
Galería de fotos de José María Somoano
José María Somoano (5.01.1902-16.07.1932)
José María Somoano nació en Arriondas, un hermoso pueblo de Asturias, el 5 de enero de 1902. Se vinculó estrechamente con san Josemaría en los comienzos del Opus Dei y falleció santamente hace 75 años, el 16 de julio de 1932. En la fotografía, panorámica de Arriondas, junto al río Sella.
Sus padres fueron Vicente Somoano, secretario del Juzgado Municipal de Arriondas y María Berdasco, que le proporcionaron una profunda formación humana y cristiana.
En 1904 el pequeño José María sufrió un accidente, y fue atropellado por un carro cargado con cajas de viajante. Una de las ruedas le pasó por encima del vientre. Al verle, su madre se lo ofreció de nuevo al Señor, como había hecho nada más nacer, diciéndole:
-Dios mío: si me lo dejas con vida, te prometo que haré cuanto esté de mi parte para que sea sacerdote.
"Gracias a Dios –cuentan sus hermanos-, con la ayuda de las oraciones y las medicinas fue recuperándose de forma portentosa"
Los Somoano Berdasco tuvieron once hijos: José María, Luz, Vicente, Leopoldo, Víctor, Julio, Carmina, Enriqueta, Rafael, Cristina y Máximo.
“Nuestra madre –evocan don Rafael y Cristina Somoano, al relatar la formación cristiana de su hermano José María- nos quería con toda el alma; pero el gran amor de su vida fue, sin duda, la Eucaristía. Iba a Misa todos los días y en cuanto algo la apenaba o la inquietaba, exclamaba enseguida: ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento!, y se quedaba en paz".
“José María –contaba su hermano Julio Somoano- hizo la Primera Comunión el 4 de junio de 1911. Mi madre nos contaba siempre lo contento que estaba aquel día y como la miró, cuando desfilaba por la tarde en la procesión, con su chalina y sus pantalones bombachos, sosteniendo el estandarte del Catecismo".
En 1915, a los trece años de edad, Somoano ingresó en el Seminario menor de Alcalá, desde donde les escribió a sus padres su primera carta, fechada el 9 de octubre. Les trataba de usted, como se acostumbraba en aquel tiempo, sin que eso significara distanciamiento alguno.
Al terminar el relato de su horario en el Seminario, escribía: “¡Nunca sentí hasta ahora el estar solo sin ningún hermano ni nadie de mi familia!”
"Mi madre —recuerda Cristina Somoano— leyó y releyó esta carta muchas veces, hasta aprendérsela de memoria".
"José María -recuerda Inocencio Casas, compañero del Seminario- era sencillo, alegre, estudioso; un chico sano y bueno, con una vocación muy clara hacia el sacerdocio, que había experimentado con fuerza desde pequeño, como nos había sucedido a la gran mayoría de los que allí estábamos”.
En octubre de 1922 pasó al Seminario Conciliar de Madrid para realizar sus estudios de Teología. El 19 y el 20 de diciembre de 1924 recibió la Tonsura, el Ostiariado y el Lectorado. El 20 de marzo de 1925 recibió el subdiaconado. El 11 de junio fue ordenado sacerdote en la Iglesia del Seminario de Madrid.
La casulla que usó en su ordenación sacerdotal se conserva en la Basílica Pontificia de san Miguel de Madrid. El joven ordenando ofreció al Señor el disgusto de la pérdida en un trayecto de ferrocarril de la casulla que su hermana Luz llevaba bordando desde hacía años. La casulla que se conserva fue un regalo de su madrina, al saber que la de su hermana se había extraviado.
Los sucesivos destinos de su sacerdocio fueron particularmente duros: tras ordenarse fue destinado al sur de Marruecos, como capellán auxiliar del Hospital Militar de Alcazarquivir; luego, a un pueblo de la Sierra Pobre de Madrid, de ambiente hosco y fuertemente anticlerical, donde había fallecido el sacerdote anterior –amigo suyo- y los vecinos no habían puesto ni una cruz, ni siquiera un nombre en su sepultura.
A continuación fue capellán del Asilo Porta Coeli, donde desarrolló una intensa labor con los “golfillos” de Madrid. En la capilla de ese asilo su amigo san Josemaría daría una bendición en la que vería, en los tres asistentes, a los tres mil, trescientos mil: a las numerosas personas de todo el mundo que encontrarían a Dios gracias al Opus Dei, camino de santidad en la Iglesia.
El Venerable Padre Méndez había puesto en marcha aquella labor de atención a los niños pobres de Madrid, a los que enseñaba diversos oficios.
En la fotografía, un taller de carpintería.
Las religiosas que atendían el asilo le pidieron a Somoano que hablase con los testigos de la vida de su fundador, y que revisase sus escritos y cartas con vistas al proceso de Canonización. Aquellas notas, escritas en papeles viejos y usados, conmovieron hondamente su alma de sacerdote joven.
En marzo de 1931 comenzó su trabajo pastoral como capellán de la Enfermería del Hospital del Rey de Madrid. Allí conocería en enero de 1932 al fundador del Opus Dei. Tras su primer encuentro decidió formar parte de este empeño de santificación y se vinculó estrechamente con el joven fundador.
En ese hospital pediría la admisión en la Obra una de las primeras mujeres del Opus Dei: María Ignacia García Escobar, que aparece en la fotografía. A ella le debemos numerosos recuerdos sobre el trabajo con los enfermos de san Josemaría y José María Somoano.
María Ignacia García Escobar, escribió en sus Cuadernos sus recuerdos sobre la vida santa de este sacerdote. Un pequeño libro manuscrito se titula: “Del grande entusiasmo que D. José María, q.e.p.d. sentía por nuestra Obra”.
Pocos días antes del 16 de julio Somoano empezó a tener síntomas propios de un envenenamiento con arsénico. Murió santamente en la noche de la fiesta de la Virgen del Carmen, a la que tenía tanta devoción.
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SAN JOSEMARÍA
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09 de febrero de 2010
