La novela, el autor y por qué interesan

Algunas respuestas sobre las claves de la popularidad y el interés por la novela.

Revista de prensa

¿Qué es El Código Da Vici? El Código Da Vinci es la novela más vendida de Dan Brown en la que afirma que la Iglesia católica ha acallado la verdad sobre Jesús ocultando el hecho de que se casó con María Magdalena y de que se proponía establecer el culto de lo «sagrado femenino», y no una Iglesia que le daba culto como al Hijo de Dios.

Según el Código, María Magdalena es el auténtico «santo Grial» (considerado tradicionalmente como la copa que usó Cristo en la última Cena) porque llevaba en su vientre la «sangre sagrada» de Jesús que dio origen a una dinastía que finalmente se convertiría en la dinastía Merovingia, una familia medieval de reyes franceses. La afirmación central de la novela consiste en que el hecho era conocido por una sociedad secreta que mantuvo viva la verdad a lo largo de los siglos, a pesar de las siniestras tramas de la Iglesia católica por ocultarla. Afirma también que Leonardo da Vinci conocía aquel oscuro secreto y lo reveló a través de una serie de códigos insertados en sus cuadros.

De El Código Da Vinci se han publicado treinta y cinco millones de ejemplares y se ha hecho una película importante. A causa de sus radicales afirmaciones sobre los supuestos orígenes fraudulentos de la fe cristiana, el libro ha sido el centro de una intensa controversia, una controversia en la que pueden y deben participar los cristianos.

Pero ¿ese libro no es solamente una ficción? Es posible que Dan Brown no haya sido capaz de obtener unos datos correctos, pero seguro que hace un buen relato. ¿Qué perjuicio puede haber en que la gente lo lea como una novela de intriga? El Código Da Vinci aprovecha la falta de conocimientos sobre la Escritura, la historia y la fe católica, y manipula los «datos» de un modo pernicioso.

En primer lugar, da argumentos ‑por inmotivados que sean‑alas personas que mantienen un enfrentamiento con el cristianismo. En otras palabras, las personas que ya desconfían de la Iglesia católica (incluso que sienten aversión hacia ella) y del cristianismo tradicional están dispuestas a ver en El Código Da Vinci numerosas «evidencias» que justifiquen su oposición a la Iglesia y que apoyen sus opiniones sobre Cristo.

En segundo lugar, El Código Da Vinci da a los cristianos no comprometidos con su fe una excusa para no seguir a Jesucristo sin reservas. Esas personas que han crecido como cristianos, pero que no viven plenamente su relación con Jesús en sus vidas personales, se sienten animadas a continuar con su tibio modo de vida.

En tercer lugar, El Código Da Vinci atrae emocional e intelectualmente a todos los lectores ‑incluso cristianos piadosos‑ a unos niveles de teorías conspiratorias de un modo malsano. Muchos creyentes acérrimos que han leído la novela han comentado lo perturbadoras que son muchas de las ideas del libro, y cómo, una vez que esas ideas han entrado en sus mentes, han afectado a su fe. Las teorías conspiratorias de El Código Da Vinci les llevan a‑ acercarse a la Sagrada Biblia, a la Iglesia católica y a la Santa Tradición con mucho recelo. Hemos de preguntarnos: ¿Deseamos esta clase de actitud en nuestro interior? ¿Deseamos acercarnos a Cristo y a la Iglesia con esa falta de confianza? ¿Deseamos abordar la Palabra de Dios en la Biblia con muchas dudas sobre su credibilidad?

Fijemos nuestra atención en quién fue el primer teórico de la conspiración. El que, desde el principio, sembró en el corazón humano la duda sobre la bondad de Dios. ¿Quién desea todavía que dudemos de las Escrituras de Dios, de la Iglesia de Dios, de la Ley de Dios, incluso del mismo Dios? El demonio. Fue el demonio quien indujo a Adán y Eva a dudar del amor de Dios y de los planes divinos: «¿Dios os dijo: no comáis de los árboles todos del paraíso?... ¡No, no moriréis! Es que Dios sabe que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios» (Génesis 3, 4‑5). De modo que sí: las teorías conspiratorias urdidas en El Código Da Vinci pueden ser muy peligrosas para el alma.

¿Tienen miedo los cristianos a el Código Da Vinci porque saben que Dan Brown ha descubierto la verdad sobre los orígenes fraudulentos de su fe? El libro parece estar basado en unas adecuadas investigaciones y en hechos históricos.

Una de las ironías de el Código Da Vinci es el modo peculiar en que muchos de sus defensores dicen: « ¡Relájate, no es más que una novela! Y además, ¡todo es cierto!». Dejaremos que seas tú quien resuelva esa contradicción. Mientras tanto, responderemos a las afirmaciones del libro con un simple hecho: no son ciertas.

El Código Da Vlinci no es más que una novela, pero da la impresión de que su contenido se basa en realidades históricas. Ciertamente, la primera página del libro tiene una lista de supuestos hechos, incluida esta aseveración: «Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces». Así, de repente, el autor busca lectores que crean que están encontrando mucho más que ficción en El Código: numerosas afirmaciones sobre documentos religiosos, arte y rituales en medio de la trama.

También, la mucha propaganda y la gran atención de los medios otorgada a El Código Da Vinci describen el libro como «investigado históricamente> , «basado en hechos históricos», «una novela histórica» o «basada en impecables investigaciones». El propio eslogan de la versión cinematográfica de El Código Da Vinci es «Busca la Verdad». Y los expertos en el campo de la publicidad afirman que el éxito del libro se debe a que combina hechos históricos con un complot contemporáneo. Pero ahí radica el problema: muchos lectores creen que están conociendo gran número de hechos y de historia y, en realidad, muchos de los puntos centrales que aparecen en el libro no son objetivos. Expertos en el campo de la historia, del arte, de la teología y de la Escritura han señalado que el libro no está basado en absoluto en investigaciones sólidas. De hecho, cierto número de las afirmaciones vertidas en El Código Da Vinci son rebatidas, como que "La tierra es plana" o "2 + 2 = 5". Sin embargo, el ciudadano medio ‑por ejemplo, alguien que no sabe mucho sobre la Biblia, la historia de la primitiva cristiandad o el simbolismo religioso­podría apoyar las estrafalarias ideas de El Código Da Vinci porque carece de la formación necesaria para distinguir entre la verdad y las muchas mentiras que aparecen en sus páginas.

Después de todo, ¿cuántas personas hay expertas en el primer siglo del judaísmo? ¿En la primitiva historia cristiana? ¿En el arte religioso? ¿En la Biblia? Así, cuando un personaje de El Código Da Vine¡, «profesional experto», comienza a citar documentos antiguos de los que nunca has oído hablar, suelta teorías «eruditas» sobre que hubo más de ochenta Evangelios, afirma que hay constancia del matrimonio de Cristo con María Magdalena o te dice que no existen pruebas de que, durante los tres primeros siglos, los cristianos creyeran que Jesús es Dios, la reacción del amedrentado lector es: «¿Y yo qué sé? ¡Quizá tiene razón El Código Da Irnci!». A esos lectores, que no están suficientemente formados en esas áreas se les toma fácilmente el pelo. Empiezan por preguntarse si quizá, solo quizá, algunos de los puntos que cita Brown en El Código Da Vine¡ sean verdad, después de todo. Especialmente cuando el libro respalda sus afirmaciones asegurando que «eruditos», «historiadores» y «cristianos formados» conocen esos cuentos. Los profanos no se sienten suficientemente informados para llevar a cabo una réplica inteligente, de modo que creen en la pseudohistoricidad de El Código Da Vinci. ¿No es una prueba de la veracidad y la credibilidad del libro el hecho de que se hayan vendidos millones de ejemplares?

El hecho de que algo sea popular o haga ganar un 'montón de dinero a su inventor (o inventores) no significa que sea una cosa buena. Por ejemplo, la pornografía da más dinero que la NBA y la Champions League. Pero muy pocos afirmarían que el tremendo éxito económico de la pornografía (y, desgraciadamente, su popularidad) demuestra que es buena. '' En otras palabras, las espectaculares ventas de un libro como El Código Da Vine¡ son más una prueba del deterioro de la cultura que una evidencia de la credibilidad de sus afirmaciones. Si la gente supiera más sobre la Biblia, la historia de la Iglesia y la fe católica, mejor detectaría que muchos de los puntos que aparecen en El Código Da Vinci son tonterías manifiestas muy alejadas de la realidad. Pero ya millones de personas han llegado a creer que este libro les va a enseñar mucho sobre historia y religión. Es como comprar un coche nuevo, de buena apariencia, pero que casualmente carece de motor. Puede resultar magnífico a la vista, pero no te llevará muy lejos. De un modo semejante, El Código Da Vinci puede resultar una lectura entretenida y emocionante para algunos, pero, ciertamente, no es la clase de libro que forma mejor a las personas. De hecho, es la clase de libro que realmente hace a la gente más ignorante y más confundida sobre historia, arte y religión, que antes de leerlo.

En cualquier caso, ¿por qué es tan popular El Código Da Vinci?

El libro es popular no porque los personajes sean interesantes o porque la trama esté muy bien construida, sino porque asegura que está revelando un gran secreto: los orígenes fraudulentos de la Cristiandad. Lo más curioso del caso es que Brown no se decide a determinar las bases de esta afirmación. A lo largo del libro se nos dice simultáneamente que es el secreto más gigantesco de todos los tiempos: la única cosa que la conspiración romano‑católica ha estado ocultando durante 2.000 años a base de embustes, intrigas y asesinatos. Pero, por otro lado, se nos dice también que esto forma parte del conocimiento común de «eruditos serios», algo que cualquiera que «abra los ojos» puede ver en todo momento. Ciertamente, todo el libro gira en torno a la idea de que Leonardo da Vinci era uno más entre las numerosas élites europeas que sabían del matrimonio y del hijo de Jesús, y que se mofaba ante la idea de que Él fuera el Hijo de Dios.

Aunque el aparato completo de la Iglesia católica estaba dispuesto a asesinar a cualquiera que revelara su secreto, ¡Leonardo se afanaba por decirlo al mundo entero a través de obras de arte pintadas en los muros de una iglesia católica, y sabiamente codificadas! En esta apasionante ‑y fundamentalmente contradictoria‑ propuesta subyace el interés del libro. Los personajes son meros micrófonos para instruir al lector en esta infundada afirmación.

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Los autores de este texto extraído del libro "El engaño Da Vinci"  editado por "Palabra" son: 

Mark Shea es el redactor jefe de Catholic Exchange (www.CatholicExchange.com) y autor de varios libros, entre ellos, Making Serse Out of Scripture: Reading the Bible as the First Christians Did (Basílica, 1999) y By What Authority? An Evangelical Discovers Catholic Tradition (Our Sunday Visitor, 1996). Vive en Seattle con su esposa y sus cuatro hijos.

Edward Sri, S.T.D., es profesor adjunto de Teología en el Benedictine College en Atchison, Kansas. Es autor de varios libros, entre ellos, The New Rosary in Scripture: Biblican Insights for Praying the 20 Mysteries (Servant, 2003). Sri es uno de los fundadores con Curtis Martin de FOCUS (Fellowship of Catholic University Students), y escribe y habla sobre la Sagrada Escritura, apologética y Fe católica. Vive en Kansas con su esposa Elizabeth y sus tres hijos.