «chicos», me parece que el Autor les brinda, a la vez, la interpretación existencial del título del libro. En el camino o modo de seguimiento de Cristo que propone, ocupa un lugar central el trabajo, con sus exigencias humanas, como las que destaca en el «anuncio». O la alegría, «parte integrante de tu camino» (p/665). De ahí que el libro, desde su punto primero, proponga como panorama de la existencia cristiana en el mundo «encender todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón». Esta idea de «camino» como seguimiento de Cristo con características concretas y objetivas para cada persona –«tu camino»–, que es fruto de una vocación, de una llamada divina personal, aparece por todas partes en el libro y lo vertebra[318]. De ahí la alegría del Autor ante aquel cartelón del que hablaremos después: «Cada caminante siga su camino»...El Autor comienza enseguida las gestiones de edición. Tiene urgencia en poner en la calle este instrumento que estima importante para la expansión del mensaje que Dios le había hecho entender el 2 de octubre de 1928. El 31 de mayo, de madrugada, San Josemaría salió para Burgos en coche. Le acompañaban su hermano Santiago y Vicente Rodríguez Casado, que se quedaba en Valladolid, donde seguía destinado. Regresó bien entrada la noche, trayéndose a Botella. Zorzano en el Diario escribió el día antes que el objeto del viaje era «ver si consigue editar Camino en las mejores condiciones posibles»[319]. Botella en carta a Albareda lo explica algo más:«Se me presentó el miércoles una ocasión magnífica de ir en tres horas y media a nuestro caserón de Madrid […] El libro de Mariano va a salir enseguida. Sánchez Bella[320] se encarga de imprimirlo en su imprenta, y el coste será mínimo. También el papel –éste fue el objeto del viaje a Burgos– va a resultar muy económico»[321].Se trataba de obtener la preceptiva asignación gubernamental de las resmas de papel necesarias para la edición. Tal vez sea éste el momento de aludir a otra reflexión del Autor, que comunicaba con los que le acompañaban, aunque no se refleja excesivamente en cartas y diarios. Me refiero a la cuestión del formato y tamaño del libro. Una cosa tenía clara y era punto de partida: el libro no tendría el clásico aspecto de los libros de espiritualidad en la época con las tapas negras y los cantos rojos o dorados. Aparecería con un diseño «civil». Todo el «debate» que hemos presenciado acerca de la cubierta tiene este trasfondo. Lo que sopesaba el Autor era si el libro debía ser de pequeño tamaño –para que lo pudieran llevar en el bolsillo de las camisas o de las guerreras, incluso en los frentes– o de un formato de mayores dimensiones, que diera prestancia al libro y a su contenido. De ahí que las advertencias a Casciaro sobre la cubierta tuvieran siempre esta reserva: «depende del tamaño que se elija»[322]. En esa elección gravitaban, sin duda, los posibles recursos económicos, que en la época de Burgos se pensaba sufragar con los atrasos del sueldo de Rector de Santa Isabel, si es que los concedían. Mi impresión es que el Autor, mientras estaba en Burgos –es decir, cuando pensaba en imprimir el libro durante la guerra– tenía la idea de hacer una edición de formato pequeño, para su utilización en los frentes, como he dicho. Pero el proyecto de edición en la fase de Burgos nunca dio pasos operativos y San Josemaría, mientras encargaba a Casciaro las gestiones, lo que tenía delante era el final de la guerra, que se veía inmediato, sobre todo después de la caída de Barcelona (26 de enero de 1939). Aparte de que era muy difícil conseguir papel y, además, no tenía el dinero, pues lo de Santa Isabel se dilataba ad kalendas graecas[323].Al finalizar la contienda y situarse de nuevo en Madrid, el Autor da al libro su nombre definitivo y se decide por el formato grande, sobre todo al encontrar facilidades gracias a la buena disposición de José Lorente, Subsecretario entonces de Interior, para autorizar el papel adecuado a la edición, y, sobre todo, a su amistad con los Sánchez Bella, que tenían una tipografía en Valencia y se encargarían de la edición del libro.Ante el buen resultado de su gestión en Burgos, el Autor pone inmediatamente a trabajar a los «chicos»: había que hacer, ahora de verdad, el índice de conceptos que asustaba tanto a Botella. La noche del 31 de mayo volvía el Autor a Madrid y a la mañana siguiente abordaron ya la tarea:«Entre todos se confeccionan los índices de Camino, que se dará en breve a la imprenta»[324].Pudieron empezar donde habían terminado en los intentos de Burgos. El Autor se había traído el manuscrito original y todos los papeles: las «gaiticas», etc.[325]. El propio Botella no salía de su asombro al ver la eficacia del nuevo equipo y, al volver a Burgos, escribe a Casciaro:«Ayer por la tarde estuvimos [en Madrid] casi toda la tarde ocupados en la confección de un índice para las «gaiticas». Va a resultar francamente bien. Quería el abuelo que ultimáramos pronto eso, porque el día 5 de este mes tiene que estar [el abuelo] en Valencia. Seguramente saldrá para allá el 3 ó el 4. Quizá venga [a Madrid] Sánchez Bella por él y se vayan en coche. Hace unos días pasó por casa Sánchez Bella y puntualizó todos estos detalles. Como os he dicho, va a facilitar la impresión del libro de Mariano»26.[326]2. Los trabajos de edición en ValenciaDebieron terminar el trabajo, bajo la batuta del Autor, en un par de días. El día 4 llegó en coche Rafael Calvo[327] con algún otro y el Autor salió en efecto para Valencia el lunes 5 de junio, después de almorzar, llevando el manuscrito[328]. Iba a emprender una intensa labor apostólica entre los universitarios de Valencia. La noche de ese día comenzó a predicar EjEsp a un nutrido grupo de jóvenes –profesores y estudiantes– en el Colegio Mayor Beato Juan de Ribera, en Burjasot (Valencia), una prestigiosa institución de la vida cultural valenciana28b. Al llegar a la casona de Burjasot se topó con el indicador a que antes he aludido, en el que se leía: Cada caminante siga su camino. Le sorprendió. Los que le acompañaban se disculparon: era un resto, todavía no retirado, de la ocupación del edificio por el ejército republicano[329]. «Dejadlo –les dijo–. Me gusta»[330]. Allí se quedó para que lo consideraran todos. Después se ha sabido que probablemente era obra de Antonio Machado[331]. El tema del cartel –cuentan los que  hicieron el retiro– le sirvió de continua referencia durante la predicación[332]: Cristo es el Camino de todos y en Cristo cada uno tiene su vocación personal, su camino, y había que seguirlo. Era el tema del manuscrito que llevaba en la cartera... Ese mismo día C entraba en la imprenta. Al día siguiente, 6 de junio, el Autor escribe a los de Madrid: «El libro está en la imprenta, con el folleto[333]. Creo que la impresión será muy buena»[334].En Valencia estuvo del 5 al 17 de junio. Las gestiones para la edición tenían lugar desde Burjasot, mientras predicaba. Uno de los asistentes recordaba, años después,«las muchas reuniones que tenía con algunos ejercitantes y con otras personas que venían todos los días de fuera, y que al fin supimos que se referían a la edición que se estaba preparando de un libro que ya había publicado antes de la guerra civil, pero que ahora quería editar por primera vez –ampliándolo mucho– con el nombre de Camino. […] Las personas que más se reunían con él, para tratar de esa edición eran –si no recuerdo mal– Rafael Calvo Serer, Alfredo Sánchez Bella, Amadeo Fuenmayor, [José Manuel] Casas, Antonio Huerta, y algún otro que yo no conocía»[335].Rafael Calvo anota el 16 de junio:«Alfredo, que hace las gestiones para editar Camino, lleva al Padre las primeras pruebas. Se dispone de buen papel»[336]. Al día siguiente Casciaro escribía a los que estaban en Olot:«Esta mañana, después de la Misa, el desayuno hablando de la impresión del libro. Todos están en muy buen plan y valen mucho intelectualmente. El libro es un hecho; ya hemos concretado formato y número de volúmenes: diez mil»[337].Es éste el momento de subrayar la actuación tan generosa que tuvo en toda la operación don Hipólito Sánchez, el padre de los Sánchez Bella. Tenía una pequeña empresa tipográfica, de tipo familiar, «Intertype composición mecánica», muy prestigiosa en Valencia. En su imprenta, por la mediación de su hijo Alfredo, se hicieron las diversas pruebas y ensayos de composición del libro –que cobró a precios reducidísimos– hasta dar con el formato definitivo. Entonces el propio don Hipólito señaló, como imprenta más adecuada para la composición definitiva, «La Semana Gráfica», donde efectivamente se compuso[338]. Pero volvamos a la noticia de Calvo.Su alusión a las «primeras pruebas» inicia todo un conjunto de informaciones sobre la impresión del libro, sumamente prolijas y, sobre todo, no siempre fáciles de entender por provenir con frecuencia de personas que no dominan el peculiar lenguaje de los tipógrafos[339]. Tendremos que interpretarlas buscando la coherencia de unas con otras. Es claro que estas «primeras pruebas» de las que habla Calvo Serer, no son las galeradas o «primeras pruebas» de un libro, que se corrigen para pasar a «segundas pruebas». Son unos ensayos compuestos en «Intertype», con diferentes tipos de letra y de caja, para que el Autor se sitúe, elija y dé indicaciones más precisas[340]. El propio Calvo nos da más noticias al día siguiente, a la vez que cambia de terminología: «Se dispone nueva forma del libro, para evitar quede como un folleto»[341].Se deduce con claridad lo que ha ocurrido: el Autor, a partir de aquella prueba, había dado instrucciones sobre el formato, la caja, el tipo de letra, etc. La «forma» que vio el Autor tenía el texto apretado y las líneas cortas, lo que no daría prestancia al libro, que parecería un folleto[342]. Lo que se quería, como sabemos, era un libro de buenas proporciones y de estilo no convencional. Esa misma tarde el Autor salió para Madrid[343], contento de cómo se planteaba la edición, aunque todavía tenía que hacerse esa nueva forma, otro nuevo ensayo.El lunes 19 hay una llamada telefónica de Valencia. Francisco Botella, que se encontraba ese día en Madrid, es ahora nuestra fuente:«Era Rafael [Calvo Serer], que lanzó una densa emisión de cuestiones a resolver. Supongo que hoy Mariano habrá contestado todo; las condiciones del libro le convencieron»[344].El día 21 Zorzano en su Diario anota la llegada de Alfredo Sánchez Bella, que viene con la nueva forma[345] de que hablaba Rafael Calvo y con su gran optimismo:«Nos dice que Camino saldrá dentro de un mes»[346].El Autor sale el 22 de junio para Vitoria –acompañado por Sánchez Bella hasta Burgos[347]–, donde va a predicar EjEsp. Hace una nueva visita a Lorente para proponerle, ya en concreto, que autorice para la edición del libro unas resmas de excelente papel, incautado en Valencia por el Gobierno al ser ocupada la ciudad y cuya existencia conocía Sánchez Bella. Parece que el resultado de la gestión fue positivo[348]. El Autor continuó su viaje a Vitoria y Sánchez Bella regresó a Madrid, y a continuación a Valencia, con el dictamen del Autor acerca de la nueva forma[349]. En Valencia, ya en «La Semana Gráfica», comenzaron a trabajar inmediatamente y a gran velocidad. Mientras tanto, San Josemaría seguía en Vitoria, donde estuvo hasta el 13 de julio[350]. A la hora de seguir el proceso de impresión y edición del libro es importante el diálogo telefónico de 1º de julio. Francisco Botella llama a Valencia[351] y redacta una nota de la conversación para entregar al Autor:«Hemos hablado por teléfono con Valencia. Se ha puesto al aparato Alfredo [Sánchez Bella]. Noticias que da: [...] La prueba del libro quedará hoy corregida. Resulta en buenas condiciones, acoplándose a las directrices que se les dieron. Tiene cerca de 200 páginas. Estará para Santiago. De papel bueno no se pueden tirar más que 5.000 ejemplares, el resto se puede hacer en papel de clase inferior, a no ser que se espere a encontrar ocasión oportuna para mejorarlo. De momento, no hay más de la calidad primera. El coste no será superior al previsto: alrededor de 5.000 ptas. Los folletos de Santo Rosario están ultimados. Los tiene Alfredo»[352].Pienso que lo que dice Botella es que ya están empezando a entregar desde la imprenta las «primeras pruebas» en sentido propio (galeradas) y que van a salir unas 200 páginas de texto. En Valencia ya las están corrigiendo. Así lo explica Casciaro, que ahora está allí con el Cuartel del General Orgaz:«Alfredo ha empezado a corregir las pruebas del libro. Rafael [Calvo Serer] me ha dicho hoy que conviene que las revise yo también para que no se escapen erratas; él no puede hacerlo por la prescripción del médico de que no deje Burjasot y no altere el régimen»[353].El día 11 Casciaro escribe al Autor para comunicarle que al final de esa semana el libro «estará ya ajustado y podré corregirlo conjuntamente con Rafael»[354]. Si es técnicamente exacto lo que dice Casciaro, esto significa que Sánchez Bella ha corregido las primeras pruebas, que a continuación se han incorporado en la imprenta los errores y erratas descubiertos y que han pasado ya a «ajustar» el libro –y a paginarlo–: estas «segundas pruebas» son las que van a corregir Calvo y Casciaro. Realizada esta operación, Fuenmayor va el 21 de julio a Madrid con las pruebas y Calvo, ese mismo día, anota con su peculiar terminología:«Al tener las pruebas del 3er formato de Camino, Amadeo las lleva a Madrid, donde pasa unos días y se da la forma definitiva»[355]. En Madrid, cuando llega Fuenmayor, están en plena mudanza: dejan Santa Isabel y se trasladan a unos pisos de la calle Jenner, sede de la nueva Residencia de Estudiantes (la de Ferraz ha quedado por completo impracticable). El domingo 23 ya duermen todos en la nueva casa, pero no San Josemaría, que está desde el día 19 en Ávila con el Obispo de la Diócesis, don Santos Moro[356]. El Prof. Fuenmayor se queda en Madrid esperando al Fundador del Opus Dei, que vuelve el día 25 y examina el paquete de pruebas corregidas. Este tránsito del «3er formato» a la «forma definitiva» es el que ofrece más dificultades de interpretación. ¿Qué ocurrió? La carta de Sánchez Bella a San Josemaría, que trae consigo Fuenmayor, pone de manifiesto que lo que se espera del Autor no es una corrección de pruebas, sino la conformidad con el «formato», es decir con la estructura y paginación del libro. Sánchez Bella espera incluso una simple llamada telefónica, para pasar a imprimir[357]. No fue así. Fuenmayor vuelve a Valencia el 29 de julio[358] llevando no simplemente unas pruebas corregidas, sino instrucciones para la «forma definitiva» (el 4º formato, que diría Calvo), que implicaba pasar –manteniendo la composición– de las 200 páginas, más o menos, que tenía el «formato 3º», a las 336 del libro actual. Fuenmayor, al regresar a Valencia, escribe al Autor –después de conversar detenidamente con Casciaro y Sánchez Bella– diciendo que el libro «comenzará a imprimirse inmediatamente, aunque elevando el precio a 10 ptas., para salvar la edición, dados los gastos inútiles del formato corregido»[359].Qué sean «forma», «formato», «prueba», «pruebas» en toda esta correspondencia no lo sabemos con certeza. Lo que sabemos es que todos estos cambios hicieron muy lento el trabajo, aparte de encarecerlo. El libro, que aseguraba Sánchez Bella iba a estar el día de Santiago, está todavía en 1º de agosto con la cuestión de los «formatos». En todo caso, parece que la edición ahora se encamina en línea correcta: se empezará a imprimir inmediatamente, dice Fuenmayor. También esto hay que entenderlo bien: quiere decir –me parece– que se iba a proceder primero a la preparación de la «forma definitiva», para lo que haría falta algún tiempo en la imprenta, nuevas pruebas y proceder a corregirlas[360]. El 10 de agosto, finalmente, está a punto el nuevo «formato» y se hace la corrección de pruebas. El propio Fuenmayor informa al Autor:«Anteayer corregimos las pruebas del libro, que, por cierto, no tenía casi ninguna falta y que, al parecer, resultará estupendo de presentación»[361].Pienso que el nuevo «formato» no implicaba «componer» de nuevo, sino, aprovechando las líneas compuestas, reestructurar la paginación, los blancos y la distribución del texto: es decir, «ajustar» de nuevo un texto que ya había sido corregido en «galeradas» (Sánchez Bella) y en «segundas pruebas» (Calvo Serer y Casciaro) y revisado en Madrid, posiblemente por el propio Autor. Por eso puede decir Fuenmayor que ahora, al corregir, apenas habían encontrado faltas. Pero esa nueva paginación tendrá que verla el AutorNuevo viaje a Madrid. El día 21 llegan, con Alfredo Sánchez Bella, estas «terceras pruebas», que Calvo llama «pruebas completas»[362]:«Han venido los valencianos Alfredo y Salvador [Senent]. Están muy satisfechos de la marcha de los asuntos en Valencia. Han traído las pruebas del libro Camino. Tal vez esté tirado a final de mes»[363].Siempre el optimismo de Sánchez Bella. El libro saldrá en efecto a fin de mes, pero del mes siguiente... No obstante, tenía motivos para estar contento, pues estas pruebas eran ya prácticamente el libro. Son las únicas pruebas de todo este proceso que conocemos; ciertamente, en cantidad simbólica, gracias al expediente de censura gubernativa, que el propio Sánchez Bella debió gestionar con ocasión de su visita. Lleva la fecha (de entrada y de salida) de 24 de ese mismo mes de agosto[364]. Lo que ahora nos interesa es que en el expediente están las cuatro primeras páginas de las pruebas de C: portada, página de créditos, página con el Prólogo de Lauzurica –que finalmente se llama «Introducción»– y página con las palabras del «prólogo» del Autor. Son efectivamente «segundas» o «terceras pruebas», prácticamente idénticas al texto definitivo. La más destacada diferencia con éste se encuentra en que la página de créditos no incluye todavía el imprimatur. Sánchez Bella regresó a Valencia con las «pruebas completas» provistas del visto bueno del Autor. En «La Semana Gráfica» corrigieron y ajustaron definitivamente el texto, y los moldes fueron finalmente trasladados a los talleres de «Gráficas Turia», donde el libro se había de imprimir. Allí estaban depositados, ya desde el mes de julio, el papel y la cartulina para la edición. Del 5 al 20 de septiembre Josemaría Escrivá, acompañado de Álvaro del Portillo, está otra vez en Valencia. Del 10 al 16 predica de nuevo EjEsp en Burjasot. El Autor gestionó entonces con don Antonio Rodilla, Vicario General de la Archidiócesis, todo lo relativo a la censura eclesiástica del libro con vistas al «imprimatur», que lleva fecha de 8 de septiembre[365]. Ese mismo día hay una escueta anotación del Diario, que nos habla de una visita del Autor a «Gráficas Turia», donde el libro estaba ya dispuesto para la tirada:«El Padre, con Álvaro, Alberto [Sols] y Rafael [Calvo] da los últimos toques en la imprenta»[366].Esos «toques» tenían un contenido muy concreto y sencillo: remodelar la página reverso de la portadilla para incluir el imprimatur de que hablamos. El libro quedaba así en condiciones de proceder a la tirada. El día 13 Álvaro del Portillo llama a Jenner para que dispongan espacio para almacenar el libro[367]. El 20 de septiembre San Josemaría, acompañado por del Portillo regresa a Madrid[368]. A fin de mes salen los primeros ejemplares. Se acabó de imprimir –dice el colofón– el 29 de septiembre.»No debemos seguir avanzando en la descripción del proceso editorial en Valencia sin hablar ya despacio de la tan traída y llevada cubierta de los «nueves» de esta primera edición, a la que hemos hecho alusión en diversas ocasiones. El tema lo había ya señalado el Autor en Burgos, como bien sabemos, pero fragua en Madrid en pleno mes de julio, cuando se adquirió la cartulina para las tapas y parecía inmediata la edición del libro[369]. La información proviene, fundamentalmente, de un intercambio de cartas de Fisac con Casciaro y Sánchez Bella, y de las conversaciones del primero con el autor de esta edición crítica. Pero comencemos dejando la palabra al propio Autor, que evoca el tema en 1955. Le habían preguntado por C: «En cuanto a la presentación de Camino, quise romper la tradición española de presentar los libros piadosos con portadas negras, y le dije a Miguel Fisac que lo hiciese con formas nuevas, para que llegase a todos los lugares»[370].El diseño de la cubierta, realizado en efecto por Fisac, había sido muy contrastado y tenía la aprobación del Autor. Ya estaba en Valencia. Pero Fisac se preocupó cuando Sánchez Bella le dijo que la cartulina adquirida para la cubierta del libro era de color naranja. Esto no encajaba con el verde que el diseño preveía para los «nueves». Con estos datos el lector se sitúa ante esta carta de Casciaro a Miguel Fisac:«Querido Miguel:Contesto a tu conferencia telefónica remitiéndote una muestra de la cartulina de que se puede disponer. En Valencia no hay otra cosa y parece que fuera de Valencia tampoco en la cantidad que se necesita. Realmente no es ni mucho menos color naranja. Tal vez iría bien si el verde [se refiere al verde de los «nueves»] es muy intenso. Esto, unido a la banda de papel, que en este caso puede ser blanco con letras rojas.Otra solución pudiera ser poner una envoltura de papel satinado blanco con el dibujo proyectado para la portada. No sé si me entiendes; por supuesto, te estoy escribiendo a una mecha imponente.Contesta enseguida, a ser posible por teléfono, sobre si la cartulina sirve. Yo he perdido el sentido estético y quizá por eso me parece aceptable. En caso de emplearla, creo que debiera ponerse por el lado más áspero.Manda el Ex-libris!Escribiré luego más despacio. Quiero que la cartulina no pierda el correo de hoy. […] Abrazos. Pedro»[371].El día 15 Sánchez Bella llama a Fisac para urgirle la respuesta a este tema y a otros pendientes. El Autor está ya en Madrid de vuelta de Vitoria y Fisac puede consultar con él los diversos asuntos. Ese mismo día escribe Miguel esta carta, que señala lo que realmente se hizo en la cubierta del libro:«Querido Alfredo: Como ya te he dicho por teléfono, te pongo unas letras para terminar de concretar algunas cosas del libro. Se puede con esa cartulina encuadernar el libro y después poner como un forro de papel muy blanco y mate, en donde vaya la portada. No hará esto raro, pues en libros –sobre todo extranjeros– es muy corriente. Este como forro debe ir pegado a la cartulina por el lomo.Como no me fío mucho de mis formas de expresión te hago un pequeño esquema[372]. No creo que haga falta decir que tanto las pastas como el forro deben ser algo mayores que el resto de las hojas, 5 mm. por ejemplo. He hecho dos o tres intentos de Ex-libris y no sale. Podríais ensayar poner la misma greca de la portada en la contraportada o simplemente dejarla en blanco, con el precio marcado en la parte inferior.[…]Un fuerte abrazo, Miguel»[373].A la luz de esta correspondencia parece claro: a) que se acepta la solución que Casciaro propone ante el «naranja» de la cartulina: una sobrecubierta de papel blanco –muy blanco, subraya Fisac–, pero no satinado –como apunta Casciaro– sino mate, y pegada esa envoltura al lomo. Igualmente se aceptó la faja con el texto en letras rojas. Así se hace y así está en los ejemplares del libro;b) que el diseño originario de la cubierta preparada por Fisac incluía ya los nueves como «greca»: no es la cubierta originaria un conjunto de tres nueves verticales, sino una greca de nueves, con tres nueves enteros en el centro y dos medios nueves en los extremos;c) la novedad que ahora introduce Fisac es la alternativa al ex-libris, que «no le sale» con las prisas: propone reproducir la greca de los nueves también en la sobrecubierta posterior, que es lo que efectivamente se hará.El diseño originario de la cubierta no se ha conservado. Pero se conserva el boceto de la greca de los nueves, que Fisac tenía entre sus papeles de arte y arquitectura y que regaló al autor de esta edición crítica con ocasión de nuestras conversaciones sobre el tema[374]. El boceto tiene el mismo diseño –exacto– que los nueves de la greca del libro, pero algo más pequeño: el nueve tiene 4’2 cm de altura, y el de la edición príncipe 4’9. Es un trozo de papel fuerte para dibujo, tamaño octavilla, con el borde derecho cortado de fábrica y los otros tres bordes con señales de haber sido cortados a mano doblando previamente la hoja más grande de que procede. La greca, dibujada en vertical sobre la octavilla apaisada, está formada por un nueve en el centro, otro casi entero arriba y el inicio de otro nueve abajo (este inicio de abajo es lo que le falta al nueve de arriba). El color verde es más vivo que el de la cubierta del libro, que salió más atenuado. La greca de esta octavilla no es un trozo de una greca más larga –como será la del libro–, sino el esbozo completo. El Autor de C escribió en el dorso, de su puño y letra y con tinta: «En casa de Lázaro / Con los primeros Doce»[375]. Miguel Fisac, rememoraba esta historia en la ya citada conversación:«A su entender –soy yo el que relata– se cometieron dos errores en la imprenta: primero, que la greca de los 999 tenía que estar centrada sobre el nombre del autor y no desplazada arbitrariamente a la derecha, como hicieron; segundo, el nombre Camino tenía que haber sido con letras más consistentes y enérgicas, de manera que destacara y dominara a la greca de los 999, que había de tener carácter de fondo. El nombre del libro salió de hecho con letras a su juicio demasiado tenues»[376].Debo agregar otro texto de mis notas de aquella conversación:«Otra cosa interesante que confirmó Fisac es que el nombre del Autor se compuso cuidadosamente en un tipo de letra inglesa que evocaba un tanto la grafía del Autor. Casciaro, que estaba en Valencia y que tenía la paternidad de la idea –comento yo por mi cuenta–, no volvió a insistir en que el título del libro fuera autógrafo del Beato Josemaría»[377].El libro tenía, pues, 999 consideraciones –agrupadas en 46 caps–, que en la tradición editorial y espiritual se conocen como los puntos de C. Este número dio lugar a muchas habladurías. En el coloquio romano que he citado más arriba preguntaron al Autor sobre el tema:«999 era una devoción un poco ingenua a la Trinidad. Por jugar me gusta el 1, el 7... algunos han querido buscar una razón esotérica, pero no existió»[378].La realidad era así de sencilla... y profunda: el número 999, elegido para el último punto de C, respondía al amor de San Josemaría a la Trinidad[379], que se expresaba en el «juego» y en el «mensaje» de los números, como en la antigua tradición filosófica y patrística. Lo mismo ha de decirse –aunque esto no trascendió a los maliciosos– de la edición a velógrafo de Cem, cuyo número de consideraciones tenía también, aún más evidente, una «clave trinitaria»: 333. Su predilección por el 3 y el 9, como expresión de su amor adorante a la Santa Trinidad de Dios, la había explicado ya en un documento de 1935: «Hágase con los nuevos alumnos grupos de nueve. Podrían ser grupos de ocho o de once: se cumpliría igualmente la finalidad, que no es dar aires de conferencia a la charla de formación, y adquirir el ambiente cordial, de familia, que es uno de los caracteres de la obra de San Rafael. Ponemos 9 (3+3+3), por devoción a la Trinidad Beatísima»[380].Venían precedidos los 999 puntos por una página, sin título alguno, con unas breves palabras al lector, que son un desarrollo de las líneas del mismo tipo que ya estaban en Cec. El Autor quiere meter a los lectores «por caminos de oración y de Amor». Tienen gran importancia estas líneas a la hora de situar la intencionalidad del Autor al escribir el libro, tema del que nos ocupamos infra § 11, 1. Y antes, bajo el título «Introducción», el prólogo de Lauzurica, que capta bien la fuerza interior del libro y la radicalidad cristiana que plantea a los lectores.Pasemos ahora a describir formalmente el libro cuyo proceso redaccional y editorial hemos seguido. La edición príncipe de C es en cuarto mayor. Sus medidas son: 18 x 26 cm. Está encuadernado en rústica y la cartulina usada para las cubiertas es de un color beige verdoso –llevaba razón Casciaro al decir que no era naranja–, con una sobrecubierta de color blanco mate, que hace en realidad de cubierta del libro: está pegada a la cartulina por el lomo, abrazándola con unas solapas en blanco. En la sobrecubierta anterior está la portada de los «nueves»: a 3 cm del borde superior está en letra inglesa el nombre del Autor, con grafía que recuerda a su propio autógrafo: todo en letra minúscula, con el acento ortográfico fuertemente señalado en «josé» y en «escrivá» y ausente en cambio en «maria». El título del libro –Camino–, a 9’3 cm del borde inferior, con diseño en versales del tipo Bodoni Antica, afinado, de 27 mm de altura. La greca de los «nueves», vertical, que hace de fondo, está desplazada hacia la derecha, a 8 cm del borde izquierdo; es de color verde bastante intenso, con tres nueves íntegros en el centro y dos medios nueves junto a los bordes inferior y superior del libro. En la sobrecubierta posterior se repite la greca verde con la misma estructura y disposición. El juego de verde y negro será la motivación estética de la edición.El libro tiene 336 páginas: 21 pliegos de 16 páginas, numerados –los pliegos– en el ángulo inferior derecho. Los pliegos vienen sin cortar en el borde superior. El papel es de buena calidad: blanco mate, un punto ahuesado, con mucho cuerpo. Sin páginas de respeto, el libro comienza directamente por la portadilla (pg 1), con el título a 8 cm del borde inferior, en verde y caja alta de 18 puntos. La pg 2 está en blanco. La portada, pg 3, tiene caja alta de tipo de palo (Helvética) y textos centrados: el nombre del Autor, de 4 mm y a 4 cm del borde superior; el título del libro, en verde y caja alta de 13 mm. A 4 cm del borde inferior, en dos líneas, la ciudad y la fecha, en romanos, de 3 mm: valencia | mcmxxxix. En el reverso de la portada está la página de derechos, en cuerpo 8. En la parte superior derecha se lee: «Es propiedad | Queda hecho el depósito que marca la Ley | Copyright, 1939, by | Ediciones C. I. D. [en tinta verde] | Printed in Spain». En posición simétrica, en la parte inferior de la página, la autorización eclesiástica: «Imprimatur: | Valencia, 8 de septiembre de 1939 | Antonio Rodilla | Vicario General». Debajo, a la izquierda, a 3’5 cm del borde, los datos de la impresión, en composición sencilla en versalitas[381]: «gráficas turia | pintor s. abril, 12 | teléfono 10-0-77 | valencia». La pg 5 es la «Introducción» de Lauzurica, compuesta en cursiva de cuerpo 12 y en caja de 7 cm de ancho. La pg 7, con caja de 8 cm, contiene las palabras del Autor al lector: están en la segunda mitad de la página y son 14 líneas, dispuestas en forma de composición poética, en negrita y con un tipo peculiar de letra. El Índice del libro está en las páginas 9 y 10, compuesto en mayúsculas de cuerpo 10 y con las letras espaciadas. En la página 11 comienza el texto del libro. La caja es de 24’5 x 40’5 cíceros, lo que proporciona a las páginas una gran belleza y una notable amplitud a los márgenes: 3 cm para los laterales y 5 para el superior y el inferior. En las cornisas par e impar de las páginas y en caja alta figuran, respectivamente, el nombre del Autor y el título del libro; ambas cornisas se sitúan junto al lomo, separadas de la caja del libro por un filete muy fino, situado a 1 cm de la caja y recorriendo toda la anchura de ésta. En el margen inferior, a algo menos de 1 cm de la caja, centrado y entre guiones amplios, figura el número de cada página. Los títulos de los 46 caps del libro están en portadillas de caja alta y color verde, letra del tipo Belwe Medium, cuerpo 18. El texto de cada cap comienza en página impar a 10’5 cm del borde superior, con letra del tipo Centenial, cuerpo 10 en negrita. El número de cada punto de C, alineado en el margen izquierdo, es, como las portadillas, tipo Belwe Medium de cuerpo 16, impreso con tinta verde. El espacio en blanco entre los distintos puntos oscila en torno a 1 cm.El texto del libro acaba en la pg 328 y en la 329, sin portadilla previa, comienza el «Índice alfabético», con la misma caja y en negrita, como el texto: los 135 conceptos van en mayúsculas, seguidos en la misma línea de los números de los puntos correspondientes de C. En la pg 336, sin numerar, figura el colofón, en forma de pirámide truncada e invertida, que dice: «Se acabó este libro de imprimir | en los talleres «gráficas | turia», de valencia, el día | 29 de septiembre de | mcmxxxix». Fuera del colofón, como añadido en la parte inferior de la página, en mayúscula de cuerpo 13 y color verde, se lee: «año de la victoria»[382].Al comenzar las gestiones de edición en Valencia el Autor dio un criterio a los que las hacían: «Creo que, al poner precio al libro, debéis fijaros en el que ahora es corriente: ni más, ni menos»[383].Fisac transmite este criterio a Sánchez Bella, pero ya aplicándolo al caso concreto:«El precio, ya te he dicho, el corriente en los de presentación análoga: yo creo que como mínimo 7’50, pues si dices que cuesta 4 ptas. la impresión y una que habría que darle al librero, hay que dejar un margen de 2 ó 3 ptas., por lo menos, de ganancia»[384].Después de los gastos ocasionados por las rectificaciones de composición y formato, en Valencia calculan que el precio ascenderá a 10 ptas[385]. Con este precio salió a la calle, solemnemente declarado en la contraportada: «Precio: 10 pesetas». Pero unos meses después, ya en 1940, fue elevado a 14 ptas[386].En la edición de Valencia, uno de los datos que se lee en el anverso de la portada es que el libro está editado por «Ediciones C.I.D.» Que hubiera una Casa editora para el libro, es algo que se debió decidir después de obtener la censura gubernativa (24 de agosto), en la que –como hemos visto– figura el Autor como editor de su propia obra. En agosto se habían ya comenzado gestiones para ver qué se hacía con C una vez editado. Así lo escribe José Manuel Casas Torres[387], que afirma que esas gestiones llegaron a buen término y, a finales de agosto y a nombre de la citada editorial, se alquilaron dos habitaciones de la calle Samaniego 9, para guardar los ejemplares de C al salir de la imprenta. Ese pequeño piso servía a la vez como lugar de encuentro de los miembros del Opus Dei, que lo llamaban humorísticamente «El Cubil». No recuerda Casas Torres que la «editorial» fuera registrada como tal: las siglas –me explica– no son siglas de nada, sino una alusión a la legendaria figura del «Cid Campeador», que conquistó la ciudad de Valencia. No he encontrado dato documental alguno acerca de la tal editorial, que, por supuesto, no editó ningún otro libro. ¿Cuál fue realmente la tirada de la edición príncipe? Como sabemos por la carta de Casciaro antes citada[388], la idea inicial era una tirada de 10.000 ejemplares. Pero al clarificarse que se trataba de hacer no un librito, sino un libro de amplio y elegante formato, con cuidados espacios blancos, se vio que el papel no daba para esa tirada. Botella, en efecto, escribe en julio al Autor, como hemos visto, de parte de los de Valencia, que «de papel bueno no se pueden tirar más que 5.000 ejemplares, el resto se puede hacer en papel de clase inferior»[389]. La tirada final fue de unos 2.500 ejemplares, según consta en el expediente de censura del Ministerio[390], aunque este tipo de datos no siempre es fiable[391]. Pero en este caso lo es. El impresor, ciertamente, en la factura que hemos citado, no dice el número, pero disponemos de la factura del encuadernador. «Luis Navarro – Encuadernador» cobró 632’50 ptas. por encuadernar 2.300 ejemplares[392]. Es muy posible que quedaran los otros 200 ejemplares sin cubrir.El libro, por su diseño, el tipo de su letra, el juego de blancos y texto, no parecía «un libro de rezos». La cubierta fue un gran éxito y gustó muchísimo. Los primeros ejemplares los trajo a Madrid Alfredo Sánchez Bella la víspera del 2 de octubre de 1939, aniversario de la fundación del Opus Dei[393]. El lunes día 2 el Autor, acompañado por Álvaro del Portillo, fue al Obispado a dejar dos ejemplares. El ingeniero escribe el Diario de ese día:«Vamos a la Vicaría, donde el Padre deja dos de los ejemplares de Camino que anoche trajo Alfredo. Están francamente bien editados; la portada, que hizo Miguel Fisac, gusta a todos mucho. Los ejemplares que deja el Padre van dedicados al Sr. Obispo, que cada día nos trata –mejor dicho, habla del Padre y de nosotros– con más afecto, y a don Casimiro Morcillo, el Vicario General»[394]. En Valencia la edición ya está completa y encuadernada el día 15 de octubre. Urge enviarla casi toda a Madrid, que para eso se encargaron las estanterías[395]. De momento, los ejemplares de C están amontonados en una habitación de «El Cubil», como recordaba el Autor, precisamente en Valencia, unos meses antes de su muerte:«Teníamos una casita aquí. Eran dos habitaciones y un pasillo. Una de las habitaciones estaba llena hasta los topes con la primera edición de Camino»[396].En Valencia se reparte el libro por las librerías y comienza la salida al público. Florencio Sánchez Bella evoca años después aquellos primeros intentos de distribución y sus dificultades:«Nosotros nos ocupamos directamente de esta tarea, cediendo en depósito unos cuantos ejemplares en las librerías que se interesaban por el libro. Recuerdo, por ejemplo, que el dueño de la librería Badal –una de las más conocidas de Valencia, especializada en temas religiosos–, después de ojear muy por encima la publicación, se negó a aceptar el depósito. Al ver la composición en puntos, arguyó que no le interesaban los libros de poesía»[397].Veinte días después de editado el libro, informan al Autor:«Aquí la venta va bien, pues ya hemos ‘encajado’ alrededor de 100 ejemplares. Dentro de unos días remitiré el informe completo económico de la edición. He tenido un poco de ‘jaleo’ con los impresores, porque querían más dinero, pero al fin lo hemos solucionado»[398]. Estaban contentos porque habían colocado a los libreros ¡100 ejemplares! También lo estaba el Autor, que treinta años después recordaba aquellos primeros momentos del libro:«Al principio pensaba que sólo venderíamos 3.000 ejemplares en toda la vida, y ya veis el resultado: es más que humano»[399]. [1] Una sobria y acertada información sobre los ámbitos temáticos en que se mueve nuestra investigación se encuentra ya en Josep Ignasi Saranyana, «Cincuenta años de historia», en Estudios sobre ‘Camino’, 1988, pgs 59-65. Basta transcribir los títulos de los tres apartados del breve artículo: Las fuentes de ‘Camino’, Historia de la redacción, Estructura del libro.[2] Se encuentran estos Cuadernos en las carp 5 (cuad. II a V) y 6 (cuad. VI a VIII dpdo) de AGP, sec A, leg 47. El Cuaderno I llegaba hasta marzo de 1930. «La razón que le movió a destruirlo –escribe Álvaro del Portillo en la Nota preliminar a esos Apuntes– fue que ahí había consignado muchos sucesos de tipo sobrenatural y muchas gracias extraordinarias que le concedió el Señor» y «no quería que, basándonos en esos dones extraordinarios, le tuviésemos por santo, cuando no soy más que un pecador».[3] Los Cuadernos son todos apaisados, menos este VIII dpdo, que es prolongado o vertical; y todos son rayados, menos el V, que es cuadriculado. Todos tienen pastas de hule, menos el II y el III, que tienen las pastas de cartón. Las hojas están numeradas sólo en el anverso, ángulo superior derecho. Da la impresión de que el Autor va numerando conforme escribe las hojas; además, utiliza esa numeración, mientras escribe, para hacer remisiones.[4] Descripción infra § 4.[5] Estos cuatro documentos, de puño y letra del Autor, son las cuatro primeras relaciones de la carp 2 de AGP, sec A, leg 47. Las notas de los Ejercicios que hizo en Pamplona (1937) y en Silos (1938) las escribió sobre el Cuaderno VIII dpdo.[6] Cuaderno de 50 hojas rayadas y dos de respeto no rayadas, ni numeradas. En la hoja 1 el Autor recortó más de la mitad de la hoja, de manera que ahora sólo pueden leerse las cinco últimas líneas de hoja 1r y 1v.[7] Cuaderno de formato idéntico; parece que las hojas que le faltan en la parte anterior fueron arrancadas antes de empezar a escribir.[8] Más dos de respeto, no rayadas. La última de estas dos está escrita por el Autor, sin numerar.[9] Más una hoja escrita sin numerar. Siguen 21 hojas en blanco.[10] El Cuaderno VIII tiene 100 hojas, con las dos partes (1ª y 2ª) que hemos dicho. Quedan 26 hojas en blanco.[11] «Cuartillas» en un sentido genérico: escribir «unas cuartillas» no indica necesariamente «cuartillas» en sentido propio. Pueden ser, por ej, «octavillas», como el mismo Autor afirma refiriéndose a éstas de que estamos hablando. En 1948, en una rememoración manuscrita de su primer encuentro con el P. Sánchez, que sería su confesor y director espiritual durante todo el período que a nosotros nos afecta, escribe el Autor: «Quedamos en que yo le llevara unas cuartillas –un paquete de octavillas, era–, en las que tenía anotados los detalles de toda la labor. Se las llevé. El P. Sánchez se fue a Chamartín un par de semanas. Al volver, me dijo que la obra era de Dios y que no tenía inconveniente en ser mi confesor» (Apínt, Apd XII, nº 1866, Roma 14-VI-1948). En el Cuaderno II, nº 72, ya había relatado la citada entrevista, que tuvo lugar el sábado 5 de julio de 1930; y a continuación (nº 73) se lee: «El domingo, día 6 de julio, entregué al P. Sánchez estas cuartillas, en el Patronato, cuando vino a los exámenes de la Preservación de la Fe. El lunes 21 del mismo mes, en Chamartín, me devolvió las notas».[12] Digo esto porque en los Cuadernos se mantiene siempre la secuencia cronológica.[13] Entiendo que fue a raíz del 21 de julio de 1930, día en que el P. Sánchez le devuelve las 235 cuartillas que le había entregado. En junio las había dado a leer a un joven estudiante de Arquitectura, José Romeo, el primero que se acercó al Opus Dei. Su testimonio, escrito en 1934, es en este sentido del máximo interés: «Cuando en junio de 1930 vine a examinarme, me quedé ya con mi padre en Madrid puesto que aquel verano trasladaron la casa de Zaragoza a la que habíamos de tener en Madrid. Me hospedé en Miguel Moya 4, donde estaba mi padre. En un cuarto de aquella casa leí las octavillas que me dio el Padre para que aprendiese más sobre el estado a que Dios me llamaba. Eran las que él llamaba «catalinas» pero que entonces no habían adoptado la forma de los Cuadernos» (José Romeo, Testimonio manuscrito, Madrid 1934, pg 4; AGP, sec A, leg 12, carp 4, exp 1). La expresión de Romeo («el estado a que Dios me llamaba») es deudora de la terminología de la época: San Josemaría le dio los papeles para que conociese mejor el Opus Dei, en el que no hay cambio de estado. ―José Romeo Rivera (1912-1985) había nacido en Zaragoza y era estudiante de arquitectura en esos años. Conoció al Autor en 1926, en Zaragoza, por medio de su hermano Manuel, compañero de Escrivá en la Facultad de Derecho. Cuando José se trasladó a Madrid, en 1929, para hacer sus estudios universitarios, volvió a ponerse en contacto con el Autor y participó en sus proyectos apostólicos. Vid Vázquez de Prada, I, pgs 446-448.[14] Apínt, nº 95, en Cuaderno II, pg 43r. Hay, pues, que distinguir, entre lo que el Autor llamará «las primitivas cuartillas» (Cuaderno IV, nº 414, 24-XI-1931), y ya antes las «primeras cuartillas» (Cuaderno II, nº 69, 16-VI-1930), que son las entregadas al P. Sánchez, y el resto de las cuartillas, las escritas desde el 21 de julio de 1930 hasta el 23 de octubre de ese mismo año: las que se pusieron «a la cola» para ser transcritas.[15] En el Cuaderno II se alude a las cuartillas números 158 (Apínt, nº 36), 165 (Apínt, nº 36) y 235 (Apínt, nº 72). Las cuartillas estaban numeradas por un solo lado: era el estilo habitual del Autor.[16] Cuaderno IV, nº 273, 8-IX-1931. La primera cursiva es mía. Sobre este pasaje del Cuaderno vid com/103 nt 82. El texto continúa: «Y después, ayer tarde, hoy mismo, cuando he vuelto a leer estas palabras (pues, –repito– como si Dios tuviera empeño en ratificarme que fueron suyas, no las recuerdo de una vez a otra) he comprendido bien que Cristo-Jesús me dio a entender, para consuelo nuestro, que «la Obra de Dios estará con El en todas las partes, afirmando el reinado de Jesucristo para siempre».[17] La adición no tiene fecha, pero por la letra, la tinta y la grafía no parece muy posterior a la del texto.[18] Álvaro del Portillo así lo explica en la Nota preliminar a los Apínt: «Después las transcribía en cuartillas con una redacción completa, y finalmente las pasaba a estos cuadernos».[19] Cuaderno VI, nº 838, 2-X-1932: «Mañana voy a Segovia, a ejercicios, junto a S. Juan de la Cruz. He pedido, he pordioseado mucha oración. Veremos»; cursiva del original. Nº 839: «Día 14 de octubre de 1932: aparte guardaré los apuntes de mis ejercicios espirituales».[20] Valentín María Sánchez Ruiz S.J. (1879-1963). Fue confesor del Fundador del Opus Dei desde 1930 hasta 1940. No tuvieron relación durante los años de la guerra civil y, antes, durante algún tiempo, con motivo de la expulsión de la Compañía en la República. El P. Sánchez hizo una labor benemérita en el mundo de las publicaciones católicas, a través de la editorial «El Apostolado de la Prensa». Fue muy conocido su Misal para uso de los fieles.[21] Apínt, Apd XII, nº1866, Roma 14-VI-1948.[22] «Quemé uno de los cuadernos de apuntes míos personales –hace años–, y los hubiera quemado todos, si alguien con autoridad y luego mi propia conciencia no me lo vedaran» (Ibidem, nº 1862).[23] Desde luego, no antes de 1935. Hay en el AGP un paquete de fichas manuscritas sacadas de los Cuadernos por el propio Josemaría Escrivá (en cada una pone el Autor la referencia al Cuaderno y a la página), en las que hay textos de los ocho cuadernos escritos hasta entonces, incluido el primero. La confección de estas fichas hay que situarla, como digo, en torno a 1935.[24] Y la razón de los dos o tres que se conservan es muy clara. Por ej, porque el Autor aprovechó el dorso para hacer el guión de una meditación, y los guiones los guardaba. Vid la «cuartilla» descrita en com/172.[25] Apínt, Apd XII, Roma 14-VI-1948, nº1862.[26] Notas del coloquio de Caracas, 9-II-1975; texto en AGP, sec P, leg 4, 1975, pg 142. El gran reencuentro con los Cuadernos fue al regresar a Madrid al término de la guerra civil. Los había conservado su madre y los releyó. Puede ser ésa la fecha, abril de 1939, en la que quemó el Cuaderno I y la colección de cuartillas.[27] Cuaderno IV, nº 409, 22-XI-1931. [28] Cuaderno V, nº 805, 12-VIII-1932.[29] Cuaderno IV, nº 230, 15-VIII-1931.[30] Cuando el lector se encuentre en el Comentario los pasajes de Apínt que consideramos fuente de puntos de C, distinguirá fácilmente en cuál de estos cuatro sectores o niveles encaja el texto de que se trate. De ordinario no hemos estimado necesario hacerlo constar.[31] Sebastián Cirac Estopañán (1903-1969), nacido en Caspe (Zaragoza). Sacerdote, canónigo de Cuenca y catedrático de Griego en la Universidad de Barcelona. Conoció y trató al Autor en los años treinta, llegando a ser uno de los primeros sacerdotes que se asociaron al apostolado del Fundador del Opus Dei, antes de la guerra. En 1934 se trasladó a Alemania, por motivo de estudios. Mantuvo el trato, la amistad y la confianza con San Josemaría hasta el final de su vida.[32] Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Toledo 13-vi-1940; AGP, sec A, leg 55, carp 3, doc 9. Ese encuentro con el Autor de C, al que se refiere Cirac, tuvo lugar a finales de      1930. Cuartillas, papeletas, octavillas... ¿Se trata de lo que el Autor llamará después las «cuartillas primitivas»? En todo caso, las «primitivas cuartillas» son las que el Autor señala muy exactamente en el nº 73 de sus Apínt, cuando, transcrita la hoja 233, explica en la 234 –con fecha sábado 5 de julio de 1930– cómo el domingo entregó este material al P. Sánchez en el Patronato de Santa Isabel. Vid supra, en este mismo § 3, la nt 11.[33] La historia de la redacción de Camino es en gran parte fruto de esta riqueza espiritual: primero, la edición a velógrafo de Consideraciones Espirituales en dos fascículos; luego, el opúsculo del mismo título; finalmente, el libro que nos ocupa. —Un dato sobre este crescendo. Las consideraciones que contiene el fascículo proceden: 6 tal vez del Cuaderno I de Apínt (el que quemó), otras 6 del Cuaderno II, 10 del III, 44 del IV, 112 del V, 8 del Apd I (sus notas de los EjEsp en Segovia) y 61 del Cuaderno VI, que era en el que iba escribiendo cuando puso punto final y mandó mecanografiar el texto. Vid infra nt 42.[34] Apínt, nº 263, 2-IX-1931; cursiva del Autor.[35] Apínt, nº 167, 23-II-1931.[36] Apínt, nº 446, 3-XII-1931.[37] Apínt, nº 713, 10-V-1932.[38] Esto lo entendió muy bien don Leopoldo Eijo Garay, entonces Obispo de Madrid. Cuando hacía alguna sugerencia a Escrivá, enseguida añadía: «pero yo no puedo meterme; eso es cosa suya con Dios» (cfr Nota autógrafa del Fundador, 19-III-1941; AGP, sec A, leg 4, carp 12, doc 5). —Esta clara distinción es la que aplicaba personalmente San Josemaría, con toda delicadeza, en su tarea de dirección espiritual de personas que pertenecían o estaban en relación con instituciones de la Iglesia: «En 1927, tenía yo unos 25 años, me confesaba con el P. Rubio, S.J., Director del Patronato de Enfermos que llevaban las Damas Apostólicas. […] Me parece que mi hermana María Luisa, cuando no estaba el P. Rubio, se confesaba con don Josemaría y me comentó, en alguna ocasión, cómo le había impresionado su humildad: cuando le consultaba algún asunto que pudiera relacionarse con el Patronato, le contestaba siempre que le orientaría mejor el Director del Patronato [San José María Rubio]» (Emilia Zabaleta Corta, Testimonio, Las Palmas 19-VIII-1975; AGP, sec A, leg 100-59, carp 1, exp 9, doc 1).[39] Nt 759 a Apínt. [40] Ejemplares en AGP, sec A, leg 54, carp 1, exp 1. En nuestra investigación este pequeño fascículo será nombrado una vez y otra con la sigla Cem32 (es decir: Consideraciones Espirituales, Madrid 1932) seguida, si es el caso, del número de la consideración (por ej: Cem32/24). El texto de este primer fascículo se reproduce infra Anexo I.[41] En esta época el Autor se referirá con frecuencia a este fascículo (y al siguiente) llamándoles así: Consejos.[42] En realidad son 247, pues en la cd/239 el mecanógrafo fundió dos números claramente autónomos, que ya el autor corrigió en algunos ejemplares, concretamente en el que entregó al P. Sánchez, del que luego hablaremos, donde, de su puño y letra, asignó a la segunda frase de esa consideración el nº 239 bis. Las dos frases corresponden a los actuales p/944 y p/852 de C.[43] En Cem33 encontraremos consideraciones que se basan ya en notas de 5 de enero de 1933.[44] Isidoro Zorzano los tenía desde antes del día 18 de enero del 33.[45] El confesor se quedaba con ellas y se las devolvía, una vez leídas, unas semanas después. Es prácticamente seguro que lo que San Josemaría llevaba cada cierto tiempo a su confesor, en petición de consejo y discernimiento, no eran los Cuadernos mismos sino –como hizo la primera vez– «las cuartillas» que le servían de base. Un dato documental abona lo que decimos. En el ejemplar de Cem32 que lleva a su confesor, el Autor hace una anotación marginal a la altura de esta frase del n 194 (= C p/779): «Hijos, como nosotros lo somos del Padre Nuestro...». La anotación dice: «Antes ponía ‘Hijos, tanto como...’ y lo corrigió V., Padre». La corrección del P. Sánchez –que pasa a Cem32 (y después a C)– fue hecha sin duda sobre la papeleta que en su día le mostró el Autor, no sobre el Cuaderno IV (Apínt, nº 270), donde permanece intocada la redacción originaria. A su confesor, como dije, no le llevaba los Cuadernos, pues de ser así, quedarían bloqueados para nuevos apuntes mientras estaban en poder del P. Sánchez.[46] Notas de una tertulia, Roma 22-III-66; texto en AGP, sec A, leg 51.[47] Son las cd/46, 54, 119, 198, 200 y 201, que se corresponden, en C, a los p/81, 115, 284, 784, 657 y 658.[48] El Cuaderno I de estos Apínt, que llegaba hasta marzo de 1930, lo destruyó el Autor años después, como ya hemos dicho. Ninguno de esos puntos figura en el manojo de fichas pertenecientes al Cuaderno I citadas supra en nt 23.[49] Al que llamaremos Cem33: Consideraciones Espirituales, Madrid 1933, eventualmente seguido del número de la consideración; por ej: Cem33/280.[50] Conocemos la fecha, casi exacta, pero por otras fuentes, como veremos enseguida.[51] Se encuentra en AGP, sec A, leg 54, carp 1, exp 2. El Diario de Ferraz (17-I-1935; Sainz de los Terreros) da noticia de una limpia de papeles que hicieron en la Academia-Residencia: «Se quemaron también ejemplares de Consideraciones, los antiguos al velógrafo, quedándonos con sólo 3». [52] Vid infra § 6, nt 76-80.[53] Hay que hacer notar que el Autor «recupera» también un texto de la zona del Cuaderno VI ya utilizada en Cem32: la cd/190 (=p/599), que es de septiembre del 32 (Apínt, nº 824). Como dijimos, el patrimonio literario de Cem33 se sitúa en Apínt a partir de 5-I-1933.[54] La última del fascículo es también la última del 7 de julio, la 333 = C p/926.[55] Carta de Isidoro Zorzano a Josemaría Escrivá, Málaga 22-VII-1933; IZL, Epistolario, 40.[56] María Ignacia García Escobar (1896-1933), nacida en Hornachuelos (Córdoba), conoció al Autor de C en el Hospital del Rey, de Madrid, en 1932, donde era tratada de una tuberculosis, que le causó la muerte en septiembre de 1933. Se incorporó al Opus Dei en abril de 1932. San Josemaría la atendió espiritualmente hasta su muerte. Vid José Miguel Cejas, La paz y la alegría. María Ignacia García Escobar 1896-1933. En los comienzos del Opus Dei, Rialp, Madrid 2001.[57] María Ignacia García Escobar, Diario, 9-I-1933; AGP, sec A, leg 12, carp 4, exp 2. [58] Carta de Isidoro Zorzano a Josemaría Escrivá, Málaga 18-I-1933; IZL, Epistolario, 29.[59] Carta de Isidoro Zorzano a Josemaría Escrivá, Málaga 3-III-1933; IZL, Epistolario, 32. Alusión a Cem32/4 (= C p/279).[60] Carta de Josemaría Escrivá a Manuel Sainz de los Terreros, Madrid 24-VII-1933; EF 330724-2. El subrayado es mío. En nota a pie de página (edición del Epistolario de Josemaría Escrivá presentada a la Santa Sede para la Causa de Canonización) se lee: «Con el nombre de Consejos se designa aquí la primera impresión, a velógrafo, hecha en diciembre de 1932, del texto que, en 1934, con algunas modificaciones, fue editado en Cuenca con el nombre de Consideraciones Espirituales. Ampliado y revisado, este libro salió, en 1939, con el título de Camino.» Como se ve, el autor de esta edición desconoce la identidad de este «segundo fascículo» y piensa que en la carta se está hablando del primero. ―Manuel Sainz de los Terreros Villacampa (1908-1995), nacido en Solares (Cantabria), ingeniero de Caminos, conoció al Autor en junio de 1933, en su domicilio de la calle de Martínez      Campos. Desde entonces comenzó a dirigirse espiritualmente con el Fundador del Opus Dei y a colaborar en sus trabajos apostólicos. En agosto de 1936, San Josemaría estuvo refugiado en su casa de la calle de Sagasta, en Madrid, domicilio que tuvo que abandonar a causa de un registro hecho por las milicias populares en ese edificio. De resultas de dicho registro Sainz de los Terreros fue detenido y juzgado, quedando libre unos meses después. En octubre de 1937 formó parte del grupo de personas que acompañó al Fundador del Opus Dei en el paso a la otra zona de España a través del Pirineo. Desde esa fecha, por estar destinado en lugares distintos al de residencia del Autor, el trato se mantuvo fundamentalmente por medio de la correspondencia. Sainz de los Terreros siempre mantuvo gran estima y veneración hacia San Josemaría.[61] Carta de Manuel Sainz de los Terreros a Josemaría Escrivá, Fuenterrabía 7-VIII-1933; AGP, sec N-2, leg 146, carp C, exp 3. El subrayado es mío. [62] Carta de Isidoro Zorzano a Josemaría Escrivá, Málaga 22-VII-1933; IZL, Epistolario, 40. Se refiere sin duda al segundo fascículo, que el Autor le ha hecho llegar enseguida o que él recogió en Madrid. Lo que indica que hacia el 15 de julio ya estaba repartiéndose.[63] Carta de Josemaría Escrivá a Ramón Franquelo, Madrid 14-I-1934; EF 340114-1. ―Ramón Franquelo Ramos (1910-1936). Natural de Antequera (Málaga), era maestro nacional. Conoció al Autor a comienzos de 1932, en Madrid, mientras hacía el servicio militar, y empezó a dirigirse espiritualmente con él. Acabado este periodo, regresó a Antequera. En esta ciudad mantuvo el contacto con el Fundador de la Obra a través de la correspondencia y por medio de las visitas que, desde Málaga, le hacía Isidoro Zorzano. En agosto de 1936 murió fusilado.[64] Carta de Josemaría Escrivá a Rafael Roldán, Madrid 27-III-1934; EF 340327-1. Evidentemente el Autor escribe con las palabras mismas del prólogo que acaba de preparar para la edición impresa, como veremos. ―Rafael Roldán, cordobés nacido en 1900, doctor en Medicina, discípulo de D. Carlos Jiménez Díaz, había participado intensamente en los años 1932 y 1933 en las actividades de formación que dirigía el Autor de C. Había ganado una plaza de A.P.D. (Asistencia Pública Domiciliaria) y residía en Córdoba, manteniendo      trato y relación con Josemaría Escrivá por medio de la correspondencia y a través de Isidoro Zorzano. Con la guerra civil española perdió contacto con San Josemaría. Roldán recuerda que el Autor en aquellos años le entregó personalmente los fascículos. Roldán escribió un interesante testimonio, en el que, después de aludir al texto mecanografiado de Santo Rosario, que el Autor le dio, agrega: «lo mismo sucedió con unos pensamientos –escritos a máquina o a mano– y que él llamaba ‘Consejos’ que más tarde he encontrado como puntos de meditación de su actual libro ‘Camino’» (Rafael Roldán, Testimonio, Córdoba 14 de Junio de 1977; AGP, sec A, leg 100-49, carp 2, exp 15).[65] Carta de Isidoro Zorzano a Josemaría Escrivá, Málaga 6-III-1934; IZL, Epistolario, 58.[66] El Autor tenía una inmensa preocupación –podríamos decir– por el «mundo del libro» y ardía en deseos de «publicar» en letra impresa las maravillas de Dios. Del año 31, y de uno de sus Cuadernos es esta anotación: «A pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad es la verdad..., sin garabato), querría escribir unos libros de fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey» (Apínt, nº 218, anotación de 7 de agosto de 1931). Parecen palabras proféticas referidas precisamente al libro que empezaba a esbozarse en Cem32 y, sin embargo, pienso que las citadas cuartillas –como he apuntado– no tienen en su origen la voluntad de, con ellas, preparar un libro.[67] En el aparato crítico estos ejemplares se citan así: CemS.[68] La cursiva es del Autor.[69] Por una anotación de Apínt (nº 1050) sabemos que efectivamente ese día el Autor visitó al P. Sánchez: «Día 12 de agosto – 1933: Como sábado, me confesé. He contado al Padre S....». No alude aquí para nada a los fascículos. El Autor tenía en aquella época la costumbre de visitar los sábados al P. Sánchez para confesarse (cfr también Apínt, nº 1067: «Estoy malucho, muy acatarrado. Me confesé –es sábado– y el padre Sánchez...»).[70] Las cuartillas o papeletas de que hemos hablado; vid supra nt 11 y 32.[71] Vid Carta de Josemaría Escrivá a Manuel Sainz de los Terreros, Madrid 24-VII-1933; EF 330724-2.[72] No sabemos la respuesta del P. Sánchez. Como digo, ese mismo día 12 de agosto en que el P. Sánchez le devolvió los fascículos, anota la entrevista en sus Apínt, pero sin aludir para nada a esos textos. Es evidente que el confesor no tuvo nada que objetar y que le animó a publicar los textos, como se deduce de la actuación posterior del Autor.[73] El subrayado es mío.[74] «Moderad vuestra impaciencia, haced el apostolado del proselitismo con calma, despacio, al paso de Dios... Pero sin interrumpir jamás la labor ¡cueste lo que cueste!, mirando los acontecimientos y los hombres con ojos de eternidad» (Instrucción, 1-IV-1934, n 90).74b Una buena síntesis del significado, proyección y actividad formativa de la Academia DYA, en John F. Coverdale, La fundación del Opus Dei, Ariel, Barcelona 2002, cap 9 «El primer centro (1933-1934)», pgs 123-133.[75] Consideraciones Espirituales, Cuenca 1934: Cec.[76] La antigua máquina impresora de «La Moderna» se conserva hoy, como un venerable recuerdo, en el Instituto de Artes Gráficas - Tajamar (Madrid), una labor de apostolado corporativo del Opus Dei. Es una máquina francesa (dimensiones: 2 x 4 m. y 1’6 m. de alto) marca «Albert & Cie» Frankental, modelo «Universal», con impresión en tipografía planocilíndrica con marcado a mano de los pliegos. No tiene motor propio y se movía mediante una correa de transmisión desde un motor externo. El pliego máximo de papel que podía imprimir es de formato: 60 cm x 100 cm.[77] La Advertencia preliminar tiene esa fecha. También Ricardo Fernández Vallespín alude a esa fecha en su testimonio, Madrid 7-VII-1975, pg 16; AGP, sec A, leg 100-20, carp 2, exp 6. ―Ricardo Fernández Vallespín (1910-1988), nacido en El Ferrol (La Coruña), hizo la carrera de Arquitectura en Madrid. Conoció al Autor en mayo de 1933, en casa de José      Romeo, al que daba clases particulares. Comenzó a dirigirse espiritualmente con don Josemaría y se incorporó al Opus Dei en noviembre de 1933. Fue el primer director de la Residencia DYA. Se evadió a la zona nacional en mayo de 1937. Cuando Josemaría Escrivá llegó a Pamplona, en diciembre de ese mismo año, se reanudó el contacto habitual: abundante correspondencia y visitas a Burgos. En 1949 se ordenó de sacerdote.[78] 45/4, es decir, Cec pg 45, consideración que ocupa el cuarto lugar en esa página. Así citamos sucesivamente en esta IntrodGen. Los textos de Cec no estaban numerados.[79] Es el último punto de C escrito antes de la guerra civil española: «Frecuentas los sacramentos, haces oración, eres casto... y no estudias... No me digas que eres bueno: eres solamente bondadoso» (p/337).[80] Son las consideraciones Cec/70.2 (= C p/757) y 80.5 (= C p/851).[81] Son las cd/70, 72 y 115 de Cem32. Vid sobre este Decenario com/57. Las otras cuatro consideraciones de Cem que tampoco pasaron al texto impreso son: cd/68, 76, 253 y 284. De esta última sabemos –por unos restos de la copia, que quedó en poder del Autor, del texto enviado a Cuenca– que figuraba en la pg 7 del manuscrito (mecanografiado) para la imprenta, como punto que cerraba el cap «Dirección».[82] De ordinario, al transcribir deshacemos la abreviatura y ponemos «Obra de Dios».[83] El subrayado es mío.[84] Un sacerdote, José María Somoano (16-VII-1932), y un ingeniero, Luis Gordon (5-XI-1932). Vid José Miguel Cejas, José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei, Rialp, 2ª ed, Madrid 1995. Vid también las notas necrológicas de José María Somoano y de Luis Gordon, escritas por San Josemaría, en Vázquez de Prada, I, Apéndices XIII y XIV, pgs 623-626.[85] El subrayado es mío.[86] El subrayado es mío. [87] El subrayado es mío. De todas estas modificaciones se informa al lector en el aparato crítico.[88] Un trazo muy fino, centrado: lo que en tipografía se llama un «filete». Este sistema de separar los textos ofrece dificultad para distinguirlos cuando el final de una consideración coincide con el final de una página, porque en este caso se omite el trazo y, en consecuencia, no siempre es fácil saber si se trata de dos consideraciones distintas o continúa en la nueva página la consideración anterior. Como veremos, esto afectará a la situación de algunos textos cuando el Autor, en Burgos, realice la definitiva redacción de C.[89] Hay que poner la paginación de Cec. Son éstas: Cec/15.4 = Cec/90.1; Cec/36.1 = Cec/40.4; Cec/36.3 = Cec/97.2. Hay que tener en cuenta que esta última pareja de repetidos no fue advertida por el Autor al preparar en Burgos la edición de Valencia y, repetidos, pasarán a C: p/381 y p/940 (hasta la sexta edición no se advirtió el error; vid com a estos puntos).[90] Juan Francisco Morán Ramos (1874-1943), natural de Manzano (Salamanca), sacerdote, fue Vicario General de Madrid-Alcalá desde mediados de la década de los veinte hasta su muerte. Durante los años treinta el Autor tuvo frecuente trato con él tanto para asuntos de la diócesis como para temas relacionados con el naciente Opus Dei. El comienzo de la guerra interrumpió momentáneamente la relación, que se reanudó al llegar el Fundador del Opus Dei a Burgos y continuó después en Madrid.[91] Apínt, nº 1140. Álvaro del Portillo comenta en nota: «Era un cambio radical, el de don Francisco Morán. El Señor le había dado la vuelta, a través de las conversaciones con el Padre». [92] Vid Vázquez de Prada, I, pgs 255-259.[93] «En otra ocasión me entregó mecanografiado un comentario sobre los Misterios del Santo Rosario que luego he visto impresos en su libro del mismo título» (Rafael Roldán, Testimonio, Córdoba 14 de Junio de 1977; AGP, sec A, leg 100-49, carp 2, exp 15). Se conservan restos de un ejemplar de esta multicopia y, lo que es más importante, el fascículo autógrafo del Autor, que tiene fecha de diciembre de 1931: AGP, sec A, leg 58, carp 2, exp 1.[94] El original autógrafo de ambos textos se encuentra en AGP, sec A, leg 48, carp 1, exp 1 y 2, acompañado de ejemplares mecanografiados y a velógrafo y documentación complementaria. Los citaremos en lo sucesivo de forma abreviada: Instrucción, 19-III-1934 e Instrucción, 1-IV-1934, y a continuación el número marginal del texto impreso. Éste se encuentra en AGP, sec A, leg 48, carp 3.[95] Diario de Luchana, 31-III-1934; Sainz de los Terreros. Desde este primer «Centro» del Opus Dei, San Josemaría dispuso que en todos los Centros de la Obra se llevara un diario de familia, que reflejara la vida de cada día en el Centro y en cuya redacción se turnaran los que vivían allí o colaboraban en la actividad apostólica. Esos Diarios, con el tiempo, han pasado a ser una fuente histórica importante, que hay que leer, naturalmente, con discernimiento. En alguna ocasión, el Autor de C en sus Cuadernos dice que algo no lo recoge allí, porque esto lo contarán «los chicos» en el Diario. [96] Don Cruz Laplana (1875-1936) moriría mártir en Cuenca el 8 de agosto de 1936, donde era obispo desde el año 1921. Vid Sebastián Cirac Estopañán, Vida de D. Cruz Laplana, Obispo de Cuenca, Imprenta-Escuela de la Casa Provincial de Caridad, Barcelona 1943, y Antonio Montero, Historia de la persecución religiosa en España, BAC 204, Madrid 1951, pgs 373-379. Aragonés, era pariente de la madre de San Josemaría y buen amigo de su padre. Álvaro del Portillo explica la razón de esta visita: «Se consideró nuestro Padre obligado a hablar con el Obispo de Cuenca, porque este señor le ofrecía una canonjía, que nuestro Padre no pudo aceptar porque le hubiese obligado a alejarse de Madrid: por este motivo le explicó lo que el Señor estaba queriendo de él, es decir, la fundación de la Obra» (Nt a Apínt, nº 1146).[97] Apínt, nº 1146. Subrayado del Autor.[98] Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Cuenca 23-III-1934; AGP, sec E, carp 552, exp 4; la cursiva es mía.[99] Diario de Luchana, 31-III-1934; Sainz de los Terreros: «Terminadas las dos copias de los Consejos, aumentados y corregidos –quitando todo lo relativo a la Obra, para que todos puedan leerlos–, se llevaron al Padre y uno de ellos se certificó a D. Sebastián Cirac, canónigo de Cuenca, para ver si en la imprenta del Obispado pueden tirarlo, como ya anteriormente se trató. Ocuparon todos los Consejos casi 90 cuartillas a máquina. […] Se piensan hacer 500 ejemplares, que costarán 300 y pico pesetas».[100] Sabemos que el original llevado a la imprenta lo conservó durante mucho tiempo el Prof. Cirac (vid supra su carta de 13-VI-1940) con ánimo de devolverlo al Autor. No sé si esto tuvo lugar. En todo caso, en AGP no se encuentra ese texto, ni la otra copia mecanografiada de que hablamos. Mi impresión es que el Autor, una vez publicado el libro, decidió prescindir de la copia que se había quedado. Digo esto porque, entre los papeles sueltos de la época que se conservan en AGP, hay bastantes octavillas manuscritas del Autor, en cuyo dorso se ve precisamente el texto mecanografiado de Cec; lo cual nos ha permitido recomponer una pequeña parte del «manuscrito» de Cec. Sobre la costumbre del Autor de escribir sobre papel ya usado en el dorso, vid infra § 7, nt 7.[101] Cuaderno VII, nº 1174, 1-IV-1934.[102] Diario de Luchana, 12-IV-1934; Sainz de los Terreros.[103] Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Cuenca 9-IV-1934: AGP, sec E, carp 552, exp 4. Subrayados de Cirac. La carta continúa con detalles de lo que costará la impresión, tipo de papel, etc. —«D.m.» = Dios mediante.[104] Carta de Saturnino de Dios a Eliodoro Gil, Madrid 28-IV-1934; AGP, sec E, carp 551, exp 64. —Saturnino de Dios Carrasco (1906-1981), sacerdote asturiano, ordenado en 1931, conoció al Autor de C en el Hospital General de Madrid. Poco antes de comenzar la guerra se trasladó a Asturias, quedando separado, a causa de la guerra, del Fundador del Opus Dei. Había dado durante el año escolar 1934-35 el curso de Doctrina Católica en la Academia DYA (vid AGP, sec A, leg 50-1, carp 2, exp 3, doc 2). —Eliodoro Gil Rivera (1903-2000) nació en Villada (Palencia). Sacerdote desde 1927, conoció al Autor en diciembre de 1931, en la calle Alameda 9, Madrid, en el domicilio de San Pedro Poveda, Fundador de la Institución Teresiana. A partir de esa fecha se inició una relación cada vez más intensa, llegando a vincularse al Opus Dei en 1934. Desde entonces mantuvo un trato constante, sólo interrumpido en los primeros meses de la guerra, que le sorprendió en León. Cuando San Josemaría llegó a Burgos, el trato se intensificó, y permaneció hasta el final. Falleció en Madrid el 27-IV-2000, a los 96 años de edad.[105] Carta de Josemaría Escrivá a Francisco Morán, 26-IV-1934; EF 340426-1; subrayado del Autor.[106] Es posible que el documento trajera ya el imprimatur de D. Cruz –supuestas las correcciones incluidas en el voto del censor–, que está fechado, como sabemos, el 3 de mayo. No se conservan estos papeles. ―Más datos sobre este episodio en Vázquez de Prada, I, pgs 570-575.[107] Por cierto, gracias a esta peripecia queda alguna constancia en los Apínt de la preparación y edición del libro que comentamos.[108] Apínt, nº 1183; subrayado del Autor.[109] A don José María Somoano impresionó muy profundamente la exposición que hizo el Autor a un grupo de sacerdotes sobre este «plano de tu santidad». Vid infra com/387. [110] En AGP se conserva el ejemplar de Cec que el Autor utilizó como borrador para la edición definitiva de C (y que es también el que utilizo en los trabajos de la edición crítica; en nuestra edición tiene la sigla Ceb). Hay poquísimas correcciones. Por eso, al llegar al cap que comentamos, llama la atención encontrarse en la pg 31 con la cuidada caligrafía del Autor escribiendo la palabra desvergüenza, interlineada seis veces sobre la palabra audacia –la que había elegido en Cec como alternativa–, que aparece tachada con enérgico trazo. Siguiendo instrucciones del censor hubo de prescindir también de la desvergüenza en otro pasaje del libro que no estaba en este cap (Cec 53/2 = C p/497), pero éste probablemente se le pasó al preparar C en Burgos (vid com/497). Ya antes, cuando estaba refugiado en la Legación de Honduras, utilizaba en su tenor original los tres puntos que determinan el plano: «Con la santa transigencia, con el cariño fraterno, ha de ir siempre unida la santa intransigencia en todo lo que se refiera a la vocación cristiana. Y con la santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza» (PredicHond, «Amor sobrenatural», 7-IV-1937, pg 28; II; la cursiva es mía). «De las tres virtudes que determinan el plano de nuestra santidad, la santidad que Dios quiere de nosotros –la santa intransigencia, la santa desvergüenza, la santa coacción–, la intransigencia es la que más trabajo cuesta practicar, pues puede presentar como cerril a quien la ejerce» (PredicHond, «La santa intransigencia», 12-V-1937, pg 60; VIII; la cursiva es mía). [111] Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Cuenca 18-V-1934; AGP, sec A, leg 50-5, carp 1, exp 1; subrayado de Cirac. [112] Subrayado del Autor. En Cec escribió finalmente audacia. Su buen humor con ocasión de su «desvergüenza» continuaba unos meses después. En efecto, recién editado el libro encontramos en sus Apuntes una nueva alusión a aquel lance. Estaba comenzando sus EjEsp en los Redentoristas de la calle Manuel Silvela y no le habían llegado aún las notas que le solía preparar su confesor, como guión de meditación y examen, para esos días. «No he podido ver a mi padre Sánchez –escribe (Apínt, nº 1739, 16‑VII‑1934)–. Llamé por teléfono el domingo, y me dijeron que no podía recibirme. Espero que mañana Ricardo F. Vallespín, que hoy llevó una carta mía a Almagro 6, me traerá alguna norma de mi Director». Y a continuación hace una divertida referencia a la «desvergüenza» de un sacerdote amigo, al que quería entrañablemente, pero que le mortificaba de continuo con la oficiosidad de sus consejos: «Lo que es indudable que llegará –escribe– es una o varias cuartillas o papelotes (esto es más fácil) del buen D. Norberto: y allí, con desvergüenza (¿por qué no le habrá devuelto también la vergüenza mi querido Don Cruz?), me dirá todas las cosas desagradables que se le antojen. Claro, que esto lo hace siempre con plena rectitud de intención, y yo se lo agradezco y hasta deseo que lo haga. Pero, como su visión es muy subjetiva, aunque me aprovechan sus desahogos, a veces no son muy atinados. ¡El Señor me lo ponga bien de los nervios!» (El subrayado es mío). En esos mismos días de retiro escribe dirigiéndose a su confesor: «Vamos a lo de ahora: soy un niño –los borricos son los niños de los burros– con santa desvergüenza, que sabe que su Padre-Dios le manda siempre lo mejor» (Apínt, nº 1758, 18-VII-1934). La «santa desvergüenza» no era, evidentemente, para San Josemaría una cosa colateral. ―Don Norberto Rodríguez García (1880-1968) era un sacerdote que formó parte del primer grupo de seguidores del Fundador del Opus Dei. Natural de Astorga (León), fue ordenado presbítero en 1905. En 1910 se trasladó a Madrid, con sus padres, y atendió el Hospital General. En 1914 enfermó de los nervios. A pesar de su recuperación, recayó y quedó imposibilitado para tener un cargo eclesiástico. De 1924 a 1931 fue Capellán Segundo del Patronato de Enfermos. A partir de esa fecha ocupó diversas capellanías de religiosas y trabajó de coadjutor en una parroquia de Madrid. Con las vicisitudes de la guerra civil se desvinculó de su relación con San Josemaría. Falleció el 8‑V‑1968. Vid com/151 nt 17 y com/856. Sobre este sacerdote y su relación con el Autor, vid Vázquez de Prada, I, pgs 446-447, 534-542 y passim.[113] Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Cuenca 28-V-1934; AGP, sec A, leg 54, carp 1, exp 3.[114] No hay en AGP correspondencia con este señor ni con la imprenta.[115] Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Cuenca 28-V-1934; AGP, sec A, leg 54, carp 1, exp 3. Santo Rosario terminó editándose en Madrid poco después. Es muy posible que «la oración» a que se refiere Cirac sea la oración al Espíritu Santo, que el Autor compuso en abril de 1934 y que quería sin duda difundir. El texto autógrafo se conserva en AGP, sec A, leg 50-4, carp 1, exp 10. Parece que el Autor de C pensaba canalizar a través de esta pequeña imprenta la edición de muchas de las cosas que hasta entonces iba difundiendo a multicopista. De hecho, que yo sepa, allí no se editó nada más.[116] Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Cuenca 28-VI-1934; AGP, sec E, carp 552, exp 4.[117] Diario de Luchana, 3-VII-1934, pg 152s; Sainz de los Terreros (subrayado del original). Hermano, hermanos: modos de decir inspirados en el espíritu de los primeros cristianos, que tanto les encarecía San Josemaría.[118] Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Cuenca 3-VII-1934; AGP, sec E, carp 552, exp 4; subrayado del original.[119] El narrador del diario agregaba en su apunte: «Como los 490 ejemplares (pues 10 quedaron en Cuenca) ocupan 7 grandes paquetes de 70 cada uno y no se puede dejar en la Academia más que uno, dijo el Padre que nos los repartiéramos, y yo me traje 4 que guardo en mi cajón con candado» (Diario de Luchana, 3-VII-1934, pg 152s; Sainz de los Terreros). No deja de tener su gracia la alusión a la custodia bajo candado. La realidad es que hoy apenas se encuentran ejemplares de aquella pequeña y cuasiprivada edición. Nunca tuvo circulación comercial. [120] Los datos en Carta de Sebastián Cirac a Josemaría Escrivá, Cuenca 9-IV-1934; AGP, sec A, leg 54, carp 1, exp 3.[121] El ejemplar que hay en la Biblioteca Nacional de Madrid se encuentra en la sección de «Raros» (R/36587) y está descrito así: «Consideraciones espirituales / por José María, Cuenca : [s.n.], 1934 (Imp. Moderna), 104 pg, 1 h.; 15 cm».[122] Vid texto en Anexo 3, pg 1081.[123] Vid texto ibidem.[124] Se lee perfectamente la leyenda del escudo del Obispo: «Plenitudo legis dilectio».[125] En 1990 «Scriptor S.A.», entidad titular de la propiedad intelectual del libro, hizo una edición facsimilar del impreso de Cuenca: ISBN: 84-404-8056-3. El título de la cubierta es: «Consideraciones | Espirituales | por | josemaría escrivá | Edición Facsimilar | Madrid 1990». No mucho antes empezó a circular una edición «pirata», de formato algo más grande que la original. No tiene referencias jurídicas y tipográficas de ninguna clase.[126] Fernández Vallespín, que vivió de cerca la edición del libro, escribe, Testimonio, Madrid 7-VII-1975: «[su] objeto era la formación de los que habíamos pedido la admisión [en el Opus Dei] y el apostolado con los estudiantes que participaban en la labor de San Rafael [...] El bien que nos hizo este libro fue inmenso. Y nos sirvió como eficaz instrumento para el apostolado y proselitismo» (AGP, sec A, leg 100-20, carp 2, exp 6). ―Labor de San Rafael: el conjunto de tareas de formación y apostolado que se realizan en el Opus Dei dirigidas a la juventud. Sobre ella el Autor escribió un documento que se cita abundantemente en esta edición: la Instrucción a que se refiere la nt 1 de § 4. [127] También serviría al Autor para dar a conocer el espíritu del Opus Dei a sus amigos sacerdotes y a los obispos. Un testimonio significativo es el de don Juan Hervás, que sería      después Obispo de Ciudad Real: «En la primera entrevista me dio un ejemplar de Consideraciones Espirituales, un pequeño libro que acababa de editar y que recogía los temas fundamentales de su espiritualidad. Recuerdo que lo leí con atención, y que decidí tomar a su autor como director espiritual de mi alma» (Testimonios sobre el Fundador del Opus Dei, 1994, pg 182). Posiblemente esa visita de la que habla Mons. Hervás fue el 26 de abril de 1935, fecha en que el Autor anota escuetamente en su Cuaderno: «Vino a verme D. Juan Hervás, de la Casa del Consiliario» (Apínt, nº 1265).[128] Carta de Josemaría Escrivá a Ricardo Fernández Vallespín, Madrid 17-VII-1934; EF 340717-1. «Los nuestros»: así llamaba San Josemaría a todos los que frecuentaban la Academia DYA. Pronto empezarían a gravitar sobre el librico incomprensiones, e incluso las calumnias, según anotó el propio Autor: «Día 28 de octubre 1935: Recuerdo que, el año pasado, un muchacho ya mayor, a quien regalé el folleto de “Consideraciones”, (tal ambiente calumnioso había contra nosotros), vino a los pocos días y me dijo con una sencillez muy parecida a la tontería: “Padre ¿esto –el folleto– no será malo, verdad?”» (Apínt, nº 1292).[129] José Ramón Herrero Fontana (1917) nació en Larache (Marruecos), abogado. Conoció al Autor en 1933, y asistió durante ese año al primer curso de círculos de formación que dio San Josemaría. Frecuentó la Academia DYA y la Residencia de Ferraz, participando en los incipientes apostolados del Opus Dei. Al estallar la guerra se encontraba en Logroño, y quedó sin contacto con el Fundador del Opus Dei. «Ir a ver a José Ramón», o expresiones parecidas en las que se mencionaba su nombre fue, para los que estaban en la zona controlada por el gobierno de la República, sinónimo de ir a la zona nacional. Cuando Josemaría Escrivá llegó a Burgos, se reanudó nuevamente el trato, por carta y con algunas visitas. En los años cincuenta se incorporó al Opus Dei.[130] Carta de Josemaría Escrivá a José Ramón Herrero, Madrid VIII-1934; EF 340800-1. El eco del libro continuaba en plena guerra civil: «Conservo sus Consideraciones, por las que conocí esa floración nueva del Espíritu. […] Por aquí, enredado en tareas de Acción Católica por levantar hacia empresas de Dios a muchos que sólo esperan la palabra, directriz, consejo...» (Carta de Alejandro Fernández del Amo a Josemaría Escrivá, San Rafael [Segovia] 1938; AGP, sec N-2, leg 148, carp D, exp 26).[131] Apínt, nº 1196, 8-VIII-1934.[132] Carta de Luis Latre a Josemaría Escrivá, Zaragoza 21-I-1936; AGP, sec E, carp 551, exp 113. ―Luis Latre Jorro (1885-1961), sacerdote del Seminario Sacerdotal de San Carlos, fue secretario del Cardenal Soldevila. Cfr Vázquez de Prada, I, pg 241 nt 105. —El Obispo Auxiliar de Valencia, Mons. Xavier Lauzurica, que años después escribiría la presentación de C, le agradece «el envío del bonito opúsculo, que le sirvió de agradable lectura» (Carta a Josemaría Escrivá, Valencia 1-I-1935; AGP, sec E, carp 499).[133] Para sacarla adelante el Autor de C tuvo que superar diversas contradicciones, una especialmente dolorosa (Vid Vázquez de Prada, I, pgs 534-535). San Pedro Poveda, al conocerla, le decía a San Josemaría: «Ahora es cuando se consolida la Obra» (Apínt, nº 1213, 3-I-1935).[134] Texto autógrafo del Autor en AGP, sec A, leg 48, carp 2, exp 1; ejemplares a máquina en la misma carpeta. Citada: Instrucción, 9-I-1935 y el número marginal del texto impreso. En el ejemplar autógrafo se lee en la primera página: «Hoy, 15 de noviembre de 1935, me devuelve el P. Sánchez estas notas. JM». Texto impreso en AGP, sec A, leg 48, carp 3.[135] «Anche durante la guerra civile il Servo di Dio continuò ad annotare pensieri e considerazioni. Sia quando si trovava a Madrid, sia nel periodo di Burgos, dove riuscì infine a ordinare il materiale e a completarlo nei 999 punti di Cammino» (Positio super vita et virtutibus. Biographia documentata, Roma 1988, pg 630).[136] El 14 de marzo de 1937 varios miembros del Opus Dei, junto con San Josemaría, obtuvieron asilo en el Consulado de Honduras, Paseo de la Castellana, 51, que era también residencia de D. Pedro Jaime de Matheu Salazar, diplomático salvadoreño (Diario de Isidoro Zorzano, 14-III-1937). Esperaban encontrar allí facilidades para pasarse a la zona nacional. De hecho no las encontraron. —Un relato detallado de los meses vividos en la Legación de Honduras, en Vázquez de Prada, II, pgs 62-124. [137] Carta de Josemaría Escrivá a los fieles del Opus Dei en Valencia, Madrid 5-V-1937; EF 370505-4.[138] Miguel Bañón Peñalba (1913-1983). Natural de Madrid y médico de profesión, frecuentó la Residencia DYA de la calle de Ferraz, donde conoció y trató al Autor. La guerra le sorprendió en Madrid y mientras el Fundador del Opus Dei estuvo en la capital de España mantuvo contacto con él por medio de Isidoro Zorzano.[139] Diario de Isidoro Zorzano, 25-IV-1937; el subrayado es mío. Terreros anota en su Diario personal (casi telegráfico): «Compré 5 Kg. habas. A las 4 a casa de Isidoro con Miguel (hojas) y nota sobre notario (mucho quehacer)» (Manuel Sainz de los Terreros, Agenda diaria, 3ª parte: Del domingo 30 de agosto de 1936 al miércoles 6 de octubre de 1937. Anotación del 25-IV-1937; AGP, sec A, leg 4, carp 2, doc 9). Las «hojas» son las octavillas de consideraciones.[140] «No vengas a diario. Ven cada dos días, a no ser que haya alguna cosa urgente [Este párrafo está tachado en la carta] Todos me dicen que te diga que vengas cuando quieras» (Carta de Josemaría Escrivá a Isidoro Zorzano, Madrid 24-V-1937; EF 370524-1). Álvaro del Portillo escribe: «Dos veces a la semana se le permitía la entrada en la casa» (Relato testimonial, octubre de1944; IZL, sec T, exp 94). [141] Pocos días antes de comenzar la guerra civil, la Academia-Residencia se había trasladado de Ferraz 50 a otro inmueble de la misma calle, el nº 16, que reunía condiciones mejores y permitiría una ampliación de la labor con los estudiantes. La casa fue incautada por la CNT, que instaló allí la sede de una «de las checas más tristemente célebres por su actividad represiva» (Javier Cervera, Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1936-1939, Alianza editorial, Madrid 1998, pg 62). Allí estuvo la checa hasta el 16 de noviembre de 1936, en que por la proximidad del frente se trasladó a Serrano 14. Ferraz 16 fue saqueada en diversas ocasiones. También fue bombardeada por las fuerzas que asediaban Madrid.[142] José María Albareda Herrera (1902-1966) nació en Caspe (Zaragoza). Catedrático de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, intervino activamente en la fundación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del que fue Secretario General hasta su fallecimiento. Rector después de la Universidad de Navarra, se ordenó sacerdote en diciembre de 1959. Había conocido al Autor en 1935, presentado por don Sebastián Cirac. El 8 de septiembre de 1937 se incorporó al Opus Dei. En octubre de ese año salió de Madrid, para pasar a la zona nacional, a través de los Pirineos, junto con San Josemaría. Durante el resto de la guerra, residió con frecuencia en Burgos, teniendo un trato habitual con el Autor de C. Vid Enrique Gutiérrez Ríos, José María Albareda. Una época de la cultura española, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1970.[143] Vicente Rodríguez Casado (1918-1990), nacido en Ceuta, Doctor en Filosofía y Letras, catedrático de Historia Moderna en las Universidades de Sevilla y Complutense de Madrid, Fundador de la Universidad Hispanoamericana de Santa María de la Rábida, conoció al Autor en 1935, en la Residencia DYA, de la calle de Ferraz. Se incorporó al Opus Dei en 1936. Durante el primer año de la guerra civil estuvo refugiado en la Legación de Noruega y mantuvo el trato con el Fundador del Opus Dei a través de Isidoro Zorzano. En octubre de 1938, logró pasar a la zona nacional, llegando a Burgos y reanudando el trato personal con San Josemaría. Vid Fernando Fernández (dir.), El espíritu de La Rábida. El legado cultural de Vicente Rodríguez Casado, Unión Editorial, Madrid 1995.[144] Diario de Isidoro Zorzano, 18-IV-1937. Terreros –el Manolo citado por Isidoro– escribe ese día: «Comí en casa Zorzano, leí carta y cuartillas Mariano (formidable)» (Diario citado, 3ª parte: anotación del 18-IV-1937; AGP, sec A, leg 4, carp 2, doc 9). Mariano, su cuarto nombre de bautismo, fue el nombre que el Autor empezó a usar para firmar sus cartas a los fieles del Opus Dei. Continuó con esta costumbre hasta su muerte. En la guerra civil, por razón de la censura, era uno de los nombres con que se referían a él en papeles y cartas.[145] Eduardo Alastrué del Castillo (1913-1991), natural de Alcañiz (Teruel), ingeniero de Minas y catedrático de Geodinámica Externa en la Universidad Complutense desde 1969; antes, desde 1944, fue catedrático de Geología en Sevilla y en Zaragoza. Conoció al Autor en 1934, en Madrid, en la Residencia DYA, de la calle Ferraz, asistiendo a las clases de formación cristiana, dadas por San Josemaría. Durante la guerra, estuvo refugiado en la Legación de Honduras, donde coincidió unos meses con el Fundador del Opus Dei, hasta que éste dejó la Legación, el 31 de agosto de 1937. Durante esos meses tuvo el encargo de transcribir las meditaciones predicadas por el Autor a los que le acompañaban en aquel refugio. En octubre de 1938 logró pasar a la zona nacional, a través de las líneas del frente, en Guadalajara, junto con Álvaro del Portillo y Vicente Rodríguez Casado, volviéndose a encontrar con el Fundador en Burgos. Acabada la guerra, y hasta 1944 tuvo un trato casi diario con el Autor, pasando a ser más esporádico desde esa fecha, por su traslado a Sevilla. Declaró como testigo, en 1981, en el Proceso Cognicional celebrado en Madrid.[146] Vid infra § 7, 3, c.[147] Se trata de la Carta de Josemaría Escrivá a Pedro Casciaro, Madrid 29-IV-1937; EF‑370429‑1. ―Pedro Casciaro Ramírez (1915-1995), nacido en Murcia. Doctor en Derecho Canónico y en Ciencias Exactas. Conoció al Autor en enero de 1935, en Madrid, en la Academia Residencia DYA, de Ferraz 50. Se incorporó al Opus Dei en noviembre de 1935. Al comenzar la guerra se encontraba en Alicante, volviendo a encontrarse con San Josemaría en octubre de 1937, en Valencia. Le acompañó en el paso a la zona nacional por el Pirineo, siendo destinado por la autoridad militar a las pocas semanas a Burgos, donde      convivió en el mismo domicilio que el Autor durante unos ocho meses. Se ordenó sacerdote en 1946. En 1948 partió hacia México –donde murió– para comenzar la labor apostólica del Opus Dei en tierras americanas.[148] Diario de Isidoro Zorzano, 30-IV-1937. El subrayado es mío. «Juanito» es Juan Jiménez Vargas, que compartía el encierro en la Legación. ―Natural de Madrid, médico, catedrático de Fisiología, en la Universidad de Barcelona (julio de 1942), y en la Universidad de Navarra (1954), Jiménez Vargas (1913-1997) conoció al Autor en 1932. En enero de 1933 se incorporó al Opus Dei. A partir de esta fecha tuvo trato frecuente con el Fundador del Opus Dei, especialmente al estallar la guerra civil española, pues le acompañó en los distintos lugares donde tuvo que refugiarse en Madrid, y también en su paso a la zona nacional, desempeñando un papel capital en este viaje. Llegados a la otra zona de España, se incorporó al frente, manteniendo con el Autor intensa correspondencia y teniendo algunos encuentros en Burgos y en Teruel. Sus escritos y testimonios sobre el Autor de C son de gran importancia histórica.[149] Carta de Manuel Sainz de los Terreros a Josemaría Escrivá, Madrid 30-IV-1937; AGP, sec N-2, leg 146, carp C, exp 3; la cursiva es mía. En Serrano 51 vivía Isidoro Zorzano. [150] «Cuartillas». En la terminología del Diario, las cuartillas pueden ser tanto cartas (para enviar a los destinatarios) como meditaciones de San Josemaría. No siempre es seguro el significado. En este caso son muy probablemente las cartas que el Autor escribió la víspera a Sainz de los Terreros y al propio Zorzano (Madrid 8-V-1937; EF 370508‑1 y EF 370508‑2). La colección de meditaciones salta desde el 12 de abril al 11 de mayo. No es de suponer, por tanto, que estas cuartillas fueran meditaciones. Más adelante la entrega de meditaciones llega a ser casi diaria y Zorzano ya no las anota.[151] Diario de Isidoro Zorzano, 9-V-1937. El subrayado es mío.[152] Tomás Alvira Alvira (1906-1992) nació en Villanueva de Gállego (Zaragoza). Doctor en Ciencias, catedrático de Instituto y Director del Instituto «Ramiro de Maeztu», de Madrid. Conoció al Autor en septiembre de 1937, presentado por José María Albareda. Asistió al curso de retiro ambulante que Josemaría Escrivá predicó entonces en Madrid, y poco después le acompañó, a través de los Pirineos, en el paso a la zona nacional. Desde entonces mantuvo un trato asiduo con Josemaría Escrivá. Fue supernumerario del Opus Dei desde 1947. Cfr Antonio Vázquez, Tomás Alvira: una pasión por la familia, un maestro de la educación, Palabra, Madrid 1997.[153] Tomás Alvira, Relato testimonial, Madrid 5-I-1948; IZL, sec T, exp 199. El subrayado es mío. Zorzano había conocido a Alvira en casa de Albareda a finales de junio de ese año: «Me he alegrado de haber ido, porque, cuando llegué estaba haciendo la meditación con un amigo suyo, Tomás Alvira, que le ha pillado el movimiento [la guerra civil] haciendo los cursillos para cátedras de Instituto, precisamente del mismo ramo que Albareda –Agricultura–. Le he tanteado un poco y ha respondido admirablemente» (Diario de Isidoro Zorzano, 28-VI-1937). En el Diario dice por vez primera que Alvira fue a su casa el día 3 de agosto. La segunda vez es el día 14. También está anotada una visita el 9 de septiembre, habiendo ya salido San Josemaría de la Legación de Honduras.[154] Juan Jiménez Vargas, Relatos testimoniales, XI. El subrayado es mío. Por lo que dice Vargas, se ve que el Autor daba a leer estas consideraciones también a este sacerdote refugiado,      el P. Recaredo Ventosa García (1900-1993), religioso de los Sagrados Corazones, ordenado presbítero en 1925. Licenciado en Ciencias Naturales, fue profesor de esta disciplina durante muchos años en el Colegio Nuestra Señora de la Paz, de Torrelavega (Cantabria). San Josemaría se confesaba semanalmente con él en la Legación. Sus recuerdos están recogidos en Testimonios sobre el Fundador del Opus Dei, 1994, pgs 419-424.[155] Vid § 3, nt 4. Fue incluido por Mons. del Portillo en la edición de Apínt.[156] El original se encuentra en AGP, sec A, leg 47, carp 2, exp 7. Su transcripción está en Apínt, nn 1374 a 1394. Álvaro del Portillo lo describe así: «Hay en el Archivo unas notas escritas por el Padre en la Legación de Honduras. Las empezó a escribir en abril de 1937. Están numeradas, pero faltan las 22 primeras, de tal manera que se comienza en la página 23. Hay, además, dos octavillas sueltas. En la primera de estas octavillas sueltas, hay una lista de veinticinco nombres, casi todos de miembros de la Obra, que nuestro Padre escribió para encomendarlos nominalmente. Después hay dos listas más, de chicos de S. Rafael, escritas respectivamente por mí, la primera, y por Juan Jiménez Vargas, la segunda. Llevan estas listas las fechas de los días 9 y 10 de abril de 1937. Al inicio de este grupo de octavillas, nuestro Padre ha escrito: Las releo, por primera vez, hoy. Roma, 2 de septiembre, 1968» (Apínt, nt 1016). Debo agregar que estas octavillas, de las que habla Mons. del Portillo, son dos hojas sueltas –arrancadas- del mismo Cuaderno.[157] La primera de las que se conserva, la hoja 23, comienza con una frase partida, que enlaza a ojos vista con el texto (perdido) de la hoja 22. Se trata del futuro p/43 de C. Juan Jiménez Vargas, en su Relato del 77, pg 17, hace una interesante rememoración a propósito del p/697: «En los meses que estuvimos en la Legación de Hondu­ras, nuestro Padre en más de una ocasión, en tertulias o en meditaciones o círculos, hizo comentarios de este tipo. Me parece que este punto concreto nos lo dio a leer en uno de los cuadernos donde iba tomando las notas que luego salieron en Camino» (la cursiva es mía). El p/697 no está en las hojas que restan del Cuaderno de Honduras. Es muy posible que estuviera en las hojas que faltan. —El que llamamos Relato del 77 es un documento escrito en Pamplona, 1977, en el que su autor reúne sus recuerdos sobre el origen redaccional de algunos puntos de C. Se guarda en AGP, sec A, leg 54, carp 3, exp 7.[158] En el dorso de la hoja 26 se contiene la última anotación, que está perfectamente acabada y el resto de la página en blanco.[159] Cfr Álvaro del Portillo en sus anotaciones a los Apínt del Fundador, citadas en com/95 y 151.[160] Son los únicos que se pueden asignar con absoluta seguridad a la fase redaccional de Honduras. Interesante notar que la primera entrega a Zorzano de «borradores» es de 25 de abril, diez días antes de las anotaciones del cuadernito que se conservan. Mi composición de lugar es que en las 22 hojas precedentes estaba incluido, al menos, el manojo de fichas que dio a Isidoro ese día. Me inclino a pensar que Escrivá, en la Legación, procedía como en Madrid: escribía primero las consideraciones en su Cuaderno.[161] En la Legación no se llevaba Diario. Zorzano lamenta que Juan Jiménez Vargas, que hacía el Diario del Opus Dei en Madrid hasta el 28 de febrero de 1937 (original en AGP, sec A, leg 2, carp 5, exp 3-5), en que le sustituyó el propio Zorzano, no lo continuara dentro de la Legación de Honduras: «Creo que Juan no hace el diario de la vida en la Legación; es lástima, porque resultaría muy interesante; dice que son todos muy cotillas y porteras y es claro que, con esa vecindad, tenía motivo para sabrosos comentarios» (Diario de Isidoro Zorzano, 23-IV-1937). El Diario personal de Sainz de los Terreros, que no vivía en la Legación y trabajaba en la cárcel de San Antón, tiene un interés mucho menor, pues para nuestro asunto es deudor de la información que le daba Zorzano. Está en AGP, sec A, leg 4, carp 2, doc 9.[162] Vid § 7, 3, c.[163] Vid § 7, 2 (cuadro sinóptico).[164] Diario de Isidoro Zorzano, 31-VIII-1937. —Un relato pormenorizado de los acontecimientos ocurridos desde la salida de la Legación de Honduras, evasión por el Pirineo de la zona republicana, y llegada a Pamplona, en Vázquez de Prada, II, pgs 125-232.[165] Eran José María Albareda, Tomás Alvira, Francisco Botella, Pedro Casciaro, Miguel Fisac, Juan Jiménez Vargas y Manuel Sainz de los Terreros.[166] En la capital de Navarra y al comenzar su retiro espiritual estrenó también un nuevo Cuaderno de Apuntes íntimos (el VIII dpdo), en el que anotó su oración en aquellos EjEsp, de la que saldrían varios puntos de C. —Vid Vázquez de Prada, II, pgs 232-237.[167] Albareda y Alvira, que eran Profesores de Instituto, fueron destinados a la enseñanza: Albareda en Burgos, y Alvira en Gijón. Los demás, al Ejército: Vargas, como alférez médico, al frente de Teruel; Fisac, a automovilismo; Terreros, a fortificaciones. En un cuartel de Pamplona estaban Pedro Casciaro y Francisco Botella.[168] También porque se daba cuenta del lamentable estado físico en que llegaba: sus amigos no le reconocían (había perdido treinta kilos).[169] Albareda, después del paso de los Pirineos, se presentó en Burgos a la «Junta», que lo adscribió a la Secretaría de Cultura, con residencia en la misma ciudad. Vid Enrique Gutiérrez Ríos, José María Albareda. Una época de la cultura española, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1970, pgs 135-144. —En Vázquez de Prada, II, pgs 240-343, hay un extenso relato de la estancia y actividad de San Josemaría en Burgos.[170] Francisco Botella Raduán (1915-1987) nació en Alcoy (Alicante). Catedrático de Geometría Analítica y Topología de la Facultad de Ciencias, de la Universidad Complutense de Madrid. Ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1946. Conoció al Autor al comenzar el curso 1935-36, en la Residencia de Ferraz 50, en Madrid, cuando estudiaba Matemáticas y Arquitectura. Asistió a unos círculos de formación dados por Josemaría Escrivá y el 23 de noviembre de 1935 se incorporó al Opus Dei. El 3 de julio de 1936 partió para Valencia. Al estallar la guerra civil española mantuvo contacto epistolar con el Autor hasta octubre de 1937, en que se unió al Fundador del Opus Dei para llegar a la zona nacional a través del Pirineo. En febrero de 1938 fue destinado a un cuartel de Burgos, donde convivió con el Autor hasta el final de la guerra, como en Madrid en los años posteriores.[171] Ambos habían sido declarados aptos para «servicios auxiliares»: Botella destinado en el MIR (Jefatura de Movilización, Instrucción y Recuperación), sección de Recuperación: «papeleo de hospitales y escribir mucho a máquina», dirá después el propio Francisco Botella, Relatos testimoniales, Madrid 1975-78, cap V, pg 14. Pedro Casciaro venía destinado a la Secretaría de Orgaz y después al equipo encargado de «cifrar» la correspondencia (gabinete de Cifra). Los dos comían y cenaban en el cuartel, pero dormían en la pensión Santa Clara. [172] «Trabajar sin descanso» fue uno de los propósitos de su retiro espiritual en Pamplona. Vid com/373.[173] En el cuadernillo-agenda 1º de Burgos, hoja 3, estando todavía en Pamplona, apuntó este panorama de trabajo, encuadrado bajo la expresión «trabajar sin ruido»: «1) Ver a los nuestros. 2) Estar dispuesto a acudir a ellos, donde sea, inmediatamente que me llamen. 3) Discreta relación epistolar. 4) Apeadero: lugar de refugio, para todos. 5) Reducidas tandas de ejercicios. 6) Proselitismo con estudiantes soldados. 7) Catedráticos que colaboren.      8) Tesis de Derecho. 9) Libros: biblioteca. 10) Encargar trabajo a nuestros soldados. 11) ¿Los nºs 4 y 5, en Burgos?» Que el «apeadero» estuviera en Burgos lo decidió ya en Pamplona. Las «reducidas tandas de ejercicios» no llegaron a realizarse, por la imposibilidad práctica de reunir varios días a gente que estaba militarizada. San Josemaría, durante aquel año, tenía con los estudiantes –fueran o no del Opus Dei– como actividad fundamental conversaciones de dirección espiritual y «tertulias», coloquios familiares en los que les exponía, respondiendo a sus preguntas, el panorama de la santificación en medio del mundo y la misión del Opus Dei en la Iglesia. Todos los demás puntos de este plan de acción fueron efectiva realidad en aquel año 38.[174] Vid infra nt 58.[175] Con él vivían Albareda y, desde el 25 de enero, Botella. El 8 de marzo se incorporó también a Santa Clara Pedro Casciaro.[176] Una interesante descripción del hotel y del «ambiente» de la habitación que ocupaban, puede verse en P. Casciaro, Soñad, 11ª ed, 1999, pgs 142-145. Lo mismo, para Concepción 9, en Francisco Botella, Relatos testimoniales, Madrid 1975-78, cap V, pgs 54-57. Botella, que seguía destinado en Burgos, se quedó en la pensión cuando el Autor se trasladó a Madrid.[177] Son tres cuadernos –del tipo de los que usaba Escrivá para sus Apínt– en los que iban anotando la vida cotidiana y familiar del pequeño grupo. Se conservan en AGP, sec A, leg 2, carp 4, exp 2. Cito los Diarios haciendo constar el día y el nombre del que ese día lo anotó.[178] Las extensas relaciones testimoniales de Casciaro y Botella, escritas tras el fallecimiento del Autor (Albareda había muerto en 1966), son también fuentes imprescindibles de información, aunque deben ser contrastadas, como es lógico, con los documentos contemporáneos a la redacción del libro.[179] En el epistolario del Autor se encuentra una carta a don Santos Moro, Obispo de Ávila, sin fecha, pero que, al ordenar las cartas en AGP, se le ha adjudicado –en mi opinión por error– la de abril de 1938 (EF 380400-1). En ella San Josemaría responde, entre otras cosas, a una invitación de don Santos para que vaya una temporada a Ávila, y agrega: «Tengo en marcha dos libros: cuando hayan salido a luz, encantado iré con mi D. Santos» para pasar unos días en Ávila. El estudio de la correspondencia entre el Autor y don Santos, que se conserva en AGP, permite darle su fecha correcta. La carta en cuestión es la respuesta, punto por punto, de San Josemaría a la que don Santos Moro le escribe con fecha 27-XII-1938 (AGP, sec E, carp 506), que es a su vez respuesta a la felicitación de Navidad que el Autor le mandó el día 24 (EF 381224-2). Estamos, pues, como muy pronto, en 31 de diciembre de 1938. En esta fecha C estaba acabándose y, como veremos en el lugar oportuno, comienzan las gestiones de edición. El otro libro en el que el Autor trabajaba entonces era, según la documentación, Devociones Litúrgicas: «Ayer me dijo [San Josemaría] que va a encargar la copia de las secciones que interesen para el segundo libro, Devocionario Litúrgico, y previo comentario suyo saldrá al mismo tiempo que el primero [C]. No creo tarde más de una semana en acabar todo esto» (Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 24-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4; la cursiva es mía). No es pues la carta que comentamos una excepción al silencio del Autor al que aludimos en el texto.[180] Las anotaciones de este cuaderno cubren los meses de julio a octubre o noviembre. Lo designamos como Cuadernillo-agenda 2º de Burgos, porque utilizó, al menos otro, anterior, comenzado en Pamplona, que llamamos Cuadernillo-agenda 1º de Burgos. Se encuentran ambos en AGP, sec A, leg 50-3, carp 2, exp 1, doc 1 y 2. En Apínt, Cuaderno VIII dpdo, nº 1592, hace una referencia al cuardenito 2º: «Voy mirando unas notas, que llevo en un pequeño cuaderno, para apuntar [en el Cuaderno grande], sin orden cronológico, lo que me parece apuntable» (11-XI-1938); subrayado en el original.[181] Cuadernillo-agenda 2º de Burgos, hoja 1. ―«Pepis»: apelativo familiar de Pepe Isasa, que se dirigía espiritualmente con el Autor, muerto en el frente en 1937. No consta que el Autor llegara a escribir la nota necrológica a que se refiere. En todo caso no se conserva.[182] Cuadernillo-agenda 2º de Burgos hoja 2v. El subrayado es mío. En la hoja 1v (es decir en el dorso del «marco general») sólo hay este apunte: «22 de julio de 1938». En la hoja 3 hay una nota en la que se señala la fecha de una visita que realizó el Autor: 28 de julio. Queda pues situada la datación –día más día menos– de este plan. Es interesante notar que, al hacer la lista de «trabajo inmediato» del segundo semestre del año, no incluye «Huelgas» –su tesis doctoral sobre la Abadesa de este Monasterio–, quizá porque la tenía más avanzada que las otras cosas, o la veía menos urgente en la situación en que se encontraba.[183] Aquí entraba la fundamental colaboración de Casciaro y Botella, y también de Albareda, que escribían a los amigos y ayudaban en la preparación de «Noticias». La colección de «Noticias» se encuentra en AGP, sec A, leg 3, carp 3 (las de 1938) y carp 4 (las de 1939).[184] Cuadernillo-agenda 2º de Burgos, hoja 22. En la hoja hay también estas dos anotaciones: «D. Gregorio Modrego O[bispo] A[uxiliar] de T[oledo]» – «No pensar en lo que dicen los hombres, ni inquietarse por lo que dicen. Piensa en lo que diga Dios». Observación interesante: a pesar de la distancia en el cuadernillo, estimo que ambas anotaciones (el «plan inmediato» de hoja 2 y el «apunte» de la de hoja 22) son muy próximas en la fecha: julio de 1938, incluso la segunda puede preceder a la primera. Josemaría Escrivá tenía la costumbre, al manejar estas pequeñas libretas, de escribir en ellas avanzando simultáneamente y en sentido opuesto desde la primera y última página hasta encontrarse en el centro. Es decir, el cuaderno tiene dos primeras páginas, depende de por dónde se abra. Utilizaba estos cuadernitos en viajes y desplazamientos, haciendo antesala, etc., escribiendo en posturas forzadas y a veces en la primera página que encontraba libre. ―El plan de trabajo de esta segunda anotación (sacar fichas de cartas y apuntes) pienso que es algo anterior en el tiempo al «plan inmediato» de hoja 2. Me parece como un pequeño complemento del «marco general» que se señala en la hoja 1 de la agenda. En todo caso ambas anotaciones, en el contexto del marco general, dan una idea de cómo el Autor de C enfocaba su tarea para el segundo semestre.[185] Vid infra § 5, e.[186] «Todos estos días». Casciaro en las notas de ese día se remonta a la actividad que el Autor venía desarrollando desde un cierto tiempo atrás. ―El Autor dedicó especial atención a las      cartas de Juan Jiménez Vargas, que escribía dos o tres veces por semana a San Josemaría y era el más antiguo miembro del Opus Dei en la zona nacional. De ello se hacen eco en el Diario: «Estábamos después de comer –esto de comer no es verdad, rigurosamente– en el consabido mirador, escribiendo el Padre a máquina unas cuartillas, cuyo contenido es de Juan, y yo terminando con las cartas de este mes...», es decir las cartas personales que acompañaban a «Noticias» (Diario de Burgos, 7-XII-1938; Francisco Botella). «Por la mañana –escribe Botella en el Diario al día siguiente– leímos unas cuartillas a máquina, que el abuelo [el Autor] se ha encargado de confeccionar primorosamente, con el contenido de las cartas de Juan. […] Hablamos de la estancia en la zona roja: leemos cartas allí escritas, que trajimos al pasar: Rafael [Calvo Serer]...; Chiqui [José María Hernández Garnica]...». El Autor de C puso a máquina en aquella época diversas relaciones, escritas a petición suya: por ej, el relato del paso a la zona nacional de Álvaro del Portillo, Eduardo Alastrué y Vicente Rodríguez Casado escrito por Álvaro del Portillo, bajo el título: De Madrid a Burgos pasando por Guadalajara; AGP, sec B-1, leg 50, carp 3.[187] Diario de Burgos, 25-XI-1938; Pedro Casciaro; la cursiva es mía. El Autor estaba haciendo gestiones para conseguir que le pagasen su sueldo de Rector del Real Patronato de Santa Isabel, que no cobraba desde que estalló la guerra civil. Con ese posible ingreso pensaba sufragar los gastos de la edición (pero no lo cobraría hasta años más tarde; vid infra § 6 nt 23). —Eran aquellos días, en que trabajaba fuerte en C, días de sufrimiento espiritual para el Autor. Al día siguiente de este apunte de Casciaro era el propio Josemaría Escrivá el que escribía la página del Diario: «se me hace la tarde eterna, pido a Dios Nuestro Señor que acorte la prueba». Parece que esta expresión de San Josemaría debe ponerse en relación con la dura «purgación pasiva» –así la califica Álvaro del Portillo, nt a Apínt nº 1381– que pasó en Burgos durante varios meses. Ya el año anterior, en la Legación de Honduras, había atravesado –hemos aludido a ello (supra § 4 nt 26)– una situación semejante. Sobre el tema vid com/151 y a las referencias que allí se indican.[188] Unos días después es Botella el que habla del libro al propio Casciaro, que estaba ya destinado en Calatayud: «Ahora espera Mariano que lo de Santa Isabel se solucione satisfactoriamente, y así podría editarse el libro que prepara» (Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 4-XII-1938; AGP, sec N-2, leg 147, carp B, exp 3).[189] Casciaro sólo volvió a Burgos una vez acabada la guerra civil, y no estuvo nunca –según sus propias palabras– en la pensión de la calle Concepción, de la que hablaremos enseguida. Así lo dice en sus notas de 1992, escritas con ocasión de un artículo aparecido en la      revista Tiempo (Pedro Casciaro, Relación testimonial, 26-VI-1979, Parte II, cap 2, apéndice de 1992; AGP, sec A, leg 100-13, carp 1, exp 1). Es interesante hacerlo notar porque, cuarenta años después, al escribir su valiosísimo testimonio de esta época, a Casciaro, en mi opinión, se le difuminan en este punto los planos y las fechas. «El Padre –dice– escribió Camino en nuestro cuarto del Hotel Sabadell. Él lo ha contado muchas veces y yo mismo le vi hacerlo. Fue pasando a máquina aquellas gaiticas en trozos de papel ya más homogéneos» (Pedro Casciaro, Relación testimonial, 26-VI-1979, Parte II, cap 2, pg 144s). «Camino estuvo listo mucho antes de que yo saliera para Calatayud» (ibidem, pg 148). «Mucho antes de salir yo para Calatayud, ya tenía prácticamente acabado el libro. Es más, hizo algunas gestiones para su publicación. La falta de medios económicos, la escasez de papel que había en aquellos tiempos, etc., le hicieron ver que era irrealizable su deseo de publicarlo. No obstante, seguía escribiendo gaiticas» (Observaciones de Pedro Casciaro al capítulo V de la Testimonial de Francisco Botella, pg 8: nota a la pg 57, §§ 2-3; AGP, sec A, leg 100-08, carp 1, exp 1). Conceptos similares se encuentran en P. Casciaro, Soñad, 11ª ed, 1999, pgs 169-170. Casciaro, al escribir esto, no recuerda lo que estampó en el texto del Diario arriba citado, ni que las gestiones para la edición son las que él mismo haría precisamente, pero desde Calatayud y ya en 1939, como veremos. Sobre la expresión «gaiticas» vid infra § 5, nt 68-74.[190] Carta de Josemaría Escrivá a José María Albareda, 10-XII-1938; EF 381210-1; la cursiva es mía. Nótese que de la carta a Albareda saldrá el p/304 de C.[191] «Nos trasladamos a Concepción 9-3º izq. No hay mucho que cambiar, lo poco que tenemos para el traslado lo prepara el Padre, y le ayudamos. Tenemos algunas cosas que el Padre embala con más cuidado: los recuerdos de la Eucaristía y de todo lo que ha servido para la Santa Misa y para la Comunión en el tiempo de la zona roja. Y la rosa de Rialp. Y los cuadernos de diarios de nuestra vida en estos tiempos. Muchas pequeñas cosas, además, que ocupan poco, pero son parte de nuestra vida de familia» (Diario de Burgos, 13-XII-1938; Francisco Botella).[192] Francisco Botella, Relatos testimoniales, Madrid 1975-78, cap V, pg 56.[193] Carta de Juan Jiménez Vargas a Enrique Alonso-Martínez, Burgos 3-II-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp B, exp 1. ―Enrique Alonso-Martínez Saumell (1915) nació en Madrid. Durante el curso 1933-34, mientras estudiaba la carrera de Derecho, frecuentó la Academia DYA, de la calle de Luchana, y al curso siguiente la Residencia de la calle de Ferraz, participando en los medios de formación que allí se impartían. Se dirigía espiritualmente con el Fundador del Opus Dei. Le sorprendió la guerra en La Granja y fue destinado a Alhama de Aragón como sanitario en la farmacia militar. Cuando el Autor llegó a Burgos, se inició un intenso trato epistolar. También se vieron, ya en Burgos, ya en Alhama, en más de una ocasión. Acabada la guerra, continuó la amistad y el trato.[194] Diario de Burgos, 18-XII-1938; Francisco Botella.[195] Ibidem, 23-XII-1938; Eduardo Alastrué.[196] Carta de Francisco Botella a Miguel Fisac, Burgos 23-XII-1938; AGP, sec N-2, leg 147, carp B, exp 3. —Miguel Fisac Serna (1913) nació en Daimiel (Ciudad Real). Arquitecto, conoció al Autor en la Residencia DYA, de la calle de Ferraz, durante el curso 1935-36. En el tiempo de la guerra, acompañó al Autor en el paso por los Pirineos a la zona nacional y, luego, tuvo trato frecuente ya por visitas a Burgos, ya por correspondencia.[197] Vid infra § 6, nt 76-80.[198] Diario de Burgos, 26-XII-1938; Josemaría Escrivá.[199] Ibidem, 27-XII-1938; José María Albareda.[200] Tiendo a «considerar» que el «considerable», calificando a las «consideraciones», es un rasgo de humor de Albareda, que se proyecta también en la siguiente frase.[201] Diario de Burgos, 28-XII-1938; José María Albareda.[202] Ibidem, 30-XII-1938; José María Albareda.[203] Carta de José María Albareda a José Ramón Herrero Fontana, Burgos 5-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1.[204] Carta de José María Albareda a Miguel Fisac, Burgos 6-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1. Interesante la alusión a los otros libros que prepara el Autor. Como veremos, trabajaba simultáneamente en el Devocionario litúrgico, al que se refirió ya en su plan de «trabajo inmediato» (vid supra § 5, 1, b; pg 65). [205] Carta de José María Albareda a Isidoro Zorzano, San Juan de Luz (en realidad, Burgos) 6-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1. «La organización de la industria»: forma divertida de referirse a la vida cristiana y a la misión apostólica. El domingo 8 regresó Albareda a Vitoria: «Marcho a Vitoria el domingo, pues el lunes se reanudan las clases» (Carta de José María Albareda a Juan Jiménez Vargas, Burgos 6-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1).[206] D. Calixto Emiliano Amann Amann, arquitecto de Bilbao, padre de Emiliano, un estudiante de arquitectura del mismo nombre, residente de Ferraz, que había ido a visitar a su hijo, que desde enero hacía el Curso para Alféreces Ingenieros en Fuentes Blancas (Burgos). El día 9 el Autor había almorzado con padre e hijo y Paco Botella. Albareda aprovechó el regreso a Bilbao de D. Emiliano para volver a Vitoria tras las vacaciones de Navidad.[207] Carta de José María Albareda a Josemaría Escrivá, Vitoria 11-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1. Unos días después escribe: «Durante los días de Navidad, Mariano [el Autor] avanzó mucho en las consideraciones; a estas horas debe estar finalizando. Y además planeó otros libros muy necesarios» (Carta de José María Albareda a Vicente Rodríguez Casado, Vitoria 14-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1).[208] Notas de un Coloquio en Roma, con estudiantes franceses, ingleses, irlandeses y norteamericanos, 28-III-1970.[209] Emiliano Amann, Relación Testimonial, Bilbao 16-VI-1978; AGP, sec A, leg 100-02, carp 4, exp 7; la cursiva es mía. Amann venía con mucha frecuencia a visitar a San Josemaría, como testifica el Diario de Burgos. —Emiliano Amann Puente (1919-1980), nacido en Bilbao, arquitecto, conoció al Autor en 1935, por vivir en la Residencia DYA, de la calle de Ferraz. Durante la guerra, cuando Josemaría Escrivá llegó a Burgos, le visitó en diversas ocasiones y, sobre todo, mantuvo abundante trato epistolar. Finalizada la contienda, vivió en la Residencia de la calle de Jenner. En 1948 contrajo matrimonio en Algorta (Vizcaya), oficiando San Josemaría. Poco después se incorporó al Opus Dei como supernumerario.[210] La habitación, compartida normalmente por varias personas, tenía un amplio mirador al Arlanzón, a donde se retiraba San Josemaría para salvaguardar la intimidad de los que querían hablar con él sobre temas de dirección espiritual. Cerraba el panel que daba a la habitación, que se quedaba sin luz diurna. «Buenas noches», solía decir Paco Botella mientras encendía la bombilla.[211] José Luis Múzquiz, Relato testimonial cronológico, pgs 35-36; AGP, sec A, leg 100-39, carp 1, exp 1. —José Luis Múzquiz de Miguel (1912-1983), nacido en Badajoz, ingeniero de Caminos, conoció al Autor en la Residencia de Ferraz, en 1935. Desde esa época comenzó a dirigirse espiritualmente con él. La guerra le sorprendió en Alemania. Cuando regresó a España, estableció contacto con el Fundador del Opus Dei en Burgos. Poco después se incorporó a la Obra. Se ordenó de presbítero en 1944, siendo uno de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei.[212] Nombre del edificio en el que estaba el cuartel del General Orgaz.[213] Pedro Casciaro, Relación testimonial, 26-VI-1979, Parte II, cap 2, pg 147, que continúa: «En realidad mi comentario era una velada alusión a «la cama del Padre», ya que frecuentemente dormía en el suelo, en el lugar que quedaba entre su cama y la pared». [214] Sobre la expresión «gaiticas» vid infra § 5, nt 68-74.[215] Carta de Josemaría Escrivá a Pedro Casciaro, Burgos 11-I-1939; EF 390111-1; la cursiva es mía.[216] Diario de Burgos, 12-I-1939; Francisco Botella. El Diario continúa: «El Padre ha escrito una carta circular, que no danzará por los frentes esta vez: será leída cuando vengan a ésta con permiso». Vid Carta circular de Josemaría Escrivá a los fieles del Opus Dei, Burgos 9-I-1939; EF 390109-1. Ya había escrito otra el año anterior en la misma fecha.[217] Diario de Burgos, 13-I-1939; Francisco Botella. Parece que la gestión fue esperanzadora, pues al día siguiente, después de regresar a Burgos el Autor, anota: «También la cuestión económica, que Santa Isabel promete arreglar, marcha» (Diario de Burgos, 14-I-1939; Francisco Botella). «Reigón, si le nombran y le dicen que vea el modo de levantar las cargas eclesiásticas, hará lo que deseamos» (Carta de Josemaría Escrivá a José María Albareda, Burgos 17-I-1939; EF 390117-1).[218] Diario de Burgos, 15-I-1939; Francisco Botella. «Venancia» era una modesta casa de comidas próxima.[219] Diario de Burgos, 17-I-1939; Francisco Botella.[220] El Devocionario litúrgico, sobre el que estaba ya trabajando.[221] Carta de Josemaría Escrivá a Amparo Rodríguez Casado, Burgos 16-I-1939; EF 390116-1; subrayado del original. ―Amparo Rodríguez Casado (1914-1992) nació en Madrid y era hermana de Vicente Rodríguez Casado, uno de los primeros miembros del Opus Dei. Conoció al Autor en Burgos, en 1938. Formó parte del grupo de jóvenes a las que el Fundador, en Burgos, daba formación doctrinal y espiritual con intención de desarrollar la Obra entre las mujeres. («Tuve el círculo de estudios con las chicas. Vienen siete»; anotación de San Josemaría en Cuaderno VIII dpdo, nº 1575, 5-VI-1938). Josemaría Escrivá tenía una gran amistad con la familia del Coronel Rodríguez Rodríguez, que residía también en Burgos y se dirigía espiritualmente con él. Con el tiempo, y con el consejo de San Josemaría, Amparo comprendió que Dios la llamaba a la vida religiosa, ingresando en las Adoratrices del Santísimo Sacramento.[222] Carta de Josemaría Escrivá a José María Albareda, Burgos 17-I-1939, EF 390117-1. En el cuerpo de la carta había escrito: «Perdona los borrones: esta pluma tiene incontinencia».[223] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 20-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4.[224] Carta de Francisco Botella a Vicente Rodríguez Casado, Burgos 20-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. El subrayado es mío. [225] Diario de Burgos, 22-I-1939; Francisco Botella.[226] Entiéndase: no se refiere al actual p/999 de C sino a la octavilla que completaba la cifra propuesta: 999. No sabemos cuál era.[227] Carta de Francisco Botella a Álvaro del Portillo, Burgos 23-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. El subrayado es mío. La fecha se confirma en carta del día siguiente: «Anteayer escribió la consideración número 999. Ahora ya está pasándolas a máquina, y por cierto      muy rápidamente» (Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 24-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4). Ese mismo día Albareda también hablaba del tema a Álvaro del Portillo, pero con información más atrasada: «Espero a Mariano [el Autor] con... no sé! Parece se retardan los permisos. De todos modos, si esta semana no vienen, a fin de semana iré a Burgos. Creo que estarán los novecientos noventa y nueve, pues el diez y siete faltaban veintisiete» (Carta de José María Albareda a Álvaro del Portillo, Vitoria 23-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1).[228] En el Cuaderno VIII dpdo, nº 1594, el Autor escribió lo que sigue: «Día 23 de enero de 1939: Ayer hacía diez años que decía yo a Mercedes Reyna, moribunda: ‘¡Si no he de ser un sacerdote, no bueno, ¡santo!, di a Jesús que me lleve cuanto antes!’ Y tuve, como recordatorio, un disgusto regular, que me vino muy bien». Fue el día que acabó C, de lo cual no dice una palabra. En aquella temporada apenas si anotaba en su Cuaderno. El apunte anterior es de 26 de diciembre y el anterior de 11 de noviembre. Vivía siempre de cara a la eternidad. Sobre Mercedes Reyna, vid com/152 nt 30.[229] Diario de Burgos, 23-I-1939; Francisco Botella.[230] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 24-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. El subrayado es mío. En AGP, sec A, leg 50-4, carp 5 se conserva un dossier con los materiales que restan de este proyecto de Devocionario Litúrgico, que el Autor interrumpió en estado muy avanzado: era, como su nombre indica, un libro de formato muy manejable en el que después de una introducción –bastante extensa: se conserva casi íntegra, manuscrita del Autor– ofrecería, bilingüe, el ordinario de la Misa, una selección de oraciones del Misal, el esquema de Laudes y Vísperas, y un conjunto de salmos y de devociones e himnos eucarísticos.[231] Ibidem.[232] Carta de Pedro Casciaro a Josemaría Escrivá, Calatayud 26-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6; la cursiva es mía. «Jorge» es un tío de Pedro Casciaro, periodista de «El Correo Español» de Bilbao. Se llamaba Diego Ramírez Pastor y firmaba con el pseudónimo «Jorge Claramunt».[233] Carta de Miguel Fisac a Francisco Botella, 30-I-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp A, exp 6. El subrayado es mío. [234] Carta de Eduardo Alastrué a los de Burgos, Sevilla 1-II-1939; AGP, sec N-2, leg 146, carp A, exp 2. A la vez escribía a los de Madrid (a través de Francia, de ahí la ciudad de la datación): «Ah, se me olvidaba la gran noticia. El abuelo ha escrito un libro. A ver si lo leéis pronto. 999 consideraciones –ni una más ni una menos– fruto de su experiencia, escritas pensando en nosotros. Yo ya he leído muchas. Aparecerá muy pronto. Bien me vendría leerlo aquí, lejos de su compañía» (Carta de Eduardo Alastrué a Isidoro Zorzano, Burdeos 3-II-1939; AGP, sec N-2, leg 146, carp A, exp 2).[235] Carta de Vicente Rodríguez Casado a Eduardo Alastrué, Burgos 1-II-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp C, exp 1.[236] Apuntes tomados en una reunión familiar, Roma 10-XI-1963.[237] Ibidem.[238] Viajó a Valladolid el 31 de enero y regresó al día siguiente. Volvió al frente el 5 de febrero. No había estado en Burgos desde el 5-IX-1938.[239] Diario de Burgos, 27-I-1939; Francisco Botella; la cursiva es mía. «Ya están las consideraciones que ahora el abuelo pasa a máquina. Prepara más libros para publicar      inmediatamente» (Carta de Francisco Botella a Miguel Fisac, Burgos 26-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4).[240] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 27-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. El subrayado es mío. Botella escribe la carta desde el cuartel. Por eso el «se han quedado» (Vargas y Vallespín) en Concepción con San Josemaría.[241] Carta de Francisco Botella a Eduardo Alastrué, Burgos 28-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. El subrayado es mío. [242] Diario de Burgos, 28-I-1939; Francisco Botella. El subrayado es mío. [243] Vid supra nt 50.[244] Diario de Burgos, 29-I-1939; Francisco Botella. El subrayado es mío. Rodríguez Casado, que estuvo esos días en Burgos, escribe: «Juan y Paco se han dedicado a ir sacando una especie de índice de materias, que aunque resulta muy pesado será provechoso. Aunque es muy difícil salga bien dado el poco tiempo que tienen» (Carta de Vicente Rodríguez Casado a Eduardo Alastrué, Burgos 1-II-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp C, exp 1).[245] Diario de Burgos, 30-I-1939; Francisco Botella. Era sin duda un aplazamiento y Botella, ya avanzando febrero, tiene todavía sus temores y así lo comunica a uno de los «artífices» del primer intento: «El abuelo no ha vuelto a hablar del índice de las Consideraciones: respiro» (Carta de Francisco Botella a Ricardo Fernández Vallespín, Burgos 7-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4).[246] Las «cuartillas de este mes» son las «Noticias» de febrero (AGP, sec A, leg 3 carp 3). La máquina pequeña es la «Corona» que compró el Autor recién llegado a Burgos. Josemaría Escrivá mecanografiaba el manuscrito sobre la «máquina buena», que les trajo de América Ginés Albareda, según explica el Autor en carta a Enrique Alonso-Martínez, Burgos 26-VII-1938; 380726-1.[247] Vid en § 3, 5, a, cómo procedió el Autor para aquella edición.[248] Carta de José María Albareda a Francisco Botella, Zaragoza 1-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1.[249] Diario de Burgos, 1-II-1939; Francisco Botella.[250] Original de C (Txm), pg 174. «III Triunfal», es decir, tercer año triunfal; expresión que durante la guerra civil se hizo prácticamente obligatoria a la hora de fechar los documentos. Alude a que se estaba en el tercer año («triunfal») de la guerra civil. A partir de 1º de abril ese año 1939, el III Triunfal se convertirá en el «Año de la Victoria», término que figurará también en todo tipo de impresos y papeles.[251] Manuel Aparici Navarro (1902-1963) nació en Madrid. Hombre abnegado y piadoso, de fe profunda, se confesaba con el Autor ya desde antes de la guerra y continuó haciéndolo en Burgos y después. Presidente de la Juventud de Acción Católica en los difíciles años que preceden y siguen a la guerra civil. Ordenado sacerdote en 1947 (vid en AGP, sec A, leg 50-5, carp 1, carta invitando al Autor a su ordenación), fue nombrado Consiliario de la JAC. Promovió la famosa peregrinación a Santiago de Compostela de 1948, cuya «mística del peregrinante» Aparici plasmó en el lema «peregrinar es caminar hacia el Padre». Murió en olor de santidad. Está en marcha el proceso de canonización. –En los días de la redacción de C visitaba frecuentemente a San Josemaría y a los que le acompañaban (Diario de Burgos, 20-I-1939; Francisco Botella: «Llega Ricardo Fernández Vallespín, que mañana se va a San Sebastián. Por la tarde viene Aparici. Estos días viene con frecuencia»). [252] Botella da noticia de la dedicatoria en el Diario de Burgos del 4 de febrero: «Ha dedicado el libro al joven-viejo Aparici». Una broma de Paco Botella, que tenía 22 años y le parecía muy viejo, como representante de los jóvenes, un hombre de 37. Efectivamente, en el texto mecanografiado terminado el 2 de febrero el libro aparece con la dedicatoria en la portada. En Madrid el Autor cambió de opinión y le pareció mejor que el libro saliera sin dedicatoria alguna, y así fue efectivamente. Esta hoja nº 1 del manuscrito de C con la dedicatoria a Aparici se encuentra en AGP, sec A, leg 50-4, carp 5, exp 4, doc 2.[253] Xavier de Lauzurica y Torralba (1892-1964), natural de Yurreta (Vizcaya), doctor en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, se ordenó sacerdote en 1917. Fue canónigo de la Colegiata de Logroño y Director de disciplina del Seminario, donde conoció a San Josemaría. Obispo Auxiliar de Valencia en 1931, fue nombrado Administrador Apostólico de Vitoria en 1937, Obispo de Palencia en 1943 y Arzobispo de Oviedo en 1949. Falleció en Madrid.[254] Carta de José María Albareda a Francisco Botella, Zaragoza 29-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1. El subrayado es mío. —Manuel Irurita Almandoz (1876-1936), Obispo de Barcelona desde 1930, fue detenido el día 1 de diciembre de 1936 por una patrulla de Control del Poble Nou. El día 3 de diciembre fue fusilado, junto con los hermanos Tort, que lo habían escondido, y un grupo de religiosos y seglares. Todos ellos fueron sepultados en una fosa común. Descubiertos sus restos el 4 de junio de 1940, fueron trasladados solemnemente a la Catedral de Barcelona. Durante toda la guerra civil se mantuvo la duda sobre la suerte que había corrido el prelado de Barcelona. La noticia fidedigna de su muerte no se conoció en la zona nacional hasta acabada la guerra, y se pensaba que estaba escondido o detenido. Así se explica la preocupación de Lauzurica.[255] Diario de Burgos, 30-I-1939; Francisco Botella.[256] Este proyecto, al que ya hemos aludido, lo dejó, a finales de 1940, aunque, como hemos visto, lo tenía prácticamente acabado. Parece que, en torno a 1943, retomó los materiales: «En abril de 1944 nos habló de otra posible publicación, que podría titularse Devociones Litúrgicas, un libro breve que recogería salmos del Breviario, para ayudar a hacer oración sobre textos litúrgicos; apuntaba la posibilidad de que pudiera estar listo para el año      siguiente» (Francisco Ponz Piedrafita, Mi encuentro con el Fundador del Opus Dei: Madrid 1939-1944, Eunsa, Pamplona 2000, pg 108). De hecho el proyecto no fue adelante y el dossier se encuentra en AGP. ¿Pudo gravitar en su decisión su preocupación de dejar bien claro que el Opus Dei no tiene liturgia propia, sino, sencillamente, la de la Iglesia? —Después de la 1ª edición se corrobora esta hipótesis: «A mediados o a finales de los años 60, cuando era Director Espiritual central [del Opus Dei] Carlos Cardona, habían preparado [para uso de los fieles del Opus Dei, se entiende] un libro (o folleto) recogiendo oraciones como el Cántico Trium puerorum, el himno Adoro te devote, etc. Es decir, un devocionario litúrgico. Y nuestro Padre, en una reunión con la Comisión permanente del Consejo General, dijo que no quería que se hiciera ese libro, porque en la Obra no tenemos una liturgia propia y deseaba evitar que pareciera que la teníamos» (Carta de Fernando Valenciano a Pedro Rodríguez, Estocolmo 4-VII-2002).[257] Ese mismo día se anota en el Diario: «Los libros de la biblioteca están en los cajones, ya clavados» (Diario de Burgos, 11-II-1939; Francisco Botella).[258] Carta de Josemaría Escrivá a Pedro Casciaro, Vitoria 13-II-1939; EF 390213-3.[259] «Vendrá con el prólogo hecho por D. Xavier [Lauzurica]» (Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 17-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4).[260] En Vitoria encontró también al Obispo-Administrador Apostólico de Tortosa, Mons. Félix Bilbao Ugarriza, que era además Consiliario General de la Acción Católica, con el que había hecho buena amistad en otros encuentros y con el que habló nuevamente de sus proyectos y, en concreto, de la preparación del libro Devociones Litúrgicas. El Obispo quiso hacer el prólogo:      «El domingo 12 de febrero, el Señor Obispo de Tortosa se compromete a hacerme el prólogo de Devociones Litúrgicas» (Octavilla del Autor en el dossier AGP, sec A, leg 50-4, carp 5). El prólogo, escrito y firmado, se encuentra en el mismo dossier. En otra ficha autógrafa del mismo dossier se lee: «El 18 de febrero el Obispo de Tortosa da su conformidad para que se anuncie el libro con el prólogo». Así se hizo efectivamente en la edición de Valencia de Santo Rosario.[261] Diario de Burgos, 25-II-1939; Francisco Botella. «No quiero ir tarde al comedor, porque después salgo muy tarde –hay que esperar...– y el abuelo se harta de meterse con la máquina. Ahora hace, prepara, el nuevo libro ‘Devociones litúrgicas’» (Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 24-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4). Sin embargo, no se conserva mecanografía de este proyecto de libro, sino texto manuscrito de San Josemaría (AGP, sec A, leg 50-4, carp 5).[262] Carta de José María Albareda a Francisco Botella, Vitoria 25-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1. Escribe en sábado. El almuerzo será el lunes 27.[263] D. Manuel es Dios Nuestro Señor. Alusión a que cuando pusieran la Residencia de Estudiantes en Madrid tendrían Oratorio con la Reserva del Santísimo Sacramento. Para eso habían ido reuniendo ornamentos sagrados y mandado hacer un modesto sagrario, y estaba todo depositado en el palacio Episcopal de don Santos Moro, en Ávila.[264] Carta de José María Albareda a Eduardo Alastrué, Vitoria 26-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp B, exp 1. [265] Diario de Burgos, 9-III-1939; Francisco Botella.[266] Carta de Josemaría Escrivá a D. Xavier de Lauzurica, Burgos 10-III-1939; EF 390310-1. Interesantes las dificultades que señala para asumir el encargo: «1/ La necesidad de estar en Burgos el día de San José, por las razones que V. conoce. Hay bastantes que vienen con un permiso «extraordinario» de veinticuatro horas, sin tiempo material de llegar a Vergara. 2/ La posibilidad, llena de probabilidades, de que se tome Madrid, mientras yo estuviera dando la tanda de ejercicios. 3/ En el caso de que se tomara Madrid y yo no acudiera en el primer momento, faltaba a mi deber estricto de recuperar Santa Isabel, como Rector que soy de aquel Patronato (cosa que procurarían algunas personas hacer resaltar), y a un doble deber –muy sobrenatural el uno, y el otro de sangre– con la Obra y con mi madre, que me esperan sin dilaciones». [267] Carta de Xavier de Lauzurica a Josemaría Escrivá, Vitoria 12-III-1939: AGP, sec E, carp 499, exp 4. El subrayado es mío. [268] Francisco Botella, Relatos testimoniales, Madrid 1975-78, cap V, pg 64. Como se ve, Botella no puede precisar la fecha.[269] Vid supra nt 24.[270] Vid ibidem.[271] Carta de Josemaría Escrivá a Pedro Casciaro, Burgos 11-I-1939; EF 390111-1.[272] Carta de Pedro Casciaro a Josemaría Escrivá, Calatayud 16-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6.[273] Jorge Claramunt, seudónimo de Diego Ramírez, tío de Casciaro, como sabemos.[274] Sin decirle nada sobre el tema por el momento.[275] Carta de Pedro Casciaro a Josemaría Escrivá, Calatayud sin fecha, pero recibida en Burgos el 24 de enero; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6. Se ha recibido «...carta quilométrica de Pedro. Nos cuenta sus gestiones para la impresión del libro que prepara el Padre» (Diario de Burgos, 24-I-1939; Francisco Botella). La carta es un montón de cuartillas, ciertamente, pero lo relativo al tema es sólo el párrafo transcrito.[276] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 24-I-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. Lo de Bilbao lo apunta el Autor, sin duda, porque Jorge Claramunt, el tío de Casciaro, estaba allí muy bien relacionado.[277] Diario de Burgos, 4-II-1939, sábado; Francisco Botella.[278] Botella, al recordar esta época muchos años después, hace esta descripción del final de una jornada: «Por la noche, cuando vuelvo a casa, está el Padre en el cuarto de estar y hacemos un poco de tertulia. Luego, me recuerda que hay que hacer el diario y llevar las cuentas. Es todo muy rápido, porque los gastos son mínimos. Le pregunto al Padre lo que le parece que ponga en el diario y ya nos acostamos» (Francisco Botella, Relatos testimoniales, Madrid 1975-78, cap V, pg 56).[279] El lunes día 6 de febrero regresó el Autor a Burgos, mientras Jiménez Vargas continuaba hacia su destino militar.[280] En las cartas del día 7 cuenta la anécdota: «el artista Perico cree que es más propio de un libro de recetas culinarias, que de la categoría que tiene el recién terminado. No obstante no se abandonan los nueves, que tendrán un lugar secundario en el fondo (Carta de Francisco Botella a Álvaro del Portillo y Vicente Rodríguez Casado, Burgos 7-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4). «El artista, como denomina José María [Albareda] a Pedro, cree que es más propio de un libro de recetas culinarias, que del tema en cuestión. Aparecerán los nueves, pero en segundo término [...] (Carta de Francisco Botella a Ricardo Fernández Vallespín, Burgos 7-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4).[281] Vid supra nt 89.[282] Esta hoja se encuentra en AGP, sec A, leg 50-11, exp V, doc 49. Es el dorso del documento en cuestión. Esta portada es, sin duda, la que formaba parte del manuscrito que el Autor entregó a Lauzurica para hacer el prólogo.[283] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, 7-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. El subrayado es mío.[284] Carta de Josemaría Escrivá a Pedro Casciaro, Vitoria 13-II-1939; EF 390213-3.[285] Carta de Pedro Casciaro a Francisco Botella, Origen 13-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6. El subrayado es mío. El giro es alguna cantidad que enviaba para ayudar al sostenimiento de las labores apostólicas. «Origen»: era una forma que tenían los que escribían desde los frentes de no decir dónde se encontraba la unidad de combate en la que estaban. Era exigencia de la Autoridad militar.[286] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 14-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. Tres días después vuelve a lo mismo: «Se llevó José María el proyecto de portada. Ya dirá el abuelo lo que decide» (Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 17-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4).[287] Carta de Francisco Botella a Josemaría Escrivá, Burgos 15-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. El subrayado es mío. [288] Carta de Pedro Casciaro a Francisco Botella, Calatayud 13-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6. El subrayado es mío. [289] Carta de Josemaría Escrivá a Pedro Casciaro, Vitoria 18-II-1939; EF 390218-2. El subrayado es mío. [290] Carta de Pedro Casciaro a Francisco Botella, Estafeta 25, 19-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6. El subrayado es mío. [291] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 21-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. El subrayado es mío.[292] «Aprovecharé cualquier rato libre para hacer nuevos proyectos de portadas. Espero la palabra ‘Consideraciones’. Recibí la carta del Padre y de Álvaro desde Vitoria» (Carta de Pedro Casciaro a Francisco Botella, Calatayud 22-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6).[293] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 24-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp C, exp 4. [294] Una está centrada en una cuartilla, que luego desechó y aprovechó para escribir en ella la que sería hoja 23 de la Introducción a Devociones Litúrgicas (AGP, sec A, leg 50-4, carp 5). La otra es ya la que envió a Casciaro: una cuartilla en la que escribió cinco veces la palabra para que pudieran elegir la mejor. Está escrita con pluma de trazo grueso y tinta negra.[295] Carta de Eduardo Alastrué a los de Burgos, Lora del Río (Sevilla) 25-II-1939; AGP, sec N-2, leg 146, carp A, exp 2.[296] Carta de Josemaría Escrivá a José María Albareda, Burgos 23-III-1939; EF 390323-2. El subrayado es mío. San Josemaría había reunido varias cajas con alimentos para llevar a los de la Obra que vivían en Madrid, donde había una escasez total de víveres. La máquina a que se refiere es la máquina con la que se escribió C (vid § 8, 1). El fichero es el de las direcciones de toda aquella juventud que se movía en torno al Autor, con las fechas de sus cartas, etc. Lo llevaba San Josemaría ayudado por Albareda. Se conserva en AGP, sec A, leg 12, carp 2. [297] «En aquellas últimas semanas, hasta que se acabó la guerra, el Padre estaba muy cansado y cuando yo volvía de cenar, estaba en la cama. Sería porque no comía, salvo cuando venía Álvaro [del Portillo] de Cigales o alguno de Casa. Las cuentas hablaban claro: el Padre comía poquísimo» (Francisco Botella, Relatos testimoniales, Madrid 1975-78, cap V, pg 66). Las cuentas las llevaba Botella, que comía en el cuartel y comprobaba que el Autor apenas gastaba en comer. [298] «El Padre, que quiere entrar enseguida en Madrid, consigue un puesto en uno de los camiones de abastecimiento que tienen preparados. Habla con el Coronel Lahuerta para que me proporcione a mí medio de trasladarme pronto a Madrid, cuando se rinda» (Francisco Botella, ibidem, pg 67).[299] Diario de Burgos, 26-III-1939; Francisco Botella. El subrayado es mío. [300] Francisco Botella, Relatos testimoniales, Madrid 1975-78, cap V, pg 67s. En esas maletas iban el manuscrito de C, las «gaiticas», etc.: el material desde el que hemos podido escribir estas páginas.[301] «El Padre ha sido el primer sacerdote que ha entrado en Madrid; por ello, ha causado la admiración general; continuamente daba a besar el crucifijo que lleva y exclamaba ‘Recíbalo como acto de desagravio’; hasta le piropeaban» (Diario de Madrid, 29-III-1939; Isidoro Zorzano). El día 28 de marzo Isidoro comenzó un cuaderno nuevo para el Diario, que pasó a ser el Diario que recoge la vida cotidiana del Centro del Opus Dei que se crea en Madrid en torno al Fundador. Lo llamamos Diario de Madrid, que sucede en nuestro interés al Diario de Burgos, clausurado el día anterior. Los distintos volúmenes de este primer Diario de Madrid, año 1939, se encuentran en AGP, sec A, leg 2, carp 5. Durante casi todo el tiempo que nos interesa el redactor del Diario sigue siendo normalmente Zorzano, pero de vez en cuando «colaboran» otros. —Sobre las primeras semanas de estancia en Madrid, vid Vázquez de Prada, II, pgs 345-359.[302] Diario de Madrid, 28-III-1939; Isidoro Zorzano. Es el día primero del Diario, el día de la llegada de San Josemaría.[303] Diario de Madrid, 10-IV-1939; Isidoro Zorzano. El subrayado es mío. Hay después otra referencia a los materiales con que trabajamos: «Hemos continuado la clasificación de papeles: asusta el volumen que ocupan las cartas escritas a la zona roja, durante este periodo revolucionario, y faltan todavía las de la otra zona, que están aún en Burgos» (Diario de Madrid, 18-IV-1939; Isidoro Zorzano).[304] Ibidem, 21-IV-1939; Isidoro Zorzano. El subrayado es mío. [305] «Continuamos la labor de ordenación y clasificación de la correspondencia» (ibidem, 25-IV-1939; Isidoro Zorzano). «Barredo ha traído una maleta de Burgos que contiene el cáliz y las vinajeras para el presunto Oratorio; viene también una gran colección de cartas de esta última temporada, que nos dedicaremos a clasificar» (ibidem, 29-IV-1939). «Han llegado ya los tan esperados bultos de Ávila, con todos los papeles y objetos que tenían en la casa de Burgos; nos hemos dedicado a la ordenación de los libros que también han venido en la misma expedición» (ibidem, 1-V-1939).[306] El autor de esta edición tuvo con Miguel Fisac una larga conversación sobre todo este asunto. Fue, en su casa de Alcobendas, el día 5 de diciembre de 1997, de 6’30 a 8’30 de la tarde. Una segunda conversación tuvo lugar después –también en su casa, ya en 1998–, comentando la nota verbal de la primera conversación y aquilatando algunos extremos.[307] Sobre el nombre y la portada de ‘Camino’. Nota verbal de mi conversación con Miguel Fisac en Madrid 5-XII-1997, redactada en Pamplona 8-XII-1997, n 5. La conservo en mi archivo personal. [308] Diario de Madrid, 13-V-1939; Isidoro Zorzano; la cursiva es mía. La atención de Zorzano a Fisac dibujando la portada de C se manifiesta en esta otra anotación de 1º de junio: «Fisac está confeccionando la portada de Camino del Santo Rosario, pero dice que hoy no está de vena» (ibidem, 2-VI-1939). Lo primero que le salió es Camino, pero tachó porque se trataba de Santo Rosario.[309] Esta hoja, que era, como digo, la nº 1 de la numeración consecutiva del original de Burgos, contenía el título del libro, en lo alto de la página, y en el centro la dedicatoria a Manolo Aparici, que hemos transcrito, en su doble versión supra § 5, 2, d y e.[310] El cambio fue hecho en Madrid. La máquina con la que está escrito en la hoja 2 el nuevo título es la misma con la que en Burgos el Autor escribió el original. La máquina, siguiendo instrucciones del Autor, se la trajo, como ya sabemos, José María Albareda (vid supra § 5 nt 133), que llegó a Madrid el día 1 de abril: «Albareda y Eduardo [Alastrué] nos han sorprendido con su venida» (Diario de Madrid, 1-IV-1939; Isidoro Zorzano). [311] En el dossier sobre el proyecto de libro Devociones Litúrgicas (AGP, sec A, leg 50-4, carp 5) –con el que seguía el Autor trabajando en Santa Isabel– hay una octavilla con notas litúrgicas cuyo dorso era la parte que hemos descrito de ¡la hoja 1 del manuscrito de C llamándose Consideraciones Espirituales! La otra versión de la hoja 1, la del título Consideraciones, está en otro legajo de papeles diversos. Es también el dorso de una hoja en la que escribió este pensamiento: «Las imágenes santas de la Virgen no están para adorno. Y lo están si no te llevan a Dios, con jaculatorias, Amor, desagravio» (AGP, sec A, leg 50-11, carp letra V, ficha 49). Escribe Zorzano: «Como ya quedó terminada la clasificación de la correspondencia, hemos comenzado nuevos trabajos. […] yo recortando y pegando en cuartillas el Devocionario Litúrgico para su traducción y publicación: será otro trabajo muy interesante del Padre» (Diario de Madrid, 20-V-1939; Isidoro Zorzano).[312] Sobre el nombre y la portada de «Camino». Nota verbal de mi conversación con Miguel Fisac en Madrid 5-XII-1997, Pamplona 8-XII-1997, n 6. Es muy posible que esa conversación o tertulia a la que alude Fisac sea la base de la anotación de Isidoro en el Diario de 13 de mayo de 1939, que hemos transcrito más arriba. [313] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro y Enrique Alonso-Martínez, Burgos 2-VI-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 1. El subrayado es mío. [314] Casciaro en su libro de recuerdos escribe de manera sintética y exacta: «En Burgos decidió ampliar este libro y reimprimirlo; y cuando ya estaba preparado para reimprimirse, decidió titularlo Camino» (P. Casciaro, Soñad, 11ª ed, 1999, pg 169).[315] En la introducción a la obrita del Beato Manuel González, Camino para ir a Jesús, escribe el editor, P. Tomás Álvarez OCD: Es un «tema clásico de la espiritualidad. Baste recordar, por ej, a San Buenaventura con su De triplici via, o la Via Spiritus manejada por Santa Teresa, quien a su vez escribió Camino de perfección, bien conocida por don Manuel, o el coetáneo de este último, el Beato J. M. Escrivá y su joya Camino» (D. Manuel González. Obras completas, Tomás Álvarez (ed.), Monte Carmelo, I [MEC, 13], Burgos 1998, pg 726).[316] Carta de Josemaría Escrivá a Álvaro del Portillo, Madrid 18-V-1939; EF 390518-5.[317] «Noticias» de junio de 1939, Madrid; AGP, sec A, leg 3 carp 4; subrayado del original, también el del texto siguiente.[318] «¿Quieres que te diga todo lo que pienso de ‘tu camino’?» (p/255); tu camino es «tu camino de apóstol» (p/372); desde la fe viva «juzgarás bien las diferencias entre las sendas del mundo y tu camino de apóstol» (p/580); «hay mucha gente –santa– que no entiende tu camino» (p/650); «¡Qué claro el camino!... ¡Qué patentes los obstáculos!...» (p/170); «Si ves claramente tu camino, síguelo» (p/903); «visto el camino, creo que la flaqueza del corazón no debe ser obstáculo para un alma decidida y ‘bien enamorada’» (p/164); «te falta entusiasmo por tu camino» (p/953); «Tienes una pobre idea de tu camino, cuando, al sentirte frío, crees que lo has perdido» (p/996); «Te apartaste del camino» (p/985); «¡Y pensar que por una satisfacción de un momento, que dejó en ti posos de hiel y acíbar, me has perdido ‘el camino’!» (p/137); «Me han dicho que tienes ‘gracia’, ‘gancho’, para atraer almas a tu camino» (p/803); «Después, tú, a tu camino: persuádete de que no tienes otro» (p/965). La cursiva es siempre mía.[319] Diario de Madrid, 30-V-1939; Isidoro Zorzano.[320] Alfredo Sánchez Bella (1916-1999), nacido en Tordesilos (Guadalajara), Doctor en Historia, abogado, Embajador de España y Ministro del Gobierno, conoció al Autor en 1936. Más tarde, en Burgos, continuó el trato, que se mantuvo hasta el final, especialmente a través de la correspondencia. Como se verá más adelante, desempeñó un papel importante en los trabajos de edición de C.[321] Carta de Francisco Botella a José María Albareda, Burgos 3-VI-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 1. A Casciaro el día anterior le había escrito lo mismo: «El papel va a resultar también muy económico» (Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 2-VI-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 1).[322] Vid supra Carta de Josemaría Escrivá a Pedro Casciaro, Vitoria 18-II-1939; EF 390218-1 y Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 21-II-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 1.[323] Su sueldo en Santa Isabel era de 2500 ptas. al año. Terminó cobrando en 1944 los haberes no abonados desde julio de 1936. Vid Archivo del Patrimonio Nacional del Estado. Patronatos Reales. Patronato de Santa Isabel. Expedientes personales. Caja 182/21: expediente de José María Escrivá.[324] Diario de Madrid, 1-VI-1939; Isidoro Zorzano.[325] Eugenio Sellés, cuenta una visita al Autor en la Rectoría del Patronato de Santa Isabel: «Allí comí con él una vez, acompañado de D. Ángel Santos y D. Román Casares. Vi un mueble fichero en el que tenía el material que se convirtió en «Camino». Y recuerdo también que nos invitó a que reuniésemos datos de hechos vividos, experiencias personales que podrían dar lugar a un libro que se titularía «Dios con nosotros» (Eugenio Sellés Martí, Relación Testimonial, Madrid 7-X-1975; AGP, sec A, leg 100-53, carp 1, exp 9). La comida fue el martes 25 de abril: «Almuerzan Sellés, Santos, Casares y Salas, por un poco más la Facultad de Farmacia en pleno» (Diario de Madrid, 25-IV-1939; Isidoro Zorzano). También Ángel Santos hizo un relato de aquella ocasión: «Fui a comer allí con el Padre y con ellos, y rememoro, con nostalgia, lo gratísimo de aquella atmósfera familiar. […] Uno de los días el Padre me condujo a su despacho y me enseñó un montón considerable de cuartillas cuidadosamente escritas. Era el original, para la imprenta, de Camino, de cuya primera edición, tirada en Valencia, poseo un ejemplar con esta dedicatoria: ‘A Ángel Santos con un abrazo muy fuerte y mi bendición. Madrid. Diciembre de 1939, José María’» (Ángel Santos Ruiz, Relación Testimonial, Madrid 5-II-1976; AGP, sec A, leg 100-52, carp 3, exp 11). —Eugenio Sellés Martí (1904-1997), nacido en Valencia, catedrático de Galénica en la Facultad de Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de distintas academias, conoció al Autor en la Residencia DYA, en 1935, donde participó en las actividades de la Socoin (de formación para personas casadas). Durante la guerra, refugió al Fundador del Opus Dei en sus domicilios de Madrid y Valencia, en sendas      ocasiones, además de prestar numerosos servicios. Después de la guerra, continuó el trato y la amistad con el Autor. —Ángel Santos Ruiz (1912), natural de Reinosa (Santander), catedrático de Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid, de la que fue Decano, conoció al Autor en la Residencia DYA, de la calle de Ferraz, donde participó también en la Socoin. Después de la guerra, prosiguió el trato con el Autor, que bendijo su matrimonio. En 1948 se incorporó al Opus Dei como supernumerario. —Román Casares López (1908-1990), catedrático de Farmacia en la Universidad Complutense, fue Director de la Escuela de Bromatología. Conoció al Autor en 1936, en la Residencia de Ferraz, donde asistió a las reuniones de Socoin. Después de la guerra continuó su trato con el Fundador del Opus Dei que, en noviembre de 1939, bendijo su matrimonio.[326] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro y Enrique Alonso-Martínez, Burgos 2-VI-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 1. El subrayado es mío. [327] Rafael Calvo Serer (1916-1988), natural de Valencia, fue catedrático de Filosofía de la Historia, en la Universidad Complutense, de Madrid. Conoció al Autor en 1936 y se incorporó al Opus Dei en marzo de ese mismo año.[328] Diario de Madrid, 5-VI-1939; Isidoro Zorzano.28b Sobre el Colegio Mayor Beato Juan de Ribera, de Burjasot, vid Juan Luis Corbín, La Valencia que conoció San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei, Carena Editors, Valencia 2002, pgs 51-57.[329] La mejor narración del momento es la de Carlos Verdú: «Pasando por entre escombros y destrozos, casi interceptaba el paso un gran letrero donde se leía: ‘Cada caminante, siga su camino’. Recuerdo que me adelantaba yo para arrancar aquel cartelón y dejar expedito el paso y, rápidamente, don Josemaría Escrivá me pidió que no lo arrancara» (Carlos Verdú, Testimonio, Valencia julio de 1975; AGP, sec A, leg 100-58, carp 1, exp 13). Carlos Verdú Moscardó (1914-1991), abogado valenciano, conoció al Autor en esta ocasión. En 1948 se incorporó al Opus Dei como supernumerario.[330] Tenemos una rememoración del propio Autor: «En uno de los pasillos encontré un gran letrero, escrito por alguno no conformista. Quisieron quitarlo, pero yo les detuve: dejadlo–les dije–, me gusta» (Carta 9-I-1959, n 35; AGP, sec A, leg 53-4, carp 2, exp 1).[331] Hay en AGP un interesante relato de Francisco Gómez Martínez, que fue durante la guerra civil en el Ejército Republicano Jefe de Operaciones de Artillería en el XXI Cuerpo de      Ejército durante la batalla de Levante (1938). Este militar, después miembro Supernumerario del Opus Dei, cuenta cómo en el edificio del Colegio Mayor estaba instalada la Escuela de Estado Mayor y en sus visitas a la Escuela veía entonces ese letrero, que también le llamó la atención por lo original, e indagó. Le dijo un Oficial de la Escuela que «seguramente fue indicación de Antonio Machado, que algunas mañanas acudía a charlar con el Director de la Escuela, que era amigo suyo» (Francisco Gómez Martínez, Testimonio, Tárrega 12-IX-1975; AGP, sec A, leg 100-25, carp 3, exp 17). José Orlandis, Años de juventud en el Opus Dei, Rialp, Madrid 1993, pgs 43-44, se hace eco de la narración de Gómez Martínez.[332] «La anécdota tiene especial interés para los que hicimos aquellos Ejercicios bajo la dirección de don Josemaría Escrivá porque rara era la meditación o plática en que, de una manera u otra, no le sacara partido a aquella frase de ‘cada caminante siga su camino’ en orden a llenarnos de congruencia en nuestro obrar católico» (Carlos Verdú, Testimonio, Valencia julio de 1975; AGP, sec A, leg 100-58, carp 1, exp 13). Sobre el cartel en cuestión hay un reciente estudio monográfico: Alfonso Méndiz, «’Cada caminante siga su camino’. Historia y significado de un lema poético en la vida del Fundador del Opus Dei», en Anuario de Historia de la Iglesia 9 (2000) 741-772.[333] El folleto es Santo Rosario.[334] Carta de Josemaría Escrivá a los fieles del Opus Dei en Madrid, Burjasot 6-VI-1939; EF 390606-3.[335] Carlos Altarriba Sivilla, Testimonio, Valencia 18-VIII-1982; AGP, sec A, leg 100-02, carp 1, exp 10. Carlos Altarriba (1917) era entonces estudiante de Derecho que, con el tiempo, llegó a ser Registrador de la propiedad.[336] Diario de Valencia, 16-VI-1939; Rafael Calvo Serer.[337] Pedro Casciaro a los de Olot, Valencia 17-VI-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6.[338] «La Semana Gráfica» recibió el encargo de D. Hipólito y a su nombre puso –aunque él no la pagara– la factura de la composición del libro; lo mismo hace el encuadernador. En cambio, la factura de la tirada del libro figura a nombre del Autor. «Los primeros contactos míos –escribe D. Hipólito– con D. José María Escrivá fueron en el mes de mayo [en realidad, junio] de 1939, cuando cayó en mis manos el original de su libro Camino, del que inmediatamente di orden de hacer la composición, impresión y encuadernación, para que se pusiera a la venta lo antes posible, y que fue para mis hijos como un imperativo para seguir ellos también su Camino en la Obra. Pero yo no conocí al Padre hasta el año 1964» (Hipólito Sánchez, Testimonio autógrafo, Madrid 18-VII-75; AGP, sec A, leg 100-51, carp 1, exp 8). —Todas estas facturas y papeles con los gastos de edición, que se irán citando, se encuentran en AGP, sec A, leg 54, carp 2, exp 5. —Para ubicar en Valencia los talleres y empresas que intervinieron en la primera edición de C, vid Juan Luis Corbín, La Valencia que conoció San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei, Carena Editors, Valencia 2002, pgs 74-75.[339] Florencio Sánchez Bella, hijo de don Hipólito, aporta este recuerdo: «En el año 1939, el Padre encargó a mi hermano Alfredo que preparase, en Valencia, la primera edición de Camino. De este modo tuve ocasión de conocer el texto mecanografiado del libro, y recuerdo que me llamaron la atención las numerosas correcciones e indicaciones que se hicieron en las pruebas de imprenta. Se escogió la letra denominada negrita» (Florencio Sánchez Bella, Testimonio, Madrid 15-VIII-1978, pg 6; AGP, sec A, leg 100-51, carp 1, exp 6). Esas pruebas no se conservan. [340] La factura de los gastos de Intertype describe en términos tipográficos estos diversos ensayos, con el precio de cada uno.[341] Diario de Valencia, 17-VI-1939; Rafael Calvo Serer. El subrayado es mío. [342] En la factura de D. Hipólito se identifica así esta primera «prueba»: «líneas de cuerpo 9, 18 cíceros y 51 letras».[343] «A las 4 en coche sale el Padre con D. Antonio Rodilla y Rafael hacia Madrid. Llegamos a las 12, donde nos esperan en Santa Isabel con el natural deseo de noticias» (Diario de Valencia, 17-VI-1939). —Antonio Rodilla Zanón (1897-1988), natural de Sieteaguas (Valencia), se ordenó sacerdote en 1921. Fue Superior del Colegio Mayor Beato Juan de Ribera, de Burjasot (Valencia), de 1923 a 1939; Vicario General de la Diócesis de Valencia (1938-44) y Rector del Seminario Mayor (1939-1969). Autor de varios libros de espiritualidad. Conoció al Fundador del Opus Dei en 1934, iniciándose una amistad que se mantuvo hasta el final. Encargó al Autor la predicación de dos tandas de ejercicios espirituales para estudiantes, en el Colegio Mayor Beato Juan de Ribera, en junio y septiembre de 1939.[344] Carta de Francisco Botella a Pedro Casciaro, Burgos 20-VI-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 1.[345] Traía dos modelos, que en la citada factura son: uno con líneas de cuerpo 9, 20 cíceros y 56 letras y otro del mismo cuerpo con 24 cíceros y 67 letras.[346] Diario de Madrid, 21-VI-1939; Isidoro Zorzano.[347] Ibidem; Isidoro Zorzano: «El Padre salió de madrugada con Sánchez Bella camino de Burgos».[348] «Estuve con Lorente: muy bien» (Carta de Josemaría Escrivá a los fieles del Opus Dei en Madrid, Vitoria 23-VI-1939; EF 390623-1). «Esta primera edición se realizó en circunstancias de gran penuria económica, aunque se encontraron unas cuantas resmas de papel de buena calidad a un precio muy módico para aquellos primeros dos mil ejemplares» (Florencio Sánchez Bella, Testimonio, Madrid 15-VIII-1978, pg 6; AGP, sec A, leg 100-51, carp 1, exp 6). Florencio Sánchez Bella, que escribe casi cuarenta años después, habla en números redondos.[349] La «caja» elegida –la caja de la edición príncipe– es una mezcla de los dos modelos; vid infra § 6, 3, b, descripción del libro.[350] Dio dos tandas de Ejercicios consecutivas: una en Vergara para los diáconos de la diócesis que se iban a ordenar de presbíteros y otra en Vitoria para Profesores de Universidades e Institutos.[351] En el Diario queda constancia: «Hemos tenido conferencia con Valencia. Habla Alfredo Sánchez Bella. Están contentísimos de cómo marchan todos los asuntos, el libro estará terminado para Santiago» (Diario de Madrid, 1-VII-1939; Isidoro Zorzano).[352] Nota y carta de Francisco Botella a Josemaría Escrivá, Madrid 1-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 1. El subrayado es mío. La edición que hicieron de Santo Rosario era, desde luego, muy mala: un folleto sin gracia, muy descuidado, con erratas. Llegó a Madrid el 3 ó 4 de julio. No sabemos si enviaron a Vitoria algún ejemplar para el Autor. Al menos desde Madrid debieron hablar con él y comunicaron a Valencia su disgusto ante la operación y el temor de que pudiera ocurrir algo semejante con C. La versión de Zorzano en el Diario está llena de delicadeza: «Llamamos a Valencia para indicarles que tengan cuidado con la imprenta pues el ejemplar que han traído del Santo Rosario no ha agradado ni por la presentación ni por la clase de papel, además han dejado pasar bastantes cosas en la corrección de las pruebas» (Diario de Madrid, 5-VII-1939; Isidoro Zorzano).[353] Carta de Pedro Casciaro a Josemaría Escrivá, Valencia 3-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6. El subrayado es mío. [354] Carta de Pedro Casciaro a Josemaría Escrivá, Valencia 11-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6. El día 15, estando ya el Autor en Madrid, hay una escueta anotación de Zorzano en el Diario: «conferencia con Valencia para el asunto de Camino» (Diario de Madrid, 15-VII-1939; Isidoro Zorzano). Llamaba Sánchez Bella a Miguel Fisac para la cuestión de la portada. Vid infra nt 71.[355] Diario de Valencia, 21-VII-1939; Rafael Calvo Serer. El subrayado es mío. El propio Fuenmayor lo ha escrito después de la muerte de San Josemaría: «Recuerdo que mi primer viaje a Madrid –en agosto de 1939 [en realidad del 21 al 29 de julio]– fue para llevar las pruebas de imprenta de esa edición con el fin de que las corrigiera el Padre. Estuve alrededor de una semana, cuando se estaba instalando la Residencia de estudiantes de Jenner» (Amadeo de Fuenmayor, Testimonial, Pamplona 4-IX-1975; AGP, sec A, leg 100-22, carp 1, exp 6). ―Amadeo de Fuenmayor Champín (1915), natural de Valencia, catedrático de Derecho Civil, conoció al Autor en junio de 1939, durante los EjEsp de Burjasot. Poco después se incorporó al Opus Dei. Ordenado sacerdote en 1948, fue Consiliario del Opus Dei en España en los años cincuenta. Es autor de numerosos trabajos tanto de Derecho Civil como Canónico.[356] «Avila de los Santos, día de Sta. María Magdalena, 22 de julio de 1939: estoy unos días con este santo obispo, descansando. […] estoy muy cansado y me faltan por dar seis o siete tandas de ejercicios» (Cuaderno VIII/2, nº 1602).[357] «Sentí saliera el Santo Rosario tan flojamente editado, pero fue que en aquellos días no existía en Valencia mejor papel disponible. Las pruebas de Camino las lleva hoy Fuenmayor, para que por teléfono nos digan su parecer» (Carta de Alfredo Sánchez Bella a Josemaría Escrivá, Valencia 21-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp C, exp 3).[358] Todo esto me lo comunica personalmente el Prof. Fuenmayor, 15-IV-2001.[359] Carta de Amadeo de Fuenmayor a Josemaría Escrivá, Valencia 30-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp A, exp 7. [360] «Han venido de Valencia: el libro no estará terminado hasta fin de semana» (Diario de Madrid, viernes 4-VIII-1939; Isidoro Zorzano).[361] Carta de Amadeo de Fuenmayor a Josemaría Escrivá, Valencia 12-VIII-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp A, exp 7. El subrayado es mío. [362] «Alfredo ha llevado ya las pruebas completas del libro» (Diario de Valencia, 21-VIII-1939; Rafael Calvo Serer). [363] Diario de Madrid, 21-VIII-1939; Isidoro Zorzano. El subrayado es mío. [364] La censura gubernativa prescrita fue emitida por el Ministerio de la Gobernación, Subsecretaría de Prensa y Propaganda. Se encuentra en el Expediente nº I.149 del Servicio Nacional de Propaganda, Sección Censura. Allí se dice que el Autor es a la vez el editor del libro, que tendrá 350 páginas en formato «cuarto marquilla», con una tirada de 2.500 ejemplares. Está en blanco el concepto «clase de papel» y se ve que el texto del libro no ofreció problemas a los censores. Más bien todo parece un trámite, pues la fecha de entrada y salida es la misma: 24-VIII-1939. Se resuelve «autorizar» su publicación. Firma, ilegible, de «El Jefe de Censura». Debajo hay una indicación que dice: «Queda prohibido poner ‘visado por la censura’» (Fotocopia del documento original en AGP, sec A, leg 54, carp 3, exp 3).[365] En el expediente eclesiástico de Valencia figuran sólo dos papeles, ambos con el membrete de «Vicariato General del Arzobispado de Valencia». Uno, con letra casi caligráfica del Autor, dice: «Camino», y debajo: «autor: José Maria (sic) Escrivá y Albás». La otra contiene el imprimatur en estos términos: «Valencia, 8 de septiembre de 1939. Por las presentes concedemos licencia para que se pueda imprimir y publicar el libro Camino de que es autor el Revdo. Sr. D. José María Escrivá y Albás: póngase a la cabeza o pié del mismo el Imprimatur. Regístrese. Lo decretó y firma S. Ilma. El Vicario General. Fdo.: A. Rodilla» (Archivo Metropolitano de Valencia, Legajo «Censuras», 1939/E). Como se ve, no se alude para nada a una censura previa, a un nihil obstat, sobre la cual se emitiera el imprimatur. D. Antonio Rodilla era un gran amigo de San Josemaría, Director de Burjasot durante años, que conocía ya Cec y estaba al tanto de C por sus visitas a Burgos durante la guerra. «¿Sabes quién está pasando unos días en casa? D. Antonio Rodilla. Suponte cómo y cuánto le agradezco su compañía» (Carta de Josemaría Escrivá a Bartolomé Rotger, Burgos 21-III-1938; EF 380321-09). ―Datos biográficos de Bartolomé Rotger en com/545.[366] Diario de Valencia, 8-IX-1939; Rafael Calvo Serer.[367] «Juan ha hablado por teléfono con Álvaro. Ha encargado, de parte del Padre, una estantería que ha de estar dispuesta [en Jenner] a recibir 2.000 ejemplares de Camino» (Diario de Madrid, 13-IX-1939; Isidoro Zorzano).[368] En el AGP se conservan unas cuantas capillas del libro ya impreso, exactamente igual en la disposición al libro ya editado, que podrían ser «ultimísimas» pruebas para una última mirada del Autor. Tal vez se las entregaron antes de regresar a Madrid.[369] La factura de la cartulina es de 8 de julio de 1939. Costó 1.000 ptas.[370] Notas de una tertulia, Roma, marzo de 1955; textos en AGP, sec A, leg 51. [371] Carta de Pedro Casciaro a Miguel Fisac, Valencia 10-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6. Subrayados de Casciaro. «Hoy, por la mañana, he estado hablando un rato con Alfredo del libro. He enviado ya a esa una muestra de la cartulina que Alfredo llamaba de color naranja y que parece ser que no hay otra disponible, dada la cantidad que se necesita […] Confío en que Miguelito contestará qué hay que hacer con la cartulina para las tapas del libro» (Carta de Pedro Casciaro a Josemaría Escrivá, Valencia 10-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 6).[372] En la carta hay un gracioso esquema que clarifica por completo lo que dice en el texto.[373] Carta de Miguel Fisac a Alfredo Sánchez Bella, Madrid 15-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp A, exp 6. El subrayado es mío. [374] La donación incluía otras dos piezas –que Miguel Fisac conservaba entre sus apuntes–, sumamente valiosas para nuestra historia: la cubierta que diseñó para Forja (vid supra § 2 nt 14) y una hoja, autógrafa de San Josemaría, con los títulos de otros libros en proyecto, que éste le había entregado en Santa Isabel para ir pensando posibles cubiertas. Este último documento es una cuartilla en la que el Autor de C escribió con lápiz rojo y azul, con letras grandes, los siguientes seis títulos: «En casa de Lázaro», «Mujeres del Evangelio»,      «Celibato, Matrimonio y Pureza» (vid C p/120), «Comentarios» (el libro que hemos visto ya proyectado en Burgos; vid § 5 nt 19), «Dios con nosotros» y «Pescadores de hombres». Ninguno de ellos fue adelante y no llegó Fisac a hacer los diseños.[375] Todo hace pensar que la «octavilla» fue utilizada primero por Fisac para el diseño y pasada al Autor para su aprobación. Éste anota en el dorso los títulos de otros dos proyectos de libros para diseñar portadas, y se la devuelve (se supone que con su VºBº). Este dorso hay que ponerlo en relación con la citada cuartilla con títulos de libros en proyecto: el primero es «En casa de Lázaro». Todo esto debió ser anterior a la salida del Autor para Valencia (5 de junio). Se lee en el Diario del día 12: «Miguel está ensayando diversos tipos de composiciones para las portadas de los dos libros que va a dar a la imprenta el Padre: uno de ellos se titula “En casa de Lázaro”» (Diario de Madrid, 12-VI-1939; Isidoro Zorzano). Del proyecto de libro «Con los primeros Doce» hay un dossier de materiales en AGP, sec A, leg 50-4, carp 3.[376] Notas de mi conversación con Miguel Fisac citada supra nt 7, n 7.[377] Ibidem, n 9.[378] Notas de una tertulia, Roma, marzo de 1955; textos en AGP, sec A, leg 51. Cursiva en el original. El Autor reaccionó con humor en el último punto de Surco, el nº 1000: «Escribo este número para que tú y yo acabemos el libro sonriendo, y se queden tranquilos los benditos lectores que, por simplicidad o por malicia, buscaron la cábala en los 999 puntos de Camino».[379] Pablo VI fue un admirador y lector asiduo de Camino. «Durante una audiencia privada el Papa Pablo VI le preguntó por qué había escogido este número. Nuestro Fundador respondió: ‘por amor a la Santísima Trinidad’» (Á. del Portillo, Entrevista, 1993, pg 154). Vid supra § 3, 3.[380] Instrucción, 9-I-1935, nº 84; subrayado del original. Los números, puestos en la vida ordinaria en relación con la Unidad y la Trinidad divina, le daban presencia de Dios. En Burgos a la vuelta de un viaje a León anota en su Cuaderno: «Martes 22 de febrero. No sé por qué me estoy acordando –alma contemplativa, al fin– de que, en León, me dieron la habitación número 309: tres, la Trinidad; cero, yo; nueve, mis chicos» (Cuaderno VIII dpdo, nº 1550). Desde Córdoba escribe poco después: «En el hotel me dan la habitación número 9. El número que me entusiasma (¡esa teología de las matemáticas!) […] ¡Qué rebueno es Jesús, que, con tan poca cosa, nos lleva a Él!». Al final del folio añade, con referencia al párrafo transcrito: «el mismo número 9 tenemos en Burgos»: la habitación del Hotel Sabadell (Carta de Josemaría Escrivá a los fieles del Opus Dei en Burgos, Córdoba 19-IV-1938; EF 380419-2). Lo mismo pensaría –agrego yo– al dejar el Hotel y venir a su último domicilio en Burgos: Concepción 9... Cuando estaba para salir C, el Autor escribió una carta a tres de la Obra, destinados en Olot, que empieza así: «Jesús os guarde. Muy queridos “tres”. Me encanta ese número, ¡tres! Y más, cuando los tres son uno, una sola cosa. ¡Dios os bendiga!» (Carta a Álvaro del Portillo y otros dos, Madrid 18-V-1939; EF 390518-5).[381] «En la edición del Rosario han puesto una viñeta de pie de imprenta francamente desagradable, diles que lo supriman y pongan en letra corriente lo que quieran poner» (Carta de Miguel Fisac a Alfredo Sánchez Bella, 15-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp A, exp 6). Así se hizo, como se puede ver en la edición príncipe.[382] Cada ejemplar del libro llevaba la banda con letras rojas que proponía Casciaro. Era una faja de papel cebolla de 14’5 cm. que envolvía las tapas del libro. En ella se leía, sobre la portada y con las líneas distribuidas en forma de capitel jónico, el siguiente texto: «Una OBRA fundamental del siglo XX | en un estudio psicológico de la | personalidad de la juventud. | Con forma vigorosa y atra- | yente, Camino asienta | sobre principios firmes | la formación en nuevo | estilo de las juven- | tudes ambiciosas | de eternidad y | de gloria». Al dorso se lee: «Venta | en librerías y pedidos al | autor, Santa Isabel, 146, | Madrid». No sé quién redactaría este texto: desde luego, no el Autor, a mi parecer. Tiene todo el estilo grandilocuente de aquellos momentos. Podría ser de Alfredo Sánchez Bella. Vid la recensión firmada por A.S.B publicada en el diario Levante de Valencia, 25-X-1939. —Debo agradecer a D. José Manuel Zumaquero y a D. Luis Echevarría, expertos en el mundo de la edición, su asesoramiento a la hora de hacer esta descripción de la edición príncipe de C. [383] Carta de Josemaría Escrivá a los fieles del Opus Dei en Valencia, Vitoria 28-VI-1939; EF 390628-1.[384] Carta de Miguel Fisac a Alfredo Sánchez Bella, Madrid 15-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp A, exp 6.[385] Carta de Amadeo de Fuenmayor a Josemaría Escrivá, Valencia 30-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp A, exp 7.[386] Hay en el dossier correspondiente (AGP, sec A, leg 54, carp 3, exp 5) una curiosa factura de «Artes Gráficas Ricardo Rodríguez», de Madrid, dirigida a Miguel Fisac, enero de 1940, en la que le cobra 15 ptas. por 2.016 etiquetas gomadas «14». Ese «14» se superpuso en los ejemplares sobre el «10» del precio anterior.[387] «De la cuestión de encontrar un local para la administración de Camino: las gestiones comenzarán hoy» (Carta de José M. Casas Torres a Josemaría Escrivá, Valencia 7-VIII-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 5). ―José Manuel Casas Torres (1916), natural de Valencia, catedrático de Geografía, conoció al Autor en Valencia, en junio de 1939, y poco después se incorporó al Opus Dei.[388] Carta de Pedro Casciaro a los de Olot, Valencia 17-VI-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 4.[389] Nota y carta de Francisco Botella a Josemaría Escrivá, Madrid 1-VII-1939; AGP, sec N-2, leg 149, carp D, exp 1.[390] Fotocopia en AGP, sec A, leg 54, carp 3, exp 5.[391] Allí mismo se dice que la paginación del libro es 350: fueron 336.[392] Factura dirigida a D. Hipólito Sánchez el 6 de septiembre y cobrada el 6 de octubre de 1939 (AGP, sec A, leg 54, carp 3, exp 5).[393] Diario de Valencia, 1-X-1939.[394] Diario de Madrid (ya en Jenner), 2-X-1939; Álvaro del Portillo. El subrayado es mío. ―Casimiro Morcillo González (1904-1971) nació en Soto el Real (Madrid). Sacerdote en 1926. Vicario General de Madrid-Alcalá, fue consagrado Obispo Auxiliar de esta diócesis en 1943. Obispo de Bilbao en 1950 y Arzobispo de Zaragoza en 1955. Arzobispo de Madrid-Alcalá en 1960, llegó a ser Presidente de la Conferencia Episcopal Española. Su trato      con el Autor comienza con un encuentro casual por las calles de Madrid, intensificándose la amistad en los años sucesivos. En la época de Burgos volvieron a coincidir y tuvieron ocasión de tratarse frecuentemente, en razón de su antigua amistad y por ser don Casimiro el Vicario de reorganización, es decir, el encargado de tener todo dispuesto para comenzar la atención pastoral, en cuanto se entrara en Madrid.[395] Carta de Alfredo Sánchez Bella a Josemaría Escrivá, Valencia 21-X-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp C, exp 3: «Camino está aquí en disposición de que un camión lo traslade a Madrid».[396] Notas de una tertulia en La Lloma (Valencia), 7-I-1975; AGP, sec A, leg 51. «Cuando salió de la imprenta la edición, colocamos ordenadamente los ejemplares en las estanterías del piso de la calle Samaniego 9, al que llamábamos familiarmente El Cubil. Desde allí, muy lentamente, se inició la distribución de Camino por España» (Florencio Sánchez Bella, Testimonio, Madrid 15-VIII-1978, pg 6; AGP, sec A, leg 100-51, carp 1, exp 6). ―Sobre «El Cubil», vid Juan Luis Corbín, La Valencia que conoció San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei, Carena Editors, Valencia 2002, pgs 64-66 y 73-75.[397] Ibidem. El testimonio continúa: «Como nuestras explicaciones sirvieron de poco, nos organizamos para acudir al establecimiento y solicitar un ejemplar de Camino. Pero no conseguimos nada, hasta que nuestro Padre, en uno de los viajes a Valencia, acudió a la tienda y se presentó como autor del libro. El dueño, al conocer al Padre se impresionó de tal manera que solicitó una compra en firme de veinticinco ejemplares. Fuimos corriendo a llevárselos». [398] Carta de Alfredo Sánchez Bella a Josemaría Escrivá, Valencia 21-X-1939; AGP, sec N-2, leg 150, carp C, exp 3. La factura de «Gráficas Turia», nº 403, a nombre de D. José María Escrivá, fechada el 21 de noviembre de 1939, es de 2.750 ptas. y tiene una nota que dice: «Esta factura anula las anteriores».[399] Notas de una tertulia, Roma, 8-II-1966; AGP, sec A, leg 51. En aquellas fechas se llevaban vendidos más de dos millones de ejemplares. Cinco años antes respondía a una pregunta semejante en Santiago de Compostela: «Cuando lo escribí, ni se me pasó por la cabeza que fuera a difundirse tanto. Pensaba que tendría un alcance limitado, poco más allá del ámbito de nuestra familia. Pero el Señor ha querido servirse de ese librito como un instrumento para remover a las almas» (Notas de una tertulia en el Colegio Mayor La Estila, Santiago de Compostela, 25-VII-1961; en AGP, sec P, leg 1, 1987, pgs 143-144).