Empresa y bien común en el mensaje de san Josemaría

​Un concepto de empresa cada vez más aceptado es el de una comunidad de personas que persiguen de manera organizada el logro de determinados objetivos comunes, compatibles con sus legítimos objetivos personales. En un workshop sobre empresa del Congreso celebrado en Roma en enero de 2002 se reflexionó sobre cómo el mensaje del fundador del Opus Dei-

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Opus Dei - Empresa y bien común en el mensaje de san Josemaría Foto: Ismael Martínez Sánchez

Un concepto de empresa cada vez más aceptado es el de una comunidad de personas que persiguen de manera organizada el logro de determinados objetivos comunes, compatibles con sus legítimos objetivos personales. En un workshop sobre empresa del Congreso celebrado en Roma en enero de 2002 se reflexionó sobre cómo el mensaje del fundador del Opus Dei, (recibido y puesto en práctica en formas diversas y con iniciativas responsables por personas de todo el mundo) —con actividades profesionales en la empresa— puede ayudar y de hecho ayuda al progreso y avance del bien común.
Las empresas mercantiles se consideran también como las organizaciones que mejor pueden, a través de la prestación de un buen servicio, ayudar a la creación y distribución de la riqueza, y de manera creciente a contribuir directa o indirectamente a resolver problemas de desarrollo humano y social. Los países más desarrollados no son los que tienen más recursos naturales sino los que disponen de empresas mejor organizadas.
Con todos sus defectos, que habrá que ir corrigiendo con el tiempo, la empresa se considera también como un lugar de aprendizaje de nuevos conocimientos, ejercicio de capacidades y revisión de actitudes que contribuyen, o deben contribuir, a la mejora y desarrollo personal, y al progreso social.
Estas tres concepciones están avaladas por investigaciones actuales y por la práctica empresarial actual, aunque hay que reconocer que en menor medida de lo que sería deseable.
Estas tres concepciones facilitan que en las empresas puedan ponerse en práctica las enseñanzas del Fundador del Opus Dei, y tener un impacto positivo en beneficio de las personas en particular y de la sociedad en general, y por tanto del bien común.
El concepto de bien común no es trivial. Para una definición sencilla podemos referirnos al Concilio Vaticano II. En el n. 26 de la constituciónGaudium et spes se describe el bien común como «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección».
Y explica que, dado que la interdependencia económica y social es cada vez más estrecha y su universalización progresiva, el bien común se universaliza también cada vez más, y por tanto implica derechos y obligaciones que miran a todo el género humano.
Dicho de otra forma, el bien común así entendido va siendo cada vez más una cuestión universal y sus causas y efectos están más interconectados. Por ello, las contribuciones positivas por pequeñas que parezcan, que se hacen desde cualquier actividad, desde cualquier lugar, y por cualquier persona, repercuten sensiblemente en el bien común general. En elworkshop del Congreso celebrado en Roma en enero de 2002 pretendíamos reflexionar sobre cómo el mensaje del fundador del Opus Dei, (recibido y puesto en práctica en formas diversas y con iniciativas responsables por personas de todo el mundo) —con actividades profesionales en la empresa— puede ayudar y de hecho ayuda al progreso y avance del bien común.
Queremos advertir que a pesar de su formulación sencilla, el empeño por contribuir al bien común no es tarea fácil ni trivial. A menudo el proceso va acompañado de dificultades y frustraciones.
Pero los testimonios de personas que lo han emprendido son una prueba de que vale la pena intentarlo.
El mensaje de san Josemaría
La parte del mensaje del Fundador del Opus Dei que más directamente puede aplicarse al tema que nos ocupa es su invitación a los hombres y mujeres de buena voluntad a «poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas» (1). Y en Amigos de Dios San Josemaría hace una llamada: «Somos nosotros hombres de la calle, cristianos corrientes, metidos en el torrente circulatorio de la sociedad. Y el Señor nos quiere santos, apostólicos, precisamente en medio de nuestro trabajo profesional. Es decir, santificándonos en esa tarea, santificando esa tarea y ayudando a que los demás se santifiquen con esa tarea. Convenceos de que en ese ambiente os espera Dios con solicitud de Padre, de Amigo. Y pensad que con vuestro quehacer profesional realizado con responsabilidad, además de sosteneros económicamente, prestáis un servicio directísimo al desarrollo de la sociedad...» (2).
El mensaje del fundador del Opus Dei expresado en esta forma, invita a lo que hemos llamado dos transformaciones: la transformación personal cuya raíz es el trato con Dios Padre y Amigo y cuyo objetivo es la unión con Dios en medio de la actividad ordinaria; y la transformación de las condiciones del mundo del trabajo, cuyo objetivo es lograr que estas condiciones sean a la medida de las enseñanzas de Jesucristo para que faciliten y promuevan el acercamiento a Dios de toda la humanidad.
Los testimonios recibidos
Al iniciar la preparación del workshop hicimos un “llamamiento” general en busca de testimonios que expresaran las dos transformaciones a las que invita el mensaje de Josemaría Escrivá. Para explicar mejor lo que queríamos, nos apoyamos en la parábola del buen samaritano narrada en el Evangelio de San Lucas: una historia extraordinariamente contada (Lc X, 25-37). En ella se pone de manifiesto cómo la actuación correcta y generosa de una persona (el buen samaritano) puede cambiar una situación penosa y desgraciada, la de una persona robada y mal herida.
La respuesta a nuestro llamamiento fue también generosa y abundante. Desde aquí queremos reiterar nuestro agradecimiento a todos los que contribuyeron con sus testimonios.
Gracias a su generosa respuesta, tenemos la suerte de poder contar con más de un centenar de testimonios de profesionales de la empresa, de más de 20 países. Casi su totalidad se ha recogido en un CD-Rom interactivo que facilita la consulta rápida o su estudio.
Un primer análisis de los testimonios, que podrá y seguramente deberá completarse en el futuro, permite adelantar unas conclusiones sobre cómo el mensaje del Fundador del Opus Dei ha influido en orientar las decisiones referidas por los interesados, con una interesante conjunción de sentido profesional y sentido cristiano.
Las situaciones estudiadas, sin haberlo buscado nosotros, abarcan un amplio abanico de responsabilidades, que van desde un director de cine de California a un propietario de gasolineras en Australia; desde una propietaria de una pastelería del norte de España a una consulesa de los Estados Unidos; desde un director de televisión en Francia a un empresario de componentes del automóvil en Alemania.
En general, los testimonios describen situaciones ocurridas a lo largo de la vida profesional de los interesados, en las que las enseñanzas del fundador del Opus Dei les invitaron a una nueva orientación, a un cambio, tanto en sus vidas personales como en sus actuaciones profesionales. Así, podemos comprobar cómo un empresario textil catalán, acosado por una fuerte crisis económica sectorial, decide —por razones de solidaridad y justicia con sus empleados— no cerrar ni vender sus fábricas. O cómo un empresario de la construcción erradica de su empresa prácticas —en cierto modo habituales en el sector— que pueden calificarse de corrupción, y mejora claramente el ambiente laboral, al tiempo que eleva el nivel técnico de su empresa.
En otras ocasiones, se puede comprobar cómo se mejoran las reglas de trabajo en organizaciones (por ejemplo en Kenia) para facilitar las carreras profesionales de las mujeres, adoptando medidas favorables en periodos de maternidad, que van más allá del mínimo exigido en la legislación vigente.
O cómo se introducen criterios éticos en procesos de preparación de contratos (en una firma de abogados de Chile), criterios que por desgracia están ausentes en la práctica habitual.
Pero también encontramos casos de cómo subvenir las necesidades de los menos favorecidos, ayudándoles a resolver su problema de vivienda en una ciudad de Brasil, o el problema de su formación profesional en un instituto de Perú.
Los testimonios recogidos están agrupados en el CD-Rom en nueve capítulos de manera que se facilite su consulta o estudio. Estos capítulos, pueden dar una idea de la variedad de las aportaciones recibidas y tienen los siguientes títulos:
Mujer, trabajo y bien común: Contempla el papel importante que juega y puede jugar la mujer en el mundo del trabajo, haciéndolo compatible con sus responsabilidades familiares.
Atención a los menos favorecidos: Los testimonios subrayan la primacía de la caridad sobre la justicia en la gestión empresarial.
Enfrentarse a la corrupción: Una concepción cristiana de la vida es incompatible con prácticas que pueden calificarse de corrupción.
Competencia profesional y bien común: Muestra la necesidad de una buena y exigente preparación profesional actualizada para desempañar responsablemente las actividades profesionales.
Valores y virtudes en el trabajo: El trabajo es ocasión habitual de practicar todas las virtudes humanas y cristianas, informadas por la caridad.
La ética laboral: Ética entendida en el sentido de un conjunto de principios cuyo ejercicio facilita el desarrollo integral de las personas.
Responsabilidades profesionales y familiares: Muestra la necesidad y la factibilidad de un equilibrio entre familia, profesión y trato con Dios, para llevar una vida cristiana coherente.
Dimensión social del emprendedor: Presenta la actitud de quienes son capaces de asumir riesgos empresariales en beneficio de los demás, a través de la creación de puestos de trabajo y de facilitar su formación.
Haciendo la empresa más humana: Saber ver en los demás seres creados a imagen y semejanza de Dios, lo que les confiere su dignidad y sus derechos.
Al analizar estos testimonios, hemos encontrado una serie de coincidencias. Llama positivamente la atención que en todos los casos el mensaje del Fundador del Opus Dei les ha ayudado a mejorar en el trabajo y a mejorar el propio trabajo. Por decirlo en la misma forma empleada antes, el mensaje de San Josemaría está presente en la transformación personal y en la transformación de las estructuras de trabajo. Pero también observamos que hay unos principios de actuación, que se repiten en los testimonios y en los que conviene profundizar.
A continuación, trataremos de describir estos principios de actuación comunes a los testimonios, que se extraen del mensaje del fundador del Opus Dei, en lo que se refiere a las dos transformaciones. Aunque el tema resulta conocido para los que desde hace años conocen y practican este mensaje, la reflexión sobre estas experiencias que ponen de manifiesto modos de extraer consecuencias prácticas de ese mensaje, posee una enorme fuerza, por tratarse de situaciones reales vividas con esfuerzo e ilusión y con la finalidad de seguir más de cerca al Maestro, y de este modo servir mejor a la sociedad en general y a personas concretas en particular.
La necesaria transformación personal
En los casos en los que se insinúan o describen transformaciones personales, éstas siguen caminos diversos. Pero, por lo que se refiere al impacto que su propio trabajo tiene en el proceso de transformación personal, se encuentran puntos comunes que San Josemaría expresa con claridad en su mensaje sobre la santificación de la vida ordinaria y sobre la santificación del trabajo. Se han observado cuatro puntos, que resaltaremos con breves citas de testimonios recibidos.
1. Constatación de que el trabajo profesional bien hecho es condición necesaria para la mejora personal y para la unión con Dios.
«Desde hace 23 años trabajo en la Aseguradora de Accidentes Laborales de la Mutual de Seguridad de Chile, empresa en la que trabajan 2.300 empleados. Cuando empecé a familiarizarme con el mensaje del fundador del Opus Dei, descubrí el sentido de mi vocación cristiana, la dignidad de “ser hijo de Dios” y la llamada a santificarme en el trabajo. Todo ello cambió mi esquema de vida. En nuestra “mesa de gerentes” se barajaban diversas y encontradas corrientes de pensamiento filosófico, político y religioso, de modo que los temas de conversación en el almuerzo constituían para mí un constante desafío.
Además de inculcar el respeto a la ley, intenté introducir un “ideario de negocios” basado en el respeto a las personas y en la preponderancia, en todos los campos, de la justicia y de los aspectos éticos y humanos, de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia. Al principio, los gerentes —según una costumbre chilena— me tildaban, por mi profesión del derecho, de ser un “pone palitos” al desarrollo de los negocios.
Con el paso del tiempo, en la Mutual se dieron cuenta de que mis observaciones, siempre hechas por escrito, mantenían una coherencia entre lo legal y lo ético; entre lo legal y lo justo; entre lo legal y la transparencia de los negocios; entre lo legal y la firmeza de los principios y valores. Por otra parte, procuraba acompañar los informes con la exposición oral: conversaba individual o colectivamente con las partes interesadas para darles un enfoque cristiano de los asuntos.
Los gerentes fueron notando que el otrora “pone palitos” se había convertido en un amigo que, a la larga, facilitaba el diálogo y el rápido trámite de las gestiones. Por eso convencieron a los ejecutivos y profesionales de las otras partes contratantes para que admitieran mi presencia en las negociaciones. De esta forma, se hizo algo natural estudiar las dimensiones éticas de nuestras decisiones».
«El trabajo profesional —sea el que sea— se convierte en un candelero que ilumina a vuestros colegas y amigos. Por eso suelo repetir a los que se incorporan al Opus Dei, y mi afirmación vale para todos los que me escucháis: ¡qué me importa que me digan que fulanito es buen hijo mío —un buen cristiano—, pero un mal zapatero! Si no se esfuerza en aprender bien su oficio, o en ejecutarlo con esmero, no podrá santificarlo ni ofrecérselo al Señor; y la santificación del trabajo ordinario constituye como el quicio de la verdadera espiritualidad para los que —inmersos en las realidades temporales— estamos decididos a tratar a Dios» (3).
2. Frecuentes referencias a que la perfección en el trabajo, por pequeño o humilde que parezca, es condición no sólo para la santidad personal, sino también para poder realizar una contribución al bien común.
«Mathew regenta una empresa de recursos humanos en Kenia. Su actitud de servicio le lleva a poner esfuerzo en los pequeños detalles. Entre otros, el de no hacer esperar innecesariamente a las personas que acuden a su oficina. Para ello, establece un registro de hora de llegada y de comienzo de la atención a cada persona, que revisa periódicamente, lo cual le ayuda a mejorar el servicio».
Esta idea que aparece en varios testimonios, la encontramos en los escritos de San Josemaría: «Lo que he enseñado siempre —desde hace cuarenta años— es que todo trabajo humano honesto, intelectual o manual, debe ser realizado por el cristiano con la mayor perfección posible: con perfección humana (competencia profesional) y con perfección cristiana (por amor a la voluntad de Dios y en servicio de los hombres). Porque hecho así, este trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar cristianamente las realidades temporales —a manifestar su dimensión divina— y es asumido e integrado en la obra prodigiosa de la Creación y de la Redención del mundo: se eleva así el trabajo al orden de la gracia, se santifica, se convierte en obra de Dios, operatio Dei, opus Dei» (4).
3. Con frecuencia se habla de justicia social al referirse a las actividades socioeconómicas. Pues bien, los testimonios están en sintonía con el mensaje del fundador del Opus Dei, quien resalta la importancia y el deber de la caridad, por encima de la justicia, en el ejercicio de las responsabilidades profesionales. La caridad así vivida es una muestra de que se pone a la persona en el centro de la actividad económica, como le corresponde por su dignidad.
«Soy empresario proveedor de artículos de automoción en Alemania. A mediados de los años 90, los precios de las materias primas empezaron a experimentar subidas espectaculares y muchas empresas de nuestro sector tuvieron serios problemas. Como resultado, bajó la producción de automóviles en toda Europa. Los compradores de componentes presionaban a los proveedores imponiendo precios bajos con métodos desconocidos hasta entonces. Durante este periodo muchas pequeñas y medianas empresas arrojaron la toalla. Las mejores se vendieron a los grandes conglomerados, casi todos de capital estadounidense.
Mi empresa fue objeto de varios contactos exploratorios y recibió un par de ofertas muy prometedoras. En aquel tiempo, esto representaba una esperanza, un alivio para propietarios y directivos, pero también la tentación de seguir el camino más fácil, que pensábamos que no era el mejor para nuestros empleados.
Movido por el deber de solidaridad y de caridad que todo empresario tiene, y que está claramente expuesto en las enseñanzas de Juan Pablo II y del fundador del Opus Dei Josemaría, decidí no vender el negocio familiar. Expliqué mis razones a los demás miembros de la familia y a mis empleados, y con ellos puse en marcha un plan exigente de ahorro e innovación. Con la ayuda de Dios, poco a poco fuimos superando la crisis.
Hoy, nuestro negocio ha crecido en volumen y en calidad; hemos aumentado nuestra plantilla, ofrecemos productos nuevos y mejores, y tenemos excelentes proyectos a largo plazo que ya hemos empezado a desarrollar».
«La caridad perfecciona y completa la justicia, porque mueve a conducirnos de manera desigual con los desiguales, adaptándonos a sus circunstancias concretas, [...] La justicia establece que se dé a cada uno lo suyo, que no es igual que dar a todos lo mismo. El igualitarismo utópico es fuente de las más grandes injusticias» (5).
4. Además, en los testimonios se comprueba cómo la caridad facilita el desarrollo de todas las demás virtudes, que se demandan cada vez más en el desempeño de las responsabilidades propias de un profesional de la empresa.
Una cita del testimonio de una viceconsulesa de Estados Unidos, es expresiva:
«Soy viceconsulesa de mi país, y todos los días tengo que ocuparme de los numerosos —a veces enormes— problemas personales de mis compatriotas. Mientras les escucho o leo sus cartas, no puedo permanecer indiferente: rezo por ellos tal como aprendí a hacerlo en el Opus Dei, y procuro —además de intentar resolver los problemas— mostrarles una perspectiva sobrenatural.
El otro día, me llegó el caso de un hombre joven con cargos criminales. Le visité, me aseguré de que recibiera asistencia legal y ayudé en lo posible a su pobre familia. Les escuché y me hice cargo de su situación; ellos, a su vez, fueron adoptando otra actitud al verse comprendidos y respetados, hasta el punto de que el mismo inculpado empezó a cambiar, aceptó su castigo como algo merecido y decidió vivir sus días en prisión procurando ser otro Cristo, como nos encarecía el fundador del Opus Dei, pensando en las mil circunstancias diversas que podemos atravesar las personas».
«Viviendo la caridad —el amor— se vivin todas las virtudes humanas y sobrenaturales del cristiano, que forman una unidad y que no se pueden reducir a enumeraciones exhaustivas. La caridad exige que se viva la justicia, la solidaridad, la responsabilidad familiar y social, la pobreza, la alegría,.... la amistad...» (6).
La transformación de las estructuras y de las condiciones de trabajo
Si nos fijamos ahora en lo que los testimonios dicen sobre la santificación del trabajo, se comprueba que la transformación de las estructuras de trabajo no es trivial. De manera habitual constituye un proyecto para toda la vida de un profesional de la empresa. La variedad de circunstancias humanas, de cultura y de desarrollo económico y social no hacen sino añadir complejidad a la búsqueda de soluciones mejores, más humanas, más cristianas.
A pesar de esta complejidad, en los testimonios quedan claros ciertos principios de actuación que deben presidir cualquier proyecto de transformación de las estructuras de trabajo. Estos principios están comprendidos en el mensaje del fundador del Opus Dei. En los testimonios hemos encontrado siete principios, que trataremos de acompañar con citas de testimonios recibidos.
1. El primer deber para transformar las estructuras de trabajo es el reconocimiento de la dignidad de la persona, y por tanto de cualquier trabajo que ésta realice.
«Soy ingeniero electricista y llevo trabajando para compañías de energía eléctrica desde hace casi treinta años. Desde enero del 2001 dirijo una compañía nueva que da servicio de transmisión eléctrica de alta tensión a la mayor parte de Wisconsin y a diversas zonas de dos Estados vecinos, Michigan e Illinois.
Retrospectivamente, contemplo hasta qué punto las enseñanzas del fundador del Opus Dei han influido en dos importantes aspectos de mi trabajo profesional: en mi actitud ante el trabajo mismo, y en mis relaciones con los demás: empleados, colegas, proveedores e incluso competidores.
San Josemaría subrayó la necesidad del estudio continuado como base necesaria para un trabajo profesional eficaz. Hace poco, un viejo colaborador mío me preguntaba si todavía seguía estudiando algo todos los días; por lo visto, habíamos debatido ese tema cuando empezamos nuestra carrera. Lo cierto es que sí, que he mantenido esta práctica hasta el día de hoy. Así he conseguido dos licenciaturas universitarias y la oportunidad de promover y dirigir programas de formación para mecánicos y electricistas, así como para empleados profesionales. Estos programas han sido clave para que muchos empleados actualizaran sus conocimientos, progresaran en sus carreras y mejoraran sus ingresos.
A lo largo de los años he tenido ocasión de dirigir el trabajo de empleados de todos los niveles y con enlaces sindicales. Convencido de la dignidad de todo trabajo honrado y del respeto que toda persona merece, sin tener en cuenta su clase o categoría, he procurado establecer y mantener relaciones cordiales con todos los empleados y sus representantes sindicales. Para ello fue necesario romper las barreras de clase implícitas, entre empleados con representación sindical y empleados con tareas de supervisión. Convertí en práctica habitual consultar a los empleados sobre todos los asuntos que afectaban a su trabajo, y comprobé cómo apreciaban el que se reconocieran sus conocimientos y su experiencia».
«Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad» (7).
2. Los testimonios muestran, como enseñó con insistencia el fundador del Opus Dei Josemaría, que el trabajo es el medio habitual de santificación y realización de la persona. De ahí la importancia de que desde la empresa se ponga empeño en ofrecer un trabajo digno a todos sus componentes, que es un derecho básico de toda persona.
Fritz es un empresario de Filipinas dedicado a temas agrícolas.
«Allí comprobaba la baja capacitación profesional exigida a los trabajadores. Veía cómo los hijos de los campesinos abandonaban el campo e iban a la ciudad, sin preparación y sin posibilidades.
Movido por su sentido de responsabilidad social, montó las Escuelas Familiares Agrarias para preparar a los campesinos profesionalmente y para facilitarles un trabajo más digno en la ciudad, en caso de que tuvieran o quisieran abandonar el campo».
3. En los testimonios es frecuente la referencia a la doctrina social de la Iglesia como un conjunto de principios y conceptos donde católicos y no católicos pueden encontrar inspiración y guía para la búsqueda de soluciones prácticas a los problemas sociales. De ahí la importancia de conocerla, difundirla y tratar de aplicarla en cualquier proyecto de transformación de las estructuras de trabajo. Y no sólo en las grandes empresas, sino también en organizaciones más pequeñas.
Rosa, pastelera y abuela de Pamplona lo explica en su testimonio.
«Aunque estudié periodismo, hace ya años que dirijo la empresa familiarPastelerías Manterola. Cuando la Asociación de Mujeres empresarias y directivas me concedió el Premio a la mejor empresaria de Navarra —en su primera edición— me emocioné mucho; fue un estímulo para seguir trabajando los años que me queden. La concesión de este premio me ha hecho revivir las luctuosas circunstancias en que me hice cargo del negocio familiar: un accidente de barco en el que fallecieron mis dos hermanas y mis dos cuñados, que dejaron huérfanos a seis niños pequeños y, a continuación, la muerte de mi marido con una de mis hijas en un accidente de carretera.
En esta situación tuve que sacar adelante a mis ocho hijos y hacerme cargo del negocio que hasta entonces llevaba mi marido. La conciencia de la vocación cristiana que había aprendido del fundador del Opus Dei desde mi juventud me prestó la visión sobrenatural que necesitaba para afrontar la realidad y, la fortaleza para no caer en el desconsuelo y el desánimo. ¿Cómo salir adelante sin oración?
Los años posteriores al accidente fueron realmente duros, sobre todo por la ausencia de mi marido y de mi hija. Además, estaba obligada a prestar fortaleza al resto de la familia. Pero gracias a Dios y a la Obra, mi vida y la de mi familia ha ido transcurriendo con trabajo y mucho esfuerzo, pero sin que nunca faltase la alegría. Me tomé mi nuevo trabajo con mucha profesionalidad: visité en el extranjero empresas similares a la mía, y procuré aprender de otros la forma de gestionar y resolver los asuntos prácticos que se me presentan. Las cosas fueron bien y pude ampliar el negocio.
En la formación que recibo en el Opus Dei me recomendaron leer los documentos del Magisterio de la Iglesia sobre el trabajo de los empresarios. Uno de los documentos que más me ayudó fue la encíclica de Juan Pablo II Laborem exercens, de cuya lectura saqué muchas ideas. Una frase del Papa me impactó: «En este momento, crear puestos de trabajo es la mejor obra social que se puede hacer». Comprendí que éste era el camino que Dios me señalaba: mantener los puestos de trabajo y, a ser posible, crear otros nuevos».
4. En los testimonios, se comprueba que las estructuras de trabajo se dignifican cuando facilitan la actitud de servicio, estimulan el perfeccionamiento de las capacidades personales, y conducen a la necesaria competencia profesional.
«Conocí el mensaje del Josemaría Escrivá a los quince años. Más adelante, mientras estudiaba en la Universidad de São Paulo, a finales de los 70, empecé a profundizar en el espíritu del Opus Dei, que marcó mi vida.
Graduado en ingeniería civil, volví a mi ciudad —Ribeirão Preto— y enseguida creé una empresa constructora a la que puse el nombre deServisa para tener siempre presente que estamos para servir y que es ahí, en nuestra tarea, donde nos tenemos que santificar, realizando un trabajo eficiente, pagando salarios dignos, ofreciendo productos de calidad por precios ajustados y financiado directamente a una tasa de interés adecuada a las posibilidades de la gente.
De hecho, en Brasil se practicaba con frecuencia un sistema de financiación que hacía imposible, a la larga, pagar la deuda; un sistema del que se aprovechaban bancos y constructoras.
Tenía claro que por el camino emprendido no iba a hacerme rico, pero no era eso algo que me preocupase. En la actualidad llevo ya construidos pisos para cuatrocientas familias, he dado empleo a mucha gente y he logrado sacar mi familia adelante.
Mi mujer, que es arquitecto, ha sido de gran ayuda en mi empresa: ella es la que proyecta los apartamentos y las áreas comunes de los edificios para que la vida familiar pueda desenvolverse bien, a la vez que procura destinar un porcentaje importante de los solares a crear áreas libres en que los niños puedan jugar y la gente convivir. Inspirados en las enseñanzas del fundador del Opus Dei Josemaría, los dos hemos propuesto hacer compatible el trabajo con nuestra formación y la dedicación a la familia».
«El milagro que os pide el Señor es la perseverancia en vuestra vocación cristiana y divina, la santificación del trabajo de cada día: el milagro de convertir la prosa diaria en endecasílabos, en verso heroico, por el amor que ponéis en vuestra ocupación habitual. Ahí os espera Dios, de tal manera que seáis almas con sentido de responsabilidad, con afán apostólico, con competencia profesional.
Por eso, como lema para vuestro trabajo, os puedo indicar éste: para servir, servir. Porque, en primer lugar, para realizar las cosas, hay que saber terminarlas. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese deseo se traducirá en el empeño por poner los medios adecuados para dejar las cosas acabadas, con humana perfección» (8).
5. Los testimonios confirman que la actividad empresarial no debe circunscribirse a la simple consecución de beneficios ni a la supervivencia de la empresa, sino que debe ampliar sus responsabilidades en busca del bien común. Éste no se limita al mejor reparto del valor añadido, sino que demanda la transformación de las circunstancias que permitan y faciliten el desarrollo integral de las personas que componen la organización, o que se relacionan con ella.
El testimonio de Serah (Kenia) nos ayuda a comprenderlo.
«Me llamo Serah Mwangi. Me incorporé al sector editorial en 1991 cuando, con mi hermana Rose y dos amigos, constituí Focus Publications Ltd., de la que soy Directora General. Fundamos Focus Publications Ltd. con la ilusión de secundar uno de los grandes deseos del fundador del Opus Dei: llenar el mundo de “libros de fuego” al servicio de la verdad.
Muchos de los autores que recurren a nosotros tienen poca experiencia. Cuando descubrimos a un escritor potencialmente bueno, no escatimamos esfuerzos para ayudarle a desarrollar plenamente su talento; procuramos mantener viva nuestra relación con él para inculcarle el hábito de transmitir valores humanos nobles en sus escritos. Esto exige largas conversaciones con el autor, infundiéndole una visión optimista y positiva de la vida, incluso cuando el tono del argumento de sus libros es más bien gris. Muchas veces, resulta una tarea ardua hacer ver al autor que su libro se venderá sin necesidad de recurrir a lo morboso. Hemos tenido grandes alegrías en este campo: dos o tres novelas publicadas por nosotros, además de venderse bien, han ganado premios nacionales e internacionales.
Otro frente en el que debemos luchar es el de los impresores. Ofrecer libros de calidad exige mucha paciencia y tiempo: a algunos impresores les cuesta entender por qué nos molestamos tanto en asegurar un registro igual en todas las páginas de un libro, o una misma intensidad de tinta o un buen corte de los bordes del papel para que no se rompa el lomo del libro. Cuando insistimos en que cuiden estos “pequeños” detalles, nos catalogan como clientes difíciles. Sin embargo, poco a poco, es posible ver cierta mejora en el acabado de los libros, e incluso los propios impresores acaban por enorgullecerse de la calidad de su trabajo».
6. En el mundo socioeconómico actual, los conocimientos han cobrado una importancia decisiva. Conocimientos técnicos, organizativos, y aquéllos que conducen a descubrir las necesidades de los demás y darles satisfacción. Los testimonios confirman que la empresa es un lugar apropiado para adelantarse a las necesidades de conocimientos de sus empleados, ofrecerles la necesaria formación y proporcionarles con ello una mayor empleabilidad.
«Soy copropietario de DieselPro, una pequeña compañía de Filipinas dedicada al servicio y mantenimiento de motores de inyección diesel y a la venta de componentes para este tipo de máquinas.
La empresa estuvo a punto de cerrar durante la crisis financiera asiática de 1997, año en que las deudas se duplicaron por culpa del cambio de divisas: nuestros componentes eran todos de importación.
Hoy, después de tres años de trabajo agotador, la deuda de la compañía está saldada en un 80%: ha dejado de ser un agobio. Con un servicio honrado y un trabajo eficiente —pauta que logré inculcar a mis trabajadores— nuestra clientela se ha cuadruplicado desde 1997.
Hoy, DieselPro está reconocida como una de las mejores empresas del país en la calibración de bombas de inyección diesel y de inyectores. Partí de un pequeño grupo de trabajadores —cuatro— en 1993; ahora tengo siete a jornada completa, a los que he procurado formar personalmente. Mis empleados provienen, en su mayor parte, de provincias; es gente que no ha recibido una educación formal. Pero ahora, en el sector, se les reconoce como experimentados técnicos de motores diesel.
Están motivados para trabajar bien, cualidad que se les reconoce con un porcentaje —que se añade al sueldo que les corresponde— sobre cada trabajo que realizan. En 1993 cobraban el sueldo mínimo; en la actualidad ganan dos o tres veces más. Uno de los técnicos, que lleva en la compañía mucho tiempo, quiere jubilarse pronto y abrir un negocio de triciclos en Marinduque, su pueblo natal. Otro ha empezado a construirse una casa en Ilocos, adonde podrá irse a vivir definitivamente con su familia. Mi propósito es que los trabajadores lleguen a ser copropietarios de la compañía en un futuro cercano».
7. La transformación de las estructuras de trabajo incluye la mejora de las condiciones para el desarrollo de las virtudes cristianas en el desempeño de las responsabilidades profesionales. Éstas deben comprender, no sólo el respeto y el cumplimiento de las leyes vigentes, sino todo aquello que contribuya a combatir la corrupción y a fomentar un comportamiento ético de todos los empleados.
«Desde hace años trabajo como gerente de una gasolinera que pertenece a una importante cadena del sector. Un día conocí a George, fiel del Opus Dei. Nos hicimos buenos amigos y con el tiempo comencé a asistir a los medios de formación espiritual que se impartían en un centro del Opus Dei.
Cierto tiempo después, George me visitó en mi lugar de trabajo. Al entrar en la gasolinera se fijó en el kiosco de periódicos y revistas de la tienda —era difícil no verlo porque ocupaba un lugar preeminente—. En las estanterías se exponían un buen número de revistas pornográficas. Aquella vez George no me dijo nada, pero preparó sus argumentos y en el siguiente encuentro me habló del tema.
¿Cómo podía George pretender que retirara del kiosco las revistas que mayor beneficio me rendían? Adopté una actitud defensiva: le expliqué que esas revistas eran los artículos que daban mayor margen a la tienda, y que desde el punto de vista comercial sería una locura retirarlas. George no se daba por vencido y volvía sobre el tema con distintos argumentos. Por mi parte, tampoco estaba tranquilo: me inquietaban las palabras del Señor sobre aquellos que escandalizan a los pequeños y me entristecía pensar que yo pudiera ser la causa del escándalo de mis clientes. Ya desde el primer momento le prometí a George estudiar seriamente el asunto. Su actitud me ayudaba a comprender lo que en muchas charlas había escuchado sin pensar que pudiera afectarme a mí.
Cuando George volvió por segunda vez a la gasolinera se llevó una agradable sorpresa: las revistas habían sido retiradas y yo había decidido dar un nuevo enfoque al negocio orientándolo hacia el bien de las familias. Sabía que Dios no me abandonaría.
Contento con mi resolución, intenté convencer a mis colegas para que hicieran lo mismo y dejaran de vender ese tipo de material en sus estaciones de servicio. Hablé con los de más confianza. El asunto se me presentó mucho más arduo que el de remodelar mi propio negocio. Su reacción no fue nada favorable: «¿Desde cuándo mezclas tú la religión con los negocios?», me preguntaron con extrañeza.
Apelé a argumentos comerciales —había más familias honradas que camioneros depravados— y a argumentos cristianos —no es lícito cooperar con el mal. Tras una larga discusión, se separaron discrepando de todo lo que les dije.
No los abandoné, rezaba por ellos y los encomendaba al fundador del Opus Dei. Algunos días más tarde, recibí una llamada telefónica. Uno de mis amigos me llamaba para decirme que después de nuestro encuentro continuaron hablando del tema entre ellos y habían decidido implantar la política a favor de las familias en sus propias gasolineras».
«Ser cristiano no es algo accidental, es una divina realidad que se inserta en las entrañas de nuestra vida, dándonos una visión limpia y una voluntad decidida para actuar como quiere Dios. Se aprende así que el peregrinaje del cristiano en el mundo ha de convertirse en un continuo servicio prestado de modos muy diversos, según las circunstancias personales, pero siempre por amor a Dios y al prójimo» (9).
A modo de conclusión
Confiamos que las experiencias prácticas objeto del workshop, e inspiradas en el mensaje original del fundador del Opus Dei Josemaría sobre la santificación del trabajo ordinario, hayan quedado adecuadamente reflejadas en esta presentación y en los testimonios incluidos en el CD-Rom. El coloquio que siguió a las presentaciones planteó nuevas e interesantes reflexiones que sirvieron de complemento al trabajo de nuestros ponentes a la vez que permitieron abrir nuevas líneas de reflexión para el futuro, en beneficio de la empresa y de su contribución al bien común (10).
Carlos Cavallé

Notas
1. Cfr. Conversaciones, 59; Forja, 685; Amigos de Dios, 58; Es Cristo que pasa, 156 y 183.
2. Amigos de Dios, 120.
3. Amigos de Dios, 61.
4. Conversaciones, 10.
5. Amigos de Dios, 173.
6. Conversaciones, 62.
7. Es Cristo que pasa, 47.
8. Es Cristo que pasa, 50.
9. Es Cristo que pasa, 98.
10. Los testimonios incluidos en el texto de esta presentación son citas extraídas de relatos completos contenidos en el CD-Rom preparado con motivo del Centenario del nacimiento de Josemaría Escrivá.

La referencia del CD-Rom es la siguiente: La grandeza de la vida ordinaria.Congreso Internacional - Roma 8 al 11 de Enero de 2002. Sesión de trabajo: Empresa y bien común. Selección de textos elaborado por el Prof. Carlos Cavallé. IESE Business School. Universidad de Navarra. IESE Publishing - Avda. Pearson, 21 - 08034 Barcelona. Tel. +34 93 253 42 00 - fax +34 93 253 43 43- e-mail: iesep@iesep.com