San Josemaría en Guadalupe

Artículo de Rafael Angulo en el El Periódico de Extremadura, con motivo de la bendición de un lienzo, que conmemora la visita de san Josemaría y el beato Álvaro del Portillo al santuario de Guadalupe (Cáceres, España) en 1942.

Revista de prensa

El Periódico de Extremadura San Josemaría en Guadalupe

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Los días 27 y 28 de junio de 1942 san Josemaría Escrivá de Balaguer peregrinó al santuario de Guadalupe "con el ánimo, con la sencillez y con el gozo de un antiguo romero", para suplicar a la Morenita de las Villuercas que no les abandonara y que se ocupara de su grey. A su vera, como siempre, don Alvaro del Portillo.

San Josemaría imploraba la paz y el bien en aquellas circunstancias especialmente graves para la sociedad española, para la Iglesia universal y para el Opus Dei (donde la contradicción de los buenos, resultaba casi tan dolorosa como los padecimientos de la guerra civil) y, en su peregrinar, se unía a tantísimos santos que han acudido a Guadalupe a honrar a la Madre de Dios en su camarín.

Aunque desde los primeros tiempos los cristianos siempre estamos a contracorriente, (hoy, ahora, sin ir más lejos), nunca nos ha faltado la ayuda de Santa María en nuestro deambular y, así, como camino seguro, san Josemaría se acercaba a Guadalupe (entonces no tan cerca) para buscar remedio a las calamidades humanas y, especialmente, para la más grave de todas ellas, el pecado. Para ahogar el mal en abundancia de bien, san Josemaría tomaba el conducto reglamentario, (de santuario en santuario, instituyendo la romería de mayo como una costumbre) convencido de que a Jesús siempre se va y se "vuelve" por María, tratándola y haciendo oración (trasunto de lo que repetía Martin Luther King de que todo lo que se necesita para el triunfo del mal es que los hombres de bien no hagan nada).

La Patrona de Extremadura, Reina de la Hispanidad y reina de las Españas (que mejor lugar que Guadalupe para escuchar a Colón y recibir a los primeros americanos) tiene su sede, su casa, en Guadalupe y prima entre todas las advocaciones marianas extremeñas (las devociones se complementan no son excluyentes), por eso Guadalupe es antesala de un cielo al que todos aspiramos y tabla de salvación para nuestras enfermedades (de cuerpo y alma).

San Josemaría agradecía a la Virgen haber sido la gran protectora del Opus Dei, el gran recurso desde el 2 de octubre de 1928 y manto bajo el que acogerse (sub tuum praesidium) para crecer, como crecen los niños pequeños en los brazos de su madre. Y tanto cariño le tenia que no le importaba entonarle canciones populares, algo dulzonas quizás pero sentidas: "Quiero cantarte mujer/mi más bonita canción/porque eres tú mi querer/reina de mi corazón-oh sol de mi querer". Hoy, sábado, 9 de julio, gracias a la generosidad, amparo y comprensión fraternal de los Franciscanos, el Prelado del Opus Dei bendecirá solemnemente un cuadro conmemorativo de esa visita de 1942 que, posteriormente, pasará a ocupar un lugar en la galería de santos que han visitado Guadalupe y rendido pleitesía a su Señora.

Todo empezó con una cerveza. La que tomábamos los cuatro amigos: Domingo, Miguel Angel, fray José Arenas ..y en la que Pepe dijo ¿Por qué no ponéis un cuadro de san Josemaría en Guadalupe?. Le faltó tiempo a don Guillermo Soto para tirar del carro -y, así, hasta hoy. Desde el convencimiento de que San Josemaría rezó en aquella ocasion por mi (aunque mis padres aún no se habían conocido), como hijo agradecido y desde una habitación del hospital de Mérida, es un día para dar gracias a la Virgen de Guadalupe por permitir a esta partecita de la Iglesia (el Opus Dei) estar tan cerca suya. ¡Cor Mariae Dulcissimun iter para tutum!