
“El espíritu del Opus Dei me alienta a comenzar y recomenzar”
Ana Mª Alomar, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología, es supernumeraria del Opus Dei. Trabaja como apoderada de una sucursal de banco.
21 de mayo de 2006
Me habló de la necesidad que tienen las almas de Dios. Mi familia es católica y mis padres se esmeraron en educarnos bajo el modelo cristiano, pero yo les salí un poquito rebelde… Las palabras de aquella señora me calaron hondo y comencé a sentir una inquietud espiritual. Me invitó a un retiro, nos intercambiamos los teléfonos, y concretamos nuestra cita.
Cuando conté en casa lo que había pasado, me hicieron algunas bromas, porque mis padres, que apreciaban mucho el Opus Dei, sabían que Fanny era miembro de la Obra y que yo era de las que “criticaban sin conocer”. El caso es que fui con ella a mi primer retiro y, a partir de entonces, la llamaba para recordarle nuestra cita mensual. Ahora pertenecemos a la Prelatura mi madre, mi hermana y mi cuñado. Mi padre y otra hermana son cooperadores.
El Opus Dei me ha enseñado a descubrir la dimensión eterna que tienen los detalles, circunstancias y actividades de mi vida, y me anima a sobrenaturalizar mis deberes ordinarios, sin separar mi conducta profesional de la vida interior.
Soy además directora técnica de Masanella, un centro educativo de actividades extraescolares, dirigido a jóvenes, con una clara dimensión familiar. Los padres tienen una misión educadora insustituible, pero necesitan apoyo, y desde Masanella secundamos los objetivos educativos de las familias ayudándoles a formar a las mujeres del mañana. Es un trabajo fascinante: un continuo dar y recibir, quizás más recibir. Yo recibo mucho “oxígeno” de las niñas, porque te hacen ver a través de sus ojos, te exigen ponerte a su nivel, el nivel de la inocencia, de la espontaneidad, de la curiosidad sana.
Por eso mismo debemos estar vigilantes: son muy influenciables, y por eso es importante conocer sus amistades, cuidar el uso de la televisión, educar con el ejemplo… Se fijan mucho en las actuaciones de los mayores y lo juzgan todo; eso debe llevarnos a bajar la guardia ni cansarnos a la hora de manifestar nuestra lealtad y nuestro cariño, evitando el exagerado proteccionismo, el permisivismo o el mal uso de la libertad, porque a estas edades el sentido de la responsabilidad es algo confuso.
DESTACAMOS
SAN JOSEMARÍA
ENLACES
02 de septiembre de 2010

Facebook
Twitter
Delicious