Etiqueta: Llamados a la santidad

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"No te duela que vean tus faltas"

Cuanto más me exalten, Jesús mío, humíllame más en mi corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si tú me dejas. (Camino, 591)

“El santo no nace: se forja”

Todo aquello en que intervenimos los pobrecitos hombres –hasta la santidad– es un tejido de pequeñas menudencias, que –según la rectitud de intención– pueden formar un tapiz espléndido de heroísmo o de bajeza, de virtudes o de pecados. Las gestas relatan siempre aventuras gigantescas, pero mezcladas con detalles caseros del héroe. –Ojalá tengas siempre en mucho -¡línea recta!– las cosas pequeñas. (Camino, 826)

“Si alguno no lucha...”

La alegría es un bien cristiano, que poseemos mientras luchamos, porque es consecuencia de la paz. La paz es fruto de haber vencido la guerra, y la vida del hombre sobre la tierra –leemos en la Escritura Santa– es lucha. (Forja, 105)

“Tantos años luchando...”

Han venido nubarrones de falta de ganas, de pérdida de ilusión. Han caído chubascos de tristeza, con la clara sensación de encontrarte atado. Y, como colofón, te acecharon decaimientos, que nacen de una realidad más o menos objetiva: tantos años luchando..., y aún estás tan atrás, tan lejos. Todo esto es necesario, y Dios cuenta con eso: para alcanzar el “gaudium cum pace” –la paz y la alegría verdaderas, hemos de añadir, al convencimiento de nuestra filiación divina, que nos llena de optimismo, el recon...

“Seamos siempre salvajemente sinceros”

Si el demonio mudo –del que nos habla el Evangelio– se mete en el alma, lo echa todo a perder. En cambio, si se le arroja inmediatamente, todo sale bien, se camina feliz, todo marcha. –Propósito firme: “sinceridad salvaje” en la dirección espiritual, con delicada educación..., y que esa sinceridad sea inmediata. (Forja, 127)

“Es preciso que seas hombre de vida interior”

Es preciso que seas “hombre de Dios”, hombre de vida interior, hombre de oración y de sacrificio. –Tu apostolado debe ser una superabundancia de tu vida “para adentro”. (Camino, 961)

“A cada uno llama a la santidad”

La oración no es prerrogativa de frailes: es cometido de cristianos, de hombres y mujeres del mundo, que se saben hijos de Dios. (Surco, 451)

“Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos”

Nunca compartiré la opinión -aunque la respeto- de los que separan la oración de la vida activa, como si fueran incompatibles. Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura. (Forja, 738)

“Bendita perseverancia la del borrico”

Si no es para construir una obra muy grande, muy de Dios –la santidad–, no vale la pena entregarse. Por eso, la Iglesia –al canonizar a los santos– proclama la heroicidad de su vida. (Surco, 611)

“Dar es propio de enamorados”

Tu talento, tu simpatía, tus condiciones... se pierden: no te dejan aprovecharlas. –Piensa bien estas palabras de un autor espiritual: “No se pierde el incienso que se ofrece a Dios. –Más honrado es el Señor con el abatimiento de tus talentos que con el vano uso de ellos”. (Camino, 684)