Año Sacerdotal: “Decir sí a Cristo”

Carlo de Marchi se ordenó sacerdote hace tres años. Su breve experiencia le ha permitido entender que la gente –en especial, los jóvenes– necesita de la oración y de la entrega de los sacerdotes (Vídeo 4’15’’).

Año sacerdotal

"Decir sí a Cristo"

Mi experiencia como sacerdote no es muy larga, ya que me ordené en 2008. Pero hay una cosa que comprendes enseguida: que la gente busca a Dios. Y por eso busca al sacerdote. Te miran con curiosidad, con simpatía.

Una vez iba por una calle llena de gente y, de lejos, vi a una señora que venía a mi encuentro. Yo me pregunté: "¿Qué querrá?". Porque a los sacerdotes con frecuencia nos piden limosna. Se acerca y me dice: "¿Puede rezar por mí?" A mí me pilló por sorpresa, y le dije: "Por supuesto. Estaba rezando el rosario: diré diez avemarías por usted". "Gracias", me respondió. "Me llamo Luisa". Y se fue.

A mi me hizo pensar que la gente desea rezar. A veces no saben cómo y por eso acuden a los sacerdotes, y nos piden que les enseñemos a rezar. Esto es algo sorprendente: que la gente busca, a través de los sacerdotes, encontrar a Cristo. Con nuestros límites humanos, con defectos, ayudamos a la gente a encontrar a Dios.

Esto es lo que he aprendido de San Josemaría: que cada uno, para dar sentido a la vida diaria, necesitamos tratar a Cristo. Por eso, la gente busca en nosotros un sacerdote al 100%.

Recuerdo que una vez me sorprendió que tras celebrar la Santa Misa, un señor me dijo: "Gracias, me ha gustado mucho". Y yo pensé: "Pero si no he hecho nada especial". Había sido una misa ferial, sin homilía, sin cantos... Y entendí que cuando no hago nada especial e intento que Cristo sea el centro de la ceremonia la gente queda cautivada.

Quizá esto es ser "sacerdote al 100%".

A veces se oye decir que a la gente joven no le interesa nada. Otros dicen que "la vida no tiene sentido". Por el contrario, la vida tiene sentido -y tanto-, si la afrontamos como un encuentro personal con Jesús que pide una respuesta.

Yo trato a muchos jóvenes, uno a uno o en grupo, y veo que cuando les cuento mi experiencia, mi vida, mi encuentro con Dios, se interesan mucho.

¡Pues claro que la vida tiene sentido! Tiene sentido cuando decimos que sí a Dios. En el fondo, es lo que el Papa repite incansablemente a la gente joven, en la Jornadas Mundiales de la Juventud, y siempre: dice que la vida tiene sentido y se llena de felicidad, cuando decimos que sí a Dios, cuando no tenemos miedo a las decisiones definitivas de generosidad con Dios.

Estoy muy agradecido a San Josemaría y a sus enseñanzas, y medito una y otra vez sus textos. Porque me ayuda a no perder el centro, a recordarme que el centro de mi vida debe ser Jesucristo.