Veinte años en la radio

Han pasado veinte años y la primera noticia que di en la radio fue “el tiempo”. El parte meteorológico. Me temblaba la voz y, por supuesto, el papel donde tenía recogida hasta la última coma. Eran mis meses de becario en la emisora que, dos años después, me contrató y donde hoy sigo trabajando.

En primera persona

Mi trabajo –como el de muchos– comienza pronto. Muy pronto. A las seis de la mañana debo estar en pie y salir de mi casa, situada en un barrio populoso de Granada. A esas horas he hecho ya un rato de oración ante el Santísimo y tomado una vaso de café para preparar y locutar los primeros informativos de las 7.00 de la mañana. 

Me imagino entonces a la gente cogiendo el coche, afeitándose o haciendo la casa con esa compañía de la radio. En mi despacho encuentro todas las mañanas la mirada de la Virgen de Belén, una talla de Alonso Cano que se encuentra en la sacristía de la catedral de Granada y entonces me hace recordar un eslogan que teníamos, hace muchos años, en la emisora donde trabajo: la radio es algo más que noticias o entretenimiento, es sobre todo, un motivo de amistad. Y eso es lo que procuro hacer cada día. Mostrar el lado más amable de la información, de lo que sucede en mi provincia con un tono afable. Las entrevistas las planteo siempre desde esa óptica. No siempre estoy de acuerdo con las personas que pasan por los micrófonos, claro, pero siempre hay algo que aprender de cada invitado. Siempre podemos encontrar puntos de unión y de encuentro. 

Al terminar esas primeras noticias entre esos boletines horarios aprovecho para ir a Misa. El resto de la jornada dependo del reloj, así que las horas pasan entre llamadas, redacción de noticias, atender las peticiones que hay desde los servicios regionales y nacionales y atender a una señora que le ha tocado un premio en la última rifa de la emisora… Todo va unido y, como en todos lados, hay que hacer de todo un poco hasta que terminamos el último informativo a las 14.30 h. Entonces salgo de la emisora con las peticiones que me ha hecho el periódico del que soy corresponsal…para llegar a casa. 

Juande con varios amigos.

La Asociación Deportiva y Cultural Alayos, en la que invierto gran parte de mi tiempo, es un buen ejemplo de la sociedad granadina: chicos abiertos de muy variadas procedencias y países. Familias que quieren ofrecer la posibilidad a sus hijos de una buena formación humana. En Alayos encuentran, además de un apoyo importante para el estudio, un lugar donde esos valores que todos desearíamos para la sociedad del futuro, se inculcan de una manera natural. Algunos amigos periodistas se han animado a hacer socios de Alayos a sus hijos. Otros muchos han venido aquí a hacer deporte o a participar en medios de formación espiritual. 

Por otra parte, el periodismo está atravesando una de las crisis más importantes de identidad. Además de la crisis económica, los periodistas afrontamos una crisis mucho más profunda: quiénes somos y a dónde vamos. Por culpa de la agresividad empresarial, los medios de comunicación han perdido esa función de servicio para volcarse en una política de subsistencia en la que lo de menos, es informar con veracidad. Por eso me parece especialmente interesante todo lo que aporta una visión cristiana de la sociedad y el hombre. Y, hoy más que nunca, imprescindible para entender el verdadero papel que deben jugar los medios de comunicación.  

Juande durante la XIV Jornada Comunicación Siglo XXI Granada. Foto: Ismael Martínez Sánchez

Han sido los dos primeros dos decenios. Veinte años que no son nada, como decía aquel cuplé. Ahora toca a seguir la aventura de las ondas sin ese nerviosismo del primer día pero con idéntica ilusión. Allá vamos.