
Galería de fotos sobre don Álvaro.
Bajo las fotos, recogemos algunos recuerdos acerca de su persona.
Cuando Mons. Leopoldo Eijo y Garay, Obispo de Madrid-Alcalá, supo que Álvaro iba a recibir la ordenación sacerdotal, le preguntó:
“-Álvaro, ¿te das cuenta de que vas a perder la personalidad? Ahora eres un ingeniero prestigioso, y después vas a ser un cura más”.
A don Leopoldo le conmovió la respuesta:
“-Señor Obispo, la personalidad hace muchos años que se la he regalado a Jesucristo”.
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 84).
Recuerdo que, cuando nos preparábamos para recibir la ordenación los tres primeros sacerdotes de la Obra, el Padre nos aconsejó a José María Hernández de Garnica, a José Luis Múzquiz y a mí, que dedicáramos más tiempo que antes -la lectura meditada de la Sagrada Escritura es una práctica de piedad vivida por todos los miembros de la Obra- a leer y meditar atentamente la Escritura; nos recomendaba con insistencia que nos acercásemos a ella con mucha fe, porque sólo así, sólo llevando el alma al dulce encuentro con Cristo, podríamos contagiar a los demás el amor y el deseo de identificarse con Él.
(Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, Ed. Rialp, p. 150).
"Yo quiero trabajar junto al Padre, con todas mis fuerzas, hasta el fin de mi vida".
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 108).
No dejó un solo momento de animar aquella conversación tan agradable y edificante. Una de las presentes le habló de los frutos apostólicos de una catequesis realizada en un país de América del Sur, y el Padre precisó: “Ten en cuenta que no era fruto vuestro: era fruto de la Pasión del Señor, del dolor del Señor; de los trabajos y de las penas llevadas con tanto amor por la Madre de Dios; de la oración de todos vuestros hermanos; de la santidad de la Iglesia. Se manifestaba en apariencia como fruto de vuestro trabajo, pero no tengáis el orgullo de pensar que es así”.
(Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, Ed. Rialp, p. 235).
El Papa necesita toda nuestra lealtad, todo nuestro cariño, toda nuestra piedad y nuestra devoción, todo nuestro deseo de ser santos, aunque seamos pobres pecadores.
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 116).
Sus dotes humanas y espirituales, que constituyen como un compendio de las virtudes que deseamos encontrar en el sacerdote, ministro de Cristo y servidor de las almas: inteligencia humilde, piedad sencilla, entrega plena a los demás, solicitud y misericordia por los débiles y necesitados, fortaleza de padre, paz contagiosa.
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 94).
Pedid al Espíritu Santo abundantes luces para el Papa y los Padres sinodales, a fin de que la profundización teológica y espiritual sobre la Iglesia, que se realice en esos días, traiga consigo un fuerte impulso de santidad y de apostolado que se difunda por todos los rincones de la tierra.
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 131).
Hemos de continuar, como hasta ahora, bien unidos al Papa: a Juan Pablo II como a los anteriores y a los que vendrán después, porque el Papa es Cristo en la tierra. Nos dirán quizá que eso es papolatría... No nos importa nada. Tenemos el orgullo de sabernos hijos de Dios y también hijos del Papa, que es el Padre Común de los cristianos.
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, pp. 255-256).
La paternidad espiritual, encarnada por nuestro queridísimo Fundador de modo inigualable, pasó a este pobre hombre que ahora es vuestro Padre. Verdaderamente cor nostrum dilatatum est (II Cor. VI, 11): mi corazón se dilató para quereros, a todos, a cada una y a cada uno, con cariño de padre y de madre, como nuestro Padre había pedido para sus sucesores.
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 157).
Rezad por mí para que cuando me presente al Señor -cuando Él quiera: hoy mismo o dentro de veinte años- pueda ofrecerle las perlas, los brillantes, las esmeraldas, las amatistas: la fidelidad de mis hijas y de mis hijos que yo, con la gracia divina, habré ayudado a conservar. Que me seáis fieles: no dejéis que me presente al Señor con las manos vacías.
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, pp. 291-292).
- Me pides que te hable del Cielo, pero no soy capaz. Si San Pablo, que fue arrebatado allí en una visión, afirma que no hay palabras humanas para explicarlo, ¿qué te voy a decir yo? Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre alguno por el pensamiento lo que Dios tiene preparado para los que le aman. Cuando demos el gran salto, Dios nos esperará para darnos un abrazo bien fuerte, para que contemplemos su Rostro para siempre, para siempre, para siempre. Y como nuestro Dios es infinitamente grande, estaremos descubriendo maravillas nuevas por toda la eternidad. Nos saciará sin saciarnos, no nos empalagará jamás su dulzura infinita”.
(Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 292).
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SAN JOSEMARÍA
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02 de septiembre de 2010
