Tractorista, cartero, agricultor... la historia de Fernando

Fernando Casao tiene 75 años y durante su vida ha ejercido de montador de canastas, tractorista, ordeñador de vacas, recolector de remolacha, repartidor de sacos de harina, cartero, agricultor…

En primera persona
Opus Dei - Tractorista, cartero, agricultor... la historia de Fernando Fernando Casao, en las labores del campo.

Fernando Casao nació en 1939 en La Almunia de Doña Godina, provincia de Zaragoza. A los 12 años dejó la escuela para ponerse a trabajar porque mis padres eran pobres, y empecé haciendo banastas de madera para fruta con aro de castaño. Le gustaban mucho las matemáticas, y sorprendió al jefe cuando inventó la manera de hacer los dos aros de las banastas en una sola operación. Fue voluntario al servicio militar y a los 18 años se sacó el carnet de tractorista para trabajar como encargado de una finca cercana. Después marchó a Francia, a recoger remolacha, y también ordeñaba 25 vacas por la mañana y otras tantas por la tarde.

Lo pasamos mal, yo trabajaba los fines de semana haciendo horas extras en una empresa textil preparando pedidos, y repartía sacos de harina a panaderías de los pueblos de la comarca

Pero su ocupación principal tiene su origen en 1964, cuando se presentó a unas oposiciones para cartero, 16.000 candidatos para 2.600 plazas. Fernando tiene mucha devoción a la Virgen del Carmen y el examen era ese día, me encomendé con intensidad y lo aprobé. Además, siempre ha tenido una caligrafía especialmente bonita y sin faltas de ortografía, con lo que pasaba escrituras notariales a limpio por la buena letra; también había aprendido algo de contabilidad. Repartía cartas sin direcciones —recuerda—, y me sé las 52 calles del casco viejo que hacía entonces y los nombres de todos los vecinos. Un día llegué a repartir 800 objetos en la misma jornada.


Vista de La Almunia de Doña Godina, provincia de Zaragoza.

En esa época tuvo que hacer de cabeza de familia con sus tres hermanas y su madre al fallecer su padre en accidente. Lo pasamos mal, yo trabajaba los fines de semana haciendo horas extras en una empresa textil preparando pedidos, y repartía sacos de harina a panaderías de los pueblos de la comarca. Yo creo que gracias a eso nunca me han hecho mal los riñones ni me hacen…

A partir de entonces madrugaba una hora más para poder ir en bicicleta a misa antes del reparto postal, y con sacrificio sacar el resto del plan de vida espiritual

A los 33 años se casó, curiosamente el mismo día que una de sus hermanas. Tiene dos hijos y dos nietos, y ejerció como cartero durante 40 años. Un día de los años setenta le invitaron a participar en una charla de formación que daba un miembro del Opus Dei en un pueblo cercano: amar a Dios sobre todas las cosas es lo que más me llegó, y hacer el bien a los demás. Y me dije: “esto es para mí porque siempre he trabajado mucho". La noticia del fallecimiento de san Josemaría Escrivá le dejó impactado, y pocos años después, tras una tertulia con Mons. Álvaro del Portillo en la Universidad de Navarra, se decidió a pedir la admisión en el Opus Dei como miembro supernumerario. Escribí una carta con muy buena letra, y con toda libertad y con todo el corazón. Y mi mujer siempre me ha apoyado.

A los 61 años tuvo una jubilación anticipada y se dedicó entonces a cultivar una finca familiar cerca del pueblo.

A partir de entonces madrugaba una hora más para poder ir en bicicleta a misa antes del reparto postal, y con sacrificio sacar el resto del plan de vida espiritual. Entendí mejor en qué consiste la alegría, les escribía las señas a los que apenas sabían escribir, llamaba la atención a los estudiantes que blasfemaban en la oficina…

A los 61 años tuvo una jubilación anticipada y se dedicó entonces a cultivar una finca familiar cerca del pueblo: la limpié y sembré cerezos, melocotoneros, manzanos, nectarinas y perales… Un año perdí miles de kilos de fruta por una pedregada, si el Señor lo permitió… Al sanear la finca en el pueblo llamó la atención el modo de acabar bien las cosas.

Fernando está muy agradecido a su vocación: procuro hacer apostolado con mis amigos y vecinos jubilados de los pueblos cercanos preparando huevos fritos, después tenemos una charla de formación o una película con tertulias de san Josemaría. Les anima a ser valientes, dice que la gente cobarde no sirve para nada. Hasta hace poco visitaba a otros miembros de la Obra enfermos en pueblos cercanos y les impartía los medios de formación.

En una de sus casas pone un Belén todos los años de 24 metros cuadrados que ganó en 1995 el primer premio de belenes de la Diputación Provincial de Zaragoza. Es todo natural, elaborado con piedras, musgo, troncos, agua corriente con curvas, puentes, cuevas…

Con la oración conservas el querer a Dios —resume—, el ser cristiano de verdad. Es el alimento, si no comes adelgazas, uno se enfría y viene la tibieza. Incluso me ayuda a controlar el mal genio, eso me lo han enseñado en la Obra, y mi mujer y mis hijos me lo han notado en el trato con ellos durante todos estos años.