De la Alcarria a Japón: una aventura apasionante

Entrevista a Javier Palau, que hace unos meses decidió irse a vivir a Japón para estudiar y colaborar en el apostolado que el Opus Dei realiza en ese país.

Revista de prensa
Opus Dei - De la Alcarria a Japón: una aventura apasionante

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Con 18 años y recién terminado el Bachillerato, Javier Palau Andrés tomó la decisión de marcharse a Japón. Su idea era estudiar allí la carrera de ingeniero industrial, conocer un lugar diferente, hacer muchos amigos y echar una mano en el trabajo evangelizador de la Iglesia, como fiel del Opus Dei.

Con motivo de su participación en el congreso UNIV, celebrado en Roma, se ha acercado a su tierra natal y destaca la “fuerte impresión que el Papa Francisco ha causado entre mis amigos japoneses no católicos”.

Javier nació en Guadalajara y es el mayor de cinco hermanos (Nuria, Fernando, Teresa y Carmen). Es antiguo alumno del Colegio Adoratrices y del Colegio Alborada. Sus padres, Fernando y Nuria, comentan que “Javier tiene todo nuestro apoyo para esta aventura, con una lejanía que nos cuesta mucho, pero sabemos que él es muy feliz”. Su padre dice que Javier “es muy luchador” y que espera pueda entrar en la Universidad nipona, “objetivo que no es nada fácil”.

Hace unos días, Javier vino a Guadalajara a ver a su familia y amigos y contó en el Club Viana que “en Japón hay muy pocos católicos. San Francisco Javier llegó a Japón a mediados del siglo XVI y durante tres siglos el cristianismo estuvo prohibido. El Opus Dei lleva en Japón desde 1958 y me parecía que es un reto apasionante colaborar en la labor apostólica del Opus Dei allí”.

Ahora, después de seis meses y superado el choque inicial –de Cabanillas del Campo a Japón–, Javier vive su nueva realidad. Aprender el idioma no le está resultando fácil. “Durante los tres primeros meses no entendía casi nada a pesar de que había estudiado algo en España antes de irme. Ahora ya puedo hablar con mis amigos de bastantes cosas. Incluso me he presentado a un concurso de oratoria organizado en la academia de idiomas y lo he ganado”.

Conocer el idioma es fundamental. De hecho, no podrá empezar la carrera hasta que no supere un determinado nivel de japonés. “Yo ya vine a Japón sabiendo que tendría que sacrificar un año. Aquí, para ingresar en la Universidad es necesario hacer un examen de conocimientos y un examen de idioma. Así que estoy dedicando este curso a estudiar japonés y a preparar los exámenes”. Su objetivo es entrar en la Universidad de Kobe.

Hacer amigos

Hacer nuevos amigos es otro de los objetivos de Javier. “Los japoneses cuidan mucho las formas de educación. Son tan amables, que al conocer por primera vez a un japonés, la impresión es que puede llegar a ser el mejor amigo de tu vida. Al principio también me llamó la atención que escuchan muchísimo más de lo que hablan”.

Por otra parte, los japoneses son muy celosos de su intimidad y no se dan a conocer a cualquiera tan fácilmente. Por eso, llegar a ser amigo de verdad es más lento. Sin embargo, esto hace que aprecien mucho más la amistad y que sean siempre muy leales. “Me parece un punto muy positivo de los japoneses. Gracias a esto ya tengo muy buenos amigos”.

Para conocer gente, Javier emplea a veces modos poco convencionales. “A Ryuto le conocí en plena calle, vamos... en un semáforo. Al ser un extranjero en Japón, puedo permitirme este tipo de cosas que en España no haría. Ahora es uno de mis mejores amigos y viene a estudiar con otros colegas a la residencia de estudiantes donde vivo. Fuimos al Congreso UNIV, en Roma, y está muy interesado en conocer un poco más a fondo la fe católica”.

Objetivo nacional, el inglés

Javier vive en SEIDO, una residencia de estudiantes situada en Ashiya, pequeña ciudad a medio camino entre los dos enormes núcleos urbanos de Osaka y Kobe que, con más de quince ciudades satélites, albergan a casi ocho millones de habitantes y unas veinte universidades.

A mediados de los años 50, tras la II Guerra Mundial, Japón experimentó un vertiginoso desarrollo económico y cultural. Los japoneses sentían vivamente la necesidad de dominar alguna lengua occidental, principalmente el inglés. Y de este modo nació Seido Language Institute , la primera labor apostólica del Opus Dei en Japón.

En 1973, junto a la Escuela de Idiomas se estableció el Seido Cultural Center, con actividades directamente apostólicas: clases de introducción a la Sagrada Escritura, retiros espirituales a los que también asisten los no católicos; clases de catecismo, atención sacerdotal...

Con ocasión de la Semana Santa, un grupo de 20 universitarios japoneses han viajado a Roma, desde SEIDO, para asistir, entre otras actividades, a la audiencia con el Papa Francisco. “Me ha llamado la atención el profundo respeto de mis amigos japoneses con el Papa, a pesar de no ser católicos. Esto me ha animado mucho. Estoy deseando entrar en la Universidad. En Japón hay muy pocos católicos. Y la Universidad me dará la oportunidad de hablar de mi fe a mis nuevos amigos”.