Un proyecto para la Unión Europea

Ante la necesidad de resolver varios asuntos para poder presentar un proyecto, acudí a don Álvaro del Portillo diciéndole que se luciera.

Relatos y favores
Opus Dei - Un proyecto para la Unión Europea European Union 2012 - European Parliament

Aunque son ya las diez y cuarto de la noche del viernes de una semana agotadora, me siento al ordenador para dejar constancia, antes de irme a dormir, del favor que me ha hecho don Álvaro.

Trabajo en la universidad, y hoy era el último día para presentar a la administración de la universidad (para la aprobación de principio), el resumen de la solicitud para un proyecto de la Unión Europea que podría permitir mejorar mi situación económica y la de varios de los empleados de mi departamento.

El martes, el jefe de la empresa co-financiadora del proyecto rehusó invertir su parte, con lo que todo se venía abajo

El martes, el jefe de la empresa co-financiadora del proyecto, en la que trabaja un buen amigo mío, rehusó invertir su parte, con lo que todo se venía abajo. Le encomendé al beato Álvaro del Portillo que encontrásemos una solución, ya que él siempre me ha ayudado genialmente en todas mis cosas profesionales, sobre todo las más imposibles.

Hubo que trabajar bastante para enviar a mi amigo una idea de posible solución. Se la mandé ya bien entrada la noche, encomendándolo a don Álvaro. Mi amigo volvió a hablar con su jefe el miércoles y consiguió convencerle de la oportunidad de apoyar el proyecto, a pesar de ser un hombre con un espíritu muy práctico, poco dado a aventuras.

Plaza del Ayuntamiento, Riga, Letonia.

El jueves por la tarde fue el turno de la universidad: se negaron rotundamente a poner su parte en el proyecto, cuya cantidad era bastante considerable (34.000 euros), por falta de fondos propios. Sin el co-financiamiento de la universidad tampoco saldría el proyecto.

A pesar de todo, acabamos de preparar el resumen de la solicitud lo mejor posible, también hasta tarde, esperando encontrar una solución, que seguía encomendando a don Álvaro. Le decía que si era conveniente que saliera el proyecto, que se luciera, que no sería la primera vez, y cosas semejantes.

El jueves por la tarde fue el turno de la universidad: se negaron rotundamente a poner su parte en el proyecto, cuya cantidad era bastante considerable

El viernes por la mañana presenté los papeles, pero la directora del departamento correspondiente me dejó muy claro que, aunque se los quedaba por ahora, si no encontrábamos fondos propios, la solicitud no iría adelante para la aprobación de principio. Llamé a mi amigo, y no veíamos solución.

A media tarde del viernes tenía cita con un estudiante del máster, le comenté el problema de paso, sin concretar demasiado, y me dijo: “Puedo poner el dinero, ¿cuánto necesitáis?”. Le miré extrañado y escéptico, porque no le había mencionado la cifra. Le dije: “Bueno, son 34.000 euros”. Me miró con cara de sorpresa y me respondió: “Vaya, justo le acabo de prestar exactamente esa cifra a un amigo por otro asunto, pero tengo reservas suficientes, no hay problema”. Pensé para mis adentros: “Don Álvaro, esta sí que no me la esperaba”. Enseguida llamamos a la directora del departamento, que no salía de su asombro, y a mi amigo, que no se lo creía. Hemos quedado la semana que viene para formalizar la donación.

“Puedo poner el dinero, ¿cuánto necesitáis?”. Le miré extrañado y escéptico, porque no le había mencionado la cifra

Cuanto más lo pienso, me doy cuenta de que es un milagro muy grande e increíble, teniendo en cuenta que nuestro país es uno de los más pobres de Europa, y que no podía ni sospechar que un estudiante se moviera a esos niveles. Ahora pido a don Álvaro que todo siga adelante y nos aprueben el proyecto final, que presentaremos en unas semanas.


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